Picazuró libre en manos abiertas
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Picazuró libre en manos abiertas

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Paulo Ferreyra Paulo Ferreyra

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Por Paulo Ferreyra
Colaboración: Abel Fleitas  
Especial para El Litoral

Paloma picazuró (Patagioenas picazuró), es de tamaño grande, mide 34 centímetros, habita en arboledas, montes, bosques y también se ha adaptado a las áreas urbanas, pero no son tan confiadas como las palomas caseras. En el interior es notable su expansión debido a la fuerte oferta alimentaria dada por los cultivos y por las forestaciones que le posibilitan anidar. Presenta cabeza y pecho vináceo, apretados filetes celestes metálicos en el cuello dorsal. Medialuna blanca en las cubiertas de las alas y esto es más notable en su vuelo. El resto del cuerpo es plomizo y el iris castaño. En peso, puede alcanzar los 450 gramos.
A ella la encontramos en un cuadro del artista Juan Carlos Soto, bajo el título de “Paloma”. La obra corresponde al año 1989, es un acrílico sobre chapadur y pertenece a la colección del Museo Provincial de Bellas Artes “Juan Ramón Vidal”. 
Soto nació en la localidad de Villa Ana, Santa Fe, en 1942, y su primera exposición en Corrientes fue en 1969. Inició una actividad dedicada exclusivamente al arte, indisoluble en su vida. “Con total claridad podemos decir que Juan Carlos Soto y Rolando Díaz Cabral son artistas que siempre tuvieron su mirada en Corrientes. En sus obras, Corrientes puede mirarse”, manifestó días atrás en una charla el licenciado José Alfredo Ramírez.
Soto realizó su formación académica en el taller de Arte de la Universidad Nacional del Nordeste, en Resistencia, Chaco. Además, siguió estudiando “estímulo de Bellas Artes” en Buenos Aires, bajo la dirección de Demetrio Urruchúa y Naúm Goijman. “En su vivencia porteña compartió la relación de otros consagrados pintores como Juan Carlos Castagnino, Carpani y Lo Bianco”, describió Marcelo Daniel Fernández en su libro “Los fundadores de las artes plásticas en Corrientes”. Cuenta además este autor que la producción de Soto fue muy profusa ya que sus dibujos y pinturas alcanzaron un estilo inconfundible. Subrayó que en su vida artística tuvo una destacada trayectoria en exposiciones individuales y colectivas, en salas oficiales y privadas de Buenos Aires y ciudades del nordeste.
Cabe mencionar que Juan Carlos Soto, en el muralismo, encontró la consagración de su discurso grandilocuente y testimonial. Realizó muchos murales e inspiró un movimiento -Arte Ahora- que trascendió el tiempo con su estilo y temática. Hasta su fallecimiento en 1995, “Soto realizó 35 murales en los que dejó en solitario o integrando el grupo Arte Ahora su huella fundacional”, escribió Fernández. En vida, Soto fue distinguido en Misiones y Corrientes. Además, recibió un reconocimiento por su labor artística en Rosario, Santa Fe.
La picazuró también recibe el nombre de “paloma turca” por la forma de media luna que un sector de plumas blancas configura sobre el dorso de sus alas. Habita en la zona norte del país en mayor número, pero también han sido vistas en el centro, en provincias como Buenos Aires y Córdoba. Es arisca y puede escucharse su voz plagada de ú, “úuuu–u–u–uuu”. Su nido es construido con palitos, es bastante frágil, como el nido de casi todas las palomas. Durante los primeros días, la cría es alimentada con una secreción lechosa que sus padres regurgitan del buche. Esta especie pone un solo huevo en lugar de dos, como hace la mayoría de las palomas. El mismo es de forma elíptica, blanco, y mide 44 x 30 milímetros. 
  
