¿Quieres recibir notificaciones de alertas?

PUBLICIDAD

El Yeneral González

Sabado, 05 de septiembre de 2026 a las 23:22

n Un discurso bien diseñado, leído con solemnidad y cuyos contenidos resultan compatibles con los ideales patrióticos influye en la sociedad tanto como el perfil del estadista que lo pronuncia.

No es lo mismo que el “Yeneral González, dictador de Costa Pobre”, un buen día se vuelva serio y pronuncie un panegírico cargado de sensibilidad nacional, que el ex presidente Raúl Alfonsín haya hecho lo propio en el mejor momento de su administración.

Hay una distancia entre el recordado personaje del capocómico Alberto Olmedo y el jefe de Estado que pasó a la inmortalidad como el padre de la democracia argentina, en razón de que el segundo fue consecuente con su propia historia. Porque Alfonsín, señoras y señores, vivió como predicó.

De eso se trata cuando una encuesta indaga sobre el índice de credibilidad de una figura pública. La fama precede el emisor, que puede ser capaz de conmover, sorprender o convencer al receptor en tanto guarde una línea de conducta concordante con su propia trayectoria.

Para ir al grano: al presidente Javier Milei le pasa -salvando las distancias y con todo respeto a su investidura- lo que al “Yeneral” le hubiera sucedido si, de buenas a primeras, se le daba por aplicar una política de defensa sensata en vez de impartir su clásica orden militar de “¡Manden a los mendigos!”, cada vez que olfateaba alguna ofensiva contra su permanencia.

El mensaje sobre las medidas que adoptará el Gobierno Nacional para defender los recursos hidrocarburíferos que yacen en la plataforma submarina de las Malvinas fue bien estructurado. Tanto que si un argentino congelado en el tiempo desde 1982 a esta parte, hubiera vuelto a la vida durante la cadena nacional del jueves, las palabras pronunciadas por Milei le hubiesen despertado una irrefrenable pulsión por ir corriendo a la Plaza de Mayo para aplaudir aquel famoso “Si quieren venir que vengan”.

Pero no hay espacio para ficciones tan figurativas en esta columna paradójicamente llamada “Ficciones verdaderas”. Porque con el actual morador de Balcarce 50 la realidad supera a la imaginación de cualquiera, al punto de hace escasos días difícilmente un ciudadano nacido y criado en estas pampas hubiera esperado que el líder libertario, confeso admirador de Margareth Thatcher, se calzara la garibaldina malvinera para prometer inversiones defensivas en una futura base militar a erigirse en Tierra del Fuego.

Primero porque la base en cuestión ya estaba siendo construida y quedó paralizada cuando el propio Milei retiró el financiamiento en nombre de su mentado déficit fiscal cero. Y segundo porque la batería de medidas anunciadas en su alegato contra los poderes imperiales que vienen por el petróleo malvinense existen desde 2010, cuando la llamada “Ley Pino Solanas” dispuso sancionar a empresas transnacionales que osaran extraer recursos naturales argentinos sin consentimiento.

Se sabía desde mediados de 2025 que un consorcio británico-israelí está a un tris de clavar sus caños en los yacimientos de “Sea Lion”, en el codiciado suelo marítimo de lo que es parte inescindible del territorio argentino. Por eso la pregunta es: ¿Por qué Milei no tomó antes las decisiones enunciadas en su mensaje grabado del otro día?

¿Es porque Donald Trump se enojó con Gran Bretaña a partir de la decisión tomada por Downing Street de no aportar barcos de la Royal Navy para enfrentar a Irán en el Estrecho de Ormuz? Ese es, sin dudas, uno de los factores.

El otro lo conocemos todos: el día en que los jugadores de la Selección Nacional agitaron la sábana blanca con las inscripciones “Las Malvinas son argentinas” luego de vencer a Inglaterra en el Mundial de Estados Unidos, el entorno íntimo de Milei comprendió que había cometido un error político garrafal cuando la ministra de Seguridad adhirió a la censura de la FIFA y exhortó a la hinchada a no entrar al estadio con “el mapita de Malvinas”.

