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Historias de un León en Corrientes

Por Carlos Lezcano

Especial para El Litoral

El tres de septiembre se cumplieron cien años del nacimiento del gran artista León Ferrari, y para conmemorarlo el Museo Nacional de Bellas Ares tenía prevista la exposición “León Ferrari. Recurrencias”, con curaduría de Cecilia Rabossi y Andrés Duprat, que debía inaugurarse en abril de 2020 pero fue postergada debido a la emergencia sanitaria por la pandemia del covid-19, aunque confirmaron desde la institución que la muestra abrirá la temporada 2022 del Museo Nacional.

A pesar de la suspensión se pueden ver materiales audiovisuales en la página del Museo, materiales con testimonios, un documental y publicaciones digitales, entre otras iniciativas dedicadas a evocar la vida y la obra del artista argentino.

También está disponible de forma gratuita, en el canal de YouTube del Museo, la película sobre León Ferrari “Civilización” (2012), dirigida por Rubén Guzmán.

Conversamos con el director del Museo Nacional de Bellas Artes,  Andrés Duprat,  sobre la vida y obra del artista ganador del premio de Venecia en 2007, sus hitos y sobre las tres veces que pudimos ver sus obras en la ciudad de Corrientes.

 

—El Museo Nacional de Bellas Artes recuerda el centenario del nacimiento de León Ferrari. Lo conociste, trabajaste mucho su obra... 

—Lo conocí, en realidad, a raíz de una muestra que hice cuando dirigía el Museo de Bahía Blanca en el 99. Me lo habían presentado alguna vez y unos pocos días después le propuse la muestra y lo conocí un poquito más porque viajó a Bahía Blanca a inaugurar esa muestra, y estuvo unos días; la verdad, quedé muy impresionado con la persona. A veces con la obra ya estaba impresionado de antes, pero después, ahí conocí un poco a la persona detrás de la obra, su pensamiento. Poco después, cada vez que iba a Buenos Aires, aprovechaba, y cuando él podía lo veía y después me mudé en el 2002 a Buenos Aires. Su taller quedaba a cuatro cuadras de mi casa, entonces nos vimos muy seguido y organicé muchas muestras con obras de él.

Realmente a mí me parece que era uno de los artistas más interesantes de la escena contemporánea de esos años en Argentina, sin dudas.

—Tiene hitos, pero su obra no se agota en el hito por la gran complejidad que plantea ¿no? Uno de esos hitos obviamente es el famoso avión que lo montaron ya ¿no? 

—Sí la montamos. Lo que estamos haciendo, porque es un poco extraño, es otra de las consecuencias de la pandemia de coronavirus. Desde el Museo Nacional de Bellas Artes estábamos trabajando, ya estaba absolutamente organizada una muestra grande en homenaje a León Ferrari, una muestra que iba a ser la primera muestra individual de León en el Museo, que es realmente una omisión que teníamos todos la intención de reparar; porque cuando me enteré de que nunca había hecho una muestra en vida, me pareció rarísimo que el museo más importante no le haya dedicado una muestra a un artista insoslayable como León Ferrari. No es un artista más. Además, un artista al que le habían hecho muestras en el MoMA de Nueva York, en el Reina Sofía, que había ganado el León de Oro de la Bienal de Venecia. Digo, es un artista muy importante, con gran aporte a la historia del arte argentino y no se le había hecho una muestra. 

Ya habíamos organizado una muestra, que íbamos a “curar” con Cecilia Rabossi y era una muestra antológica, exhaustiva, muy grande, de más de 200 obras entre las que estaba la del avión, obra que se llama “La civilización occidental y cristiana”, de 1965, que es como vos decís, la obra más icónica, más famosa, que es el Cristo de santería montado en un modelo de bombardero norteamericano.