Retratos 
La primera muestra de Juan Carlos Soto fue de dibujos bajo el título de “La casa de las mujeres que fuman”, en la ya desaparecida Librería Literat, en 1969. En vida realizó su última muestra titulada “Todo Soto” en el Museo Provincial de Bellas Artes de Corrientes, en 1994. “Soto hizo sentir permanentemente el vigor de su mensaje, de características monumentales, de contenido esencialmente social y americanista”, describe Marcelo Fernández. Por su parte, Norberto Lischinsky escribió que Soto “retrató al correntino sin remilgos. Lo vislumbró industrioso y parrandero, adorador de su naturaleza feraz y atravesada por devociones y hechicerías, fondeada en sus orígenes hidalgos y creencias de imaguaré. El recogió en vida más respeto y admiración que sosiego material”, advirtió. 
Por estos días, coincidencia o no, a 50 años de su primera muestra se exhibe en el Museo de Bellas Artes parte de sus obras. “Esta exhibición reúne una selección inédita de dibujos y pinturas realizadas por el maestro ‘El Negro Soto’, como lo llamaban sus amigos. El marcó con su impronta haciendo escuela en la plástica local y regional”, deslizó en la presentación el licenciado Luis Bogado, director del museo. Por su parte, Andrea Soto, hija del artista, agradeció a los amigos que se acercaron de corazón: “Sentí por estos días como un mensaje de papá diciéndome no me olvides. Esta muestra impulsa el recuerdo no sólo familiar sino también para Corrientes”, explicó Andrea, quien también trabajó junto a su padre haciendo diferentes murales en la ciudad y en el interior de esta provincia.
  
Libertad 
Las palomas picazuró están condenadas a la libertad. Aunque cabe decir que en su vida cotidiana son las que menos bien la pasan. En todas las disciplinas estas aves, sus alas y sus formas están asociadas a la vida libre, aunque en la realidad eso no sea así. En el caso de las salidas al campo, cuando se nos aparecen en los bordes de lagunas, o en los montes, o un poco a lo lejos, sus reconocidas siluetas no llegan a ser un alivio, sino más bien un desafío para los observadores. Porque en nuestra zona, por sus tamaños, pueden ser al menos la yerutí, la torcaza o la picazuró. 
En el caso de esta obra pictórica que escogimos de Juan Carlos Soto, la picazuró nos pareció ser la más adaptada, la que se encuentra entre las manos del protagonista. Para acompañar esta página de domingo y en este marco hemos elegido dos imágenes: una de una tarde caminando por el monte, de esos que dejan algunos pedazos de cielo claro, unas ramas, y en ella, una picazuró observando cuidadosa hacia abajo. Con ese contraste de luces, sus colores no se destacan de la forma ideal. Visto así, una vez más su futuro no parece ser el mejor. En el segundo registro la vemos surcar el cielo a lo lejos, siendo totalmente libre. Con el rojo de su mirada y las alas desplegadas.

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Picazuró libre en manos abiertas

Por Paulo Ferreyra
Colaboración: Abel Fleitas  
Especial para El Litoral

Paloma picazuró (Patagioenas picazuró), es de tamaño grande, mide 34 centímetros, habita en arboledas, montes, bosques y también se ha adaptado a las áreas urbanas, pero no son tan confiadas como las palomas caseras. En el interior es notable su expansión debido a la fuerte oferta alimentaria dada por los cultivos y por las forestaciones que le posibilitan anidar. Presenta cabeza y pecho vináceo, apretados filetes celestes metálicos en el cuello dorsal. Medialuna blanca en las cubiertas de las alas y esto es más notable en su vuelo. El resto del cuerpo es plomizo y el iris castaño. En peso, puede alcanzar los 450 gramos.
A ella la encontramos en un cuadro del artista Juan Carlos Soto, bajo el título de “Paloma”. La obra corresponde al año 1989, es un acrílico sobre chapadur y pertenece a la colección del Museo Provincial de Bellas Artes “Juan Ramón Vidal”. 
Soto nació en la localidad de Villa Ana, Santa Fe, en 1942, y su primera exposición en Corrientes fue en 1969. Inició una actividad dedicada exclusivamente al arte, indisoluble en su vida. “Con total claridad podemos decir que Juan Carlos Soto y Rolando Díaz Cabral son artistas que siempre tuvieron su mirada en Corrientes. En sus obras, Corrientes puede mirarse”, manifestó días atrás en una charla el licenciado José Alfredo Ramírez.
Soto realizó su formación académica en el taller de Arte de la Universidad Nacional del Nordeste, en Resistencia, Chaco. Además, siguió estudiando “estímulo de Bellas Artes” en Buenos Aires, bajo la dirección de Demetrio Urruchúa y Naúm Goijman. “En su vivencia porteña compartió la relación de otros consagrados pintores como Juan Carlos Castagnino, Carpani y Lo Bianco”, describió Marcelo Daniel Fernández en su libro “Los fundadores de las artes plásticas en Corrientes”. Cuenta además este autor que la producción de Soto fue muy profusa ya que sus dibujos y pinturas alcanzaron un estilo inconfundible. Subrayó que en su vida artística tuvo una destacada trayectoria en exposiciones individuales y colectivas, en salas oficiales y privadas de Buenos Aires y ciudades del nordeste.
Cabe mencionar que Juan Carlos Soto, en el muralismo, encontró la consagración de su discurso grandilocuente y testimonial. Realizó muchos murales e inspiró un movimiento -Arte Ahora- que trascendió el tiempo con su estilo y temática. Hasta su fallecimiento en 1995, “Soto realizó 35 murales en los que dejó en solitario o integrando el grupo Arte Ahora su huella fundacional”, escribió Fernández. En vida, Soto fue distinguido en Misiones y Corrientes. Además, recibió un reconocimiento por su labor artística en Rosario, Santa Fe.
La picazuró también recibe el nombre de “paloma turca” por la forma de media luna que un sector de plumas blancas configura sobre el dorso de sus alas. Habita en la zona norte del país en mayor número, pero también han sido vistas en el centro, en provincias como Buenos Aires y Córdoba. Es arisca y puede escucharse su voz plagada de ú, “úuuu–u–u–uuu”. Su nido es construido con palitos, es bastante frágil, como el nido de casi todas las palomas. Durante los primeros días, la cría es alimentada con una secreción lechosa que sus padres regurgitan del buche. Esta especie pone un solo huevo en lugar de dos, como hace la mayoría de las palomas. El mismo es de forma elíptica, blanco, y mide 44 x 30 milímetros. 
  
