La noticia merece una reflexión que excede los nombres propios y la disputa coyuntural entre el Gobierno y la Asociación del Fútbol Argentino. El punto de fondo es más delicado: qué lugar debe ocupar la confianza en la decisión de designar a un juez y, sobre todo, qué entendemos por confianza cuando hablamos de independencia judicial.
El Senado aprobó finalmente los pliegos de Alejandro Catania y Juan Pedro Galván Greenway para integrar la Cámara de Apelaciones en lo Penal Económico. Sus postulaciones habían permanecido demoradas durante más de cuatro meses por decisión de la Casa Rosada, en un contexto marcado por cuestionamientos sobre sus presuntos vínculos con la conducción de la AFA, encabezada por Claudio “Chiqui” Tapia, quien se encuentra bajo investigación por presunto enriquecimiento ilícito.
La primera conclusión debería ser sencilla: la confianza importa. Pero no puede confundirse con obediencia política, simpatía ideológica o proximidad personal. Un juez no tiene que ser alguien en quien confíe un gobierno porque presume que resolverá las causas de determinada manera. La confianza institucional debe construirse sobre antecedentes, conducta profesional, independencia, solvencia jurídica y ausencia de conflictos de intereses que puedan afectar, o hacer razonablemente dudar, de su imparcialidad.
El problema aparece cuando esa confianza se transforma en un filtro político. Si un magistrado resulta confiable porque coincide con el poder de turno, el concepto deja de servir para fortalecer la Justicia y empieza a convertirse en una herramienta de disciplinamiento. Y eso puede ocurrir con cualquier gobierno, cualquiera sea su signo.
Pero existe también el extremo contrario: creer que cualquier cuestionamiento político debe ser descartado automáticamente como una interferencia. La designación de un juez para una Cámara que interviene en causas sensibles exige un escrutinio particularmente cuidadoso. No alcanza con decir que un candidato tiene experiencia. Tampoco alcanza con afirmar que determinados vínculos son sospechosos. Hay que explicar cuáles son esos vínculos, qué relevancia tienen, si generan un conflicto concreto y qué evidencia existe.
En este caso, las objeciones estuvieron relacionadas con actuaciones judiciales vinculadas con dirigentes de la AFA. Uno de los magistrados había intervenido en una causa que terminó con el sobreseimiento de Claudio Tapia, mientras que respecto del otro los cuestionamientos estuvieron relacionados con supuestas vinculaciones con integrantes de la conducción del fútbol argentino.
Aquí aparece una cuestión fundamental: una decisión judicial favorable a una persona no demuestra por sí misma amistad, dependencia o parcialidad. Los jueces están precisamente para resolver a partir de las pruebas y del derecho, incluso cuando sus decisiones favorecen a personas enfrentadas con el poder político. Si cada sentencia que beneficia a un dirigente pudiera utilizarse después para cuestionar la carrera del magistrado, la independencia judicial quedaría sometida a una amenaza permanente.
La confianza, entonces, debe funcionar en ambos sentidos. La sociedad necesita confiar en sus jueces, pero los jueces también necesitan saber que sus decisiones no serán utilizadas como antecedentes políticos para premiarlos o castigarlos.
Por eso, la discusión sobre Catania y Galván Greenway debería servir para establecer reglas más transparentes. Si existen razones objetivas para cuestionar la idoneidad o independencia de un candidato, deben exponerse públicamente y evaluarse antes de la designación. Si no existen, una demora basada exclusivamente en sospechas políticas resulta difícil de justificar.
La Justicia necesita jueces confiables, pero no jueces confiables para el Gobierno de turno. Necesita magistrados cuya trayectoria permita confiar en algo mucho más importante: que cuando llegue una causa políticamente incómoda, económica o institucionalmente sensible, decidirán conforme a la ley y no conforme a quién pueda beneficiarse o perjudicarse con su sentencia.
Ese debería ser el verdadero criterio de confianza.