El diminutivo “mapita” dejó el desnudo que, en la escala del 1 al 10, la cuestión Malvinas para la actual administración nacional era de menos cero. Así lo entendió la masa de población que lloró de emoción durante aquella victoria histórica, comparable a la derrota infligida a los herederos del pirata Morgan por Diego Maradona y sus 10 escuderos de 1986, a sólo cuatro años de la guerra.

Todo cambió en la mirada proselitista de los cuarteles de campaña de La Libertad Avanza a partir de que Gio Lo Celso tomó el trapo embebido de sentimientos nacionales en aquella cancha norteamericana. A partir de allí, se craneó el plan para reencausar, al menos en lo gestual, la incómoda posición antipatria que había sido atribuida por no pocos votantes al Presidente.

Cuando Trump admitió que “todo está en revisión” al ser consultado sobre el histórico apoyo estadounidense a los usurpadores británicos, se les prendió la lamparita. Y surgió el texto leído con inusual decoro por un Milei desconocido, sin procacidades, ubicado en tiempos y espacios acordes con los intereses geopolíticos defendidos por la Argentina en los foros internacionales.

¿Alcanza con eso para redimir al mismo jefe de Estado que tiene entre sus filas, como principal figura de recambio, a la senadora Patricia Bullrich, autora de la triste propuesta de entregar Malvinas a cambio de vacunas Pfizer? ¿Es suficiente para perdonar al líder de un espacio político integrado por personajes como la diputada Ajmechet, autora de publicaciones según las cuales “las Falklands son de los kelpers”?

La política internacional aplicada por un titular del Ejecutivo que se dice aliado estratégico de Israel mientras, justamente, un holding de ese país se apresta a trepanar el lecho oceánico malvinense para sacar petróleo sin permiso argentino, no es un factor electoral desequilibrante. Pero ayuda en la sumatoria de elementos de análisis.

Ver y escuchar a un Presidente decir que convertirá a la Argentina en una Nación “militarmente respetable” puede ser valorado por la sociedad, pero no es suficiente en un contexto socioeconómico de retracción del consumo, con trabajadores condenados a la informalidad que pasan horas y horas en sus propios autos, motos y bicis para llevar el sustento a sus hogares. En un país serio, ese recurso de vivir el día y mañana ya veremos no califica como punto a favor de una economía saludable, tal como pretende instalarse desde la Casa Rosada.

Hablemos sin tapujos: al que está 12 horas al volante de su Fiat Cronos para juntar un millón de pesos al mes le importa un bledo Malvinas y no es para juzgarlo. Ese hombre está enfocado en sobrevivir. No obstante, la causa de las islas invadidas en 1833 por el imperio británico es, desde el principio de los tiempos, esencial para el ejercicio de los derechos soberanos de la República Argentina, dueña del archipiélago por el principio jurídico “uti possidetis iuris”. Traducido: “Tal como poseías antes, posees ahora”.

El Presidente Javier Milei jamás mencionó este argumento. Nunca lo defendió. Todo lo contrario: desde que se alineó con Estados Unidos e Israel, se dedicó a votar contra todos los países que, históricamente, apoyaron a la Argentina por la cuestión Malvinas en el Comité de Descolonización de la ONU.

Y como para muestra basta un botón, valga recordar que el Gobierno argentino compró el año pasado aviones usados F16 a Dinamarca por sugerencia de Trump. El argumento fue recobrar el poderío bélico en los cielos, pero cerremos con un dato objetivo: esas aeronaves, poderosas es cierto, carecen de autonomía para ir hasta Malvinas y volver a la Argentina continental. Como contraste, la administración isleña tiene en su base aérea de Mont Pleaseant aviones Typhoon, cazas de combate bimotores capaces de llegar a Tierra del Fuego, descargar sus misiles y regresar lo más campantes.

Por eso, al final de todo, da risa escuchar la charada de ser “militarmente respetables”. En el mundo saben que no lo somos ni lo seremos en tanto los recursos argentinos se vuelquen al pago de un inconmensurable endeudamiento externo. Posiblemente los ingleses nunca hayan escuchado hablar del “Yeneral González”, pero sí saben que -en una hipótesis de conflicto-, la orden podría ser “manden a los mendigos”.

PUBLICIDAD

MÁS LEÍDAS

PUBLICIDAD

Últimas noticias

PUBLICIDAD