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/Ellitoral.com.ar/ Especiales

Pensar con imágenes: Asunción

SEBASTIÁN BOGADO.
VERÓNICA VIEDMA.

Por Carlos Lezcano

Especial para El Litoral

La idea de pensar con imágenes está tomada del libro editado por la Universidad Nacional de Tres de Febrero que contiene, entre otros, un texto de Didi-Huberman sobre el pensamiento dialéctico de las imágenes en la obra de Eisenstein, que se pregunta si hay un pathos inherente a ellas. Por su parte, Diana Wesler, historiadora del arte y subdirectora del Museo de la Universidad Nacional Tres de Febrero (Muntref), avanza sobre la idea de un laboratorio de imágenes para experimentar con, en y entre las imágenes. Obviamente que en esos textos están presentes las ideas de Aby Warburg como invitación a “conocer por las imágenes” en su vecindad, llamándolas a dialogar en alusión a su “Atlas Mnemosyne”.

EL SILENCIO VERTICAL

El 7 de abril, Óscar Condés explicó en el sitio xatakafoto.com los detalles de la polémica suscitada en torno a una obra del fotógrafo español Ignacio Pereira que realizó desde 2016.

Pereira fotografió a Santa Sofía en Estambul, la plaza Trafalgar de Londres, la Gran Vía madrileña, el puente de Brooklyn y el Times Square en Nueva York, pero vacías.

Una de estas imágenes es la de la Gran Vía de Madrid vacía, en la que solo se ve a un repartidor de Glovo, tomada en 2019. Vox ha difundido en Twitter, sin su permiso, un montaje que incorpora unos ataúdes cubiertos con banderas de España junto al mensaje “esta (imagen) retrata perfectamente el dolor de esta tragedia que el Gobierno y sus satélites mediáticos pretenden ocultar”. Vox (voz) es un partido político español de derecha creado en 2013, que llenó con fotografías de ataúdes cubiertos por la bandera de España la Gran Vía.

Si bien las fotos originales de Pereira no tienen nada que ver con la pandemia, reaparece en la escena pública por la apropiación de ese sector político que la usó ilegalmente. La imagen que ha permanecido en latencia y regresa en una coyuntura diferente, abriéndose a nuevos significados y  polémicas.

Bogado también fotografía ciudades vacías, donde trabaja en medio del “silencio vertical” urbano, como dijo Sergio Chefiec recorriendo una Nueva York desolada. La clave de lectura en este caso es que son nuevas y antiguas tomas del artista.

Conversamos con Verónica Viedma, directora de la galería ViedmArte en Asunción y, por otro lado, con el fotógrafo Sebastián Bogado, uno de los artistas que participó en la “Noche de galerías” en la capital guaraní de la edición enfocada en la pandemia.

Escribo esta nota el 18 de noviembre. El parte oficial indica que hay 363 casos en Corrientes.

Verónica Viedma 

Verónica Viedma es egresada de distintas universidades de Bellas Artes en Barcelona, ha estudiado en España, en Italia, vive en Asunción y está a cargo de la gerencia de la galería ViedmArte. 

—¿Qué es la galería ViedmArte, cómo surge y qué están haciendo en este momento? 

—Surge en 2013, fue fundada por el profesor Manuel Viedma, que es mi padre. Nosotros vivimos hace muchísimo tiempo en el ámbito artístico; mi padre es pintor, fundador de una universidad en Paraguay, y siempre tuvimos muchísima vinculación con el ámbito cultural. Decidimos formar un espacio donde podamos desarrollar la promoción y, más que nada, descubrir nuevos artistas y destacar la obra de los más renombrados de nuestro entorno. 

Trabajamos en una asociación de galerías que se llama Asgapa, que está conformada por las más importantes galerías de Asunción. Estuvimos con mucha actividad a pesar de la pandemia y participamos como siempre, hace más de seis años, lo que denominamos “Noche de galerías”. Este año, por la pandemia, lo hicimos online, es decir, una versión híbrida en la que tenemos presencia en el formato online y también con citas estamos recibiendo presencialmente a personas interesadas.

