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El rol de los papás, un vínculo que se construye

Muchas veces las mamás sienten agobio y enojo frente al desigual rol del padre. Es que ellos, luego del nacimiento de un hijo, no “pierden” su individualidad. Ellos tienen que ir construyendo el vínculo con su descendencia. 

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Por Lic. Camila Ontiveros Todone
camilaontiveros@hotmail.com

A lo largo de mi experiencia en la maternidad y en la profesión he escuchado muchas veces, sobre todos en las madres recientes, que sienten cierto agobio y a veces enojo frente a la desigualdad, en cuanto a las ocupaciones del bebé recién nacido y de los hijos en general, en relación al padre de los niños.
Lo cierto es que nos enojamos con ellos por que parecieran tener menos responsabilidades en relación al hijo. Nuestra vida ha cambiado por completo. Ya no tenemos salidas con amigas, nuestro cuerpo ha cambiado y ya no disponemos de nuestro tiempo como antes. Y quisiéramos que las cosas sean iguales para ambos. El hombre–padre parece no haber experimentado cambios profundos. Su vida sigue siendo igual, en líneas generales. Suponemos que si la pasamos mal en la función de maternar, nos parece justo que alguien más asuma una cuota de malestar.

Presentes
El padre es una figura central para el desarrollo físico y emocional de un niño o niña. Eso es indiscutible. Un papá presente y cercano a la crianza de sus hijos es necesario en dos dimensiones. La primera tiene que ver con su relación directa con el hijo o hija. Cuando el padre participa en los controles prenatales, puede mirar el desarrollo de su hijo en las ecografías o escuchar su corazón, tiene más posibilidades de ir desarrollando una relación afectiva con él desde antes de que nazca. Esta relación que para las madres es tan obvia porque sienten los cambios en su cuerpo y el movimiento del niño dentro de ellas, para el hombre no lo es. Su experiencia del embarazo es a través de lo que vive la mujer, y por lo tanto toda experiencia “directa” con el hijo le va haciendo más real su presencia en su vida.
Pero hay otra importancia de la presencia del padre en la crianza, que es un aporte indirecto hacia el niño: es su apoyo hacia la mamá gestante o que ha tenido recién a su bebé. En la primera etapa del nacimiento de un hijo cuando una mujer se siente querida, cuidada, y acompañada puede estar en mejor disposición para la lactancia y el cuidado del hijo que resultan tareas a veces muy cansadoras.

Cuidado y contención
La función masculina debería estar desplegada en dos aspectos. Por un lado, desde los cero meses hasta los dos años, el padre debe ejercer el rol de sostén; esto es  la protección hacia la madre, para que ella a su vez pueda proteger al hijo. Se trata de los cuidados y contención que ejerce el papá hacia la mamá, para que ella pueda cumplir su rol de madre.
¿Y al padre quien lo sostiene? “El hombre está sostenido por su propia estructura emocional que no fue devastada por el volcán interior después del parto”, nos dice Laura Gutman, terapeuta especialista en Crianza. El padre conserva sus propios tiempos, su trabajo, su posición social y ritmo cotidiano que no se ha alterado sustancialmente como el de la madre.
Por otro lado la función masculina como padre, después de los 2 años, actúa de separador emocional. Es el momento donde el niño o niña empieza a percibirse como un ser separado de su madre. La madre empieza a separarse físicamente  y emocionalmente del niño, y también a reconectarse con esa mujer que era antes de ser mamá. Esto implica que el hombre también recupera a su mujer. El niño no la necesita constantemente y deja disponible a la madre para recuperar una porción de su vida normal. Este periodo se caracteriza por ser una vuelta “a la normalidad” en la pareja.  Los padres de este modo retoman un vínculo reciproco de sostén en la crianza del hijo.
Este tiempo también coincide con el tiempo en que los niños empiezan a hablar entonces pueden relacionarse con sus papis más directamente, compartir salidas, pequeñas charlas; ya sin tanta mediación de las madres.



