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Flores para mamá Yolanda

Crió a los destacados chamameceros Rudi y Nini. Los acompañó en Buenos Aires y en su  incursión por Francia. Hoy, ella habla de ellos.  
 

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Gustavo LescanoGustavo Lescano

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Gustavo Lescano
glescano@ellitoral.com.ar

Cuando Yolanda habla de sus hijos da la sensación de que en su mente los está viendo enormes sobre el escenario. Pero a medida que transcurre el relato de la anécdota íntima, la imagen parece ser otra, como si ya los observara como chicos que corretean a su alrededor camino a “jugar” con sus instrumentos musicales. Las manos y esa mirada de abuela que te cuenta lo vivido, acompañan majestuosamente cada palabra, para acentuar y tratar de encerrar en una sola expresión verbal los sentimientos. No es fácil, pero Yolanda tiene esa capacidad de cortar una frase, casi en seco, agotando el relato, y a la vez no dejar dudas de su significado. Hace que las palabras justas sean las más concretas. 
Cada tanto se bifurcan los temas hasta que vuelve a hablar de sus hijos y todo se unifica en un nuevo comienzo de la rueda de emociones. 
Ramona Yolanda López, de ella se trata esta historia, es la madre de Rudi y Nini Flores, los hermanos que ya son dos figuras centrales e históricas del chamamé contemporáneo, de exquisito virtuosismo y prolífera obra. En su ADN está la herencia de Avelino Flores, el padre que fue uno de los grandes destacados chamameceros. 
Pero el motor cotidiano, la encarnación de la pasión por el chamamé, siempre fue mamá Yolanda. Orgullosa de sus dos hijos, hoy, en el Día de la Madre, es ella la que habla de ellos. Y aunque Nini falleció hace tres años, lo tiene más presente que nunca. “Nini me decía: ‘Mamá, vos sabés que a la gente no le gusta mi música...’ Y yo le contestaba: ‘ustedes hagan lo que sienten, y vos no te fijes si gusta o no; vos hacé. Solamente el tiempo el tiempo te va a demostrar si lo que hiciste valió o no la pena”, recuerda.
Dardo Néstor (Rudi) Flores y Avelino (Nini) Flores nacieron en 1961 y1966 respectivamente. “Desde chiquitos los dos vivían todo el día con la música. Desde que se levantaban y tomaban el desayuno, ya estaban con la guitarra uno y con el acordeón el otro, sacando temas, haciendo arreglos”, describe la madre. En esa infancia también ya se destacaban presentándose en los actos escolares por fechas patrias. “Después estudiaron en el instituto de música y así se consolida sus carreras”, acota Yolanda, oriunda del paraje Manantiales (Mburucuyá), donde conoció a glorias y anónimos del chamamé a partir de la pista de baile que regenteaba su abuela. La herencia chamamecera está realmente en los genes de la familia. 
Cuando se le preguntó si ellos eran muy distintos o tenían similares personalidades, Yolanda sentencia: “Son muy parecidos. Te voy a decir la verdad... hasta que me asustaba lo que pasaba. Cuando a Nini le pasaba algo, por ejemplo, cuando le operaron de la vesícula, a los pocos días también se operó el otro. Parecían gemelos”. 
Destaca también que ambos “se respetaban mucho, se apreciaban mucho, se ayudaban, y hacían los arreglos musicales muy parecidos. Los dos tienen el mismo talento. Por eso eran así”. 
“Puedo decir que soy una afortunada de tenerlos como hijos. Anduvimos juntos siempre, por todos lados: cuando eran chiquitos y cuando apenas se fueron a París. Sabés, cuando se iban a instalar en Europa, rápidamente me hicieron todos los papeles para que vaya también con ellos”.
Pizzas y chamamé 
Cuando ambos músicos eran jovencitos, se fueron a Buenos Aires con la madre, que tuvo que cerrar su peluquería de calle Yrigoyen de la capital correntina porque el alquiler se le disparó y la situación económica se hizo muy crítica. “En Buenos Aires los dos comenzaron a trabajar en una pizzería que tenía un amigo de mi tío que vivía hace tiempo allí. Ambos estaban chochos. Cuando terminaban la jornada laboral en la pizzería, se cerraban las puertas y comenzaba la musiqueada”, recuerda Yolanda. 
“Después, Nini empezó a buscar un acordeón muy especial, por eso primero se fue solo a Francia. El que tenía era lindo, pero para poder hacer los arreglos que quería necesitaba otras notas, y se trajo un acordeón que le permitió hacer libremente los arreglos musicales que quería”, recuerda. 
En esos años en Buenos Aires Yolanda también tuvo un programa de radio que se llamaba “Refugio de soñadores”. “Mi sueño hoy es tener uno en AM”, acota.
  
Ambos 
“Rudi y Nini Flores como nombre artístico lo puse yo. ¿Sabés por qué? Porque, como le dije a Avelino en su momento, es un nombre original, pero también porque si en un momento, por algún motivo, se separaran, Rudi va a ser tan conocido como Nini. La fortaleza es de los dos”, subraya la orgullosa madre. “Veo que muchas mamás se quejan de sus hijos, pero en mi caso, no. Siempre estábamos juntos, son los mejores...”, concluye.

