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/Ellitoral.com.ar/ Sociedad

Stanovnik dijo que los que arriesgan su vida en hospitales y puestos sanitarios son ejemplo de heroísmo

En el Hospital Escuela hubo una celebración religiosa con motivo de recordación de San Camilo. Monseñor Andrés Stanovnik dijo que se reunían “alrededor de la mesa del altar para celebrar la eucaristía y en ella hacer memoria de San Camilo, el santo de los enfermos, de sus familiares y de todo el personal de la salud”.

“Hoy podríamos preguntarnos cuál es la respuesta que Dios da a las crisis por las que atraviesa un ser humano, o un pueblo, y en el caso actual, toda la familia humana. O, aún más concretamente: estamos en un lugar donde tanto el paciente como el médico luchan por superar la crisis que provocó la enfermedad; cuál es, entonces, la respuesta de Dios a los padecimientos a los que nos somete una enfermedad”, dijo monseñor y continuó: “Más aún, qué decir de la crisis en la que nos sumerge el sufrimiento y la muerte de un inocente. Y si miramos la crisis en su manifestación más trágica, nos encontramos con el fin de la vida. Preguntémonos de nuevo: ¿tenemos alguna respuesta de parte de Dios a estas cuestiones terminales que agobian nuestra existencia?”.

Monseñor siguió reflexionando y luego citó el evangelio, remarcando que la cruz cristiana es la respuesta de Dios a la crisis de muerte que provoca el odio y todas sus derivaciones: la envidia, la soberbia, la mentira, etc. 

Ante algunos fieles presentes y otros que lo escucharon en vivo por las redes sociales, recordó las palabras que pronunció el papa Benedicto XVI: “La cruz es la respuesta de Dios al fin, a la muerte (…) El mundo necesita la cruz (…) Habla de esperanza, de amor, de la victoria de la no violencia sobre la opresión, habla de Dios que enaltece a los humildes, da fuerza a los débiles, ayuda a superar las divisiones y a vencer el odio con el amor. Un mundo sin cruz sería un mundo sin esperanza, un mundo donde la tortura y la brutalidad seguirían siendo salvajes, los débiles serían explotados y la codicia tendría la última palabra. La inhumanidad del hombre contra el hombre se manifestaría de manera aún más tremenda, y no existiría la palabra fin al círculo maléfico de la violencia. Solo la cruz pone fin a ello” (Homilía, 5 de junio de 2010).

“Demos gracias a Dios por el don de la fe y por los numerosos ejemplos de heroísmo que vemos en aquellos que arriesgan su vida en los hospitales y en los diversos puestos sanitarios. Pidamos a María, tierna madre de Itatí, que cuide a nuestros enfermos y a sus familiares, y supliquémosle por su pronta recuperación. Y, a todos nosotros, que Ella nos proteja de todo mal, especialmente del covid-19, y nos sostenga y consuele en el camino del bien”, finalizó el arzobispo de Corrientes.

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