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En el que podría ser el mejor momento

Sabado, 23 de mayo de 2026 a las 23:00

Las peleas de cúpulas representan un peligro tan innecesario como inexplicable desde el punto de vista lógico. Por supuesto que tienen motivos, pero generalmente son subalternos, sectoriales y hasta viscerales, como ocurre con la hoguera de vanidades que por estos días arde en el Gobierno Nacional, en un momento cargado de paradojas: los índices económicos macro muestran una curva de crecimiento sorprendente, el Congreso acompaña las leyes solicitadas por el Ejecutivo y las calles permanecen en paz.

Podría decirse que el presidente Javier Milei logró controlar los escándalos Adorni, Libra, Andis y hasta se dio el lujo de revivir por un rato al zombie político José Luis Espert (jugando con fuego) mientras obtenía de sus políticas extractivistas los resultados en dólares que tanto necesita el país para sostener la estabilidad económica y los acuerdos tejidos en el Parlamento rendían frutos como la reducción de subsidios al frío. Pero, siempre hay un pero.

El presidente de Diputados, Martín Menem, fue acusado de ser el “Periodista Rufus” que durante todo el mandato de La Libertad Avanza tiró piedras al techo de las “Fuerzas del Cielo” comandadas por el superasesor Nicolás Caputo. Y ardió Troya. Resultado: el más joven del clan Caputo se las agarró con el más joven del clan Menem, que a su vez viene a ser uno de los hombres de confianza de la hermana Karina y así sucesivamente, sin que los ojos de la opinión pública pudieran enfocarse en los datos positivos de la realidad.

¿Se enteró doña Rosa de que la balanza comercial superó un saldo positivo de 2.200 millones de dólares? ¿Sabe el pueblo que la Argentina exportó más de lo que importó gracias a los frutos de Vaca Muerta y las mineras, y que todavía falta que entren los dólares de la cosecha gruesa? Sin lugar a dudas que si la ciudadanía está al tanto de esos indicadores, lo está tangencialmente, casi como un rumor lejano, procedente de los titulares de la TV y los memes de las redes.

En cambio, los argentinos sí saben de la cascada de Adorni, del préstamo de las jubiladas para comprar casas, del tres por ciento de Karina y, lo más grave, conocen al dedillo los audios eróticos filtrados en las últimas horas, cuya irrupción demuestra el estado de vulnerabilidad en el que se desenvuelve el jefe de la Nación, espiado hasta en sus sábanas.

El punto es que prácticamente todo lo que se sabe, es consecuencia de las internas. El llamado “fuego amigo” dañó más a Milei que cualquier intento de una oposición inconsistente, tan chirle que no logra materializar propuestas alternativas convincentes sin salir de la crítica consabida de los índices de desempleo, el cierre de empresas y la mar en coche.

¿Quién maneja la SIDE? Nicolás Caputo. ¿Quién quiere desplazar a Caputo? Karina Milei. ¿Cuál es el ariete político de Karina? El clan Menem. La pelea entre esos tres apellidos, dentro de la cual el Presidente termina siendo un convidado de piedra, está lastrando la capacidad de gestión en el que, paradójicamente, podría ser el mejor momento político de una administración que consigue mantener el equilibrio cambiario, el superávit fiscal y la inflación morigerada a pesar de sus debilidades intrínsecas y extrínsecas.

Javier Milei compensa sus flaquezas con intransigencia. Decide atarse a su mástil dogmático, acelerar la motosierra y reducir el gasto público a pesar de que medio país sufre corrientes recesivas hasta comprobar que el eslogan “no hay plata” se trasladó de la verborragia presidencial a la realidad de las billeteras domésticas. Y por ese descenso en la calidad de vida de los sectores medios, el jefe de Estado cosecha lo esperable: un rechazo creciente y una imagen en caída libre.

Sin embargo, la tozudez mileista es el sello de su convicción, con la que el argentino medio -en el fondo de sus albedríos más íntimos- acaba por coincidir cada vez que recuerda el desastre de Alberto Fernández y la inflación del 200 por ciento dejada por el ex ministro de Economía Sergio Massa en 2023. Y en ese cotejo introvertido de cada ciudadano, la estabilidad es un bien a cuidar aun con el endeudamiento y la morosidad de las familias argentinas.

Pero cuando la fiebre proviene de una columna vertebral infectada, no hay cuerpo que soporte el deterioro orgánico de un sistema inmunitario luchando contra sí mismo. 

Es lo que sucede en el seno de La Libertad Avanza, donde cada uno hace su juego sin sopesar que con los números actuales de las economías domésticas, aunque los yacimientos exploten de petróleo y la cordillera entregue toneladas de litio, la reelección 2027 es un objetivo quimérico.

En vez de concentrarse en cómo volcar los rendimientos excepcionales de las exportaciones a la masa crítica de población sin liberar los índices inflacionarios, el cerebro operativo de la Casa Rosada desperdicia energías en calmar la irascibilidad de una tropa indómita, con su brigada de tuiteros desembozada al punto de contrariar a la máxima autoridad con posteos descomedidos que devalúan el intelecto presidencial con frases imprudentes como “no le mientan al Presidente”.

¿Se le puede mentir al Presidente? Si fuera cierto estamos en problemas, porque de ser así todo el entorno que rodea a la cabeza del Ejecutivo Nacional queda teñido de sospecha. 
Desde la amigovia que aprovechó su cuarto de hora para lanzar su hit “El Paquetón” hasta la hermana Karina, principal responsable de un gabinete paralelo con el que intenta expulsar a la taquillera senadora Patricia Bullrich del círculo áulico cuando -se sabe desde siempre- la “Comandante Pato” es perfectamente capaz de armar rancho aparte con el signo partidario que le venga en ganas.

Y todos los que estaban adormecidos por los éxitos macroeconómicos de Javier Milei ahora tienen ganas de morder el queso de las precandidaturas presidenciales. Mauricio Macri, Axel Kicillof, el pastor Guebel, algún que otro empresario empujado por el establishment y sigue la lista. Porque huelen sangre y no como consecuencia de los departamentos de Adorni y las coimas de la ex Agencia de Discapacidad, sino porque el corazón de la Libertad Avanza late con arritmia.

Porque Nicolás Caputo pareciera mandar más que Milei según entendimientos secretos alcanzados en su enigmática visita a los cuarteles de la inteligencia norteamericana, mientras se desarrolla un sistema de control de datos basado en el modelo Palantir. 

Porque Karina Milei se siente dueña del partido gobernante y sabe que puede controlar a su hermano cuando caen las noches y ambos acarician sus hijitos de cuatro patas en Olivos. Porque el choque de intereses en torno de negocios, dinero y poder, es la mecha corta de una deflagración anunciada.

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