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Flores para mamá Yolanda

Crió a los destacados chamameceros Rudi y Nini. Los acompañó en Buenos Aires y en su  incursión por Francia. Hoy, ella habla de ellos.  
 

Gustavo Lescano
glescano@ellitoral.com.ar

Cuando Yolanda habla de sus hijos da la sensación de que en su mente los está viendo enormes sobre el escenario. Pero a medida que transcurre el relato de la anécdota íntima, la imagen parece ser otra, como si ya los observara como chicos que corretean a su alrededor camino a “jugar” con sus instrumentos musicales. Las manos y esa mirada de abuela que te cuenta lo vivido, acompañan majestuosamente cada palabra, para acentuar y tratar de encerrar en una sola expresión verbal los sentimientos. No es fácil, pero Yolanda tiene esa capacidad de cortar una frase, casi en seco, agotando el relato, y a la vez no dejar dudas de su significado. Hace que las palabras justas sean las más concretas. 
Cada tanto se bifurcan los temas hasta que vuelve a hablar de sus hijos y todo se unifica en un nuevo comienzo de la rueda de emociones. 
Ramona Yolanda López, de ella se trata esta historia, es la madre de Rudi y Nini Flores, los hermanos que ya son dos figuras centrales e históricas del chamamé contemporáneo, de exquisito virtuosismo y prolífera obra. En su ADN está la herencia de Avelino Flores, el padre que fue uno de los grandes destacados chamameceros. 
Pero el motor cotidiano, la encarnación de la pasión por el chamamé, siempre fue mamá Yolanda. Orgullosa de sus dos hijos, hoy, en el Día de la Madre, es ella la que habla de ellos. Y aunque Nini falleció hace tres años, lo tiene más presente que nunca. “Nini me decía: ‘Mamá, vos sabés que a la gente no le gusta mi música...’ Y yo le contestaba: ‘ustedes hagan lo que sienten, y vos no te fijes si gusta o no; vos hacé. Solamente el tiempo el tiempo te va a demostrar si lo que hiciste valió o no la pena”, recuerda.
Dardo Néstor (Rudi) Flores y Avelino (Nini) Flores nacieron en 1961 y1966 respectivamente. “Desde chiquitos los dos vivían todo el día con la música. Desde que se levantaban y tomaban el desayuno, ya estaban con la guitarra uno y con el acordeón el otro, sacando temas, haciendo arreglos”, describe la madre. En esa infancia también ya se destacaban presentándose en los actos escolares por fechas patrias. “Después estudiaron en el instituto de música y así se consolida sus carreras”, acota Yolanda, oriunda del paraje Manantiales (Mburucuyá), donde conoció a glorias y anónimos del chamamé a partir de la pista de baile que regenteaba su abuela. La herencia chamamecera está realmente en los genes de la familia. 
Cuando se le preguntó si ellos eran muy distintos o tenían similares personalidades, Yolanda sentencia: “Son muy parecidos. Te voy a decir la verdad... hasta que me asustaba lo que pasaba. Cuando a Nini le pasaba algo, por ejemplo, cuando le operaron de la vesícula, a los pocos días también se operó el otro. Parecían gemelos”. 
Destaca también que ambos “se respetaban mucho, se apreciaban mucho, se ayudaban, y hacían los arreglos musicales muy parecidos. Los dos tienen el mismo talento. Por eso eran así”. 
“Puedo decir que soy una afortunada de tenerlos como hijos. Anduvimos juntos siempre, por todos lados: cuando eran chiquitos y cuando apenas se fueron a París. Sabés, cuando se iban a instalar en Europa, rápidamente me hicieron todos los papeles para que vaya también con ellos”.
Pizzas y chamamé 
Cuando ambos músicos eran jovencitos, se fueron a Buenos Aires con la madre, que tuvo que cerrar su peluquería de calle Yrigoyen de la capital correntina porque el alquiler se le disparó y la situación económica se hizo muy crítica. “En Buenos Aires los dos comenzaron a trabajar en una pizzería que tenía un amigo de mi tío que vivía hace tiempo allí. Ambos estaban chochos. Cuando terminaban la jornada laboral en la pizzería, se cerraban las puertas y comenzaba la musiqueada”, recuerda Yolanda. 
“Después, Nini empezó a buscar un acordeón muy especial, por eso primero se fue solo a Francia. El que tenía era lindo, pero para poder hacer los arreglos que quería necesitaba otras notas, y se trajo un acordeón que le permitió hacer libremente los arreglos musicales que quería”, recuerda. 
En esos años en Buenos Aires Yolanda también tuvo un programa de radio que se llamaba “Refugio de soñadores”. “Mi sueño hoy es tener uno en AM”, acota.
  
Ambos 
“Rudi y Nini Flores como nombre artístico lo puse yo. ¿Sabés por qué? Porque, como le dije a Avelino en su momento, es un nombre original, pero también porque si en un momento, por algún motivo, se separaran, Rudi va a ser tan conocido como Nini. La fortaleza es de los dos”, subraya la orgullosa madre. “Veo que muchas mamás se quejan de sus hijos, pero en mi caso, no. Siempre estábamos juntos, son los mejores...”, concluye.