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Técnicas para superar la ansiedad

Nadie escapa de la ansiedad. Sobre todo, en estos tiempos convulsionados que vivimos. Se trata de una emoción normal que compartimos todos los seres humanos y, en realidad, necesitamos una pequeña dosis para vivir. Esto es así porque estar ansiosos hace que nos movamos del punto A al punto B, es decir, que accionemos. 
 

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Por Bernardo Stamateas
Colaboración Especial

¿Cuáles son los posibles disparadores de la ansiedad?
Por lo general, encontrarnos en una situación nueva que nos produce estrés, como un nuevo trabajo, un examen final, un viaje e incluso algo agradable como el casamiento o el nacimiento de un hijo. La mayoría de la gente se vuelve ansiosa frente a las preocupaciones. 

¿Qué es una preocupación? 
Un problema (o la percepción de un problema). La ansiedad, en estos casos, nos brinda la fuerza que necesitamos para hallar la solución. Cuando la ansiedad no nos ayuda a resolver un problema relacionado con la salud, la economía o las relaciones interpersonales, esta se transforma en lo que se suele llamar ansiedad patológica o angustia. Todos hemos sentido angustia alguna vez, pero ignoramos que se trata de ansiedad que no somos capaces de resolver y, muchas veces, nos puede conducir a un “trastorno de ansiedad generalizado”, tan común por estos días.
Estos son los síntomas típicos de alguien que padece angustia que no logra controlar y permanece estancada en el cuerpo: dolor en el pecho, contracturas, insomnio, hipervigilancia, intranquilidad y problemas gastrointestinales. Esta condición suele llevar a los famosos “trastornos de ansiedad” que incluyen las obsesiones, las compulsiones, las fobias y los ataques de pánico. 

¿Por qué todos nos preocupamos en algún momento? 
“¡Porque la situación que estoy viviendo es muy difícil!”, pensará más de uno. En el fondo, nos preocupamos porque la cultura nos enseña a preocuparnos. Preocuparse es sinónimo de ser responsable. ¡Nada más lejos de la realidad! Una persona que vive preocupada, por lo general, no logra resolver el problema y ve su salud física y mental afectada. 
Entonces, ¿qué podemos hacer cuando enfrentamos dificultades para no caer en una preocupación excesiva? Lo ideal es generar ideas para manejarlas y resolverlas, pues son una parte inevitable de la vida. Estas son dos de esas ideas:

Puedo priorizar mis preocupaciones
Cuando le damos a las preocupaciones un nivel de importancia, el solo hecho de priorizar, alivia nuestra ansiedad. Las prioridades les restan fuerza a las preocupaciones que, en ocasiones, no son tan importantes como creemos. 

Puedo tomarme tiempo para pensar cómo resolver mis problemas
La mejor manera de emplear nuestro tiempo no es preocupándonos sino pensando creativamente. Así invertimos este bien tan preciado en soluciones y no en preocupaciones. Siempre es posible encontrar, al menos, cuatro o cinco salidas a una dificultad.
Nadie nos asegura la ausencia de problemas, pero, cuando aprendemos a enfrentarlos y no nos dejamos devorar por ellos, sentimos alivio y podemos usar la ansiedad que se dispara para resolver sin necesidad de enfermarnos.

Trastorno de Ansiedad 
Generalizada 
El TAG se caracteriza por la presencia de preocupaciones excesivas y constantes acerca de diferentes temas o situaciones de la vida cotidiana. Las preocupaciones persisten aun cuando la persona ya no esté atravesando ningún problema de importancia. En la actualidad el Trastorno de Ansiedad Generalizada suele diagnosticarse cuando la duración de las preocupaciones y sus limitaciones se sostienen activamente por lo menos durante seis meses. Las personas con TAG, también experimentan múltiples dificultades físicas y emocionales como: contracturas musculares, sueño poco reparador, irritabilidad, impaciencia, inquietud, dificultad para concentrarse y un agotamiento generalizado.

Tratamiento 
Un médico clínico, un psiquiatra o un psicólogo, deberían ser capaces de reconocer y tratar el TAG, o derivar al paciente a un profesional o a un equipo especializado que puedan hacerlo.

¿Cómo puedo estar seguro 
de que padezco TAG?
Lea las siguientes afirmaciones y marque cuáles de ellas le vienen ocurriendo desde hace por lo menos seis meses. Si señala más de una, es posible que padezca de Trastorno de Ansiedad Generalizada.
Recuerde que el diagnóstico de certeza siempre debe hacerlo un profesional.
l Vivo preocupado por distintas cosas la mayor parte del día, casi todos los días. Mi cabeza no me da respiro.
l Duermo mal. Casi siempre me levanto cansado.
l Todo el tiempo tengo contracturas musculares.
l Estoy muy impaciente, malhumorado e irritable.
l Me cuesta concentrarme en una cosa por vez.
l Temo que este estado de tensión permanente me provoque una enfermedad.

