¿Hay relación entre la hipertensión y el invierno?
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¿Hay relación entre la hipertensión y el invierno?

Expertos señalan que esta afección incrementa los riesgos de sufrir un ataque e insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular e incluso incide seriamente en otros órganos.

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Las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) establecen que las enfermedades cardíacas constituyen la primera causa de mortalidad en el mundo. Frente a este dato, la hipertensión arterial (HTA), cobra un foco importante de atención. Y aún más con la llegada del invierno, según especialistas.
Esta afección incrementa los riesgos de sufrir un ataque e insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular e incluso incide seriamente en otros órganos. La presión arterial suele incrementarse durante la época más fría del año, afectando particularmente a los adultos mayores.

Cambios estacionales
El doctor Pablo Rodríguez, miembro de la Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA) explicó que los cambios estacionales de la presión arterial se conocen desde hace varios años.
"En el verano -o ante temperaturas ambientales elevadas- la presión suele bajar, mientras que en invierno tiende a aumentar. En ambos casos los cambios son discretos o mínimos, principalmente en los pacientes considerados individualmente. En promedio, la presión en invierno puede incrementarse hasta 10 mmHg (para la presión sistólica o máxima), y hasta 5 mmHg (para la presión diastólica o mínima). A modo de ejemplo, si su presión habitual es de 120/80 mmHg (12/8), en épocas de bajas temperaturas puede llegar hasta 130/85 mmHg (13/8,5)", afirmó Rodríguez.
Estos cambios estacionales, explica el experto, son más notables en niños y ancianos, aunque las implicancias clínicas son más relevantes en estos últimos, particularmente entre los mayores de 80 años.
"Por ejemplo un estudio efectuado en Francia indicó que las tasas de lecturas de presión arterial alta aumentaron de 23,8% en verano a 33,4% en invierno. Según los investigadores, este hallazgo podría ayudar a explicar las variaciones estacionales de la enfermedad y la muerte por accidente cerebrovascular, rotura de vasos sanguíneos o aneurisma", comentó el especialista.
La mayoría de los médicos coincide en afirmar que la causa principal del incremento de la presión arterial en invierno sería la vasoconstricción por las bajas temperaturas. "Los ancianos ya tienen arterias menos elásticas per se, por lo que el impacto de la vasoconstricción en esta población sería mayor. Por otra parte, un estudio realizado en Sudáfrica indicó que el aumento de la presión arterial en invierno sería superior en poblaciones de menor nivel socioeconómico", dijo Rodríguez.

Riesgo cardiovascular
Hasta la fecha no existen investigaciones suficientes que evalúen el impacto del aumento de la presión arterial en invierno sobre el riesgo cardiovascular. Sin embargo, un estudio realizado con población china evidenció que la mortalidad de origen cardiovascular se incrementa en virtud de este cambio de la presión arterial por descenso de la temperatura en invierno. En tanto, en la Argentina no existen datos de este tipo.
"En nuestro país no hay un concepto arraigado del riesgo que podría acarrear la relación hipertensión / bajas temperaturas. Si bien los cambios de la presión arterial que se observan generalmente no requieren ajustes del tratamiento habitual, se debe recomendar a los pacientes hipertensos que se realicen controles tensionales al iniciar el período invernal y durante el mismo", precisó el especialista.
Y agregó: "En casos de verificar un aumento de la presión arterial en relación a los valores habituales -y principalmente si la presión arterial supera los límites de 140/90 mmHg (14/9)- se recomienda consultar al médico. Considerando que la hipertensión arterial es una enfermedad silenciosa, no deben esperarse síntomas específicos vinculados al aumento tensional".
Por otro lado, la temporada invernal se asocia generalmente a la ingesta de comidas con mayor contenido calórico, y a una disminución de la actividad física. Aun cuando el efecto de estas modificaciones sobre el riesgo cardiovascular es desconocido, mantener una alimentación saludable y realizar actividad física son medidas fundamentales para la salud de los pacientes, y no deberían ser interrumpidas por los cambios de estación.
Las bajas temperaturas activan el sistema simpático nervioso y aumentan la secreción de la catecolamina, una hormona responsable del incremento de la frecuencia cardiaca y por tanto, del gasto cardiaco. Esto provoca un cambio en la composición sanguínea, aumentando la presión arterial, el colesterol y el fibrinógeno en sangre, una proteína responsable de la formación de coágulos. El Dr. Alejandro Berenguel Senén, miembro de la Fundación Española del Corazón (FEC) y vocal de la Sección de Riesgo Vascular y Rehabilitación Cardiaca de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) afirma que, "el incremento de la presión arterial y el colesterol, junto con una vasoconstricción de las arterias coronarias y de los vasos del cerebro provocada por el frío, puede desencadenar un infarto o ictus, dependiendo de la zona obstruida".

