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Instantes

Por José Ceschi

¡Buen día! La vida está hecha de instantes sucesivos. ¿Pensó alguna vez en descartar algunos? Gabriel García Márquez lo hizo bellamente en una de sus poesías: “Mi colección de instantes”: 
“Un día me propuse coleccionar instantes/que decidí guardar en forma de recuerdos,/fui escogiendo lo mejor de lo vivido/sin importar el tema o motivo. Escogí un atardecer en el Pacífico/y un amanecer en el Atlántico./Guardé una tarde en las ruinas de Palenque,/un sábado en el centro de San Angel./Un domingo por las calles de Cholula/y una noche con neblina en las montañas.  Una mañana navegando por el río/y otra cabalgando en la pradera./Guardé también la mañana de mi boda/y el instante del primer llanto de mis hijos./Sus risas y sus gritos cuando juegan/y su alegría en Navidad y el Día del Niño. Guardé una noche de caricias con mi esposa/y otra de parranda con mis cuates./Guardé una plática tranquila con mis padres/y una de recuerdos con mi abuela./Un breve instante bromeando a mis hermanos/y un atardecer regando los geranios. Guardé una madrugada diciéndole te amo/con la voz quebrantada y el cuerpo tiritando. Pero mi colección creció de tal manera/que no alcanzaron los espacios de mi mente/y dejé mi colección de instantes,/ pendiente e inconclusa hasta la muerte”. ¡Qué bueno resulta disfrutar los instantes del ayer desde la perspectiva del corazón! El propio García Márquez, en “El amor en los tiempos de cólera”, los destacaba al escribir:  “La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos. Gracias a ese artificio logramos sobrellevar el pasado”. Para enriquecer el tema veamos lo que dijo María Granata: “Un verdadero recuerdo, merecedor de su condición, no se limita a anécdota, a algo esquemático; está integrado por nuestra propia sustancia viva, una preciosa sustancia que sólo persiste si no queda cautiva en el hecho, en la fisonomía que la contuvieron, y se incorpora a nosotros. Sin duda alguna, el valor de la perdurabilidad del pasado será mayor en la medida que le sepamos extraer el contenido, aunque su forma termina desvaneciéndose...”                                    
¡Hasta Mañana! 

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Instantes

Por José Ceschi

¡Buen día! La vida está hecha de instantes sucesivos. ¿Pensó alguna vez en descartar algunos? Gabriel García Márquez lo hizo bellamente en una de sus poesías: “Mi colección de instantes”: 
“Un día me propuse coleccionar instantes/que decidí guardar en forma de recuerdos,/fui escogiendo lo mejor de lo vivido/sin importar el tema o motivo. Escogí un atardecer en el Pacífico/y un amanecer en el Atlántico./Guardé una tarde en las ruinas de Palenque,/un sábado en el centro de San Angel./Un domingo por las calles de Cholula/y una noche con neblina en las montañas.  Una mañana navegando por el río/y otra cabalgando en la pradera./Guardé también la mañana de mi boda/y el instante del primer llanto de mis hijos./Sus risas y sus gritos cuando juegan/y su alegría en Navidad y el Día del Niño. Guardé una noche de caricias con mi esposa/y otra de parranda con mis cuates./Guardé una plática tranquila con mis padres/y una de recuerdos con mi abuela./Un breve instante bromeando a mis hermanos/y un atardecer regando los geranios. Guardé una madrugada diciéndole te amo/con la voz quebrantada y el cuerpo tiritando. Pero mi colección creció de tal manera/que no alcanzaron los espacios de mi mente/y dejé mi colección de instantes,/ pendiente e inconclusa hasta la muerte”. ¡Qué bueno resulta disfrutar los instantes del ayer desde la perspectiva del corazón! El propio García Márquez, en “El amor en los tiempos de cólera”, los destacaba al escribir:  “La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos. Gracias a ese artificio logramos sobrellevar el pasado”. Para enriquecer el tema veamos lo que dijo María Granata: “Un verdadero recuerdo, merecedor de su condición, no se limita a anécdota, a algo esquemático; está integrado por nuestra propia sustancia viva, una preciosa sustancia que sólo persiste si no queda cautiva en el hecho, en la fisonomía que la contuvieron, y se incorpora a nosotros. Sin duda alguna, el valor de la perdurabilidad del pasado será mayor en la medida que le sepamos extraer el contenido, aunque su forma termina desvaneciéndose...”                                    
¡Hasta Mañana!