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EMOCIONES

La ansiedad y preocupación son parte de la vida. Las personas solemos preocuparnos por un trabajo, un evento deportivo, por cuestiones familiares, por problemas personales, etc. La mayoría de la gente suele preocuparse de alguna manera por pensar en cómo van a resultar las cosas en un futuro cercano o lejano. La ansiedad moderada es una emoción humana normal y frecuente. No solo la ansiedad es una emoción humana común, sino que en un monto moderado de ansiedad puede ayudar a la gente a, por ejemplo,  preparar un examen, realizar un trabajo asignado o dar un discurso.

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Técnicas para superar la ansiedad

Nadie escapa de la ansiedad. Sobre todo, en estos tiempos convulsionados que vivimos. Se trata de una emoción normal que compartimos todos los seres humanos y, en realidad, necesitamos una pequeña dosis para vivir. Esto es así porque estar ansiosos hace que nos movamos del punto A al punto B, es decir, que accionemos. 
 

Por Bernardo Stamateas
Colaboración Especial

¿Cuáles son los posibles disparadores de la ansiedad?
Por lo general, encontrarnos en una situación nueva que nos produce estrés, como un nuevo trabajo, un examen final, un viaje e incluso algo agradable como el casamiento o el nacimiento de un hijo. La mayoría de la gente se vuelve ansiosa frente a las preocupaciones. 

¿Qué es una preocupación? 
Un problema (o la percepción de un problema). La ansiedad, en estos casos, nos brinda la fuerza que necesitamos para hallar la solución. Cuando la ansiedad no nos ayuda a resolver un problema relacionado con la salud, la economía o las relaciones interpersonales, esta se transforma en lo que se suele llamar ansiedad patológica o angustia. Todos hemos sentido angustia alguna vez, pero ignoramos que se trata de ansiedad que no somos capaces de resolver y, muchas veces, nos puede conducir a un “trastorno de ansiedad generalizado”, tan común por estos días.
Estos son los síntomas típicos de alguien que padece angustia que no logra controlar y permanece estancada en el cuerpo: dolor en el pecho, contracturas, insomnio, hipervigilancia, intranquilidad y problemas gastrointestinales. Esta condición suele llevar a los famosos “trastornos de ansiedad” que incluyen las obsesiones, las compulsiones, las fobias y los ataques de pánico. 

¿Por qué todos nos preocupamos en algún momento? 
“¡Porque la situación que estoy viviendo es muy difícil!”, pensará más de uno. En el fondo, nos preocupamos porque la cultura nos enseña a preocuparnos. Preocuparse es sinónimo de ser responsable. ¡Nada más lejos de la realidad! Una persona que vive preocupada, por lo general, no logra resolver el problema y ve su salud física y mental afectada. 
Entonces, ¿qué podemos hacer cuando enfrentamos dificultades para no caer en una preocupación excesiva? Lo ideal es generar ideas para manejarlas y resolverlas, pues son una parte inevitable de la vida. Estas son dos de esas ideas:

Puedo priorizar mis preocupaciones
Cuando le damos a las preocupaciones un nivel de importancia, el solo hecho de priorizar, alivia nuestra ansiedad. Las prioridades les restan fuerza a las preocupaciones que, en ocasiones, no son tan importantes como creemos. 

Puedo tomarme tiempo para pensar cómo resolver mis problemas
La mejor manera de emplear nuestro tiempo no es preocupándonos sino pensando creativamente. Así invertimos este bien tan preciado en soluciones y no en preocupaciones. Siempre es posible encontrar, al menos, cuatro o cinco salidas a una dificultad.
Nadie nos asegura la ausencia de problemas, pero, cuando aprendemos a enfrentarlos y no nos dejamos devorar por ellos, sentimos alivio y podemos usar la ansiedad que se dispara para resolver sin necesidad de enfermarnos.

Trastorno de Ansiedad 
Generalizada 
El TAG se caracteriza por la presencia de preocupaciones excesivas y constantes acerca de diferentes temas o situaciones de la vida cotidiana. Las preocupaciones persisten aun cuando la persona ya no esté atravesando ningún problema de importancia. En la actualidad el Trastorno de Ansiedad Generalizada suele diagnosticarse cuando la duración de las preocupaciones y sus limitaciones se sostienen activamente por lo menos durante seis meses. Las personas con TAG, también experimentan múltiples dificultades físicas y emocionales como: contracturas musculares, sueño poco reparador, irritabilidad, impaciencia, inquietud, dificultad para concentrarse y un agotamiento generalizado.

Tratamiento 
Un médico clínico, un psiquiatra o un psicólogo, deberían ser capaces de reconocer y tratar el TAG, o derivar al paciente a un profesional o a un equipo especializado que puedan hacerlo.

¿Cómo puedo estar seguro 
de que padezco TAG?
Lea las siguientes afirmaciones y marque cuáles de ellas le vienen ocurriendo desde hace por lo menos seis meses. Si señala más de una, es posible que padezca de Trastorno de Ansiedad Generalizada.
Recuerde que el diagnóstico de certeza siempre debe hacerlo un profesional.
l Vivo preocupado por distintas cosas la mayor parte del día, casi todos los días. Mi cabeza no me da respiro.
l Duermo mal. Casi siempre me levanto cansado.
l Todo el tiempo tengo contracturas musculares.
l Estoy muy impaciente, malhumorado e irritable.
l Me cuesta concentrarme en una cosa por vez.
l Temo que este estado de tensión permanente me provoque una enfermedad.