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/Ellitoral.com.ar/ Especiales

La oscuridad es otro sol y la luz es otro abismo

Por Carlos Lezcano

Especial para El Litoral

Catalina Chervin llegó a su tierra después de muchos años de ausencia y fue homenajeada durante la feria ArteCo 2022, organizada por el Instituto de Cultura de Corrientes. Además expuso por primera vez en la provincia, en el Salón de los Pasos Perdidos de la Legislatura provincial, durante los días del evento. El viernes pasado la artista recibió una distinción por parte del vicegobernador Néstor Pedro Braillard Poccard.

Con emoción, Catalina Chervin dijo que compartía el premio con su padre Manuel Chervin, “una figura ejemplar que hizo muchísimo por Corrientes, también con mi madre Sofía Fridland, que sostuvo todo el camino desde atrás, con mi hermano Raúl Chervin que es un ejemplo de médico estudioso, comprometido como mi padre y además enamorado de su piano. Lo comparto también con mis hijas”, dijo en el Senado. 

“Para mí el dibujo es una forma emocionada de pensar, es como una forma poderosa y misteriosa de profundizar en esa eterna búsqueda. Cada uno de mis dibujos es parte de mi existencia, como el fragmento más verdadero de mí misma”, señaló en el acto en la Legislatura de Corrientes.

Para la artista su obra es una forma de escritura que viene desde lejos, “así como los escribas hundían la palabra en la terracota yo voy escribiendo una historia en el papel” afirmó en el Senado correntino.

“Hablo en mi obra con papeles rotos, con rajaduras, con lastimaduras, con líneas sutiles que gritan desde las profundidades de la historia misma. Es la única forma para mí de ahondar en un mundo que solo lo encuentro dibujando; usando solo el lápiz, la pluma y el carbón”, finalizó. 

Memoria y obra

A principios del siglo XX sus abuelos vinieron de Minsk, capital de Bielorrusia, en barco. Llegaron a la mesopotamia como tantos judíos traídos por la necesidad de tener un futuro mejor y como tantos persiguieron el sueño de la América próspera.

La llegada de sus antepasados formó parte de la cruzada de la Jewish Colonization creada por el barón Mauricio de Hirsch, que fomentó la colonización en Entre Ríos, dentro del sector agrícola-ganadero que entusiasmaba a los migrantes de esa Argentina que abrió sus brazos a todos. Aquellos inmigrantes se instalaron en Villa Clara, un pequeño pueblo fundado en 1857.

Los primeros judíos empezaron a llegar en 1892 a esa villa cuyo nombre es un homenaje a Clara Bischoffshein, esposa del Barón Hirsch pionero de la inmigración judía a la Argentina.

La historiadora Patricia Flier señala en su trabajo “Historia y memoria de la colonización judía agraria en Entre Ríos: La experiencia de Colonia Clara, 1890-1950” que los pobladores de la colonia no fueron un grupo homogéneo porque llegaron desde distintos lugares o aldeas de la Europa Oriental. La mayoría eran rusos de Besarabia, Podolia, Wolhyna, Grodno, Kiev; otros eran nativos de Rumania, Austria, Hungría, Turquía, Ucrania, Lituania, Polonia.

Catalina no oculta que su obra tiene relación con ese origen de inmigrantes judíos, de sus penurias y también de sus logros, de sus pacientes esperas y arduo trabajo. Es por esto que su obra  puede leerse como imágenes evocativas, presencias en ausencias que de ninguna manera se han disuelto en la memoria de la artista, al contrario se aferra a la rememoración de lo acontecido.

La mano de Catalina traza una línea, luego otra y otra, realiza esta operación aparentemente sencilla creando una imbricación oscura y a la vez un asomo de luz.

La artista trabaja en los detalles ínfimos, en los intersticios de las líneas, en sus recónditos pliegues. La obra se abre así al abismo de lo oscuro, al misterio, que no implica una clausura sino un umbral de la mirada.

Recuerdo aquí un texto de Ítalo Calvino sobre la exactitud de la obra que dice: “Entonces siento otro vértigo, el vértigo del detalle del detalle, y lo infinitesimal, lo infinitamente pequeño me absorbe, así como antes me dispersaba en el infinitamente vasto”.

La noche está presente en su obra, sin embargo en la oscuridad podemos ver las fisuras del blanco, los velos, las neblinas del sentido, pero insisto no como muralla sino como posibilidad del crepúsculo.

Solo preguntas

“León Ferrari decía que éramos parientes porque teníamos la misma técnica para empezar a trabajar la obra de arte. Mi primer dibujo fue un signo de pregunta con el grafismo. Para mí el arte es un signo de pregunta. Es un continuo cuestionamiento de la realidad y de la irrealidad. El arte es cuestionamiento”, dijo en una entrevista publicada por el Instituto de Cultura de Corrientes.