—¿Cómo ves el panorama del arte contemporáneo en pandemia?

—Nosotros estamos trabajando a pesar de la pandemia, algo que crea bastantes incertidumbres, es un tema la cuestión de continuidad y la reflexión en esta situación. A pesar de esto hay un mercado interesante en el que participamos. Es importante decir que ninguna galería ha cerrado, por lo menos dentro de nuestra asociación: estamos moviendo igualmente obras de arte. Eso significa que las personas están mirando su entorno, están apreciando un poco más su espacio, por un lado, y el trabajo de los artistas, podríamos decir que también está en un proceso de inflexión esa relación. No ha parado, eso es lo positivo y creo que a todo el mundo le vino bien este tiempo de pausa y de ver hacia dónde vamos, si seguimos en lo mismo o podemos mejorar. Porque hacia atrás no hay que ir. 

—¿Cómo funciona la galería en pandemia? 

—Funcionamos en el marco de la “Noche de galerías”, que es ya una fiesta de varios años, con circuito de buses que hacen unos recorridos que la comunidad los ha aceptado. Lo que hicimos en esta ocasión fue tomar un proyecto enfocado en ver la situación actual, el mirar, el solicitar al artista que nos provea su observación, lo que ve él desde su punto de vista. Es una mirada en sus escenarios o cómo configura en su entorno. Lo que hicimos fue hablar con dos artistas, en este caso optamos por la fotografía, y creímos que desde el punto de vista estético sería bastante factible el mostrar ambas situaciones. 

Uno de los artistas se llama Jesús Ruiz Díaz, que en este momento no está aquí en Paraguay; es paraguayo, estudió en Nueva York, tiene una maestría en fotografía en una escuela de París, ganó bastantes concursos y justamente le toma esta pandemia en su hogar, en su casa. Hizo una serie denominada “La belleza puede estar en cualquier lugar”, que lo muestra en ese momento en el que convive con su madre, y la madre se vuelve la protagonista de la obra, incluso ni siquiera sabía que iba a formar parte de la exposición y se encuentra el día de la apertura a sí misma como el objeto retratado. Lo gracioso fue eso, y él estando aún todavía en México, porque no pudo estar presente, envió la obra; creó toda una sensación muy particular. 

—Son ambientes hogareños, ciertamente cotidianos, ¿no? 

—Sí, cotidianos, íntimos, toda esa situación en la que uno tiene que rodearse de su microentorno, porque también aquí estuvimos mucho tiempo en cuarentena, empezó el 10 de marzo ya en una cuarentena muy fuerte, luego fue abriéndose poco a poco; afortunadamente ahora ya no estamos con tantas restricciones, pero continuamos con números considerables de casos para nuestra población.

Lo que hace Jesús es preguntarse sobre el encierro que tenemos, si lo cuestionamos o enfocamos nuestra vida a esta situación, o ver qué podemos hacer o cómo podemos mejorarlo. Su reflexión más bien es sobre qué vamos a hacer con este tiempo en el cual estamos más ensimismados, y ahí descubre, en esa mirada, a su propia madre, que la tenía casi en el olvido. Y crea desde esa declaración de amor de hijo a madre. 

—¿Hay gente interesada? ¿Se compran en momentos de pandemia tan duro como este? 

—Y, gracias a Dios, sí. Analizamos justamente eso con los galeristas que formamos parte de la asociación que trabajamos con una gestora cultural argentina llamada Natalia Albanese. Realmente fue muy llamativo lo que pasó, pensábamos que íbamos a pasar por momentos muy duros, pero no. Creo que esa visión, ese tiempo en que la persona está en su hogar reflexiona más también en qué va a invertir, piensa más en qué va a utilizar su dinero; entonces considera que la obra de arte es una inversión. Desde la galería pensamos que es bueno crear un nuevo coleccionismo, que las personas aprecien más también su propio entorno y también vean que hay muchas posibilidades en nuestro medio. 