Escenarios diversos

¿Y las mamás que crían solas a sus hijos?
Hay que comprender como funcionamos hombres y mujeres en relación al hijo. Las madres, llevamos a nuestros hijos en nuestro vientre y los amamos por sobre todas las cosas. Es algo innato, instintivo.  Los varones, en cambio, construyen su amor por los hijos, a través del amor hacia la mujer. Esto significa que se relaciona con los hijos a través de ella. Si ese puente no existe, al varón se le hace muy difícil construir ese vínculo con sus hijos pequeños (esto cambia en la adolescencia).  El hombre que no convive con la madre de los hijos puede construir ese vínculo en la medida que una mujer oficie de puente, puede ser su propia madre, una pareja posterior, alguien que ocupe ese rol de facilitar el encuentro entre padre e hijo.
También es importante diferenciar el deseo de tener una relación amorosa y de pareja, con el padre del hijo y el deseo de que ese hombre se ocupe de ser padre de ese hijo en común. Lo cierto es que no es posible retener a un hombre con un hijo. Lo prioritario debe ser el niño y que ese niñito cuente con la presencia de su papá; lo ideal por tanto es permitir generosamente ese encuentro que implica a veces aceptar que ese hombre reorganice su vida  con otra mujer en lugar de pelear y entorpecer esas relaciones.

¿Qué pasa si soy yo la segunda mujer?
Como nueva pareja de ese hombre tenemos que poder mirar al hombre con todo lo que viene con él. Ese hijo de esa relación anterior, vino a su vida antes que nosotras. Por ello es saludable para todos poder incluir a este hijo o hija y facilitar ese vínculo desde este lugar que no es el de su madre sino como la mujer del padre. También es necesario que esa mujer respete y no desvalorice a la madre del niño. Los niños son mitad mamá y mitad papá; sienten una lealtad inconsciente hacia sus padres; y si  constantemente se está criticando a su mamá, por más que él no lo escuche, sentirán que esa mujer no es confiable para ellos.
Lo saludable es intervenir desde un lugar solidario para los niños. Si la mujer del padre se acerca a los niños, los comprende, pone palabras a las situaciones conflictivas y busca mediar cuando hay desacuerdos, las cosas serán  más sencillas para todos.
 

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El rol de los papás, un vínculo que se construye

Muchas veces las mamás sienten agobio y enojo frente al desigual rol del padre. Es que ellos, luego del nacimiento de un hijo, no “pierden” su individualidad. Ellos tienen que ir construyendo el vínculo con su descendencia. 

Por Lic. Camila Ontiveros Todone
camilaontiveros@hotmail.com

A lo largo de mi experiencia en la maternidad y en la profesión he escuchado muchas veces, sobre todos en las madres recientes, que sienten cierto agobio y a veces enojo frente a la desigualdad, en cuanto a las ocupaciones del bebé recién nacido y de los hijos en general, en relación al padre de los niños.
Lo cierto es que nos enojamos con ellos por que parecieran tener menos responsabilidades en relación al hijo. Nuestra vida ha cambiado por completo. Ya no tenemos salidas con amigas, nuestro cuerpo ha cambiado y ya no disponemos de nuestro tiempo como antes. Y quisiéramos que las cosas sean iguales para ambos. El hombre–padre parece no haber experimentado cambios profundos. Su vida sigue siendo igual, en líneas generales. Suponemos que si la pasamos mal en la función de maternar, nos parece justo que alguien más asuma una cuota de malestar.

Presentes
El padre es una figura central para el desarrollo físico y emocional de un niño o niña. Eso es indiscutible. Un papá presente y cercano a la crianza de sus hijos es necesario en dos dimensiones. La primera tiene que ver con su relación directa con el hijo o hija. Cuando el padre participa en los controles prenatales, puede mirar el desarrollo de su hijo en las ecografías o escuchar su corazón, tiene más posibilidades de ir desarrollando una relación afectiva con él desde antes de que nazca. Esta relación que para las madres es tan obvia porque sienten los cambios en su cuerpo y el movimiento del niño dentro de ellas, para el hombre no lo es. Su experiencia del embarazo es a través de lo que vive la mujer, y por lo tanto toda experiencia “directa” con el hijo le va haciendo más real su presencia en su vida.
Pero hay otra importancia de la presencia del padre en la crianza, que es un aporte indirecto hacia el niño: es su apoyo hacia la mamá gestante o que ha tenido recién a su bebé. En la primera etapa del nacimiento de un hijo cuando una mujer se siente querida, cuidada, y acompañada puede estar en mejor disposición para la lactancia y el cuidado del hijo que resultan tareas a veces muy cansadoras.

