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¿Es futuro contra pasado?

Por El Litoral

Sabado, 22 de agosto de 2026 a las 17:26

La Argentina se enfrenta al desafío de determinar qué futuro quiere. La frase de Javier Milei —“Estoy haciendo el mejor gobierno de la historia, ¿cómo no voy a intentar la reelección?”— instala, a poco más de un año de las elecciones presidenciales de 2027, una discusión que excede la candidatura del Presidente. Su segunda definición, “Es futuro contra pasado”, completa el encuadre: el oficialismo busca convertir la próxima elección en un plebiscito sobre el rumbo iniciado en diciembre de 2023, mientras el peronismo intenta reconstruir una alternativa capaz de disputar el significado de ese futuro.

La economía será el principal terreno de esa disputa. El Gobierno llega a esta etapa con un activo central: la reducción de la inflación respecto de los niveles heredados y la persistencia del equilibrio fiscal. Milei sostiene que la economía crece y que la estabilización permitió recuperar condiciones para una expansión más sostenible. Los datos oficiales y las señales de actividad muestran una recuperación, aunque desigual entre sectores y con una demanda interna que todavía presenta dificultades.

La otra cara del cuadro aparece en los ingresos, el empleo y el consumo. La desaceleración de los precios no significa que el costo de vida haya regresado a los niveles previos a la crisis, y los salarios continúan siendo una variable decisiva para medir cuánto de la estabilización llega a los hogares. Las preocupaciones por empleo, endeudamiento y capacidad de consumo adquieren relevancia porque pueden modificar la evaluación electoral de una gestión que necesita transformar la estabilidad macroeconómica en una mejora perceptible de la vida cotidiana.

También persisten desafíos financieros y cambiarios. El Gobierno debe compatibilizar la acumulación de reservas, la estabilidad del dólar, el descenso de la inflación y la recuperación de la actividad. No siempre esos objetivos avanzan al mismo ritmo. Esa tensión será especialmente importante durante 2027: una economía que conserve disciplina fiscal, pero que no consiga ampliar empleo, inversión y consumo, puede ofrecer un balance macroeconómico favorable sin producir necesariamente una mayoría electoral.

En ese escenario, la estrategia de La Libertad Avanza parece definida: presentar la elección como una decisión entre continuidad y retorno. El oficialismo procurará que el votante compare el presente con la Argentina previa a Milei y que interprete las dificultades actuales como parte de una transformación todavía en desarrollo. La posibilidad de acuerdos con otros sectores no kirchneristas, además, puede ampliar su base electoral y darle mayor estructura territorial.

El peronismo, en cambio, enfrenta una tarea más compleja. El espacio que durante años tuvo al kirchnerismo como referencia debe definir una conducción, ordenar sus diferencias internas y construir una propuesta que no dependa únicamente del rechazo a Milei. Axel Kicillof, Cristina Fernández de Kirchner, Sergio Massa y otros dirigentes expresan distintas posiciones dentro de una discusión que todavía no terminó de resolver liderazgo, programa y estrategia. La búsqueda de unidad ya comenzó, pero la cuestión decisiva será determinar qué peronismo puede presentarse ante la sociedad como alternativa de gobierno.

La disputa, por lo tanto, no estará limitada a dos nombres. Involucrará dos interpretaciones sobre el país: la del oficialismo, que identifica el futuro con la continuidad de las reformas, y la del peronismo, que deberá demostrar que puede ofrecer una salida diferente sin quedar asociado exclusivamente al pasado. Entre ambas posiciones habrá espacio para sectores moderados, gobernadores, dirigentes provinciales y votantes que no se sienten representados plenamente por ninguno de los polos.

La elección de 2027 comenzará a definirse antes de que empiece formalmente la campaña. El desempeño de la economía, la capacidad del Gobierno para sostener sus resultados y la habilidad del peronismo para reorganizarse determinarán cuánto peso tendrán las consignas de Milei. “Futuro contra pasado” es, por ahora, un marco de campaña. La sociedad decidirá si lo convierte en una verdadera disyuntiva electoral.

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