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Contraste en España: el caballero vs. el innoble

Sabado, 24 de octubre de 2026 a las 21:23

El caballero llega al aeropuerto de Oviedo con bajo perfil en su avión particular. Se dirige al hotel. En la vereda se cruza con un niño y le firma un autógrafo.

El innoble arriba a la base militar de Torrejón de Ardoz, en las afueras de Madrid. Ha volado en un avión del Estado argentino, a costa del erario público. Ya en la capital española, insulta a periodistas que intentan entrevistarlo. “Corruptos empobrecedores”, blasfema al tun tun.

El caballero llega para recibir el Premio Princesa de Asturias, un prestigioso galardón de fama mundial. Al llegar al Teatro Campoamor, donde se realiza la ceremonia, el caballero hace una reverencia frente al público. Es un gesto de humildad correspondido con una ovación.

El innoble visita España para hacer campaña a favor de los partidos de derecha Vox y PP, que se han aliado para buscar la Presidencia del Gobierno en las elecciones de noviembre. No se conoce cuál es el objetivo oficial de su presencia en el país ibérico. De hecho, no existe el motivo institucional. El objetivo es codearse con lo más granado de la dirigencia ultraconservadora. Sentirse idolatrado.

El caballero recibe el galardón de manos de la princesa Leonor de Borbón, quien destaca el aporte ejemplar del condecorado al haber “convertido lo extraordinario en rutina”. Aplauden, mientras miran sonrientes, el Rey de España Felipe de Borbón y la Reina Letizia.

El innoble intenta ser recibido por el Rey. El equipo de Cancillería solicita encarecidamente que el monarca abra las puertas del palacio a quien ha llegado con la intención de tomarse una foto con el representante del Estado español. Pero Felipe se niega. No corresponde -dice el protocolo férreo de la nobleza peninsular- porque primero el visitante en cuestión debería presentarse, en audiencia oficial, ante el presidente Pedro Sánchez.

El caballero se expresa en redes sociales con gratitud. Destaca que lo hicieron sentir muy feliz en suelo español y que hace tiempo no visitaba el país donde triunfó como deportista, en una dilatada carrera llena de éxitos. Se despide con el mismo tono respetuoso de siempre y vuela a Estados Unidos.

El innoble insulta al presidente español, lo llama “dictador corrupto”, no obstante lo cual el Gobierno del país anfitrión aportó la estructura del Estado para garantizar la seguridad del visitante en cuestión. Incluso la base militar donde aterrizó, lejos de la mirada pública. 

El caballero recibió una distinción de fama global otorgada por la Fundación Princesa de Asturias a las personalidades de la ciencia, las artes, el deporte y otras disciplinas. ¿Qué valora el premio? El aporte humano, la dignidad, la humildad y la generosidad de los galardonados al inspirar a la humanidad con los mejores ejemplos.

El innoble recibió un racimo de premios desde que asumió al frente del Poder Ejecutivo argentino, pero todas esas medallas le fueron entregadas en cotos cerrados de libertarios y fanáticos de la ultraderecha. Ninguna de sus cucardas surgió de instituciones ecuménicas que -por lo general- realzan las virtudes humanísticas de los merecedores de tales reconocimientos.

El caballero recibió sus distinciones con una actitud de recato. Sin alardes y con la evidente convicción de que su condición de “mejor del mundo” es fruto de la subjetividad de quienes le prodigan una admiración incondicional.

El innoble se ufana de los oropeles recibidos pero con una conducta que oscila entre la soberbia infundada del que destrata a una periodista con el apelativo de “intelectualmente corta” más un plus: la escatología propia de alguien que levanta la pierna para abrir lo gajos hasta liberar -según se presume- un flato inoportuno.

El caballero aterrizó en Nueva York para integrarse de inmediato a su equipo con el objetivo de hacer lo que mejor sabe: maravillar a las multitudes con sus jugadas inimitables.

El innoble aterrizó en Buenos Aires y corrió a la Fundación Faro para celebrar un fallo favorable de la Justicia como mejor sabe: insultando a periodistas por haber cubierto el caso Libra, además de proferir una amenaza según la cual no habrá piedad para “estos h… de p… que “arderán en el infierno”.

No hace falta hacer nombres para comprender la analogía de esta enumeración episódica de las experiencias protagonizadas por los protagonistas de esta línea temporal, quienes pisaron suelo español al mismo tiempo, pero con finalidades y resultados muy diferentes.

Para cerrar este contraste tan flagrante, El caballero representa una conjugación de valores entre los que sobresalen la valentía, el honor, el talento, el esfuerzo y la humildad. Justamente por eso fue premiado en España, donde quedó claro que sin haber militado en política jamás aquilata un poder inmenso, pues su predicamento descansa en la unanimidad del afecto y el respeto obtenido como deportista, como persona, como hijo, como esposo y como padre.

Un detalle del pasado ayuda a completar un paralelismo tan desparejo. El caballero no es perfecto. Alguna vez tuvo un rollo con la Justicia por razones impositivas en el que también apareció alcanzado su padre recientemente fallecido. La reacción fue el recato, el silencio y la prudencia. Hasta que el tiempo hizo su trabajo y su imagen emanó redimida. El innoble, en cambio, muestra apetito de venganza y llama a odiar a los periodistas sin evaluar que las conductas sociales adquieren las tendencias (ya sea para bien, ya sea para mal) demarcadas por sus autoridades y líderes.

El innoble, al contrario, utiliza la tribuna pública para el agravio personalizado, la humillación del adversario y el rédito político de coyuntura.

Ser innoble es, por definición morfológica, la negación exacta de la nobleza (tanto de sangre como de espíritu). Ser caballero es encarnar los valores ancestrales de la nobleza del alma (honor, mesura, respeto por el rival). El innoble representa la renuncia deliberada a esos principios.

¿Cuál de estos dos representantes de la argentinidad eligen?

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