En estos días pasados, en el Senado de la Nación, los representantes de las provincias, dieron media sanción (por unanimidad) al proyecto de ley declarando: “Bernabé Aráoz, Héroe
Nacional”; esta virtud nacida del amor a la Patria, la dedicaron al mayor obstruccionista del Plan Sanmartiniano de Libertad e Independencia Suramericano. Las consideraciones que justifican esta proclamación, son: la participación patriótica de Aráoz en las batallas de Tucumán y Salta; su actuación como Gobernador de la Provincia de Tucumán, en dos oportunidades, y ser “precursor del federalismo” en nuestro país. De este modo, los senadores nacionales, proyectan al fundador de “la tucumaneidad” al plano mayor que ocupan: San Martín, Belgrano y Güemes, los fundadores de “la americanidad”, los cuales sobrellevaron, la acción porfiada, y ambigua, de Aráoz, que obstruyo el proyecto de independencia de las Provincias Unidas de Suramérica, que se ahonda al afirmar: de “España, y de toda dominación extranjera”. Mandato de futuro para las generaciones argentinas. Las cuales deberán instruirse, de acuerdo al proyecto, en el pensamiento y la acción localista, de este prócer tucumano.
En procura de la verdad histórica, afirmamos: que efectivamente, bajo las órdenes del General Manuel Belgrano, en las batallas de Tucumán y Salta, Aráoz cumplió un papel relevante, apoyando con fuerzas gauchas, organizadas por el, y de su peculio, para combatir la invasión realista del Gral. Pio Tristán (1812 /1813), a las cuales se derrotó gloriosamente. En las
derrotas de Vilcapugio y Ayohuma (año 1813) no participa, está de vuelta en Tucumán. En la invasión de Pezuela (1814), tampoco interviene. Es el tiempo de San Martín, Güemes, y la guerra gaucha.
Como Gobernador de la Intendencia de Salta del Tucumán (por pocos meses), y luego de la Provincia de Tucumán, Aráoz designado desde Buenos Aires, aceptó y usufructuó la
división arbitraria de la Intendencia de Salta del Tucumán (8.10.1814), hecho nefasto, promovido desde el Directorio porteño. Sin dudas Aráoz, trabajó para el beneficio de su
ciudad, y de sus comprovincianos; pero también retaceo los auxilios solicitados por Belgrano y Güemes, para contener las invasiones realistas, en 1815, 1816 y 1817, lo cual le acarreó la perdida de la gobernación, a solicitud de Belgrano, Jefe del Ejército del Norte, al Director Supremo de las Provincias Unidas de Suramérica Brigadier Gral. Juan Martín de Pueyrredón, el cual designa al Cnel. Felipe Mota Botello, gobernador legítimo; este será defenestrado de su cargo, en noviembre de 1819, por un golpe de estado, al mando del Cnel. Abraham González (oriental), que catapulta nuevamente a ocupar la Gobernación al Cnel. Bernabé Aráoz, verdadero gestor de la asonada, que encarcelo a Belgrano, hiriendo gravemente al Gobernador legitimo Mota Botello.
Nuevamente en el Poder, Bernabé Aráoz se autoproclama Presidente de la República de Tucumán, mediante ilegitima convocatoria constituyente, que entroniza la nueva Constitución tucumana, que legitima su ocupación gubernativa. Este golpe de estado de González y de Aráoz, inicia el funesto proceso de la anarquía tucumana, que se proyecta al plano nacional: la anarquía del año XX. La cual, culmina con el vacío de poder nacional.
La gobernación tucumana le permitió a Aráoz apoderarse del parque de armas del Ejército del Norte, tratando de sojuzgar las legítimas necesidades autonómicas de Santiago del
Estero, y de Catamarca; no olvidemos que las fuerzas al mando de Belgrano, fueron convocadas por el Directorio porteño, a reprimir a los Caudillos litoraleños. Asimismo, Aráoz
impide la llegada de refuerzos militares que el Gobernador Cnel. Juan Bautista Bustos (Córdoba), y el Caudillo Felipe Ibarra (Santiago del Estero), enviaran al Jefe del Ejército de
Observación sobre el Perú Gral. Martín Miguel Güemes (designado por San Martín, en 1820), a los fines de cumplir el Plan estratégico del Gran Capitán, de ejércitos convergentes sobre Lima, Perú, uno vía el Pacifico, otro penetrando en el Alto Perú, actual Bolivia. Güemes en copiosa correspondencia con Aráoz, le solicita las armas que necesita para armar su
vanguardia, y cumplir con el Plan Sanmartiniano. Aráoz sibilina, y ambiguamente, se niega a esta solicitud militar. Esto desatará la guerra de Güemes con Aráoz, y las nefastas
consecuencias de la misma. La lucha entre provincias, entre compatriotas, azuzada por las fuerzas realistas. El complot regional de todos aquellos que querían Patria sin gastar, y
teniendo que gastar renunciaban a la Patria Grande, se conformó con una red de pudientes en Jujuy, Salta y Tucumán, los cuales entraron en connivencia con el Jefe del Ejército Realista Gral. Pedro Antonio de Olañeta (último Virrey del Río de la Plata), empecinado absolutista, que logró con la muerte de Güemes, frustrar el avance patriota al Alto Perú (actual Bolivia).