DESTACADO
"En nuestro país no hay un concepto arraigado del riesgo que podría acarrear la relación hipertensión con las bajas temperaturas”.

RECUADRITO

ESTILO DE VIDA

El aumento de los factores de riesgo provocados por el frío se ve acentuado por un cambio en los estilos de vida durante la época invernal, como la falta de cualquier tipo de actividad física y el aumento de grasas en la alimentación. 
La ingesta de alimentos ricos en grasas saturadas provoca que se acumule una mayor cantidad de sangre en el estómago durante la digestión. Esto conlleva una reducción del riego sanguíneo en otras partes vitales del organismo, como el corazón o el cerebro, lo que aumenta el riesgo de padecer una angina de pecho o un infarto, especialmente las personas que presentan unos elevados niveles de colesterol y que ya han padecido o padecen una enfermedad cardiovascular. 
Pero no sólo una alimentación más calórica puede afectar al corazón, además del clima frío, un cambio repentino en los patrones climáticos, por ejemplo, una tormenta o entrar y salir de habitaciones calefaccionadas, puede afectar la presión arterial.

RECUADRO

Consejos para personas con afecciones cardíacas:

- Evitar salir a la calle sin abrigarse adecuadamente, ya que el frío puede desencadenar los síntomas cardíacos. En este sentido, es importante usar la ropa adecuada al clima y la actividad que se realice.
- Limitar los esfuerzos físicos en las horas en que las temperaturas son más bajas: amanecer y anochecer.
- Conviene usar gorro, pues la parte del cuerpo por donde se pierde más calor es la cabeza.
- Utilizar botas impermeables.
- Evitar salir de casa los días de frío extremo o mucho viento.
- El alcohol no aumenta la temperatura corporal.
- La nicotina contenida en el tabaco facilita los espasmos cardíacos.
- Vacunarse contra la gripe.
- Seguir una dieta adecuada, tanto si la persona ya sufre una patología como hipertensión o diabetes como si se trata de alguien sin patología cardiovascular conocida.

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¿Hay relación entre la hipertensión y el invierno?

Expertos señalan que esta afección incrementa los riesgos de sufrir un ataque e insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular e incluso incide seriamente en otros órganos.

Las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) establecen que las enfermedades cardíacas constituyen la primera causa de mortalidad en el mundo. Frente a este dato, la hipertensión arterial (HTA), cobra un foco importante de atención. Y aún más con la llegada del invierno, según especialistas.
Esta afección incrementa los riesgos de sufrir un ataque e insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular e incluso incide seriamente en otros órganos. La presión arterial suele incrementarse durante la época más fría del año, afectando particularmente a los adultos mayores.

Cambios estacionales
El doctor Pablo Rodríguez, miembro de la Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA) explicó que los cambios estacionales de la presión arterial se conocen desde hace varios años.
"En el verano -o ante temperaturas ambientales elevadas- la presión suele bajar, mientras que en invierno tiende a aumentar. En ambos casos los cambios son discretos o mínimos, principalmente en los pacientes considerados individualmente. En promedio, la presión en invierno puede incrementarse hasta 10 mmHg (para la presión sistólica o máxima), y hasta 5 mmHg (para la presión diastólica o mínima). A modo de ejemplo, si su presión habitual es de 120/80 mmHg (12/8), en épocas de bajas temperaturas puede llegar hasta 130/85 mmHg (13/8,5)", afirmó Rodríguez.
Estos cambios estacionales, explica el experto, son más notables en niños y ancianos, aunque las implicancias clínicas son más relevantes en estos últimos, particularmente entre los mayores de 80 años.
"Por ejemplo un estudio efectuado en Francia indicó que las tasas de lecturas de presión arterial alta aumentaron de 23,8% en verano a 33,4% en invierno. Según los investigadores, este hallazgo podría ayudar a explicar las variaciones estacionales de la enfermedad y la muerte por accidente cerebrovascular, rotura de vasos sanguíneos o aneurisma", comentó el especialista.
La mayoría de los médicos coincide en afirmar que la causa principal del incremento de la presión arterial en invierno sería la vasoconstricción por las bajas temperaturas. "Los ancianos ya tienen arterias menos elásticas per se, por lo que el impacto de la vasoconstricción en esta población sería mayor. Por otra parte, un estudio realizado en Sudáfrica indicó que el aumento de la presión arterial en invierno sería superior en poblaciones de menor nivel socioeconómico", dijo Rodríguez.