Otro factor positivo es que también todo este fenómeno de la pandemia hace que tengamos más internacionalización; es decir que esta situación significa que hay más expansión. 

—Sos docente universitaria. Es muy interesante que en épocas de máxima preocupación y  de incertidumbres, de miedo a la enfermedad, a la muerte, la gente “consuma” arte. 

—Sí, esa acción de adquirir obras significa que hay un mayor criterio en relación a esa misma actividad. ¿En qué sentido? Se busca todo lo que tenga que ver con vínculos humanos, la obra de arte es una actividad que demuestra que en algún momento nació de un mensaje que quiere ser transmitido y está llegándole a la persona correcta seguramente.

Justamente la elección del tema, en este caso, no fue por cuestiones comerciales, lo vinculé mucho a la actividad investigativa, porque trabajamos con proyectos de extensión en la universidad. Consideramos que esto no va parar, es un proyecto que puede ir creciendo y que va poder también ir aumentando con más acciones de otros artistas. Porque la idea es poder tener y poder documentar con registros todo lo que está pasando, porque espero que termine en algún momento y que esto sea parte de nuestra historia.

Sebastián Bogado

—¿Cómo surge esta doble pasión? Por un lado el Derecho, las Relaciones Internacionales, y la fotografía por otro.

—Nací en Asunción, pero viví mucho tiempo en San Pablo, donde estoy ahora. Completé mi estudio secundario, luego hice la carrera de Derecho en Paraguay y después me fui a Buenos Aires un año y luego a Italia otro año para hacer la maestría en Relaciones Internacionales. Luego de terminar mis estudios, viajé bastante por Europa antes de volver a Asunción, donde estuve por un par de años. En el 2010 me mudé a Brasil, primero para vivir en Curitiba y luego en San Pablo, donde estoy ahora.

—¿Y cómo surge esta vocación y esta pasión por la fotografía?

—En mis años de Curitiba empecé a tomarme más en serio mi lado artístico. La fotografía pasó de ser un pasatiempo y una cosa que se hacía mientras se viaja, a ser algo más profundo; empecé a experimentar técnicas con la cámara, a encausar mis capturas en diferentes temas, no solamente paisajes, no solamente fotos de turistas, etc. Siempre me llamó la atención la arquitectura, los edificios con sus múltiples ventanas, pero sobre todo toda la vida que contiene un edificio, que algunos lo miran como una cosa fría, pero si te ponés a pensar, en cada cuadradito que ves hay algo pasando, hay alguien viviendo. En esos días compartía mis fotografías con amigos míos en Asunción que siempre se dedicaron al ámbito de lo audiovisual y que me expresaban que apreciaban lo que hacía y eso me empezó a estimular, a meterme cada vez más en el tema, y entonces me puse a estudiar en una escuela en Curitiba que se llama Omicron. Ahí empezó mi formación un poco más académica, teniendo contacto con la historia, con la fotografía, con pensadores y con teóricos. Empecé a interesarme más en el tema y a experimentar también técnicas con diversas cámaras. Y así fue evolucionando, siempre con el lado arquitectónico, pero bien mezclado con la situación humana y de ahí viene el nombre de la serie “Geografía urbana”. Se refiere también a la geografía humana, lo urbano es lo que me rodea, toda la vida viví o en Asunción o en San Pablo o en Buenos Aires o en Curitiba o en Roma.

—Las fotos son particularmente desoladoras, pero hay siempre una presencia humana que está señalada, el clarinete por ejemplo.

—Siempre hay algo para rescatar. Lo que quise es mostrar, expresar que siempre va a estar la vida humana contenida en estos edificios o en estos lugares, y siempre hay motivos, aun en el medio de la pandemia y en el medio de la crisis, hay motivos para celebrar el hecho de que estamos vivos, el hecho de que estamos con conciencia, de que si bien estamos en nuestras casas confinados, en los balcones hay gente mirando para afuera, tocando el clarinete, y por eso estos registros puramente de edificios siempre tienen contenido de humanidad en todas las imágenes.

