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Gracias por la lección, señor Jorge Messi

Domingo, 09 de agosto de 2026 a las 13:27

Por José Luis Zampa

Nunca ha sido tan simple ni tan obvio atacar con argumentos certeramente lapidarios a un gobierno como en estos últimos años de Javier Milei al mando de la botonera nacional. 

Para empezar: ¿Quién puede estar de acuerdo con liberar indiscriminadamente la venta de territorio nacional a corporaciones extranjeras más poderosas que los Estados? 

¿Quién, con dos dedos de frente, convalida los insultos vomitados contra el presidente del socio mercosuriano más determinante, dentro del país vecino y en un acto proselitista opositor al que Milei asistió motivado por una subterránea sugerencia trumpiana, con la obsesión geopolítica de bloquear inversiones chinas en la región?

El punto es que el jefe de Estado más excéntrico que haya desembarcado en Balcarce 50 insiste con sus modos y con sus recetas, no obstante lo cual mantiene un llamativo consenso de entre el 30 y el 35 por ciento de habitantes, núcleo duro de votantes y principal incentivador de su apetito reeleccionista.

Hay gente que votaría por Milei en 2026 y que votará por él en 2027. A pesar de que la miseria se palpa en los villorrios, a pesar de que la inflación está medida con trampa (según parámetros de consumo del año 2005), a pesar de que los ejércitos mediáticos de La Libertad Avanza practican el racismo clasista con la naturalidad del machirulo que taladra con su mirada las caderas de una piba cualquiera, en plena calle y con el descaro procedente de la indolencia ajena. 

Este presidente que se lava las manos mientras medio país enfrenta deudas impagables en la aplicación de su amigo Galperín, con el pretexto de que “es un acuerdo entre privados”, como si doña Rosa y el dueño de Mercado Libre estuvieran en un plano de igualdad, anuncia con inverecunda certeza la llegada del “Reino de Dios” para resolver las vicisitudes de sus gobernados.

Lo hace desde un atril peruano en el que ha sido ataviado con una toga escafándrica, exagerado boato que proporciona una dosis extra de hilarancia a la escena, después de la cual se transporta nuevamente a la Casa Rosada para, en cadena nacional, pronunciar una estadística monstruosamente incomprobable.

Según él, la inflación histórica acumulada del país (desde la creación del Banco Central) es superior a los 12 trillones de puntos porcentuales. Y hasta citó la cifra exacta de 12.819.532.788.614.400.000 por ciento. ¿Fuente? Seguramente la misma que lo llevó a afirmar que Lula da Silva aportó 1.000 millones de dólares a la campaña de Sergio Massa en 2023. Recórcholis.

Lo realmente insólito es que Milei confía en su propia perdurabilidad. Aunque la caída de su imagen positiva rompe todos los récords por estos días, el fenómeno de desmoronamiento político del que los analistas más avezados hablan por la tele y el streaming encuentra límites en el coto de fieles seguidores cuya convicción se resume en este silogismo: “A mayor sufrimiento infligido al kukavillerismo conurbanense, mayor éxito de los supermillonarios palermitanos”.

Suena dura la dicotomía entre pequeño burgués de Recoleta y guricito descalzo de Tatané, en las periferias de la capital formoseña. Pero es verdad. La diferencia de clases nunca estuvo más descarnadamente expuesta y consentida que en estos tiempos de meritocracia libertaria, una era en la que un Presidente tiene el atrevimiento de culpar a un deudor moroso por deber cinco meses de la tarjeta con que compró comida y remedios para su familia. 

Para el jefe del Ejecutivo, el que tomó deuda a intereses usurarios lo hizo por libre voluntad. “¿Alguien le puso una pistola en la cabeza a los morosos?”, argumentó en una de las tantas entrevistas preconcebidas a las que se aviene el hermano de Karina, la arquitecta de -es lo que se comenta en los pasillos- la caída de la ley de extranjerización de tierras, una derrota que debilitó a la senadora Patricia Bullrich en el nido de serpientes que es la interna libertaria.

Esa es la batalla cultural que el actual modelo político y económico alienta: un país reducido a las prácticas extractivistas, del que se saca litio para que Elon Musk fabrique las baterías, sin fuentes de trabajo estables y con un Estado reducido al rol represivo que se observa en las marchas de protesta, donde las brigadas antidisturbios tiran balas de goma a los ojos de los manifestantes.

Sin embargo, Milei lleva las de ganar. Y no porque sus acólitos enceguecidos al nivel de los devotos de la masacre de Guyana lo acompañen hasta el fondo del infierno, sino porque su principal aliada externa ha ensayado una movida que rompe con la principal construcción opositora.

Esa aliada se llama Cristina Fernández de Kirchner. Y aunque está en su derecho de pedir la revisión de su condena (porque hay claros indicios de que la investigación que la sentenció es dudosa tanto en lo probatorio como en lo que atañe a la imparcialidad de los magistrados), activó la estrategia justo cuando el peronismo y el panperonismo intentaban hilvanar un bloque de unidad que ahora se ha disgregado.

Cristina pateó el hormiguero y Milei -sin dudas- saludó el gesto mimando a sus perros enfundado en el overol de YPF, la exitosa petrolera estatal expropiada gracias a una jugada de pizarrón que en su momento articuló el entonces ministro de Economía Axel Kicillof, hoy por hoy principal perjudicado por la media verónica cristinista.

¿Qué les queda a los argentinos desencantados? La dispersión del voto y el refugio de las provincias. Porque, por suerte, la República Argentina conserva la autonomía de los Estados provinciales preexistentes, donde los gobernadores juegan de locales y no se inmolan políticamente sino al contrario. Desdoblan calendarios electorales, sostienen servicios públicos, hacen obras y pagan sueldos.

El correntino Juan Pablo Valdés andaba ayer por Curuzú, firmando acuerdos para hacer cosas que la gente de a pie usa, toca e incorpora como propias. Casas, desagües, caminos. Lo mismo pasa en el Pirayuí, un drástico mejoramiento del cauce que permitirá enfrentar en mejores condiciones lo que -se teme- será un efecto récord de la llamada Corriente del Niño.

El Estado presente se respira en las provincias. En Corrientes en particular, aunque Valdés mantenga buen diálogo con el ministro Santilli, aunque acompañe políticas generales de la esfera nacional.

¿Alcanzan las provincias? Sin dudas que no. Son un paliativo para una situación de orfandad nacional que hasta Lionel Messi, después del épico triunfo contra Inglaterra, denunció al dedicar la victoria a “la gente que la está pasando mal en la Argentina y no puede llegar a fin de mes”.

Messi, que ayer perdió a su papá, es una síntesis del argentino que no se rinde. Porque nació y creció en el seno de una familia periférica del Gran Rosario, pero no se olvida de los suyos. Y porque desde el olimpo de las estrellas, mientras los demás futbolistas siguen de largo, él se detiene a responder preguntas a un cronista parapléjico.

El 10 de la Selección enseña a no olvidar lo importante. Quizás desde ese ejemplo tan chiquito aflore la resistencia a la deshumanización imperante. Porque al final de cuentas, los gobernantes que no se olvidan de los suyos son los que se ganan el cariño de las masas. Suena cursi, pero el verdadero cambio cultural deviene del amor.

El amor que le dio Jorge Messi a su hijo, astro del deporte mundial y referente de la resiliencia humana, es la kriptonita para el individualismo libertariano de los que ejercen el poder cooptados por la lógica del mercado. De los que (como manda la ley aprobada por el Senado el pasado jueves) pretenden desalojar en 10 días a un discapacitado que no llegó a pagar las expensas.

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