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25 de mayo son los de ahora

Por Jorge Eduardo Simonetti
Para El Litoral
FESTEJOS PATRIOS
Por ese irresistible deseo del populismo de vestirse con los trajes heroicos del pasado, mimetizando los dramas del presente con las glorias pretéritas, el Gobierno festejó el 204° aniversario de la Revolución de Mayo con una gran fiesta. Cornelio Saavedra parecía hablar por boca de Cristina, y el camporista José Ottavis, vestido de gaucho, traía a la celebración toda la fuerza y el coraje de la pampa argentina.
Pero las diferencias entre aquel día lluvioso en que nació la patria y este 2014, no sólo estaban en los 204 años transcurridos. Ausentes French y Berutti repartiendo escarapelas, los reemplazaba la agrupación “Vatayón Militante” vendiendo remeras con la imagen de Néstor y Cristina junto a Hugo Chávez. La alegría de los más pequeños no respondía a los misterios de ese 1810, sino a la posibilidad de sacarse una foto con Samba, el personaje principal de Pakapaka, junto a un muñeco gigante del General San Martín. Las negras vendiendo empanadas y pastelitos se perdieron en la bruma del tiempo y quedó “Cocineros Argentinos”, de la TV pública, repartiendo churros gratis.
En lugar del grupo de la jabonería de Vieytes, que entregaba una hoja que rezaba “Libertad, libertad”, “Unidos y Organizados” repartía una publicación gratuita donde podía leerse una entrevista a Máximo Kirchner, una columna del camporista Juan Cabandié (el mismo que maltrató a la inspectora de tránsito) titulada “La victoria del amor” y un espacio para el divertimento con un “Sudoku militante” (pensar que lo criticaban a Amado por jugarlo en el Senado).
Obvio que hubo merchandising: mucho más organizados que en 1810 y con mayor capital, no faltaron llaveros con la cara de la Presidenta, cuadros de Cristina y Néstor abrazados, escarapelas (¿por qué no?), remeras con el rostro estampado de Hugo Chávez, Maradona y hasta Samba.
La Primera Junta, en aquellos tiempos, no tenía fondos para montar una fenomenal fiesta y traer a los artistas para que bailaran el “pericón” o cantaran una canción de época para entretener a los asistentes, que sin embargo no se movían refugiados en sus paraguas en medio de una lluvia inclemente. 204 años después corren otros aires, decenas de “artistas populares”, debidamente financiados con el dinero público, pusieron su sacrificio para entretener a la concurrencia militante que hacía patria en la Plaza de Mayo.
¿Quiénes estaban frente al cabildo en 1810 y quiénes estuvieron en este 2014? Al grito de “el pueblo quiere saber de qué se trata”, los criollos partidarios de la independencia de la corona española poblaban el lugar en ese día lejano. Hoy, al grito de “Cristina, Cristina”, el pueblo kirchnerista, y en él algunos militantes del puesto y del subsidio, era el protagonista de la gesta festiva.
Cristina, exultante, se prestaba a decir su discurso en un día muy especial, en el que, por mixturas del destino (o no tanto), se celebraban conjuntamente dos actos trascendentes para la vida nacional: el primer grito de libertad del pueblo argentino y la asunción a la presidencia de Néstor Kirchner en 2003. La primera magistrada resaltó la coincidencia con énfasis, “para seguir cambiando ese destino que algunos nos quisieron imponer y que empezamos a torcer ese 25 de mayo del 2003, como también lo habíamos hecho un 25 de mayo de 1810”. Lo “hicimos” (¿?) hace 204 años, lo hacemos también ahora. Igualito.
Mientras se imaginaba en la sala capitular del Cabildo, presidiendo esa sesión histórica de 1810, desde el atril del palco agitando el puño cerrado, Cristina nos “convocaba a la unidad nacional”, pero no a cualquier unidad nacional, sino a aquella bajo los términos de ella, “para no volver atrás”, se justificaba.
Ensayando una cándida sonrisa, aprovechaba la ocasión para apelar al amor, “es mentiroso el que dice que ama a Dios y odia a su prójimo”, dijo en una emulación casi perfecta de Luis D’Elía en un programa de TV.
“Algunos quieren sembrar cizaña”, acusó levantando el dedo, aunque aclaró que para ello “no cuenten conmigo”, porque ella seguiría trabajando con “sus” ideas y “sus” convicciones, y el que no coincida, ¡bueh!
Tan entusiasmada estaba, que no le bastó comparar a su extinto marido con los próceres de entonces. Casi en éxtasis, en el momento decidió “ir por todo”, e “ir por todo” significaba equiparar la gestión del gobierno kirchnerista con la actitud de Jesucristo de “lavar los pies” a sus discípulos: “Eso es lo que nosotros hemos hecho en estos años”, dijo jugándose el resto y sin ponerse colorada. Al autor se le ocurre que pudo haber pensado: si el Papa es argentino, ¿por qué Jesús no puede estar en la Rosada? No importa si el tradicional tedeum en la Catedral metropolitana húbose trasladado a otras partes durante el tiempo en que Francisco era Jorge Bergoglio, ahora el Gobierno es más papista que el Papa.
Las épocas cambian y también los festejos, ¿por qué no? En los primeros 20 años de democracia fueron una cosa; hoy son otra distinta. El pueblo argentino sin distinción de banderías fue reemplazado por la militancia, el discurso presidencial con alegorías patrióticas fue trocado por la autorreferencial comparación de la historia con el presente, la recordación de los próceres del natalicio de la patria fue “enriquecida” con la memoria y el homenaje al nuevo prócer, las canciones cívicas cedieron su lugar a la multiplicidad musical del “canto popular” pago; el resto completa el paisaje.
La propia Cristina se encargó de resaltar la diferencia, comentando un diálogo que mantuvo: “Vos te acordás que se hayan festejado los 25 de mayo y los 9 de julio y las fiestas patrias como las festejamos desde que estamos en el gobierno?”. “Y no, había un desfile militar, y algo más y nada más”. Cuánta razón tiene.
Mientras observaba los festejos mirando la tele y mi imaginación volaba haciendo comparaciones, alguien me sacó de mis cavilaciones y volví a la realidad. Volví a esta Argentina de hoy, en la que se habla de paz y amor con el puño cerrado y la mirada torva, en la que se pregona la unidad bajo “mis” condiciones, en la que se festejan los acontecimientos cívicos con el sector amigo del pueblo argentino. Y me pregunté: ¿cómo se puede obtener calma si se siembran vientos? Lo más probable es que se cosechen tempestades.
Para muchos, 25 de mayo eran los de antes. Para el Gobierno argentino son los de ahora. Cada cual elige.

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