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Indio Solari: el último ritual

La muerte del Indio Solari cierra un ciclo y una época. Supo crear, con sus letras y su música, un sentido de pertenencia que atraviesa de manera transversal las ideologías, las clases sociales, y los sentimientos de varias generaciones. Nace el mito.

Martes, 09 de junio de 2026 a las 18:11

Jorgesimonetti.com

“Cuando no había nada, tenía a Patricio Rey”

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Las imágenes impresionan. Columnas interminables de personas avanzando lentamente para despedir al Indio Solari. Horas de espera. Rostros emocionados. Gente llegada desde distintos puntos del país.

No tardó en aparecer la tentación de interpretar el fenómeno en clave política. Es una tentación comprensible, pero probablemente equivocada, por lo menos en parte.

Es cierto que el Indio nunca ocultó sus posiciones. Tampoco es un secreto que buena parte de sus letras expresan una mirada crítica sobre las desigualdades, los privilegios y determinadas formas de ejercer el poder.

Sin embargo, reducir semejante movilización a una demostración de adhesión ideológica sería desconocer la verdadera naturaleza del fenómeno ricotero. La política explica algunas cosas. La cultura explica muchas más.

En el caso de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota, en lugar de hablar de determinada ideología o identificación política, hay que referirse al sentido de pertenencia que se creó en torno a la banda y a su líder.

El fenómeno ricotero es uno de los más singulares de la cultura popular argentina: pasaron de pequeños pubs a llenar estadios con un público cada vez más masivo bajo la bandera de la autogestión. El vínculo que construyeron -sobre todo con sectores populares urbanos, jóvenes marginados de los años '90, generaciones que crecieron sin red- no era político en el sentido instrumental. Era de pertenencia.

Para muchísima gente las canciones del Indio están asociadas a momentos biográficos: adolescencia, amistades, amores, pérdidas, viajes y recitales. En muchos testimonios de la despedida aparecía la idea de que sus canciones los habían acompañado durante décadas o incluso en momentos críticos de sus vidas.

La pertenencia a una comunidad. Los Redondos generaron algo parecido a una identidad colectiva. La expresión "última misa ricotera" no es casual. Desde hace años, periodistas, sociólogos y los propios seguidores describen el fenómeno con rasgos casi rituales o religiosos.

Cada uno llevaba consigo una historia personal. Un recital inolvidable. Un viaje con amigos. Una canción escuchada en momentos difíciles. Una letra que parecía escrita para explicar una derrota, una esperanza o una rebeldía.

La música tiene una capacidad singular: convierte experiencias individuales en sentimientos colectivos. Y cuando eso ocurre durante décadas, se crea algo más poderoso que una afinidad política. Se construye una identidad.

En una época donde todo parece fragmentado y efímero, la multitud que acompañó al Indio recordó que todavía existen símbolos capaces de atravesar generaciones. Símbolos imperfectos, discutibles y contradictorios, como todos los grandes símbolos populares.

Por eso, más que una manifestación política, lo que se vio fue un ritual de pertenencia. El último acto de una comunidad que durante años encontró en una voz, unas canciones y unas historias un lenguaje común para nombrar sus alegrías y sus desencantos.

 

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