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El riesgo interno

Por El Litoral

Sabado, 23 de mayo de 2026 a las 17:55

La experiencia de gobierno de La Libertad Avanza enfrenta un desafío que excede la coyuntura económica y la tensión permanente con la oposición. El problema más delicado puede estar incubándose dentro de la propia estructura oficialista: la ausencia de un liderazgo político orgánico capaz de contener, ordenar y coordinar a figuras de enorme peso específico y creciente autonomía. En ese escenario, nombres como Patricia Bullrich y Santiago Caputo aparecen como expresiones de poder que orbitan alrededor de Javier Milei, pero que no necesariamente responden a una arquitectura institucional clara.
La historia política argentina demuestra que los gobiernos personalistas suelen funcionar mientras el vértice conserva capacidad de arbitraje absoluto. Cuando esa centralidad comienza a fragmentarse, los conflictos internos dejan de ser matices y se convierten en disputas de poder. La Libertad Avanza nació como un fenómeno electoral veloz, construido alrededor de la figura disruptiva de Milei y de una narrativa antisistema. Pero transformar un movimiento de protesta en una fuerza gobernante requiere algo más complejo: mecanismos de conducción política, distribución de responsabilidades y construcción de lealtades duraderas.
Ese proceso todavía no parece consolidado.
Patricia Bullrich representa un caso singular. Llegó al oficialismo con experiencia de gestión, estructura política propia y vínculos con sectores de poder que exceden ampliamente al núcleo libertario original. Su protagonismo en materia de seguridad le permitió acumular centralidad pública y construir una identidad que muchas veces aparece más asociada a su propia trayectoria que al proyecto libertario en sí mismo. La ministra no depende exclusivamente de La Libertad Avanza para proyectar poder; por el contrario, el oficialismo parece necesitarla tanto como ella al Gobierno.
Santiago Caputo, en cambio, encarna otro tipo de influencia. Sin cargo electivo y con un perfil deliberadamente opaco, se consolidó como uno de los principales articuladores del esquema comunicacional y estratégico del Presidente. Su gravitación revela un rasgo típico de los liderazgos hiperpresentes: la delegación informal de funciones clave en operadores de confianza personal antes que en estructuras institucionales consolidadas. El problema de esos sistemas es que suelen generar circuitos paralelos de decisión, tensiones internas y dificultades para establecer responsabilidades políticas claras.
El riesgo no reside únicamente en la existencia de figuras fuertes. Todo gobierno necesita dirigentes con iniciativa y autonomía relativa. El problema aparece cuando no existe una conducción política capaz de armonizar esas fuerzas dentro de un proyecto común. Allí emerge una pregunta inevitable: ¿quién ordena al oficialismo cuando las agendas internas entran en conflicto?
Hasta ahora, la autoridad presidencial alcanzó para disciplinar diferencias y evitar fracturas visibles. Sin embargo, la estabilidad de ese esquema depende de un factor extremadamente sensible: la continuidad del respaldo social a Milei. Mientras la popularidad presidencial se mantenga alta, las tensiones permanecerán contenidas. Pero si el desgaste económico o político erosiona esa legitimidad, las distintas terminales de poder comenzarán a disputar espacios con mayor intensidad.
La Libertad Avanza tampoco cuenta con una estructura partidaria tradicional que funcione como ámbito de negociación. No tiene gobernadores propios de peso, carece de una cultura interna consolidada y todavía depende en gran medida de alianzas circunstanciales. En ese vacío organizativo, las figuras con capacidad de construcción autónoma adquieren un valor estratégico enorme y, al mismo tiempo, se transforman en potenciales focos de desequilibrio.
El desafío del oficialismo será entonces evolucionar desde una lógica de liderazgo carismático hacia una lógica de institucionalización política. De lo contrario, podría quedar atrapado en una paradoja frecuente en la Argentina: gobiernos que logran conquistar el poder con gran velocidad, pero que encuentran enormes dificultades para administrar las tensiones derivadas del propio ejercicio del poder.

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