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Un soplo de viento republicano

Por El Litoral

Jueves, 04 de junio de 2026 a las 19:37

En tiempos en los que la política argentina parece debatirse entre la confrontación permanente, la lógica del amigo-enemigo y la tentación de concentrar poder, la reciente decisión del Senado de aprobar el pliego de la candidata a jueza Michelli constituye una señal alentadora. No porque se trate necesariamente de una figura destinada a transformar la Justicia argentina, sino porque el episodio revela que todavía sobreviven algunos mecanismos esenciales de la República.
La postulación de Michelli llegó al recinto rodeada de polémica. La candidata había sido resistida por el presidente Javier Milei debido a su vínculo familiar con el periodista Hugo Alconada Mon, uno de los profesionales más reconocidos del país y habitual crítico de distintas administraciones. Así, la discusión amenazaba con abandonar el terreno institucional para ingresar en el ámbito de las simpatías y antipatías personales, un criterio que poco tiene que ver con la evaluación de las condiciones profesionales requeridas para integrar el Poder Judicial.
Sin embargo, el Senado actuó de acuerdo con el procedimiento previsto por la Constitución. La candidata obtuvo los dos tercios de los votos requeridos para acceder al cargo, una mayoría calificada que no se alcanza por casualidad ni por imposición de una sola fuerza política. La aprobación exigió consensos, negociaciones y acuerdos entre distintos sectores, precisamente aquello que una democracia madura debe ser capaz de producir.
El dato no es menor. En una época caracterizada por la polarización extrema, donde muchas veces se pretende que las instituciones funcionen como simples escribanías del poder de turno, el resultado de la votación demostró que existen ámbitos donde todavía prevalece la lógica republicana de los contrapesos. El oficialismo, incluso, quedó dividido frente al pliego, una circunstancia que confirma que la deliberación política no siempre puede ser reducida a la disciplina partidaria.
Ahora la decisión final queda en manos del presidente Milei, quien deberá firmar o no la designación correspondiente. Pero el mensaje institucional ya fue emitido. El Senado cumplió con su función constitucional de analizar, debatir y decidir sobre una candidatura judicial sin aceptar que cuestiones familiares o diferencias con un periodista se conviertan en un criterio excluyente para el acceso a la magistratura.
Más significativo aún es que el avance no se limitó a un único caso. Junto con el pliego de Michelli, también prosperaron otros 73 pliegos judiciales que contaban con dictamen favorable de la Comisión de Acuerdos. Se trata de un paso importante para cubrir vacantes en distintos tribunales y contribuir a reducir una de las principales debilidades estructurales del sistema judicial argentino: la acumulación de cargos sin cubrir y la consecuente lentitud en la administración de justicia.
Por supuesto, nadie debería idealizar lo ocurrido. La Justicia argentina continúa enfrentando desafíos profundos vinculados con su independencia, eficiencia y credibilidad social. Tampoco puede afirmarse que una votación parlamentaria alcance para disipar las tensiones existentes entre los distintos poderes del Estado.
Pero precisamente por eso vale la pena destacar los hechos cuando apuntan en la dirección correcta. La República no se sostiene únicamente mediante grandes gestos heroicos ni a través de discursos grandilocuentes. También se fortalece con actos institucionales concretos: una comisión que dictamina, un Senado que debate, legisladores que votan y un procedimiento constitucional que se cumple aun cuando el resultado no coincida con las preferencias del Poder Ejecutivo.
En una Argentina acostumbrada a las crisis, a los personalismos y a las disputas que muchas veces desbordan los límites institucionales, resulta saludable advertir que todavía existen resortes republicanos capaces de funcionar. No son perfectos ni garantizan por sí solos la calidad democrática. Pero recuerdan que las instituciones conservan una capacidad de resistencia que trasciende a los gobiernos y a las coyunturas.
Quizás sea apenas una brisa en medio de fuertes vendavales políticos. Sin embargo, en la vida republicana, incluso un pequeño soplo de viento puede ser suficiente para recordar que la división de poderes sigue respirando.

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