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IA sin normativa  y el regreso de los privilegios pre republicanos

Jueves, 11 de junio de 2026 a las 19:28

En el viejo régimen europeo, antes de la Revolución Francesa, el rey no sólo gobernaba: estaba por encima de la ley. Su legitimidad provenía de Dios, no de los ciudadanos. El poder no debía rendir cuentas porque se consideraba naturalmente superior al resto de la sociedad.

La Revolución Francesa rompió ese paradigma histórico y sintetizó un nuevo contrato político en tres palabras inmortales:
libertad, igualdad y fraternidad.

No era casual el equilibrio entre las tres.

La libertad sin igualdad podía transformarse en dominación.
La igualdad sin libertad podía derivar en autoritarismo.
Y sin fraternidad, la sociedad terminaba reducida a una competencia salvaje entre individuos aislados.

Más de dos siglos después, una parte del nuevo poder tecnológico global parece querer regresar a un esquema pre republicano, con otro lenguaje e instrumentos.
Ahora no se invoca el derecho divino de los reyes sino el avance y la inevitabilidad de la tecnología.

Detrás de discursos sobre innovación, disrupción y libertad absoluta, emerge una filosofía política profunda y peligrosa, con la idea de que las grandes corporaciones tecnológicas, la inteligencia artificial y quienes las controlan deben quedar por encima de las legalidad  democrática.

Algunos de los referentes intelectuales del nuevo tecnocapitalismo lo dicen abiertamente con el argumento de que la democracia sería lenta, ineficiente e incompatible con la libertad económica radical que se pretende.

Pero la pregunta central es, libertad para quién?

Porque a la vez que  predican desregulación total para los gigantes tecnológicos, al mismo tiempo consolidan monopolios digitales, concentración de datos, control algorítmico y capacidades de vigilancia nunca vistas en la historia de la humanidad .

El liberalismo clásico defendía la competencia, mientras que el nuevo tecnofeudalismo digital busca exactamente lo contrario, el premio del monopolio.

Las plataformas globales ya no son simples empresas privadas, concentran y controlan  información, comunicación, datos, inteligencia artificial, infraestructura digital con capacidad de influencia política en el mundo.

Muchas poseen más información sobre los ciudadanos que los propios Estados, aparece entonces y quizás la transformación más profunda y peligrosa de esta época.

El tecnofeudalismo no elimina el poder absoluto, lo privatiza

La Revolución Francesa destruyó la lógica histórica del las monarquías legitimadas por derecho divino y estableció un principio revolucionario, nadie puede estar por encima de la ley, ni el rey, la nobleza o los privilegios económicos.

Pero lo que hoy parece emerger es una nueva forma de concentración de poder que ya no necesita coronas ni castillos medievales. El nuevo poder se estructura alrededor de datos, algoritmos,inteligencia artificial,plataformas digitales, infraestructura tecnológica y monopolios globales.
El problema no es solamente económico, es político y de valores alcanzados por la civilización, porque  algunos sectores del nuevo capitalismo tecnológico pretenden construir espacios cada vez más inmunes a la legalidad, baja o nula tributación, desregulación extrema,opacidad algorítmica,responsabilidad jurídica difusa y concentración de capacidades tecnológicas gigantescas.
Todo esto comienza a parecerse al viejo sistema de privilegios pre republicanos, no es nobleza hereditaria son élites tecnológicas invocando inevitabilidad del avance de la tecnología y su encauce legal 
Por eso la discusión sobre inteligencia artificial no es solamente técnica, es de democrática, igualdad y respeto a la ley 

Y si analizamos qué sucede en Argentina , este debate deja de ser solamente filosófico y pasa a tener consecuencias concretas.