Riesgo cardiovascular
Hasta la fecha no existen investigaciones suficientes que evalúen el impacto del aumento de la presión arterial en invierno sobre el riesgo cardiovascular. Sin embargo, un estudio realizado con población china evidenció que la mortalidad de origen cardiovascular se incrementa en virtud de este cambio de la presión arterial por descenso de la temperatura en invierno. En tanto, en la Argentina no existen datos de este tipo.
"En nuestro país no hay un concepto arraigado del riesgo que podría acarrear la relación hipertensión / bajas temperaturas. Si bien los cambios de la presión arterial que se observan generalmente no requieren ajustes del tratamiento habitual, se debe recomendar a los pacientes hipertensos que se realicen controles tensionales al iniciar el período invernal y durante el mismo", precisó el especialista.
Y agregó: "En casos de verificar un aumento de la presión arterial en relación a los valores habituales -y principalmente si la presión arterial supera los límites de 140/90 mmHg (14/9)- se recomienda consultar al médico. Considerando que la hipertensión arterial es una enfermedad silenciosa, no deben esperarse síntomas específicos vinculados al aumento tensional".
Por otro lado, la temporada invernal se asocia generalmente a la ingesta de comidas con mayor contenido calórico, y a una disminución de la actividad física. Aun cuando el efecto de estas modificaciones sobre el riesgo cardiovascular es desconocido, mantener una alimentación saludable y realizar actividad física son medidas fundamentales para la salud de los pacientes, y no deberían ser interrumpidas por los cambios de estación.
Las bajas temperaturas activan el sistema simpático nervioso y aumentan la secreción de la catecolamina, una hormona responsable del incremento de la frecuencia cardiaca y por tanto, del gasto cardiaco. Esto provoca un cambio en la composición sanguínea, aumentando la presión arterial, el colesterol y el fibrinógeno en sangre, una proteína responsable de la formación de coágulos. El Dr. Alejandro Berenguel Senén, miembro de la Fundación Española del Corazón (FEC) y vocal de la Sección de Riesgo Vascular y Rehabilitación Cardiaca de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) afirma que, "el incremento de la presión arterial y el colesterol, junto con una vasoconstricción de las arterias coronarias y de los vasos del cerebro provocada por el frío, puede desencadenar un infarto o ictus, dependiendo de la zona obstruida".

DESTACADO
"En nuestro país no hay un concepto arraigado del riesgo que podría acarrear la relación hipertensión con las bajas temperaturas”.

RECUADRITO

ESTILO DE VIDA

El aumento de los factores de riesgo provocados por el frío se ve acentuado por un cambio en los estilos de vida durante la época invernal, como la falta de cualquier tipo de actividad física y el aumento de grasas en la alimentación. 
La ingesta de alimentos ricos en grasas saturadas provoca que se acumule una mayor cantidad de sangre en el estómago durante la digestión. Esto conlleva una reducción del riego sanguíneo en otras partes vitales del organismo, como el corazón o el cerebro, lo que aumenta el riesgo de padecer una angina de pecho o un infarto, especialmente las personas que presentan unos elevados niveles de colesterol y que ya han padecido o padecen una enfermedad cardiovascular. 
Pero no sólo una alimentación más calórica puede afectar al corazón, además del clima frío, un cambio repentino en los patrones climáticos, por ejemplo, una tormenta o entrar y salir de habitaciones calefaccionadas, puede afectar la presión arterial.

RECUADRO

Consejos para personas con afecciones cardíacas:

- Evitar salir a la calle sin abrigarse adecuadamente, ya que el frío puede desencadenar los síntomas cardíacos. En este sentido, es importante usar la ropa adecuada al clima y la actividad que se realice.
- Limitar los esfuerzos físicos en las horas en que las temperaturas son más bajas: amanecer y anochecer.
- Conviene usar gorro, pues la parte del cuerpo por donde se pierde más calor es la cabeza.
- Utilizar botas impermeables.
- Evitar salir de casa los días de frío extremo o mucho viento.
- El alcohol no aumenta la temperatura corporal.
- La nicotina contenida en el tabaco facilita los espasmos cardíacos.
- Vacunarse contra la gripe.
- Seguir una dieta adecuada, tanto si la persona ya sufre una patología como hipertensión o diabetes como si se trata de alguien sin patología cardiovascular conocida.