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Argentina 2023: la ilusión como un proceso de cambio

Por Hugo Martini

Publicado en Clarín

El rechazo de la mayoría a la dirigencia política, sin distinción de partidos, está confirmada de alguna manera por las encuestas más calificadas. En realidad, alcanza con reunirse en privado con amigos y familia y hablar del tema. Nadie necesita encuestas, para confirmar que la dirigencia política es uno de los grupos más desprestigiados.

El tema —o el problema— cruza la sociedad. Porque en 2023 habrá elecciones y esa dirigencia es la que disputará los cargos electivos, con acceso al poder y presupuestos nacionales, provinciales y municipales. Para ponerlo en blanco y negro: el dinero de todos lo manejará el grupo más desprestigiado de la sociedad. ¿Qué hacer? ¿Alguien está mirando este asunto como central, en la vida cotidiana de la gente que camina por la calle?

En medio de estas dudas institucionales, hay una pregunta que cruza en diagonal la Argentina política: ¿será muy difícil que el Radicalismo y JxC acuerden por ejemplo, tres ideas básicas para ganar en 2023? Esas ideas no pueden surgir de las Paso. Tiene que ser un acuerdo como se dio en otros momentos de la historia política.

Entre 1912 y 1916 no todos estaban de acuerdo en materia de cómo iban a gobernar. Pero los ilustres Roque Sáenz Peña, Hipólito Yrigoyen, Lisandro de la Torre y Juan B. Justo coincidieron en que no había futuro sin comicios libres y elecciones impecables.

¿Qué tiene que ver ese pasado con el presente? Mucho. Ahora debería haber un acuerdo en lo esencial, como en 1912, no en los detalles. No se trata de discutir, por ejemplo, si las leyes laborales deben o no ser cambiadas, sino si la palabra de la dirigencia debe o no ser creíble. El valor de la palabra no debe ser diferente entre el Radicalismo y JxC.

Esto parece infantil pero no es así: unos y otros deben despertar la misma confianza. Ese es el principio del acuerdo para ganar. La clave del desprestigio del Gobierno es que, para la gente común, ni Alberto y Cristina son creíbles. La oposición no debe ser el espejo de esa imagen. La confianza nunca debe ser parte del debate. Se genera o no genera, les creen o no les creen. Punto.

El primer paso para ser creíble no es solo decir que el Gobierno está haciendo las cosas mal. No alcanza. La gente quiere saber, en detalle, cómo lo haría la oposición. El segundo paso es que toda la oposición esté unida en la propuesta. En tercer lugar, que la oposición no sea una lucha entre personas, sino de ideas. No importan los nombres sino las ideas. ¿Es esto imposible? Entonces es probable que en 2023 se queden los que están.

En 2015 Cambiemos (que todavía no existía) eligió su candidato a presidente entre Macri, Sáenz y Carrió como resultado de un acuerdo surgido en la Convención de Gualeguaychú.

La victoria de Macri en esa elección interna y después en la general, en realidad, no eligió un programa de gobierno sino un candidato. Hoy, Cambiemos debería buscar el camino inverso: elegir un programa y después un candidato. Es probable que los problemas que tuvo el gobierno entre 2015 a 2019 se originaron en esa manera de elegir. Para intentar ganar y tener éxito en el ejercicio del gobierno, habría que pensar al revés: primero el programa y después los candidatos.

¿Hacer esto es una ilusión? Los grandes cambios siempre lo fueron. Cuando Mariano Moreno caminaba en las noches por las calles oscuras de una ciudad de alrededor de 45.000 habitantes imaginaba un mundo que no existía. Que sólo estaba en su imaginación. No llegó a verlo porque vivió solo 32 años. Pero el país que soñaba existe y necesita hoy un profundo proceso de cambio. La dirigencia de 2022 debe vivirlo con la misma intensidad. Es tan difícil como en 1809 pero, como entonces, es posible.

* Exdiputado nacional (PRO).

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