Teníamos el avión que estaba en el museo desde febrero porque la muestra se iba a inaugurar en abril, los primeros días de abril del 2020. Esos montajes llevan bastante tiempo, te diría que por lo menos un mes y medio; ya estaba junto a otras obras para comenzar el montaje y nos agarró la pandemia, cerró el museo, etcétera. Una de las acciones -una más, porque hicimos muchas- fue colgar esa pieza tan famosa en el hall del museo, no iba a ir ahí en la muestra, pero la colgamos en el hall que es el único punto que uno puede ver desde afuera. Como el museo está cerrado pero pasa mucha gente caminando o en auto, abrimos unas puertas metálicas y uno ve en el hall el avión. Es una cosa de reivindicación simbólica también y como diciendo: finalmente León Ferrari llegó al museo. 

Esa, junto a un montón de acciones virtuales, por supuesto, constituye el homenaje que le estamos haciendo, porque la muestra la vamos a hacer en el año 2022, porque es una muestra multitudinaria, se necesita que las cosas vuelvan a la normalidad o sean instaladas en esa nueva normalidad. 

—¿Tiene un nombre esa muestra?

—Se llama “León Ferrari, Recurrencias”, porque no es una muestra retrospectiva. Todos recordamos la de 2004 en Recoleta, que fue tan escandalosa, que fue una gran retrospectiva, que fue la que lo puso un poco en boca del público en general, porque antes se conocía más en ciertos círculos. Esa muestra, de alguna manera, nos liberó, porque ya existe esa muestra; entonces apuntamos a una muestra que cala más profundo en ciertas líneas de trabajo de Ferrari, en ciertas obsesiones, por eso la muestra se llama “Recurrencias”, porque detectamos una serie de temas a los cuales él vuelve, vuelve y vuelve, y que son sus preocupaciones.

—Contemos que la obra de Ferrari entró tarde al museo también.

—Al Bellas Artes sí, creo que en el 2004 hizo una donación. En muchos lugares públicos no le hacían muestras porque siempre tenía esa parte escandalosa, porque su obra tiene, o parte de su obra, tiene estas imágenes que a muchos les pueden resultar chocantes o escandalosas. Lo que me parece es que no es que no lo reconocían como un gran artista, nadie quería ese tránsito de protestas, que cierren el museo, de poner en peligro cosas.

—Una de esas recurrencias son las dictaduras, las guerras, las injusticias, y expresados en “Palabras ajenas”. ¿Querés contarnos qué es “Palabras ajenas”?

—“Palabras ajenas” fue una obra que él hizo que denominaba collage literario. Él hizo un trabajo en el cual tomó frases extraídas de distintas fuentes e incluso muy disímiles entre unas y otras, desde la Biblia hasta discursos de Johnson o de Hitler, cables de las agencias noticieras, y compuso una obra literaria que no es solo literaria, sino que era para ser representada. Compuso esta obra dramática que se llama “Palabras ajenas”, porque obviamente es cosecha, no es que él crea textos o diálogos, sino que combina parlamentos, dándole un nuevo sentido.

Es el operativo de gran parte de la obra de Ferrari, es decir, poner en diálogo cosas disímiles. Gran parte de su obra es esto; por ejemplo, el avión que nombrábamos. No talló el Cristo o hizo el avión de una manera artesanal,  lo que hizo como artista es ponerlos juntos, ensamblar dos piezas de distintas procedencias creando un nuevo significado; no es que el Cristo que normalmente ve en la cruz, ni el bombardero que uno lo ve en situaciones de guerra. Esa unión es muy inteligente en los procedimientos y se podría englobar dentro del arte conceptual, un arte de las ideas. “Palabras ajenas” tiene que ver con esto.

—También las cosas cotidianas. No puedo olvidar la plancha o la batidora ¿No?

