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Zapatos con caca

Domingo, 28 de junio de 2026 a las 01:00

Los zapatos con caca pueden ser un estigma social. Entrar a un comedor con el calzado embadurnado de porquería justo cuando los comensales están a punto de ser agasajados convierte al portador de los tamangos en objeto de todas las miradas.

La situación se agrava cuando la persona que hundió su pie en tan innoble material intenta negar o disimular que el vaho proviene de sus suelas, porque así haya zapateado un malambo en el jardín, el producto intestinal de los omnívoros tiene la capacidad de incrustarse en los recovecos de una plantilla tal como Manuel Adorni se adhirió a las hendijas del poder mileista.

El punto es que el dueño de los zapatos contaminados, muchas veces, da por sentado que sus maniobras disimuladoras han dado resultado. Que esa refregada furtiva por alguna pobre mata de césped ocultó la metida de pata al punto de que nadie notará aquello que todavía permanece aferrado a las concavidades de su arco plantar.

Hasta que la situación se vuelve odoríficamente insostenible y alguien arroja una bomba de sinceridad: “Amigo, estás repartiendo caca por todo el salón”.

Salvando las distancias, es lo que se cansaron de decirle al Presidente los miembros de su equipo de gobierno, así como los más connotados referentes de la sociedad política que lo encumbró en el ballotage de 2023, a medida que se iba destapando la olla de los consumos injustificados del jefe de Gabinete.

La tragicomedia protagonizada por Adorni llegó a su epílogo (aunque todo indica que continuará en tribunales) después de otro papelón desatado por su propensión a la voracidad del nuevo rico que, ebrio de tanto lujo, viaja, compra y gasta en cada objeto suntuario que se le cruza por las narices, a la vez que se implanta cabello, reconstruye la dentadura de su esposa y se compra un flipper de colección valuado en 8.000 dólares.

En los últimos días, el dato que llegó a manos de la Justicia señala que el eyectado jefe de Gabinete se habría valido de las tarjetas de crédito de dos subalternos para abonar a Mercado Libre por la compra de distintos adminículos destinados a mejorar su experiencia gamer, información que circuló con la velocidad del rayo por los corrillos políticos.

Y como el cántaro que de tanto ir a la fuente, se rompe, las últimas vidas que le quedaban al ex vocero, como en un juego de Arcade, se agotaron al impactar su conducta en las más recientes encuestas con una sentencia concluyente: “Adorni es lo mismo que Insaurralde”, el ex intendente kirchnerista de Lomas de Zamora en cuyos vestidores se habrían ocultado fuertes sumas de dinero norteamericano luego de su affaire en el yate “Bandido”, junto a la modelo Sofía Clerici.

A todo esto viene a cuento el reproche lanzado por los opinadores de siempre contra los legisladores que optaron, durante la última sesión de la Cámara baja, no bajar al recinto para activar la moción de censura que, contra Adorni, fogoneaba el kirchnerismo. Entre los señalados por la crítica estuvo, por citar un caso, el radical correntino Diógenes González, cuya ausencia fue definida como funcional a la permanencia de un funcionario sospechado por actos de corrupción.

Pero alegó Diógenes con razón: “No iba a hacerle el juego al kirchnerismo” en un contexto donde el muerto se asustaba del degollado. El diputado nacional por Corrientes aguantó los trapos frente a los micrófonos locales hasta que el tiempo le dio la razón en virtud de un desenlace que se percibe inevitable.

Ese final -que está por consumarse en las próximas horas- torna innecesario el concurso de voluntades para echar a Adorni por vía parlamentaria porque la caída del jefe de Gabinete por su propio peso torna abstracta la discusión sobre la ausencia de tal o cual diputado en una sesión que les hubiera proporcionado un río Jordán expiatorio a los bloques del entorno K.

Lo que hace inteligente la jugada del legislador de Vamos Corrientes es que sentarse en la banca para habilitar la expulsión de quien -hasta hace pocos días- fungía como protegido de Karina Milei, hubiera sido un error estratégico en el plano de los acuerdos políticos que supo construir el gobernador Juan Pablo Valdés, quien transaccionó con la Casa Rosada el acompañamiento legislativo del oficialismo local para obtener recursos que le permitieron administrar el erario provincial en un escenario de certidumbre.

La decisión del diputado Diógenes González fue una omisión eficaz para no dejarse llevar por la ola. Después de todo, un actor provincial que, como él, surgió de la militancia universitaria de Franja, sabe que aprovechar una crisis nacional para patear al caído sirve de poco frente a la oportunidad de preservar un canal institucional que considera útil para su provincia.

Desde que asumió la nueva administración correntina, la relación con Javier Milei ha sido de convivencia cívica y permitió destrabar fondos que allanaron el camino para blindar el cronograma salarial entendido como la piedra angular de la tranquilidad social correntina. Eso y la reanudación de la postergada autovía de ruta 12. Todo forma parte de un paquete acordado con un poder central que no se caracteriza por la dadivosidad fiscal, sino todo lo contrario.

¿Qué sentido tenía ocupar el escaño para fusilar al fusilado? La única consecuencia hubiera sido transmitir una señal de hostilidad del Gobierno correntino para con los parapetos de La Libertad Avanza, que está más a la defensiva que nunca desde que el imprudente Adorni defendió la presencia de su esposa en el viaje oficial a Nueva York con el verbo “deslomarse”.

Aquel fue el primer paso del descenso del jefe de Gabinete a los infiernos, en una espiral de acontecimientos y descubrimientos insólitos en el que se cuentan a las jubiladas prestamistas, los 245.000 dólares cash que cobró el contratista, las vacaciones en Aruba y la inverosímil aparición de 200.000 dólares supuestamente ahorrados por un padre que vivió endeudado.

Y acá llega la pregunta clave que vale formularse frente a las pruebas vivas del enriquecimiento disfrutado por un funcionario que antes de acceder al cargo cocinaba en chulengos: ¿Cuando el jefe político de un colaborador infiel se niega a despedirlo aunque todo el mundo sepa que hay razones fundadas para su cesantía, está bien o está mal que el Poder Legislativo intervenga?

En el terreno de las instituciones, amputar un miembro clave para el esquema de poder de un gobierno es el procedimiento adecuado a la norma que en la Argentina prevé resortes orgánicos para expulsar al jefe de Gabinete. Pero en la política práctica, la que late conforme el pulso de una sociedad hastiada del latrocinio contumaz, se impone la recomendación napoleónica: “No interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error”.

La administración correntina no es enemiga del gobierno libertario, pero tampoco integra el riñón de sus aliados dilectos. Desde esa perspectiva, el acto heroico de encender la hidrolavadora legislativa para limpiarle coercitivamente los zapatos al Presidente hubiera sobrado en el momento de tensión interna que le quita el sueño a La Libertad Avanza. Al fin de cuentas, todo hombre tiene derecho a limpiar su propia mierda.

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