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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

Intereses y recursos

En reiteradas oportunidades hemos abordado desde este espacio la preocupante situación que amenaza a la riqueza ictícola, ahora agravada por la pandemia, dada la falta de recursos para patrullar y controlar debidamente nuestra extensa plataforma continental.

Fruto de un intenso y serio trabajo que involucró a varias administraciones, en 2017 la Argentina obtuvo la aprobación ante Naciones Unidas de la ampliación de nuestra plataforma continental que sumó entonces 1.633 km2, alcanzando un total de 1.782.000 km2, con jurisdicción exclusiva sobre los recursos naturales del suelo y del subsuelo sobre las primeras 200 millas. ¿De qué sirven estos logros si luego debemos lamentar que cientos de buques factoría chinos, coreanos, rusos o españoles depreden nuestra codiciada riqueza ictícola?

Percibidos como verdaderas ciudades flotantes cuando cae el sol, se estima que unos 700 pesqueros extranjeros trabajan en nuestro territorio marítimo -extrayendo, procesando y congelando- infringiendo constantemente el límite de nuestra llamada Zona Económica Exclusiva (ZEE) y violando la ley federal de pesca. Nuestro país no cuenta con medios para impedir este atropello: apenas 5 embarcaciones guardacostas con 4 prefectos del escuadrón Albatros patrullan un enorme océano en tan abnegadas como insuficientes campañas de 15 y 40 días, con el apoyo del sistema de información geográfica de Guardacostas de la Prefectura Naval Argentina (PNA).

Las multas por pescar sin permiso, cabe señalar, implican la captura y retención del buque hasta que dicho pago se efectivice. Podemos declamar nuestra soberanía, pero no podemos capturar o detener a los infractores al carecer de los recursos en esta y en otras numerosas situaciones.

Por ese motivo, llama la atención el rechazo formalizado por nuestra Cancillería ante el ofrecimiento de ayuda recibido de los Estados Unidos dirigido a combatir la pesca ilegal.

El buque norteamericano US Coast Guard Cutter (Usgc) Stone de la Guardia Costera de aquel país se encuentra realizando patrullaje en el Atlántico Sur. La Operación Southern Cross es la primera en su tipo en la región y uno de sus objetivos es desalentar la pesca ilegal, mayormente desplegada por embarcaciones chinas. Los EE. UU. son líderes en el control de estas actividades ilegales y se destacan por trabajar para fortalecer la normativa que rige la pesca internacional. Miles de millones de dólares pierden los Estados ribereños con la pesca ilegal, además de esta impactar sobre la soberanía, la seguridad alimentaria mundial y la conservación de las especies.

Por su lado, el Departamento de Estado de EE. UU. indicó que la operación se enmarca en los "esfuerzos para construir asociaciones regionales de seguridad marítima y contrarrestar la pesca ilegal no declarada y no reglamentada (Indnr, por sus siglas en inglés) en el Atlántico Sur”. El 7 del corriente mes, el referido buque interceptó también una embarcación al sur de República Dominicana y confiscó unos 900 kilogramos de cocaína; casi 13 toneladas se habían incautado en agosto pasado también en el Caribe. El aumento en el tráfico de drogas se le atribuye al régimen del narcoestado venezolano. Pesca ilegal, comercio clandestino y narcotráfico, un trípode que mueve demasiados intereses, no solo económicos, sino también políticos.

Hay expectativa por saber si el nuevo gobierno de Joe Biden mantendrá la pesca ilegal como una de las principales amenazas en el sur del Océano Atlántico. Mientras tanto, nuestro gobierno -que al decir del Presidente espera que “en esta nueva etapa el vínculo entre nuestros países se fortalecerá”-, desaprovecha la ayuda ofrecida en tiempos en que cada dólar que no ingresa en nuestra balanza comercial afecta gravemente el bienestar general. Perdemos más de dos mil millones de dólares por año a causa de la pesca ilegal. Solo tres millones de dólares se cobraron también en concepto de multas a pesqueros ilegales pudiendo ser mucho más. Aunque hasta aquí no seamos capaces de generar el clima de confianza que necesitamos, nuestro futuro depende claramente de la ayuda internacional. Ejercer nuestra soberanía es también tender puentes con quienes pueden ayudarnos. Sin retóricas ni discursos vacuos como los que una ideología probadamente fracasada pretende instalar y que nos condena irremediablemente a la miseria.

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