—Es importante aclararlo para que las cosas no queden en el escándalo. Esas obras que estás nombrando son, en general, las que generan mayor resistencia, porque la gente las toma como una burla nada más, como si fuese un chiste que no respeta ciertas cosas y, en realidad, son obras que tienen un sustento, un espesor. No es un chiste como se le podría ocurrir ahora, pasajero, que tiene un remate y dice ‘ah bueno’ y queda nada más que el chiste. Vuelvo al Cristo con el avión: esa obra no es solo una imagen chocante -y para un católico una falta de respeto-, es una imagen que es muy propositiva para quien la vea ¿no? Nos hace reflexionar. ¿Qué está queriendo decir eso? Que en nombre de la civilización occidental cristiana ha habido tragedias como la guerra de Vietnam por parte de un país occidental como es Estados Unidos. Está diciendo que en cada guerra uno vuelve a crucificar a Cristo. Son obras con complejidad de lectura y muy estudiadas, digamos, no son solo comentarios. 

Con respecto a esas obras de los electrodomésticos, se llaman “Ideas para el infierno” y tiene que ver con que una de las cosas que él criticaba de la Iglesia católica, otra de sus recurrencias de sus textos. Criticaba los aspectos totalitarios de la Iglesia católica, que tiene un montón de intolerancia; justamente, la idea del infierno es absolutamente totalitaria: todos iremos al infierno, los pecadores, aunque no creas en esa religión. O sea, te meten adentro de prepo. Ferrari decía que la idea del infierno era insostenible porque aunque vos te salves por buen cristiano, si no se salva tu amiga, tu hija, tu mujer, tu amigo, no hay ningún paraíso donde vas, es un lugar donde sabés que la gente que querés está ardiendo eternamente en el infierno.

Lo que hacía era proponer infiernos cotidianos, pero era una cosa hecha con mucho humor. Era una sartén con santitos, que estaba la sartén y decís “no se va a quemar” o una licuadora con santitos de yeso.

—Corrientes tuvo la suerte de mostrar obras de León Ferrari en julio del 2008: “Heliografías”. ¿De qué se trata “Heliografías”?

—“Heliografías” es una serie que hizo. Ferrari tuvo que exiliarse en Brasil en el 76 porque le secuestraron un hijo. Entonces se fue con toda la familia a San Pablo, donde trabajó mucho, se conectó con la vanguardia de arte contemporáneo y ahí experimentó muchos formatos novedosos, como arte en fotocopias. Siempre formatos que tendían a democratizar el acceso a las obras de arte, que no sean una pieza única e inalcanzable, sino encontrar formatos como la literatura con la imprenta, de acceso, de que la gente puede acceder. 

En esa línea él hizo toda esa serie de heliografías. La heliografía, para la gente más joven, era el material con el que se hacían los planos de arquitectura, ese papel que a veces era negro y blanco, a veces rojo y blanco, que se velaba, es una impresión con luz. Esa obra expuesta a la luz se vela, empieza a desaparecer. Él diseñó arquitecturas muy locas, con muros, arquitecturas imposibles, habitadas de una manera muy loca que de alguna manera emulaban la vida contemporánea. Era una crítica también a la vida contemporánea en el sistema de jerarquías, eran rutas llenas de autos, lugares, arquitecturas imposibles, donde decís: “por acá no se puede entrar”. Fue una serie como de 25 obras que hizo con estas arquitecturas.

—En julio de 2008 trajimos una obra que fue parte del Centros Experimental del Colón, que se hizo en el 2006, que aquí se llamó “Tinta china sonora”, con el berimbau de León. ¿Qué era el berimbau?

—El berimbau es una pieza que también diseñó en su estadía y exilio brasilero donde estuvo más de 10 años. El berimbau es un instrumento musical brasilero de una sola cuerda; lo que hizo fue una especie de escultura sonora, que tiene una base de madera que tiene unos hilos metálicos muy gruesos, como si fuesen varillas metálicas, parecidas a las de las construcciones que se hacen en hormigón armado. Están solo ancladas abajo, arriba están sueltas; uno las toca y generan sonidos. Él decía “como dibujar sonidos en el aire” y es una escultura lúdica, donde el público puede acercarse a hacerla sonar, y tiene que ver con todo un desarrollo. Otra de las obsesiones de Ferrari que él hizo de estructuras de un aspecto más constructivo de su obra, donde hizo unas estructuras como unas esculturas de varillitas de acero inoxidable, muy abarrotadas y complejas. También de una serie de dibujos en ese sentido, que terminan siendo una especie de abecedario de formas hechas con líneas, porque tiene toda una vertiente de arte abstracto que quizás sea menos conocida para el gran público pero que es muy interesante. Bueno, y esta pieza es una especie de resolución en tres dimensiones de esas experimentaciones con la línea que hacía.

