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Identidad, visión y seguimiento: claves para una planificación estratégica

El foco puesto en un rumbo claro, con métricas cuantificables, administración coherente y seguimiento actualizado, son hoy sumamente necesarios para el andar de toda institución. Permite articular diagnóstico, visión de futuro y líneas de acción en escenarios crecientemente complejos e inciertos. Por Arq. Gabriel Romero (*)
 

Por El Litoral

Sabado, 21 de marzo de 2026 a las 19:24

La construcción de procesos en diversos sistemas de gobernanzas (públicas y privadas) adquieren hoy más que nunca una relevancia particular debido a la necesidad de conjugar: autonomía, calidad académica, inclusión social y compromiso territorial. En escenarios atravesados por restricciones presupuestarias, transformaciones tecnológicas, volatilidad de demandas sociales y laborales, sin una cosmovisión que conjugue identidad, historia, mediciones constantes como herramientas de control, diagnósticos actualizables; la velocidad vertiginosa de un mundo a los trotes, llevará puesto a cualquier proceso. Es por eso, que lo efímero rinde menos, cuesta más, y tiene nulo alcance.
Para la elaboración y el éxito de un plan estratégico, en primer lugar hay que: reconocer la trayectoria y la identidad histórica de toda institución y su entorno como punto de partida. Administrar de manera coherente los recursos disponibles y definir prioridades en función de horizontes realistas.
Una gestión estratégica no se limita a la administración de lo cotidiano, sino que orienta la toma de decisiones hacia el futuro, anticipa escenarios y moviliza capacidades colectivas en torno a una visión compartida. En este sentido, como ejemplo, el desarrollo integral aplicado desde la Facultad de Artes, Diseño y Ciencias de la Cultura (FADyCC, UNNE) se concibe como un proceso político e institucional que integra misión, visión, liderazgo académico, gestión estratégica y evaluación, permitiendo transformar la complejidad universitaria en un proyecto con sentido y direccionalidad.
La planificación estratégica no debe entenderse como un producto cerrado, sino como un proceso dinámico y reflexivo, orientado al aprendizaje. La incorporación de dispositivos de evaluación y retroalimentación resulta vital para garantizar la coherencia entre lo planificado y lo ejecutado.
El objetivo: robustecer la formación, la investigación, la extensión, la vinculación con el medio, la inclusión y el desarrollo institucional, atendiendo a la especificidad de una unidad académica singular. Interpelada por el arte, el diseño, las ciencias de la cultura y el turismo, sus fuertes son: su marcada identidad y un claro y preponderante anclaje territorial. La dirección estratégica significa concebir a la universidad, mirando hacia el entorno, tomando como base un futuro factible a lograr. 
Estos objetivos expresan direccionalidad: prioridades políticas y un horizonte deseado de desarrollo. Sin embargo, el análisis crítico permite identificar falencias relevantes: la ausencia de metas explícitas, cuantificables y temporalizadas asociadas a cada uno de dichos objetivos. Sobre estos aspectos, actualmente el desafío es mejorar esas métricas, que nos den herramientas de ductilidad para llegar a los objetivos. 
Los indicadores permiten medir el grado de cumplimiento de los objetivos, identificar áreas de mejora y asegurar la coherencia entre planificación, ejecución y evaluación. Gracias a ellos, la gestión se convierte en un proceso transparente, objetivo y sistemático, alineado con los estándares de excelencia académica.
La matriz viva que debe reconstruirse periódicamente, nace de un relevamiento constante entre fortalezas y debilidades, las cuales -además-, se desnudan oportunidades y amenazas.
Un diagnóstico de actualización permanente permitirá a la FADyCC (y a toda entidad que desea llevar adelante una planificación estratégica) divisar a tiempo amenazas externas del entorno, generando escenarios posibles para la toma de decisiones y la generación de mejoras. Este insoslayable ejercicio facilita la anticipación institucional y la definición de estrategias ofensivas, adaptativas o defensivas.
Lo importante del entorno, del contexto. Identificar de manera sistemática un cúmulo de factores que atraviesan la realidad social. Los factores políticos, económicos, sociales, tecnológicos, ambientales y legales; deben ser tenidos en cuenta como un todo.  
La dimensión política: se vincula con las políticas públicas y los marcos de gobernanza. La económica: con las condiciones de financiamiento y las restricciones presupuestarias (sobre todo las actuales) La social: con las transformaciones culturales, educativas y territoriales de la comunidad. La tecnológica: con los procesos de digitalización, innovación y uso de herramientas como la Inteligencia Artificial para cocrear. La ambiental: con los desafíos de sustentabilidad sostenibilidad y responsabilidad socioambiental. Por último, la dimensión la legal: con el marco normativo que regula el funcionamiento de toda institución. 

Métricas para el seguimiento

Los controles permanentes son clave para la continuidad, mejora y éxito de toda planificación. Traducir la estrategia en un conjunto coherente de indicadores que permiten comunicarla, implementarla y monitorear su cumplimiento.
Un tablero de control no debe entenderse como un dispositivo meramente técnico, sino como una herramienta de lectura institucional compartida, orientada a visualizar información relevante, detectar desvíos y activar procesos de ajuste oportunos.
Asimismo, el tablero de control debe incorporar un sistema de alertas tempranas, concebidas como señales cualitativas y cuantitativas que adviertan sobre riesgos o tensiones emergentes en la gestión. Igualmente, debe dejarse en claro que las mediciones no buscan sancionar, sino habilitar instancias de reflexión colectiva y corrección.
Revisión, ajuste y aprendizaje continuo. Esta concepción resulta de suma importancia con los enfoques contemporáneos de la planificación estratégica universitaria, que la entienden como un proceso dinámico, participativo y situado, más que como un ejercicio normativo rígido.
Un Plan Estratégico, debe operar como un dispositivo político e institucional. Permite alinear: decisiones (políticas y académicas), administrativas y de vinculación territorial, aún en un contexto marcado por restricciones presupuestarias, cambios normativos y alta incertidumbre.
Una práctica reflexiva que articula teoría y gestión. Que contribuye a la construcción de una cultura institucional orientada a la evaluación, a la mejora continua. Reconocer tanto los avances como las limitaciones constituye, en este sentido, un paso necesario para su consolidación. 

(*) Decano, FADyCC, UNNE.

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