El estrépito del crack, seco y brutal, se escucha en la filmación registrada por un colaborador del diputado nacional Federico Pelli, ariete de La Libertad Avanza que el pasado miércoles sufrió una agresión injustificable a manos (mejor dicho, "a cabeza") de un puntero iracundo.
Los ánimos ya estaban calientes cuando Pelli se presentó con sus allegados. El legislador pretendía entregar ayuda humanitaria a los habitantes de la población tucumana de La Madrid. Allí, las inundaciones arruinaron lo poco que tenían las familias pobres de los barrios marginales y la bronca flotaba en el aire respirado por un rústico barrabrava del peronismo: "Pichón" Segura, el cabeceador.
El video viral en el que Segura fractura el tabique del diputado libertario con un certero frentazo recorrió los celulares de millones de argentinos y motivó encendidas condenas por parte de políticos, funcionarios y miembros connotados de las instituciones, pero no todos tomaron posición en contra de la violencia.
Los memes que pulularon en las redes sociales abrieron una brecha en la que parecía ser una muralla unánime de repudios al ataque contra Pelli, dado que miles de usuarios compartieron ilustraciones y frases que denotaron otra perspectiva del episodio: la sensación de justicia instantánea, primitiva e ilegal, pero resarcitoria, aplicada por un vindicador de los bajos fondos.
"Pichón", un corpulento melenudo con el instinto salvaje del que prefiere los puños antes que las palabras, había materializado un sentimiento de rencor creciente en sectores sociales que la pasan mal en el día a día. Gente que redujo su calidad de vida, que perdió el empleo, que tuvo que desalquilar para irse a vivir con suegros. Personas de carne y hueso que en su momento votaron por el presidente Javier Milei y que hoy tragan saliva mientras miran la suite de lujo en la que se hospedaron el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y su esposa, en la Quinta Avenida de Nueva York.
Adorni dijo que fue a “deslomarse” en Manhattan, que llevó a su esposa como invitada para que le “dé una mano” y admitió haber viajado en un vuelo charter a Punta del Este con un periodista amigo que produce dos programas en la TV Pública, canal que depende de la Jefatura de Gabinete. Todo esto financiado por una lluvia de dólares no declarados y erogados por un funcionario cuyo sueldo en blanco no supera los cuatro millones de pesos.
Lo grave del caso Adorni es que, además de subir a su consorte al ARG 01, lo hizo en contradicción con las numerosas ocasiones en que él mismo se ufanó de la pulcritud mileista para hacer gala de la transparencia moral de los libertarios en comparación con los hechos de corrupción kirchneristas.
Hace un par de años el truco de justificar la motosierra con la enunciación de los chanchullos cristinistas funcionaba para sostener el relato anticasta. En 2024, el entonces vocero presidencial recalcó en rueda de prensa que ya nadie malgastaría los recursos del Estado a través de vuelos para llevar diarios a El Calafate, una costumbre malversadora de la ex presidenta que Adorni terminó imitando en el marco del “Argentina Week”.
Durante dos años la comparación maniquea entre las opacidades K y las cristalinidades M sirvieron para sacarle lustre a la gestión que vino a derrotar la inflación a costa de una contracción económica despiadada, pero ya no.
Las encuestas ya no acompañan la estratagema de culpar al kirchnerismo. Ni siquiera al albertismo. Los últimos sondeos muestran indicadores según los cuales los ciudadanos, aún cuando prefirieron a La Libertad Avanza en las urnas, dejaron de achacar la responsabilidad del mal momento económico a las administraciones anteriores y transitan un nuevo plano de discernimiento en el que atribuyen la caída del consumo a la coyuntura actual.
Dentro de esa coyuntura actual aparecen el escándalo Adorni y el recrudecimiento de la estafa cripto cometida con el falso token Libra, dos torpedos que impactaron en la línea de flotación del Gobierno Nacional hasta producir una caída de la imagen positiva del Presidente por debajo de los 40 puntos. El sitio especializado La Política Online reveló ayer en un informe que el 54 por ciento de los argentinos define a Milei como “más de lo mismo”.
Para colmo la inflación no cede sino todo lo contrario, con una tendencia alcista que ya lleva nueve meses sin perspectivas halagüeñas en razón de la mala racha que viven las familias de una clase media azotada por una decisión política de neto corte recesivo: deprimir los salarios para que, por efecto de la ausencia de demanda, los precios bajen según una lógica del perro que se muerde la cola a sí mismo. ¿Por qué? Porque sin consumo no hay recaudación y el Estado sigue en tobogán hacia el déficit crónico.
En medio de toda esa mélange de datos económicos paupérrimos, estabilidad sostenida por un Donald Trump en situación de guerra y purulencias de corrupción, la figura del cabeceador de Tucumán es leída como la irrupción de un vengador anónimo que, de un solo golpe, resumió las ganas de repartir trompadas que no pocos laburantes expresan en la intimidad de sus hogares cuando, junto con la suba de los combustibles y el cierre de fábricas, aparece el deslomado Adorni reclamando su derecho a la compañía femenina en un ¿sacrificado? viaje a la megalópolis norteamericana.
De allí nace la extraña respetabilidad adquirida por “Pichón” Segura después de quebrarle la nariz al diputado libertario. No se trata de una aprobación ética de su proceder, pero sí es una convalidación empírica del desquite sorpresivo, fruto del estado de anomia reinante. Imperdonable para la ley, la conducta del puntero peronista fue celebrada en voz baja de la misma forma que las comunidades musulmanas destrozadas por las intervenciones bélicas de Estados Unidos aplaudieron el atentado a las Torres Gemelas en 2001.
El ataque del 11 de septiembre fue atroz y sesgó la vida de miles de inocentes, pero también fue la respuesta del ala fundamentalista de una cultura islámica sojuzgada por la doctrina de las conflagraciones preventivas que Washington aplicó (y aplica) una y otra vez sobre un territorio históricamente codiciado por sus generosas existencias de petróleo.
¿De qué forma devuelve el golpe un débil, un acorralado, un vulnerable? No lo hace frontalmente porque sabe que el oponente lo derrotaría con facilidad. Lo hace a traición, como Osama Bin Laden tramó la destrucción del World Trade Center. O como “Pichón” Segura, que esperó a que el diputado Pelli pusiera su rostro a menos de 10 centímetros para propinarle el golpazo demoledor. Porque Segura no es un poderoso acaudalado. Representa a la política de base demonizada por los libertarios, a los zurdos que iban a correr mientras eran perseguidos por el león.
Sembrar odio a través de frases marketineras que teledirigen el resentimiento de las masas puede volverse en contra del emisor cuando la economía no acompaña. Porque si el pueblo tiene plata en la cuenta de Mercado Pago la corrupción y la violencia pueden ser perdonables. Pero cuando no alcanza para comprar la leche o los remedios, los Adornis de la vida se convierten en blancos perfectos para lanzar huevos podridos.