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El Milagro de la Cruz

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Por Gustavo Sorg
Especial para El Litoral de Corrientes


La Cruz del Milagro es el símbolo mas antiguo de nuestra ciudad, representa el esfuerzo de los primeros pobladores, que con el favor de Dios, siguieron adelante en las condiciones más adversas y pudieron concretar su anhelo de fundar una nueva ciudad en el paraje de las Siete Corrientes, la Ciudad de Vera.

A los largo de los siglos, los historiadores han procurado descubrir cada uno de los detalles que rodearon a este episodio, necesitaban comprobar su existencia real, saber de los pormenores de este milagroso suceso, mas la Divina Providencia de Dios quiso que su obra sea venerada por la fe y testimonio de los que la transmitieron de generación en generación. Es así que los documentos mas antiguos se perdieron, o simplemente nunca existieron porque no era necesario plasmar en un papel lo que era indiscutible para todos los que lo presenciaron y para todos los que escucharon hablar del Milagro de la Cruz. Y así es que con el correr del tiempo la Cruz de urunday permaneció incorrupta, como un fiel testimonio de su existencia, venerada y admirada por todas las generaciones que nos precedieron.

De los escasos documentos que a este suceso se refieren directa o indirectamente, podemos afirmar que el Milagro de la Cruz sucedió algunos días antes de la fundación de nuestra ciudad, precisamente cuando se estaban realizando las exploraciones y adecuando el terreno para el asentamiento de la nueva ciudad, empresa que estaba a cargo de Alonso de Vera y Aragón, el Tupí, nuestro primer Teniente de Gobernador y ‘padre de esta población‘ como unánimemente expresaron los primeros pobladores.

Gracias a los testimonios que recogió el capitán de fragata Juan Francisco de Aguirre entre los años 1784 y 1796, que dedicó su tiempo al conocimiento pormenorizado de la historia y se consustanció con la región y su gente, podemos hoy saber algunos detalles interesantes de este suceso milagroso. El conocimiento adquirido quedó plasmado en su Diario y en su Discurso Histórico sobre el Paraguay que hoy se conserva manuscrito de su puño y letra en la Real Academia de la Historia de España.

El nos refiere, que según los documentos, el día 24 de marzo partieron 36 hombres de infantería con el fin de ofrecer la paz a naturales comarcanos, quienes se habían aliado en número de 50 parcialidades para arruinar la nueva población. Los españoles luego que los avistaron, tuvieron que fortificarse con ramas, que cortaron con sus espadas, y se atrincheraron en un sitio barrancoso, donde no obstante hubieran perecido a no ser por la visible protección del Cielo. Quiso la casualidad que los españoles eligieron para su defensa un lugar cercano a una cruz que levantaron los soldados de don Pedro de Mendoza en sus primeras navegaciones. Los atacaron en él los indios y sucedió la maravilla de que contra ellos mismos retrocedían sus flechas. Interpretaron los naturales que la cruz era la que retrocedía las flechas y quisieron reducirla en cenizas, pero lo intentaban vanamente, porque siempre salía ilesa del fuego. Al amanecer del día 27 volvieron los naturales en intento de reducir en cenizas la cruz, pero fue entonces que se retumbó un horroroso estruendo y sucedió la muerte de tres indios que atizaban el fuego, asombrando a todos los infieles. Huyeron los más, y los restantes, confesando ser el verdadero Dios el de los españoles, se entregaron a su fe y reducción. Los caciques Cuarací, Mboiratí, Guarí y Mondirayú fueron los que tuvieron con sus parcialidades tan singular impulso.

Desde ese momento los españoles no dudaron en confesar que debieron la conquista al Milagro de la Santa Cruz, pues además del cerco de los enemigos, estuvieron sin probar alimentos desde la tarde del día 24 hasta la mañana del día 27, en cuyo tiempo sólo tenían entre todos 3 libras de pólvora. Y fue así que en acción de gracias, los pobladores hicieron a la Cruz una capilla y desde ese momento comenzaron a celebrar anualmente su triunfo en víspera de Ramos.