—¿Fueron sacadas en esta situación de pandemia o son anteriores?

—Algunas. Quise hacer una mezcla de imágenes que fueron capturadas este año, diría la mitad de ellas más o menos, y otra quise hacer una relectura. Hice una selección de algunas imágenes que tenía a partir del 2017. Lo hablábamos con Verónica Viedma, que me invitó a presentarlas y me dijo que el tema era las reflexiones en pandemia, las reflexiones de contingencia. Cuando uno reflexiona, necesariamente tiene que retroceder un poco en su vida más inmediata, hay que tener en cuenta de dónde venimos, mirar quiénes somos y la vida de hace tres o cuatro años atrás. Me parece que el ser humano ya contenía en sí mismo la semilla, las condiciones para también superar todo esto. Si te ponés a pensar y reflexionar sobre la pandemia, confinados ya vivíamos hace un tiempo, pero con la posibilidad de salir siempre. Si nos ponemos a reflexionar sobre el confinamiento y tanta gente que está confinada desde hace tanto tiempo...

—Por la inseguridad ¿cierto?

—Claro, todas esas situaciones pasadas y presentes, aunque el espíritu humano es siempre el mismo; entonces eso quise reflejar.

—Además de la inseguridad, del miedo o del miedo a morir, en ciudades tan grandes eso está siempre presente... 

—Justamente, convive uno con eso en la gran ciudad. En las grandes ciudades el factor de la seguridad está presente intrínsecamente en la persona, lo lleva adentro el tema de cuidarse en las calles, cuidarse la salud, por el andar muy apretado y en transporte público. Me parece también que algo que no cambió con la pandemia es que no sabemos cuándo vamos a morir, con o sin coronavirus, el día de mañana no sabemos qué te espera y ese es otro aspecto para reflexionar. Todo esto capturan las imágenes, eso es lo lindo de la fotografía, te hace pensar, te hace pensar inclusive antes de la captura. La posición del fotógrafo es también interesante, unos segundos antes de la captura ya se está comunicando con el que va a mirar la foto años después.

—Hay una foto muy inquietante, es una subida y una curva, y hay una convivencia de edificios muy modernos con un edificio colonial. Esa subida me sugiere eso, el ir a un lugar que no sabés qué viene, si será colonial o si seguirá siendo una mixtura o moderna. ¿Podés contarnos un poco sobre esa fotografía?

—Recuerdo que fue una mañana que hacía un poco de frío, sacada bien en el centro de la ciudad de San Pablo; hay ahí también una situación humana, que es justamente muy acorde con lo que vos decís, la gente a veces no sabe si está progresando hacia el futuro, para mejor y si va a superar sus realidades. A veces pensamos que la gente está retrocediendo para un pasado más colonial, pero bueno, creo que está en nosotros mismos decidir qué es lo que estamos viendo.

—¿En qué trabajás ahora?

—Tengo dos proyectos, uno con respecto a la cuestión del arte callejero, más conocido con la voz en inglés street art, que son esas intervenciones de artistas en grandes muros, en grandes edificios que tienen normalmente paredes blancas rectas y se asemejan a telas. Son intervenciones urbanas que ya hace un tiempo pululan por el mundo y San Pablo está muy bien poblado de eso. También otro ensayo que estoy preparando es sobre la gente que vive en las calles de San Pablo. 

En portugués se los conoce como “moradores de rua”, es una situación humana que se puede reflexionar desde muchos puntos de vistas, el lado económico o social, etc. Estoy haciendo registro de eso, converso con ese tema, reflejando un poco la vida de la gente que vive en las calles, que cada vez hay más. Y de repente mezclar un poco esos dos temas, como el arte callejero con los habitantes de las calles.

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