—En 2009 logramos exponer su obra relacionada con el minucioso trabajo de recortes sobre el tema de la dictadura y los desaparecidos. Fue expuesta el 24 de marzo del 2009 en el Museo de Bellas Artes, dirigido por Fernanda Tocalino. ¿Podés contarnos de qué se trata?

—Esa es una obra formidable que se llama “Nosotros no sabíamos”. Lo que hizo es empezar a recortar diarios… lo he hablado con él, incluso no tenía una pretensión de hacer una obra de arte. Él se puso a recortar de los diarios desde 1976 todas las noticias “policiales” que aparecían. Por ejemplo: aparecen dos cuerpos acribillados en un lugar, tres cadáveres en el puerto de Buenos Aires, secuestraron a fulano. Un montón de crímenes terribles que al cabo de seis meses, que fue lo que él estuvo recopilando, llenó 82 páginas con este tipo de recortes que son absolutamente desgarradores y truculentos. Y él los llamó “Nosotros no sabíamos”, que eran el cliché que se decía en esos años, cuando empezaron a aparecer los juicios a las juntas, cuando se empezó a destapar la olla de lo que había pasado durante la dictadura militar, mucha gente decía “ah bueno, nosotros no sabíamos”, era el cliché que los eximía de culpa. Y era un poco una demostración de que si no sabía era porque se estaba ciego, porque en realidad era solo mirar los diarios y ver. Es como si ahora abrís el diario y hay cinco muertos en un lado, diez en el otro, cinco en el otro y decís bueno, acá está pasando algo raro, porque es una cosa especial. 

Otra vez más la mano del artista es mínima, es solo de recortar y pegar; no es como una obra artesanal del artista sobre algo, solo juntarlos y pegarlos en hojas y reproducirlo.

—Hay una película que está disponible que se llama “Civilización”, con guión y entrevista tuyas. Contanos algo de eso.

—La recomiendo porque  ahí se ve a León en primera persona, él hablando de sus cosas, de su vida, de sus obras, y con textos leídos por él o la actriz Cristina Banegas, que son textos escritos por él en otras épocas. En toda la película lo que se escucha es la voz de él, no hay otro… no está mediado por un experto, por un investigador; entonces es una fuente muy interesante porque escuchás su voz, sus palabras, y es un recorrido por la vida y la obra de Ferrari.

Con respecto a lo personal, lo que me gustaría decir es que era un tipo absolutamente luminoso, generoso, solidario y de gran corazón. Mucha gente que no lo conoció y ve su obra -la cual señala los horrores de las guerras, las dictaduras, etcétera-, puede imaginarse que era un hombre atormentado, como pesimista, nihilista, y para nada era así. Era un tipo lleno de vida, era -me consta eso- muy buen amigo, buen padre, buen abuelo; era un tipo muy generoso, incluso eso está bueno subrayarlo, con los artistas que no tenían el renombre de él. Mil veces lo he visto en situaciones de participar en muestras para ayudar a los otros, él ya había hecho muestras en el MoMA, en el Reina Sofía, pero “no, voy a hacer una muestra en este lugar”, que era en un sótano en la periferia de Buenos Aires y vos decías “¿qué necesidad?”, y era porque él, sabiendo de su importancia, con eso colaboraba con el lugar y con los otros artistas. Realmente era un tipo extraordinario como persona, que a veces no pasa, vos lo sabés bien. Uno a veces admira la obra de un artista, de un autor, y el autor no es tan interesante y tiene sus graves problemas si querés. En en este caso, en persona era una persona muy interesante, tanto como sus obras.

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