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El Milagro de la Cruz

Por Gustavo Sorg
Especial para El Litoral de Corrientes


La Cruz del Milagro es el símbolo mas antiguo de nuestra ciudad, representa el esfuerzo de los primeros pobladores, que con el favor de Dios, siguieron adelante en las condiciones más adversas y pudieron concretar su anhelo de fundar una nueva ciudad en el paraje de las Siete Corrientes, la Ciudad de Vera.

A los largo de los siglos, los historiadores han procurado descubrir cada uno de los detalles que rodearon a este episodio, necesitaban comprobar su existencia real, saber de los pormenores de este milagroso suceso, mas la Divina Providencia de Dios quiso que su obra sea venerada por la fe y testimonio de los que la transmitieron de generación en generación. Es así que los documentos mas antiguos se perdieron, o simplemente nunca existieron porque no era necesario plasmar en un papel lo que era indiscutible para todos los que lo presenciaron y para todos los que escucharon hablar del Milagro de la Cruz. Y así es que con el correr del tiempo la Cruz de urunday permaneció incorrupta, como un fiel testimonio de su existencia, venerada y admirada por todas las generaciones que nos precedieron.

De los escasos documentos que a este suceso se refieren directa o indirectamente, podemos afirmar que el Milagro de la Cruz sucedió algunos días antes de la fundación de nuestra ciudad, precisamente cuando se estaban realizando las exploraciones y adecuando el terreno para el asentamiento de la nueva ciudad, empresa que estaba a cargo de Alonso de Vera y Aragón, el Tupí, nuestro primer Teniente de Gobernador y ‘padre de esta población‘ como unánimemente expresaron los primeros pobladores.

Gracias a los testimonios que recogió el capitán de fragata Juan Francisco de Aguirre entre los años 1784 y 1796, que dedicó su tiempo al conocimiento pormenorizado de la historia y se consustanció con la región y su gente, podemos hoy saber algunos detalles interesantes de este suceso milagroso. El conocimiento adquirido quedó plasmado en su Diario y en su Discurso Histórico sobre el Paraguay que hoy se conserva manuscrito de su puño y letra en la Real Academia de la Historia de España.

El nos refiere, que según los documentos, el día 24 de marzo partieron 36 hombres de infantería con el fin de ofrecer la paz a naturales comarcanos, quienes se habían aliado en número de 50 parcialidades para arruinar la nueva población. Los españoles luego que los avistaron, tuvieron que fortificarse con ramas, que cortaron con sus espadas, y se atrincheraron en un sitio barrancoso, donde no obstante hubieran perecido a no ser por la visible protección del Cielo. Quiso la casualidad que los españoles eligieron para su defensa un lugar cercano a una cruz que levantaron los soldados de don Pedro de Mendoza en sus primeras navegaciones. Los atacaron en él los indios y sucedió la maravilla de que contra ellos mismos retrocedían sus flechas. Interpretaron los naturales que la cruz era la que retrocedía las flechas y quisieron reducirla en cenizas, pero lo intentaban vanamente, porque siempre salía ilesa del fuego. Al amanecer del día 27 volvieron los naturales en intento de reducir en cenizas la cruz, pero fue entonces que se retumbó un horroroso estruendo y sucedió la muerte de tres indios que atizaban el fuego, asombrando a todos los infieles. Huyeron los más, y los restantes, confesando ser el verdadero Dios el de los españoles, se entregaron a su fe y reducción. Los caciques Cuarací, Mboiratí, Guarí y Mondirayú fueron los que tuvieron con sus parcialidades tan singular impulso.

Desde ese momento los españoles no dudaron en confesar que debieron la conquista al Milagro de la Santa Cruz, pues además del cerco de los enemigos, estuvieron sin probar alimentos desde la tarde del día 24 hasta la mañana del día 27, en cuyo tiempo sólo tenían entre todos 3 libras de pólvora. Y fue así que en acción de gracias, los pobladores hicieron a la Cruz una capilla y desde ese momento comenzaron a celebrar anualmente su triunfo en víspera de Ramos.