La licenciada en Criminalística Sofía Dell Orto, profesional egresada de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne), lleva adelante una investigación que pretende determinar la toxicidad en especies vegetales utilizadas como digestivas por la etnomedicina regional como el burrito, boldo brasilero, entre otras.
El proyecto está dirigido por el doctor Gonzalo Ojeda y codirigido por la doctora Ana María Torres, desarrollándose en el Laboratorio de Productos Naturales del IQUIBA-NEA, perteneciente a la FaCENA, con el sostén de una Beca Estímulo a la Investigación Tipo I de la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la Unne.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que tres de cada cuatro personas en el mundo dependen de la medicina tradicional, una práctica con raíces profundas en el país a través de los saberes de pueblos originarios como guaraníes, tobas y vilelas.
Sin embargo, la presencia de sustancias tóxicas que varían según el clima, el suelo o la época de recolección genera riesgos en el consumo, sobre todo considerando antecedentes como las intoxicaciones por paico en niños o la presencia de tuyona en el ajenjo y el burrito.
Fases del ensayo experimental con larvas de crustáceos y bulbos de cebolla
Para llevar a cabo el estudio, la investigadora definió cuatro metas metodológicas secuenciales. La primera etapa consiste en identificar técnicamente cada especie —entre las que se encuentran la marcela, el burrito, el llantén, la menta, el paico, el ajenjo, la yerba lucera, el diente de león y el boldo brasilero— y preparar las muestras mediante infusiones o decocciones para simular las condiciones reales de uso doméstico.
El segundo paso mide el nivel de toxicidad mediante ensayos con larvas de Artemia salina, un pequeño crustáceo marino utilizado como indicador en toxicología vegetal, considerando la zona geográfica y la época del año en que se recolectó la muestra.
Posteriormente, las muestras que manifiesten toxicidad serán sometidas a una segunda prueba utilizando bulbos de cebolla para evaluar si los compuestos alteran el material genético de las células. La última fase del trabajo buscará establecer la dosis exacta a partir de la cual se desencadena el efecto tóxico e identificar las sustancias químicas responsables mediante tecnología de separación y análisis de compuestos en el laboratorio del IQUIBA-NEA.
Hipótesis de trabajo e impacto de los resultados en la salud pública
La investigación parte de la suposición de que la mayoría de las plantas analizadas no representará un riesgo en su uso habitual. Además, se busca verificar si la toxicidad varía según el momento del año y el lugar de recolección, lo que permitiría determinar zonas y épocas más seguras para el acopio de las especies. Finalmente, el equipo prevé aislar e identificar la estructura química de los componentes nocivos presentes en las muestras.
Los resultados finales permitirán emitir alertas a la población sobre los riesgos del uso de determinadas plantas, especialmente en grupos vulnerables como niños, ancianos o personas con patologías previas.
A su vez, el proyecto busca fijar concentraciones de uso seguro para validar científicamente el conocimiento tradicional, facilitar la eventual incorporación de estas especies a los sistemas públicos de salud y consolidar la capacidad técnica regional en toxicología de productos naturales.