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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

Improperios que pretenden disuadir

Vivimos días de prueba. Porque son altisonantes. Le escapan a la fineza de tiempos de equilibrio. Estamos fuera de ritmo. Ojalá que las rupturas sean el preámbulo de cosas nuevas, armónicas y permanentes. 

Improperios que pretenden disuadir, entretener, o perdernos en las miles de interpretaciones, que tampoco sabemos si son las correctas. pero hay que hacerlo antes que sea demasiado tarde.

Un plan perfecto sin develar el cómo. Mientras tanto el tiempo consume lo poco que va quedando, entre caminos tramposos, marchas y contramarchas. Negaciones que invalidan la historia del principio. Extravío de pronósticos, pérdida de certeza, sin embargo, lo aseguró Caputo, solvencia que no se daba de 2012, con dólares cantantes y sonantes, como principio y argumento para contradecir las pálidas del comienzo: No hay planta..! Lo bueno, que la mayoría tienen la peliaguda misión, pero en buena hora, cortar todos los caminos posibles de la corrupción, que siempre supera por práctica y conducta desinhibida.

La dolarización sería el golpe final para que nadie más, nunca jamás, vuelva a poner mano para darle manija a la desvencijada maquinita en su desenfrenada impresión de billetes; un mal compulsivo, fácil, sin riesgos, que nos llevó a esto.

Es notable como el argentino fue adoptando la economía como su material vedette de consulta para poder entender un poco el “despiplume” del Banco Central, para adentro. Y terminar de equivocar el cometido: gastar más de lo que se tiene.

Comenzamos anotando gastos, procurando tener un mayor control, como si eso detendría la fuerte “marea” de repetidas sudestadas sin previo aviso, cuando el propio Estado no lo hacía. Pero en un momento, intuyendo la malaria próxima había que comenzar a ser cautos, a controlarnos pero nadie los contralaba a “ellos”.

Esta es la historia de un país que fue diezmado, y qué aún, se lame resentido, sus heridas. Lo que se viene, está por verse, es más doloroso.

Siempre me asombro como otros tantos argentinos, cuando vemos cómo suben los precios, me responden como nada, ese es el precio. Ya lo sé, que ese es el precio inquieto y movible, pero para acceder a ello se necesita poseer dinero en el bolsillo para que podamos adquirirlo.

No en vano, la pobreza ha tocado sin vergüenza alguna el 57,4%. Eso significa que miles de argentinos que estaban adelante, fueron cayendo al pozo degradando la posición social donde esa diferencia en pesos no ha dejado ni para el vuelto.

Milei estuvo en Corrientes, cumpliendo así la primera provincia en ser visitada al celebrar sus primeros 10 años el “Club de la Libertad”, una entidad de voluntades destinada a forjar ideas cívicas llevaderas a revertir los conceptos de que la libertad es el “arma” para elegir libremente, como así también, transformarnos en protagonistas de poder revertir el camino público entre honestos y deshonestos. Un límite que los argentinos durante mucho tiempo lo tenemos como puerta giratoria, donde la moral y el respeto quedan por el camino, porque siempre es mucho más cómodo tomar lo ajeno, siendo tan torpes en no comprender que también se están robando su propia plata.

Total no cuesta nada ser corrupto, en tierra donde la denuncia amén de ciclópea es suicida, y que como decía Alberto Olmedo: “El silencio es salud”. Lo que hay que admirar, es que la gente que le dio su voto, que fue mayoría, son quienes serán los primeros en sufrir de mil formas el ajuste, un verdadero acto de “Harakiri”, mártires podridos de que siempre sean los mismos beneficiados de mil maneras.

Que siguen poniéndole palos en la rueda, y que se animan después de quedar a cara descubierta, tratando de hacer lo que siempre hicieron, repitiendo el NO o el Sí, obedeciendo a tramas y estrategias para que los males sean eternos con una depreciación de país como nunca, con  el simple gesto de subir los brazos conforme lo establecido de antemano.

La lucha entre libertarios, aliados, opositores, solitarios independientes, si aún quedan sin armar “roscas”, libran una batalla de todos contra todos, que es la única forma extrema de poner fin a males de años.

Ante el grabador de “curiosos” periodistas internacionales, por el fenómeno Bukele de El Salvador, los consultados son coincidentes y repetitivos al describir con las mismas palabras: “Bukele nos ha librado de gobernantes corruptos y ladrones.” Existe, acaso, otra opción más valedera.

A nadie le gusta ser robados de la forma más ruin, desde la facilidad y gratuidad que el Estado se entrega sin resistencia alguna, así repetitivamente durante años donde se apilan gestiones de todas las layas en que se permiten cualquier cosa.

Es la historia interminable de los pueblos populistas, en que los accesos siempre están al alcance de las manos, dispuestas para favorecer ininterrumpidamente.

También es cierto, no hay parto sin dolor. En este mundo de entrevero, donde todo parece confundirse es hora de parar la pelota y recomenzar de nuevo. Tomando un poco de lo vivido, Eduardo Galeano decía: “A diferencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual la caridad se practica de arriba-abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones del poder.”

Tal vez Julio Cortázar dé con la tecla, para un pueblo descreído después de pasarla tanto, es el momento cuando las palabras pierden su valor real de tanta “engañifa” demagógica: 

“La tecnología ha dado al hombre máquinas que lavan las ropas y la vajilla, que le devuelven el brillo y la pureza para su mejor uso. Es hora de pensar que cada uno de nosotros tiene una máquina mental de lavar, y que esa máquina es su inteligencia y su conciencia, con ella podemos y debemos lavar nuestro lenguaje político de tantas adherencias que lo debilitan. Sólo así lograremos que el futuro responda a nuestra esperanza y a nuestra acción, porque la historia es el hombre y se hace a su imagen y a su palabra.”

Hablar claro es lo que cabe: Esta es la historia de un país que fue diezmado, y que aún, se lame, resentido, sus heridas. Lo que se viene, está por verse, es más doloroso. 

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