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Un hijo de su tiempo

Sabado, 11 de abril de 2026 a las 22:44

En el devenir de los pueblos, los administradores gubernamentales ejecutan miles de decisiones cotidianas bajo presión, en un teatro operacional de vastedad inconmensurable. Pero solamente algunas, muy pocas, de esas determinaciones quedan grabadas en el sustrato pétreo de la historia como un hecho trascendente. Y cuando eso sucede, el autor de tal acto se introyecta en la psiquis colectiva con un perfil que lo definirá para siempre, incluso más allá de la muerte.

Así se forja el carácter de los líderes, quienes desarrollan sus personalidades como cualquiera hasta que se paran bajo los reflectores del escrutinio público de modo que ya nada vuelve a ser igual. A partir de ese momento, por razones lógicas e inevitables, quienes ejercen las prerrogativas del poder pasan a diferenciarse del resto para convertirse en el magnánimo Marco Aurelio, el cruel César Borgia, el pacifista Gandhi, el honesto Illia, el demócrata Alfonsín y así, en un interminable ciclo.

Corrientes, en su propio bagaje de conductores políticos, reserva un espacio en la memoria colectiva para los timoneles gubernamentales de cada tiempo en el que debieron actuar conforme realidades que discurrieron en constante mutación, pero con el denominador común de la autodeterminación provinciana. Pocho Romero Feris, Ricardo Leconte, Tato Romero Feris, Ricardo Colombi, Arturo Colombi y Gustavo Valdés, por citar a los más recientes, si bien han tenido diferentes improntas y han corrido distinta suerte, ejercieron el poder en tensión con la indiferencia centralista, propia de un federalismo hueco.

Hace pocos días, el actual titular del Poder Ejecutivo, Juan Pablo Valdés, a solo tres meses de haber asumido, dibujó un gol de media cancha en los escritorios de ese mismo poder central que tan esquivo fuera a las requisitorias de sus antecesores. Después de varios lustros de batallar contra molinos de viento en busca de los fondos previsionales adeudados por la Nación a las provincias que en los 90 se negaron a transferir sus cajas jubilatorias, el liceísta ex intendente de Ituzaingó abrochó un acuerdo con la ministra Pettovello por el cual Corrientes destrabó los recursos, que comenzarán a llegar en una primera remesa de 40.000 millones de pesos en 10 cuotas.

Y de pronto, el más joven de los Valdés, sacó a relucir una muñeca negociadora sorprendente. Porque el gesto de la administración encabezada por Javier Milei no ha sido gratuito, sino fruto de un minucioso proceso de construcción política en el que ambas jurisdicciones intercambiaron mucho más que saludos protocolares.

Se verificó allí, en el documento firmado por JPV bajo la atenta mirada de la titular de Capital Humano, la estrategia articulada a través del acompañamiento parlamentario que a determinadas necesidades del presidente libertario proporcionó Corrientes. Todo fue parte de una concertación que puso al mandatario local un peldaño por arriba de sus pares más complicados financieramente.

Ocurre que, a diferencia de otros distritos de la región, endeudados al filo de la bancarrota, Corrientes viene de ocho años de equilibrio fiscal, un plafón de previsibilidad que logró sin asistencia nacional, sobre la base de un esquema de control del gasto público que le permitió mantener un Estado en funcionamiento a pesar del plan motosierra. Desde esa posición menos vulnerable a los vientos laterales del ajuste, JPV se paró con otra espalda ante las principales espadas del gabinete nacional para demandar la contraprestación de Balcarce 50 sin agachar la cabeza.

Antes de eso, el mandatario puso en funciones al nuevo ministro de Hacienda, Héctor Grachot, una pieza clave en la planificación de la curva de inversiones que prevé la provincia para mantener a raya el fantasma del déficit sin deteriorar el ritmo de la cronología salarial, pero además, un catalizador de los reclamos sindicales en un momento de escasez provocado por la caída de la coparticipación federal.

¿Estamos ante un gobernador con las habilidades concertadoras que se requieren para activar la prodigalidad de Milei? Evidentemente sí, a juzgar por la tranquilidad declarativa y el realismo optimista que, sin alardes tonales, entrega el jefe del Ejecutivo en sus apariciones mediáticas, mientras vuelve de Buenos Aires con el acuerdo bajo el brazo y listo para encarar nuevos entendimientos en torno de los terrenos del puerto y del ex regimiento.

Cada gobernante es hijo de su tiempo y, en ese Kairós de oportunidades, el estilo que comienza a patentizar el primer mandatario provincial responde al quid de la fenomenología del poder, por cuanto pasa de la narración a la acción con resultados materiales que se creían mucho más trabajosos, solamente dirimibles en la arena judicial.

¿Podría otro gobernador (que no sea el actual) ablandar el corazón del presidente para que, mientras decapita sin remordimientos los planes “Volver al Trabajo” y “Remediar” (que beneficiaban a millones de pobres), baje la orden de volcar recursos contantes y sonantes a una provincia cuya matriz política nunca se tiñó de violeta? Es contrafáctico, pero probablemente no.

Pasa que, más allá del cotillón de campaña y del marketing de los más sesudos consultores, un líder no puede esconder quién es cuando se enfrenta a una crisis. Y según cómo se comuniquen sus actos, el prestigio de ese líder irá tomando forma por vía sedimentaria. Gota a gota.

La inteligencia se nota en la resolución de lo complejo. Si en el estancamiento amesetado que experimentaba la provincia a mediados de la década anterior se necesitaba un audaz que, como Gustavo Valdés, redinamizara la gestión mediante una autoridad sensitiva capaz de acelerar o frenar según cada situación, en este presente distópico donde el Gobierno Nacional pierde popularidad abrazado a un cadáver político como Adorni se precisa alguien con equidistancia pragmática.

Ese alguien es, sin dudas, Juan Pablo, dispuesto a hacer lo necesario para obtener beneficios que Corrientes demanda históricamente sin suscribir ni abjurar ciegamente a nada. Le queda mucho por delante, en un escenario de cambios inesperados tanto en el plano global como en la órbita federal. De su astucia para aprovechar la pesca en tan revuelto río dependerá que su paso por el poder se grabe como un tiempo memorable.

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