Una ola de amenazas de tiroteo en escuelas encendió la alarma en Corrientes. Los casos comenzaron a fines de marzo y en la última semana fueron escalando. En total en la provincia se registraron 13 hechos en, seis en Capital y otros 7 en distintas localidades lo que derivó en intervenciones policiales y judiciales. Ante este escenario, especialistas en salud mental advierten que estas conductas no deben analizarse como hechos aislados.
La licenciada en Psicología Nelida Mercedes Rodríguez explicó a El Litoral que: “El aumento de amenazas escolar en Corrientes desde la salud mental no lo vemos como casos aislados ni meramente imitativos. Son conductas que emergen en un momento evolutivo particular que es la adolescencia donde se está construyendo la personalidad. Las amenazas funcionan muchas veces como una forma inadecuada de expresar en un contexto donde las redes sociales amplifican y viralizan estas conductas”.
“Son menores de edad, todos adolescentes”, había precisado el jefe de la Policía de Corrientes, Miguel Ángel Leguizamón, cuándo confirmó que lograron identificar a seis alumnos en Capital y siete en el interior provincial como responsables de los mensajes escritos en la pared. La preocupación fue tal que este viernes se controlaron las mochilas de los estudiantes en los establecimientos donde se registraron estas amenazas.
¿A qué se debe estas conductas?
“Desde la psicología hay múltiples factores. Por ejemplo, las dificultades en la regulación emocional, la necesidad de pertenencia, la búsqueda de reconocimiento, conflictos vinculares, bullying, alta exposición a contenidos violentos y a esto se suma un dato clave que el cerebro del adolcescente aún está en desarrollo lo que impacta directamente en la toma de decisiones”.
La especialista remarcó que no existe una única causa que explique este fenómeno. “No hay una única explicación. No podemos encerrarnos solamente en llamados de atención o conflictos emocionales o que se deben a situaciones complejas, pueden ser llamados de atención pero también es una expresión de conflicto emocional más profunda. Desde la salud mental es importante no simplificar porque cada caso requiere una lectura particular”.
En ese sentido, subrayó la importancia del entorno familiar en la contención de los adolescentes. “La familia y el entorno cercano juega un rol central. La familia es el primer espacio de regulación emocional, la calidad del vínculo, la comunicación y la supervisión especialmente en el uso de redes sociales son fundamentales. No se trata de estar de controlar de manera punitiva sino de estar presentes y disponibles”.
El impacto de estas amenazas no se limita a quienes las realizan, sino que alcanza a toda la comunidad educativa. “Estas amenazas tienen un impacto directo en la salud mental de toda la comunidad educativa. Una de las cosas que se puede leer de manera inmediata es la ansiedad, el miedo, la inseguridad, la escuela deja de percibirse como un espacio seguro”.
¿Cómo detectar estos casos a tiempo?
Además, la psicóloga detalló cuáles son las señales de alerta a tener en cuenta. “Las principales alertas que se deberían tener en cuenta son los aislamientos, los discursos violentos, los cambios bruscos en la conducta, las publicaciones alarmantes en redes, conflictos reiterados, una fuerte necesidad de llamar la atención a través de conductas disruptivas que incluyen comportamientos inapropiados, desafiantes o antisociales”.
Frente a estos casos, insistió en que las respuestas no deben centrarse únicamente en sanciones. “La sanción sola no alcanza, puede ir acompañado pero siempre debe haber un abordaje de la salud mental que permita comprender y trabajar en el origen de este comportamiento”.
También planteó la necesidad de reforzar estrategias preventivas. “La medida de prevención es fortalecer la educación emocional, generar espacios de escucha, intervenir tempranamente en situaciones de bullying y trabajar articuladamente entre familia, escuela y profesionales de salud mental. También es clave la supervisión del uso de redes”.
Finalmente, dejó una reflexión sobre cómo abordar este tipo de situaciones. “Una reflexión importante es que cuando un adolescente amenaza no solo genera alarma, está comunicando algo. Si solo sancionamos perdemos la oportunidad de intervenir, si escuchamos desde la salud mental, podemos prevenir. La adolescencia no es el problema, es el momento clave para cuidar, acompañar y construir”.
(VT)