Con el triunfo de Milei, el Peronismo comenzó a sufrir una cantidad de luchas intestinas que no responden tanto a cuestiones programáticas o a diferencias ideológicas de fondo, como a posicionamientos ante el mileismo para tratar de obtener ventajas en el caso de algunos gobernadores, otros como opositores tenaces e intransigentes caso Kicillof y en otros casos por pujas reales por el liderazgo del movimiento.
Kicillof, con todo derecho, aspira a ser candidato presidencial del peronismo y otros sectores para la presidencial del próximo año y para ello es necesario, que Él mismo conduzca el proceso y tome las decisiones de manera autónoma, tanto en la etapa previa electoral como en un eventual gobierno peronista. En resumen, no quiere, no puede ser otro candidato impuesto. En realidad, nadie o casi nadie, quiere eso, las experiencias no fueron buenas. Si tiene que haber internas porque hay más de un pretendiente, que se realicen, no se debe temer a la confrontación.
El Gobernador de la provincia de Buenos Aires asumió al pie de la letra el pedido de Cristina Kirchner de que los dirigentes más jóvenes tomen «el bastón de mariscal» -Perón dixit-, y lo hizo alejándose de compartimientos sectoriales, con sentido estratégico busca ampliar el electorado de la mano de otros dirigentes, ya sea del Kirchnerismo duro o provenientes del viejo aparato peronista político y sindical, o también figuras de centro y de la izquierda que en la actualidad no forman parte del Movimiento Peronista. El «enemigo principal» es el proyecto político que hoy encabeza Milei.
Los desencuentros en el Movimiento son un componente que hace a la propia existencia del mismo, por eso se ocupan más los adversarios que los propios. Sin embargo, hay que reconocer, sin desmerecer a nadie que ninguno de los posibles candidatos tiene la llegada a las masas que detenta Kicillof, un economista Doctorado de verdad con honores, salido de la clase media intelectual de la ciudad de Buenos Aires, que se graduó también con honores como político cuando obtuvo 45% de los votos en su reelección en 2023.
A dos años y medio de la asunción de Milei, el peronismo logró frenar su propia atomización y ejercer el rol opositor en el terreno parlamentario, y está, aunque a muchos no les guste, elaborando en torno a los equipos del MDF, una propuesta unificada que vuelva a interpelar y representar a su electorado histórico, en especial a los sectores populares, en los que la decepción se viene expresando claramente. La gran deuda es acercar a quienes optaron por los libertarios, muchos de ellos jóvenes ya desencantados por la falta de respuestas del gobierno a temas fundamentales como la educación, la salud, la creciente pobreza, precariedad laboral y pauperización de la vida cotidiana.
Mientras muchos se preguntan ¿Qué hacer con el liderazgo fuerte de Cristina Kirchner, que a la vez resulta imposibilitada de ofrecerse electoralmente? Cerca de la ex-mandataria insisten con lo mismo que vienen diciendo desde 2015, cuando terminó su segunda presidencia: «Con Cristina no alcanza; sin ella no se puede», y tal vez es cierto, como también lo es que Ella no puede. Hasta su detención, el debate estaba centrado en si tenía que ser o no candidata, una vez que la Justicia le vedó esa posibilidad, la pregunta es ¿debe seguir siendo la exclusiva armadora, estratega y conductora del peronismo? Sin duda debe ser fuente de consulta y va a tener su peso, en las listas legislativas. Cristina dio mucho al País y debe ser reivindicada, pero no es gritando libertad a Cristina que va a salir en libertad. Para que eso ocurra, hay hechos previos y debe haber un gesto de apertura hacia los compañeros de siempre, si no les gusta la propuesta de Axel, la interna es la solución.
Algo es innegable: los gobernadores -no solo Kicillof-, una parte de los legisladores y decenas de intendentes comunales peronistas son más autónomos de lo que muchos creen, sectores que tienen liderazgo propio, que descartan encuadres rígidos y sectarios y que tienen gran vocación de construir mayorías para acceder al poder.
La pérdida de apoyo popular al presidente no la capitaliza directamente el peronismo, sino que hay una mejora en los números de algunos de sus referentes, especialmente Kicillof, que aparece como el dirigente mejor posicionado del país. Podríamos decir que está empujado a ser candidato. Así como recorrió su provincia en su primera elección, ahora está caminando el país, de a poco, visitas institucionales, presentando su libro, proponiendo políticas públicas.
Ahora nos toca a los correntinos la posibilidad de tenerlo entre nosotros, visita acotada, reuniones sectoriales, cumpliendo con su mensaje federalista visitar al Gobernador y culminar en la Universidad Pública, esa que reivindica y defiende, para presentar su libro.
Es posible que muchos se sientan frustrados porque quieren más, el acto político, el abrazo, la caminata, la foto, el mensaje electoral, la convocatoria a la militancia, la visita al Partido. Todo eso y mucho más serán hechos que más adelante se producirán, cuando esté en campaña. Por el momento esto alcanza, aunque no cubra las ansiedades de todos. Bienvenido a Corrientes Axel!