Un estudio realizado en la Reserva Natural Municipal Santa Catalina, en la zona periurbana de Corrientes, permitió conocer con mayor detalle la composición y diversidad del bosque ribereño que crece junto al río Paraná. La investigación desarrollada por Paula Nerea Victor, estudiante de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne) dio a conocer 276 árboles pertenecientes a 49 especies y 28 familias botánicas. Entre ellas urunday, el burro ka’a y el guayaibí.
El trabajo se desarrolla en el Instituto de Botánica del Nordeste (Ibone), bajo la dirección del doctor Roberto Manuel Salas y la codirección del doctor Félix Ignacio Contreras, ambos docentes investigadores de la Facena Unne.
La Reserva Natural Municipal Santa Catalina fue creada en 2021 y cuenta con 275 hectáreas. Está ubicada en la desembocadura del Riachuelo sobre el río Paraná y posee un importante bosque ribereño, considerado clave para la conservación del ambiente.
Estos bosques cumplen funciones como proteger el suelo de la erosión, aportar materia orgánica, regular el paso del agua y los nutrientes y conectar distintos paisajes desde el punto de vista biológico.
Sin embargo, la tala y otras actividades humanas pueden modificar su composición y estructura. En el caso de Santa Catalina, además, existían antecedentes de explotación forestal, por lo que conocer el estado actual de la vegetación resulta relevante para definir estrategias de conservación.
Cómo se desarrolló la investigación
Para realizar el relevamiento, la investigadora trabajó sobre los mapas de las zonas boscosas existentes y trazó una cuadrícula de 200 por 200 metros. A partir de ella se establecieron 46 puntos de muestreo distribuidos por todo el bosque.
En cada punto se identificaron los seis árboles más cercanos que tuvieran troncos de al menos cinco centímetros de diámetro. De cada ejemplar se registró la especie, la altura y el diámetro del tronco.
El trabajo de campo demandó nueve jornadas de aproximadamente ocho horas entre mayo y octubre de 2025 y contó con la participación de cinco colaboradores. El acceso al terreno presentó dificultades debido a la vegetación densa y las características del suelo.
Mayor cantidad de ejemplares detectados
En total, se registraron 276 árboles pertenecientes a 49 especies y 28 familias botánicas. Entre las familias con mayor cantidad de especies se encontraron Fabaceae, Myrtaceae, Moraceae y Anacardiaceae.
Las especies con mayor cantidad de ejemplares fueron el urunday, el burro ka’a y el guayaibí, seguidas por el ñangapirí, el horquetero y una especie del género Zanthoxylum.
Uno de los datos que llamó la atención fue que la riqueza de especies encontrada resulta comparable con la de algunos bosques relativamente conservados de Brasil y Paraguay.
El muestreo permitió recuperar el 73% de las especies leñosas que ya habían sido documentadas previamente para la reserva. También se registró entre el 54% y el 93% de las especies relevadas en estudios provinciales de mayor superficie.
La investigación también analizó cómo se distribuyen los árboles según el grosor de sus troncos. En este aspecto, predominaron los ejemplares de menor diámetro, una característica asociada a bosques donde la regeneración se mantiene activa.
En otras palabras, la presencia de numerosos árboles jóvenes indica que el bosque conserva capacidad de recuperación, pese a las intervenciones que sufrió en el pasado.
Al mismo tiempo, el estudio detectó señales de esas antiguas intervenciones. El 65% de los árboles se ubicó en el estrato medio y el 19% en el estrato bajo, mientras que hubo pocos ejemplares en los estratos de mayor altura.
Según la investigación, esta menor presencia de árboles altos podría estar relacionada con cortes selectivos ocurridos en el pasado, que habrían afectado principalmente a los ejemplares de mayor porte.
Entre los árboles que más aportaron al diámetro total del bosque estuvieron el guayaibí y el urunday, dos especies cuyas maderas tienen valor comercial, un dato especialmente relevante teniendo en cuenta el historial de extracción forestal del lugar.
Los resultados obtenidos permiten contar con una descripción más precisa de la vegetación de Santa Catalina y complementar los mapas existentes con información sobre la composición y estructura del bosque.
Además, el método utilizado demostró ser una alternativa eficiente para realizar futuros relevamientos en este tipo de ambientes.
Desde la investigación destacan que estos datos pueden convertirse en una herramienta para diseñar políticas de manejo y planes de conservación adecuados a las características de la reserva.
Con información de Unne Medios