Cuidado y contención
La función masculina debería estar desplegada en dos aspectos. Por un lado, desde los cero meses hasta los dos años, el padre debe ejercer el rol de sostén; esto es  la protección hacia la madre, para que ella a su vez pueda proteger al hijo. Se trata de los cuidados y contención que ejerce el papá hacia la mamá, para que ella pueda cumplir su rol de madre.
¿Y al padre quien lo sostiene? “El hombre está sostenido por su propia estructura emocional que no fue devastada por el volcán interior después del parto”, nos dice Laura Gutman, terapeuta especialista en Crianza. El padre conserva sus propios tiempos, su trabajo, su posición social y ritmo cotidiano que no se ha alterado sustancialmente como el de la madre.
Por otro lado la función masculina como padre, después de los 2 años, actúa de separador emocional. Es el momento donde el niño o niña empieza a percibirse como un ser separado de su madre. La madre empieza a separarse físicamente  y emocionalmente del niño, y también a reconectarse con esa mujer que era antes de ser mamá. Esto implica que el hombre también recupera a su mujer. El niño no la necesita constantemente y deja disponible a la madre para recuperar una porción de su vida normal. Este periodo se caracteriza por ser una vuelta “a la normalidad” en la pareja.  Los padres de este modo retoman un vínculo reciproco de sostén en la crianza del hijo.
Este tiempo también coincide con el tiempo en que los niños empiezan a hablar entonces pueden relacionarse con sus papis más directamente, compartir salidas, pequeñas charlas; ya sin tanta mediación de las madres.



Escenarios diversos

¿Y las mamás que crían solas a sus hijos?
Hay que comprender como funcionamos hombres y mujeres en relación al hijo. Las madres, llevamos a nuestros hijos en nuestro vientre y los amamos por sobre todas las cosas. Es algo innato, instintivo.  Los varones, en cambio, construyen su amor por los hijos, a través del amor hacia la mujer. Esto significa que se relaciona con los hijos a través de ella. Si ese puente no existe, al varón se le hace muy difícil construir ese vínculo con sus hijos pequeños (esto cambia en la adolescencia).  El hombre que no convive con la madre de los hijos puede construir ese vínculo en la medida que una mujer oficie de puente, puede ser su propia madre, una pareja posterior, alguien que ocupe ese rol de facilitar el encuentro entre padre e hijo.
También es importante diferenciar el deseo de tener una relación amorosa y de pareja, con el padre del hijo y el deseo de que ese hombre se ocupe de ser padre de ese hijo en común. Lo cierto es que no es posible retener a un hombre con un hijo. Lo prioritario debe ser el niño y que ese niñito cuente con la presencia de su papá; lo ideal por tanto es permitir generosamente ese encuentro que implica a veces aceptar que ese hombre reorganice su vida  con otra mujer en lugar de pelear y entorpecer esas relaciones.

¿Qué pasa si soy yo la segunda mujer?
Como nueva pareja de ese hombre tenemos que poder mirar al hombre con todo lo que viene con él. Ese hijo de esa relación anterior, vino a su vida antes que nosotras. Por ello es saludable para todos poder incluir a este hijo o hija y facilitar ese vínculo desde este lugar que no es el de su madre sino como la mujer del padre. También es necesario que esa mujer respete y no desvalorice a la madre del niño. Los niños son mitad mamá y mitad papá; sienten una lealtad inconsciente hacia sus padres; y si  constantemente se está criticando a su mamá, por más que él no lo escuche, sentirán que esa mujer no es confiable para ellos.
Lo saludable es intervenir desde un lugar solidario para los niños. Si la mujer del padre se acerca a los niños, los comprende, pone palabras a las situaciones conflictivas y busca mediar cuando hay desacuerdos, las cosas serán  más sencillas para todos.