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Messi y la unión nacional

Por El Litoral

Jueves, 09 de julio de 2026 a las 19:36

Hay frases que, pronunciadas en un contexto determinado, trascienden el momento y adquieren una dimensión pública. Eso ocurrió este 9 de Julio, cuando el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, eligió cerrar su homilía por el Día de la Independencia con palabras que millones de argentinos ya conocían. No eran propias. Eran de Lionel Messi, publicadas el 18 de diciembre de 2022, pocas horas después de que la selección nacional conquistara el Mundial de Qatar.

"Demostramos una vez más que los argentinos cuando luchamos juntos y unidos somos capaces de conseguir lo que nos propongamos. El mérito de este grupo que está por encima de todas las individualidades es la fuerza de todos peleando por un mismo sueño que también es el de todos los argentinos. Lo logramos. Amén."

La elección no fue casual. Tampoco fue una simple referencia futbolística destinada a despertar simpatía entre los presentes. En el contexto de una celebración patria, García Cuerva convirtió aquellas palabras en un mensaje que interpela a una sociedad profundamente atravesada por divisiones políticas, económicas y culturales.

No deja de resultar significativo que una de las reflexiones más potentes sobre la unidad nacional provenga de un vestuario y no de un recinto legislativo. Messi hablaba del funcionamiento de un equipo de fútbol. Sin embargo, el arzobispo trasladó esa experiencia al plano de la convivencia democrática. Allí reside el valor de la cita.

La selección campeona del mundo representó algo que pocas veces ocurre en la Argentina contemporánea: un objetivo compartido. Durante algunas semanas desaparecieron las diferencias partidarias, las discusiones cotidianas y los enfrentamientos permanentes que dominan la agenda pública. El éxito deportivo generó un sentido de pertenencia que parecía imposible en otros ámbitos.

Naturalmente, un país no puede gobernarse con la lógica de un campeonato. Los problemas estructurales exigen políticas públicas, acuerdos institucionales y decisiones complejas. Pero tampoco puede ignorarse el simbolismo de aquel proceso. La selección no ganó únicamente por el talento individual de sus figuras. Ganó porque logró construir un colectivo donde cada jugador aceptó un rol, subordinó intereses personales y entendió que el resultado común era superior al lucimiento propio.

Ese es, precisamente, el aspecto que García Cuerva decidió rescatar. Su mensaje no fue una invitación a la nostalgia mundialista, sino una exhortación a recuperar la capacidad de construir objetivos comunes.

La política argentina parece haber naturalizado una lógica distinta. Con frecuencia, el adversario deja de ser alguien con quien competir democráticamente para convertirse en un enemigo al que hay que descalificar. La confrontación permanente genera rédito inmediato, pero debilita la confianza social y dificulta cualquier consenso duradero.

En ese escenario, recordar que "el mérito de este grupo está por encima de todas las individualidades" adquiere una fuerza inesperada. La frase, escrita originalmente para celebrar un título deportivo, termina cuestionando una cultura pública donde muchas veces predominan los proyectos personales por encima de las construcciones colectivas.

No se trata de idealizar al fútbol ni de convertir a los deportistas en referentes políticos. Tampoco de suponer que la unidad elimina automáticamente los conflictos. Una democracia sana necesita debate, diversidad y diferencias. Lo que no puede permitirse es perder de vista que existen desafíos que requieren una mirada compartida.

La Independencia, precisamente, fue posible porque hombres con trayectorias, intereses y procedencias distintas encontraron un objetivo superior. No pensaban igual en todo. Pero coincidían en lo esencial.

Quizá por eso la cita elegida por García Cuerva resultó tan pertinente para un 9 de Julio. No apeló a un discurso solemne ni recurrió a una consigna partidaria. Eligió recordar un momento en que los argentinos comprobaron que trabajar juntos puede producir resultados extraordinarios.

A casi tres años de aquella conquista en Qatar, la emoción inevitablemente se ha atenuado. Lo que permanece vigente es la enseñanza que el arzobispo decidió recuperar: ningún proyecto nacional puede sostenerse si cada sector juega únicamente para sí mismo. Tal vez esa sea la lección más valiosa que dejó un equipo de fútbol y que hoy, desde un púlpito, vuelve a interpelar a toda la sociedad argentina.

 

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