¿Constelaciones o laberintos plantea Chervin? ¿Vemos siluetas, vemos sombras o imágenes en la bruma? ¿Hay relámpagos en lo invisible? ¿La línea es solo un trazo o un despliegue? La luz, ¿es solo un destello o a veces un repliegue?

La correntina un día volvió a Corrientes para compartir sus dudas y reafirmar en esta tierra, la suya, que la pregunta guía su mano. Que la interrogación la impulsa más que las respuestas.

—“¿Hasta los cuántos años vivió en Corrientes?

—“Viví hasta los 19-20 años y después me fui a Buenos Aires, pero siempre volvía. Hice mi formación en Buenos Aires y viaje (hace 32 años que va todos los años a Nueva York) a trabajar en grabado, que es lo que llevó a la feria ArteCo, además de los dibujos.

—“¿Su obra está hecha prácticamente afuera de Corrientes?

—“Sí, aunque empecé desde muy chica dibujo en Corrientes, también estudié medicina y el doctor Civetta (fue mi profesor de lujo), guardó mi examen con dibujos del sistema nervioso y después me lo dio. 

—“Llega a Corrientes después de mucho tiempo y lo vive con mucha emoción. Tiene una historia en la ciudad relacionada a su familia. ¿Quién era su padre?

—“Mi padre fue un ejemplo, fue el doctor Manuel Chervin. Hizo muchísimo por la provincia, fue uno de los primeros profesores de la Escuela de Medicina, antecedente de la facultad. Creó el Instituto de Ciegos porque él decía que los cieguitos no podían andar por la calle sin el cuidado de una institución. Y después creó, dentro del hospital, la sala de oftalmología, fue presidente de algunos congresos internacionales en Buenos Aires. Fue uno de los primeros a los que le dieron la beca Conicet y se la dio Houssay. Fue entonces cuando nos fuimos a Estados Unidos, donde mi padre fue a trabajar en glaucoma, que era su especialidad.

Mi padre tenía 190 mil fichas en Corrientes en su consultorio y además traía a la gente del hospital a su consultorio cuando no le alcanzaban los aparatos como para ver bien qué les pasaba. Además fue miembro de la Sociedad de Ética de la Sociedad Argentina de Oftalmología; o sea, fue mi primer maestro.

—“¿Y cuándo comienza y dónde sus estudios en Buenos Aires?

—“Estudié medicina, luego empecé Bellas Artes en la escuela Pueyrredón y también fui a distintos talleres. Durante el proceso tuve que escaparme de la escuela porque tenía un novio al que lo habían matado, una maravilla de persona. Me fui a Corrientes, entonces, después cuando volví a Buenos Aires entré a la Escuela de la Cárcova, donde me recibí y con muy buenos profesores.

—“¿Por ejemplo?

—“Teresio Fara, Idel Sánchez, Emilio Renart, Kenneth Kemble y después fui a talleres con Juana Butler. Llegado un momento lo vi a Guillermo Roux y le dije “necesito seguir estudiando”; entonces me mandó a estudiar a un taller absolutamente maravilloso de un discípulo de Spilimbergo, Eolo Pons se llamaba. Concurría dos veces por semana durante cinco años: naturaleza muerta en blanco y negro. No importaba el resultado sino el proceso y tratar de entender qué es el arte, entender el esqueleto de la forma, fueron muchos años de estudio.

—“En esos primeros años, ¿prefería el dibujo o la pintura?

—“En la escuela hacía pintura, pero Kenneth Kemble me decía, “vos seguí dibujando que cuando venga el examen, me dibujás alguna cosa y ya pasás”. En realidad, tengo especial amor por el papel y cuando trabajo sobre tela pego un papel sobre ella, se trata de una técnica que se llama marouflage. Tengo un lenguaje de dibujo: la lapicera, la tinta, el papel, y ahí hablo. También hago grabado y estoy haciendo esculturas.

—“Gran parte de los que han escrito sobre su obra hablan de la relación entre la luz y las sombras, entre la oscuridad y la luz. También de la expresividad del negro. ¿Puede contarnos cómo se trabaja eso? ¿Cómo lo ve usted?

—“Tengo un especial amor por el negro, por el blanco y negro. El negro para mí es color también. Y si agrego color tiene que tener algún significado, porque no me interesa la decoración, sino el color como parte del lenguaje. Empiezo todos los dibujos con un grafismo, cuando empecé con eso (el primer dibujo que hice, lo tengo) era un signo de pregunta. Mi camino es un signo de pregunta sobre el ser humano. Empiezo a trabajar la línea con una Rotring 01, muy finita, y empiezo a poner sombra y sombra y después a trabajar la luz y la sombra, y aparece la imagen después. A veces siento como que soy un escriba que me van dictando.

—“Cree que algo emerge de la obra, surge...

—“Sí, sí. Eso pasa. Sale del papel. Sale del diálogo que tengo con el papel.

—“¿Hay figuras en su obra, Catalina?

