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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

Todas las preguntas

Milei es una incógnita que se está acomodando. Si esperamos 70 años fabricando pobres. Intentarlo, es una prueba madura, dura y pesada.  

Todas las preguntas apuntan a lo mismo, provengan de dónde provengan, tanto medios nacionales como extranjeros. La curiosidad no se diferencia nace y va al mismo objetivo: “Qué le dice, Milei…?”

Bueno, y allí viene lo contradictorio no por infundadas, que no es para menos, sino cómo se las construyen a las respuestas ante tanta diversidad de observaciones, con un escenario no común que ofrece el objeto.

Generalmente se batalla. Se agrede. Se recompone en vías de continuidad los marcados errores, que se parecen mucho a aquello: no hay mejor defensa que un buen ataque.

Porque no se explican tremendos exabruptos que, sin “carreteo” previo levantan vuelo, polvareda, con una energía ilimitada, cuyos impactos hacen mella al oponente, y también dejan mucho que observar en materia de comunicaciones a los propios.

Pero más que nada, el interés de saber por qué, o se trata de una técnica desarrollada en todo el trayecto de su breve existencia política. A los gritos y atropellando.

Por ejemplo, el Ministro de Transporte español, Oscar Puente, dijo en alusión a Milei: “Ingerir sustancias ha puesto en peligro la unidad del reino”. El comentario de éste a posteriori que desencadenó la tempestad, fue:

“Lo de…Cuando salió no sé en qué estado y previa a la ingesta o después de la ingesta de sustancias, pero salió a decir a aquello de, aquello que dijo, pocos días antes de…Yo le dije: Es imposible que gane las elecciones.”

Milei le respondió como una tromba tras cartón, ya directamente al Vice-Presidente del  PSOE y Presidente de España, Pedro Sánchez: “Tiene problemas más importantes de los que ocuparse, como las acusaciones de corrupción que caen sobre su esposa.”

Así de contundentes, no ajenas a referencias que subyacen porque fueron, respuestas que en toma y daca, preservan su integridad, y tanto como la de él, el mensaje requiere certeza y respeto de ambos lados.

Pero, creo, que ante la realidad, todos cambiamos. Hay una publicidad de calmante, muy inteligente que dice: “Vivir a veces duele.” Comienza a dolerle, es el aprendizaje de la vida.

Una vida nace del dolor y del esfuerzo. Una vida es el resumen antedicho. A veces cumple la triste tarea de amedrentar, hacer arrugar, como una voz que no se discute, pero hemos visto la anécdota de los Senadores y los paros, la baja de popularidad, y la pobreza que no decrece, que son motivos más que suficientes para ahorrar esfuerzos inútiles.

Hay una inflación que baja, pero los precios que se mantienen como una guardia pretoriana, no han perdido un ápice de sus valores tenebrosos. Se resumen iguales disturbios agravados por la capacidad destructiva del populismo que viene de años, de fabricar pobres.

Jugarnos una “fichita” no es pecado, ni hace mal a nadie.

Eugenio Semino, un luchador en estas lides dijo a propósito: “La persona mayor que trabaja por obligación, pierde por necesidad.” Ese ser necesitado, urgido, que hoy busca un trabajo más que lo redima con los gastos encarecidos y huérfano de toda contemplación.

Alguna vez tenía que venir un apriete que ponga remedio, o por lo menos se maneje dentro de los parámetros ya que el argentino nunca fue capaz de asumirlo, gastar lo que se tiene, fuera de ello la debacle.

Decía hace un tiempo, el Padre Luis Farinello en su libro, “La mesa vacía”: “El trabajo es fundamental en la vida del ser humano. Lo feliz que es el hombre cuando hace algo con sus manos, cuando lo ve terminado, cuando descubre  el defecto, cuando compra el repuesto ese que estaba quemado, cuando lo prueba, cuando la heladera finalmente vuelve a funcionar.” Más adelante afirma: “Los desocupados no pueden ser felices, no pueden soñar con una familia, no pueden hacer proyectos, no pueden mirar el futuro con esperanza ni alegría.”

Eso pienso. Coincido. Que la sensibilidad humana, justa y perentoria, ponga en su lugar las cosas que destruyeron otras urgencias políticas de conveniencias personales.

Razones enquistadas donde aún prevalecen amaños, sobreviven una marcada diferencia de personas diversas, entre ajenas de angustias, y las que hicieron de los traumas y necesidades el tema diario, motivos insolubles, pandemia mata esperanzas.

Todas las preguntas que caben se resumen en podrá hacerlo..? De que la realidad vaya haciendo poco a poco que los ánimos de quienes gobiernan se calmen. Que la energía de decisión crezca, dando un giro de 360%, para no volver a caer en la misma noria, allí donde todo comenzó.

Justamente, el Padre Luis Farinello, en su libro “La mesa vacía”, más precisamente en parte de su prólogo, acentúa la pobreza: “La pobreza, la miseria, la desnutrición, la desocupación se han integrado a nuestra cotideaneidad: son tema de la primera plana de los diarios, más aún y resumiendo, son el dolor que agobia a la mayoría de nuestra sociedad, entristece nuestro presente y enturbia nuestro futuro.”

Más que preguntar, nos respondemos, aunque parezca violento, nos faltaba mayor control, tener idea por qué caímos tan bajo, no olvidar quienes fueron culpables, no brindar todo el crédito si aún no han hecho mea culpa. Para ellos, siempre son los otros, porque de lo contrario se estarían culpando. Aunque el juicio público, inexorable, ya los condenó. 

Con esta forma estrafalaria de ser, se cortaron muchas rutas hacia cuevas desconocidas. Milei, siempre es una incógnita. Pero comienza aprender qué calles de la política tomar, observar, escuchar, y saber que “Vivir a veces duele.”. Si les aguantamos casi 70 años, de transgredir y sumar, fabricando pobres de discurso en discurso cotizando al candidato, jugarnos una “fichita” no es pecado, ni hace mal a nadie. Es una esperanza mil veces malograda, buscando alivio.

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Vivir a veces duele.