Los partidarios de la Patria Nueva (conformada por los enemigos de Güemes), contra la Patria Vieja (partidarios del Caudillo de las Milicias Gauchas), dejaron hacer, dejaron pasar, al
comando militar que al mando del Cnel. José María Valdez, alias “el Barbarucho” (enviado por Olañeta), marchando por el camino de los contrabandistas (el despoblado), penetraron
subrepticiamente en Salta, rodearon e hirieron de muerte al Conductor de la Epopeya del Norte Argentino. Quien muere, el 17 de Junio de 1821, rodeado por los gauchos, en el monte
salteño. En la soledad de su misión sanmartiniana, que fue la fuerza de su gloria. El único General de las luchas por la Independencia, que muere en combate.
El excelentísimo Presidente de la República de Tucumán (así se hacía llamar: Aráoz), es culpable directo de estos acontecimientos fatales, en el tiempo germinal de la Patria. Es de
recordar: que el Cnel. Bernabé Aráoz muere fusilado por sus mismos comprovincianos, en Trancas (24.03.1824), como consecuencia de sus acciones políticas y militares, que devastaron y ensombrecieron a la provincia de Tucumán.
Con respecto al “precursor del federalismo” (Aráoz) es importante señalar, lo siguiente: el Cnel. Juan Bautista Bustos, luego de sublevar al Ejercito del Norte en Arequito, junto a los
jefes Alejandro Heredia (tucumano), y José María Paz (cordobés), negándose a reprimir los reclamos de los Gobernadores Estanislao López (Santa Fe), y Francisco Ramírez (Entre Ríos), asume la Gobernación de Córdoba, y convoca a un Congreso nacional, para definir la forma institucional que debe adoptar nuestro país. Su convocatoria tenía por objetivo: la aprobación de una Constitución federal, que deslegitimara la supremacía centralista, precursora del unitarismo, de la oligarquía porteña, atada a los intereses británicos. El Presidente de la República de Tucumán, receloso con Bustos, como lo era con Güemes, no apoya la iniciativa del primero, ni tampoco la convocatoria del segundo, a realizar un congreso para definir el fin de la guerra de la independencia, y mediante auxilios militares, apoyar a San Martín, en su campaña libertadora. Congreso militar, que también es boicoteado por el Gobernador Aráoz.
Afirmamos, para proyección historiográfica, que los dos conflictos que asumió Güemes, el primero con Rondeau, fue por las armas tomadas en Jujuy, para la defensa de la provincia de
Salta, que culmino en el Pacto de los Cerrillos (22.03.1816), que evitó la guerra civil, y culmino en la apertura de las sesiones del Congreso de Tucumán. El segundo conflicto, con Aráoz,también fue por las armas del Ejercito del Norte, para avanzar al Alto Perú, concluyo en el Pacto de Vinará (14.06.1821), entre Santiago del Estero, Catamarca, Salta y Tucumán. Güemes insiste en solicitar la ayuda militar para avanzar al Alto Perú, fue su último aliento.
La muerte de Güemes, acarreó graves dificultades al Gral. San Martín en el Perú, el mismo lo manifiesta: “(…) El indigno armisticio de Salta ha hecho que todas las fuerzas caigan
sobre mí, y esto no puede permitirse, por lo que suplico a Ud. encarecidamente, escriba sin perder momento a los gobiernos de Tucumán, Salta, y demás, como igualmente al Congreso
que se haya formado en Córdoba, a fin de que reuniéndos hagan una distracción a los enemigos que en el día no tienen fuerza ninguna en el Alto Perú” (Carta de San Martín a O
Higgins, de Lima, 6 de Noviembre de 1821). Esta situación militar, está referida al pacto Olañeta /Fernández Cornejo, firmado en Salta, en agosto del mismo año 21; en Tucumán,
mandaba Aráoz, su secretario José Mariano Serrano también entablo indignas negociaciones de paz.
San Martín nunca abandonó la posibilidad de avanzar por tierra, por el Alto Perú, rumbo a Cuzco, y a Lima. La Misión Sanmartiniana del Cnel. Gutiérrez de la Fuente (1822),
portaba precisas instrucciones, a los fines de conseguir fondos para formar una fuerza militar, que avance desde Salta. La prevaricación de Rivadavia, y de la Logia Provincias (división de la Logia Lautaro), unida a la negativa tucumana, desembocó en la Entrevista de Guayaquil con Bolívar, y el renunciamiento, y exilio posterior del Libertador de Chile y Perú. La obstrucción de Aráoz, en 1821, fue precursora de la frustración del Plan Sanmatiniano.