Hoy, una de las advertencias más significativas surge desde el propio Israel: más de 200 personalidades israelíes, entre ellas dos ex primeros ministros, más de treinta generales retirados del Ejército y la Fuerza Aérea y antiguos responsables de los servicios de inteligencia, reclamaron detener la violencia contra civiles palestinos en Cisjordania. Algunos hablan expresamente de “terrorismo judío” y denuncian una dinámica de expulsión territorial. El general retirado Eyal Ben-Reuven llegó a considerar la violencia de estos colonos una amenaza para el propio Israel, incluso más preocupante que otros frentes externos. (The New York Times)
La denuncia es particularmente grave porque no proviene de adversarios de Israel, sino de personas que dedicaron gran parte de sus vidas a defenderlo. Incluso sectores israelíes tradicionalmente duros en materia de seguridad advierten que el extremismo nacionalista, la violencia de determinados colonos y la expansión territorial pueden terminar comprometiendo la democracia, la seguridad y el futuro internacional de Israel. (GV Wire)
Debemos identificar con claridad a los actores de la no solución: de un lado, Hamás, con el terrorismo y la negación violenta de Israel; del otro, los sectores extremistas y violentos del movimiento de colonos que avanzan sobre Cisjordania y reducen las posibilidades territoriales de construir un Estado palestino viable. No son fenómenos idénticos ni corresponde establecer una equivalencia automática, pero existe una consecuencia política común: cada extremo fortalece al otro. El terrorismo alimenta el miedo y el nacionalismo radical israelí; la ocupación, la violencia y la expansión de asentamientos alimentan la desesperación y la radicalización palestina.
Por eso hay que volver al espíritu de Rabin: un sí inequívoco a la existencia y seguridad de Israel; un sí igualmente claro al derecho palestino a constituir un Estado viable; y un no terminante tanto al terrorismo de Hamás como a la violencia de los colonos extremistas. La paz sólo tendrá una oportunidad cuando los moderados de ambos pueblos logren aislar políticamente a quienes necesitan que el conflicto nunca termine.