Retratos 
La primera muestra de Juan Carlos Soto fue de dibujos bajo el título de “La casa de las mujeres que fuman”, en la ya desaparecida Librería Literat, en 1969. En vida realizó su última muestra titulada “Todo Soto” en el Museo Provincial de Bellas Artes de Corrientes, en 1994. “Soto hizo sentir permanentemente el vigor de su mensaje, de características monumentales, de contenido esencialmente social y americanista”, describe Marcelo Fernández. Por su parte, Norberto Lischinsky escribió que Soto “retrató al correntino sin remilgos. Lo vislumbró industrioso y parrandero, adorador de su naturaleza feraz y atravesada por devociones y hechicerías, fondeada en sus orígenes hidalgos y creencias de imaguaré. El recogió en vida más respeto y admiración que sosiego material”, advirtió. 
Por estos días, coincidencia o no, a 50 años de su primera muestra se exhibe en el Museo de Bellas Artes parte de sus obras. “Esta exhibición reúne una selección inédita de dibujos y pinturas realizadas por el maestro ‘El Negro Soto’, como lo llamaban sus amigos. El marcó con su impronta haciendo escuela en la plástica local y regional”, deslizó en la presentación el licenciado Luis Bogado, director del museo. Por su parte, Andrea Soto, hija del artista, agradeció a los amigos que se acercaron de corazón: “Sentí por estos días como un mensaje de papá diciéndome no me olvides. Esta muestra impulsa el recuerdo no sólo familiar sino también para Corrientes”, explicó Andrea, quien también trabajó junto a su padre haciendo diferentes murales en la ciudad y en el interior de esta provincia.
  
Libertad 
Las palomas picazuró están condenadas a la libertad. Aunque cabe decir que en su vida cotidiana son las que menos bien la pasan. En todas las disciplinas estas aves, sus alas y sus formas están asociadas a la vida libre, aunque en la realidad eso no sea así. En el caso de las salidas al campo, cuando se nos aparecen en los bordes de lagunas, o en los montes, o un poco a lo lejos, sus reconocidas siluetas no llegan a ser un alivio, sino más bien un desafío para los observadores. Porque en nuestra zona, por sus tamaños, pueden ser al menos la yerutí, la torcaza o la picazuró. 
En el caso de esta obra pictórica que escogimos de Juan Carlos Soto, la picazuró nos pareció ser la más adaptada, la que se encuentra entre las manos del protagonista. Para acompañar esta página de domingo y en este marco hemos elegido dos imágenes: una de una tarde caminando por el monte, de esos que dejan algunos pedazos de cielo claro, unas ramas, y en ella, una picazuró observando cuidadosa hacia abajo. Con ese contraste de luces, sus colores no se destacan de la forma ideal. Visto así, una vez más su futuro no parece ser el mejor. En el segundo registro la vemos surcar el cielo a lo lejos, siendo totalmente libre. Con el rojo de su mirada y las alas desplegadas.