Mientras se discuten proyectos para otorgar personalidad jurídica a sistemas autónomos de inteligencia artificial y DAOS, al mismo tiempo se impulsan regímenes promocionales especiales para grandes inversiones tecnológicas, beneficios fiscales extraordinarios, flexibilización para la compra de tierras por extranjeros con esquemas abiertos por encima de la legalidad 

Y sin embargo, la pregunta de fondo no es si Argentina necesita inversiones tecnológicas que las necesita sino que el verdadero eje de debate  es otro, puede una democracia republicana tener estructuras tecnológicas con enorme capacidad económica y algorítmica sin establecer simultáneamente responsabilidad humana, tributaria, civil y penal de quienes las controlan y se benefician de ellas?
Porque la personalidad jurídica nunca fue creada para eliminar responsables humanos.
Fue creada conforme al mandato constitucional del derecho de asociarse con fines útiles. Pero a la vez la ley la otorga con el alcance q la misma fija y con las responsabilidades que debe asumir respeto de terceros y los propios asociados. 

Si una IA autónoma, una DAOS o una estructura tecnológica global toman decisiones que afectan derechos, economía, trabajo, privacidad o soberanía nacional, alguien debe responder ante la ley.
Pero además aparece otro dilema estratégico que en Argentina todavía se discute muy superficialment la dimensión territorial, energética y ambiental.

Los grandes proyectos de inteligencia artificial y centros masivos de procesamiento de datos no funcionan solamente con software y algoritmos.
Necesitan dos insumos físicos gigantescos, energía y agua.
La demanda energética de estos complejos tecnológicos es exponencial y requiere infraestructura que hoy Argentina no posee ni física ni financieramente en muchas regiones del país.

Al mismo tiempo, los sistemas de enfriamiento de grandes centros de datos consumen enormes cantidades de agua, generando interrogantes ambientales, regulatorios y territoriales que todavía no están suficientemente debatidos.

Entonces la discusión deja de ser únicamente tecnológica y pasa a comprender también , soberanía territorial, recursos naturales, infraestructura energética, impacto ambiental,acceso al agua y planificación estratégica industrial de argentina  y su desarrollo armónico. 

 La responsabilidad por los costos ambientales,  el uso del agua y el financiamiento de toda la infraestructura deberá definirse por la ley. El riesgo no es solamente económico, es de 
decisión estratégica de la misma sociedad.  Porque la inteligencia artificial autónoma, desarrollada sin límites jurídicos claros, puede transformarse en una herramienta de concentración de poder.

Quienes exigen “IA sin regulación” suelen utilizar el mismo argumento, que cualquier límite legal frena la innovación.
Sin embargo ese razonamiento es intelectualmente incompleto y moralmente peligroso.

También podría haberse dicho que regular bancos frena el crédito, que regular medicamentos frena la industria farmacéutica o que regular energía nuclear frena el progreso científico.

Sin embargo, las sociedades modernas comprendieron algo elemental cuando una tecnología posee colateralmente capacidad de producir daño o concentración de poder, necesita marco legal  y la inteligencia artificial está demostrando que no puede  ser la excepción.

Porque detrás de la retórica libertaria extrema aparece una contradicción profunda, se pide libertad absoluta para las corporaciones tecnológicas mientras se debilita a las personas para defender su a derechos, privacidad, trabajo e igualdad ante la ley, cuestionando así el propio principio republicano. No es el pueble quien limita el poder del estado  sino el poder tecnológico quien lo condiciona
Volviendo en el tiempo, antes de la Revolución Francesa, ciertos sectores estaban por encima de la ley por nacimiento y privilegio, hoy podríamos decir que algunos pretenden estar por encima de la ley por control tecnológico y capacidad financiera. La lógica es distinta, pero el resultado puede parecerse demasiado.

La verdadera discusión del siglo XXI no será únicamente entre izquierda y derecha sino que puede decirse que será entre democracia o concentración de poder tecnológico, entre los ciudadanos o algoritmos opacos, entre  república con división y equilibrio de poderes o tecnofeudalismo.

Por eso la vieja tríada revolucionaria sigue teniendo una vigencia extraordinaria, la libertad sigue siendo indispensable. Pero sin igualdad y fraternidad puede convertirse simplemente en la libertad de los más poderosos para dominar al ciudadano. 

Y una sociedad donde el poder queda nuevamente por encima de la ley, aunque se presente con lenguaje futurista y plataformas digitales, corre el riesgo de regresar exactamente al lugar del que las revoluciones modernas intentaron salir hace más de doscientos años. Otra vez el rey por encima de la ley

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