—“El primer tiempo fue más figurativo, es lo que traigo a Corrientes. Se trata de una serie de retratos que, después saliendo de mi país, poniendo distancia, pude entender más lo que hacía. Esos retratos pertenecen a la época de proceso, eso es más figurativo, más surrealista, y después no, todo se va volviendo abstracto aunque mi formación es figurativa; o sea, el sostén de la forma es la que me lleva a las abstracción; en algunos absolutamente abstractos.

—“Lo que mantiene el misterio.

—“Sí. Es una obra difícil. Una obra donde exige compromiso por parte del que ve y lo que más deseo es que agregue algo el que ve. Es mi gran meta.

—“¿Usted ha trabajado también en grabado?

—“Sí, sí. Estaba trabajando en grabado de la escuela cuando me tuve que ir, y después trabajé con De Vicenzo muchos años y me interesa porque es un lugar de experimentación. Voy a Estados Unidos desde hace 32 años al mismo taller, que es de Robert Blackburn, que era muy generoso conmigo, nunca me cobraba, me quería dar una prensa y yo le decía ¿“cómo voy a llevar a la Argentina la prensa? Después trabajé con el master printer africano Takuji Hamanakaque. Hago la chapa y todo el proceso de creación, y ellos hacen la estampación. Era como trabajaba Rembrandt y como se trabajó a lo largo de toda la historia.

—“¿Por qué elige el gran formato? ¿Qué ve allí?

—“Fue un desafío. Un galerista me dijo “trabajá grande” y le dije “a mí no me interesa eso”, porque Leonardo con formato muy pequeño logró un mundo, pero me dijo “probá”, lo hice y resultó muy interesante.

Cuando yo trabajo hay una relación entre el tamaño de mi cuerpo y la obra ¿no? y fue casi una sorpresa poder abarcar con mis Rotring 01 el enorme espacio de 2 metros por 1,50 o más. 

—“Eso es lo que vemos en la fotografía que está en su página y que tiene mucho que ver con su última gran muestra en el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires.

—“Sí, es que fue una muestra muy importante; primero por la respuesta de la gente y porque pude mostrar mi obra grande, que es difícil de exponer.

—“Absolutamente, porque necesita grandes espacios.

—“Sí. Eso lo mostré en ArteBA. Y uno de los dípticos lo mostré en Berlín en la galería de subasta Lumpertz. Saqué un crédito del Fondo de las Artes y llevé toda esa obra grande. 

—“Algunos críticos señalan que en su obra hay una referencia a sus antepasados y sus abuelos rusos. ¿Puede contarnos por qué?

—“Sí, soy judía y soy judía porque mis padres y mis abuelos lo eran. Todos vinieron de Rusia y siento una gran responsabilidad por eso. Mi papá decía que ser judío primero era ser buena persona y después dedicarse al estudio y el trabajo en serio, que es una bandera que yo sostengo, es un estandarte que sigo sosteniendo y es la responsabilidad de mi vida. Es muy interesante todo eso. Ir a Nueva York también fue una experiencia muy importante para mí, porque era fácil ser artista mujer y ser judía. Me dieron una beca para artistas judíos y fue muy interesante.

—“¿Usted cree que estos temas pueden vincularse a los oscuros de sus obras, a esos negros que usted tanto trabaja?

—“Creo que sí. Una de las personas que me apoyó muchísimo era el curador en jefe del Museo Judío de Nueva York. Y él hablaba también de la relación entre el negro y la micrografía. La micrografía es la forma pequeña en las que se escribían las biblias judías, son libros chiquititos. Algunos dibujos me llevan cuatro años. Me lleva mucho tiempo, lo que no significa que sean buenos; pero, en general, mi dibujo necesita un tiempo. 

—“Hay en los negros algo de la noche, algo de las pesadillas, de la maldad. 

—“Creo que sí. Del sufrimiento. 

—“De un pueblo.

—“Sí, de todo un pueblo pero no tomo ventaja de eso sino pienso que me toca seguir investigando, seguir hablando de mucha de la gente, muchos de los críticos también relacionan mi obra con el sufrimiento del pueblo judío, de la Shoa y toda la tragedia que significó. Todo lo que pasamos como pueblo.

—“Hay un vínculo de su obra con tres grandes poetas. Una es Olga Orozco, las otras son Idea Vilariño y Clarice Lispector. Usted sabe que, curiosamente, pensé inmediatamente en Olga Orozco, que tiene un libro cuyo título es “La oscuridad es otro sol” y otro “La luz es otro abismo”. Eso veo en su obra.

—“La verdad que me emociona mucho lo que dice. Muchas gracias por entender. Justamente estoy trabajando en un libro con poemas de Olga Orozco y dibujos míos. Para mí Olga Orozco es una inspiración constante. Clarice Lispector también, porque ella juega con las palabras y lo que yo hago es jugar con la línea.

Las fotografías son de Pablo Messil

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