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Pasiones y amores

Los autores nos han dedicado a lo largo de este año pequeños tramos de uno de sus libros de la colección “Ser feliz y/o tener razón”. Su rica experiencia en psicología de la comunicación seguirá brindándonos a lo largo del próximo año otras propuestas que nos permitan compartir y experimentar reflexiones vinculadas a un espacio tan rico como intenso: La relación padres-hijos.

Por Marta Chemes
Especial para El Litoral

Por José Pérez Bahamonde
Especial para El Litoral

Marta: En tiempos de “nacimiento” no hago más que pensar en cómo las cosas de los seres humanos se despliegan con tan compleja simpleza.
Pareciera que “entenderse”, “aparearse”, fuera cosa sencilla… siempre posible…
Y todos sabemos bien, que no es así. Si se trata de dos personas que deciden compartir la vida, sucede que siempre nos vamos a encontrar con la sensación de estar comenzando.
Cuando es un superior o colega… armamos y desarmamos discursos, nos vamos, renunciamos, volvemos, nos amigamos y algunas que otras variantes… ¡Sin que el otro se entere!
Pero esto no es nada:
Necesito mencionar la díada amorosa más tormentosa del Planeta… de la especie…
Padres/Hijos. ¡Sí, señor!
No hay épica en la literatura, ni en el cine, ni en los comics que tenga una carga tan pasional y tan contradictoria a la vez.
Los hijos son los seres más amados por sus padres… y viceversa.
Por ende… ¡Son los generadores de las más intensas pasiones!
Y otra vez estoy en la “humorada”.
Pero sabemos que no es así: es un tema delicado y sometido al dolor y otros sentimientos, de una manera visceral… ¡Como lo es su propio nacimiento en nuestras vidas!
Pepe: Sé que suena muy fuerte la palabra… sin embargo… los sinónimos no valen… La emoción más importante que despiertan es: amor-miedo.
Sí, amor-miedo.
De bebés: amor cuidoso a que no los cuidemos debidamente y se enfermen… o se nos mueran.
De niños: amor miedoso al equivocarnos al elegir el jardín de infantes; la escuela primaria… Amor miedoso a no ser justos en las actividades extraescolares… los juegos y amigos… Continuamente nos acompaña el amor miedoso.
De adolescentes: bueno… aquí está el capítulo aparte: el crucial periodo de la vida que empieza al final de la infancia y los lleva a la juventud, se convierte hoy en un tema preocupante y de difícil abordaje…
Sobre todo porque nos ocupamos mucho de hablar de lo que les pasa a los chicos o a las chicas (esto sería otro ejemplo de “otro-estima”), y descuidamos o desconsideramos un aspecto casi esencial: ¡Lo que sienten/sentimos los padres!
Claro, el mundo de los adultos, es en general, el que desarrolla estos temas… entonces, ¡Ala! A hablar de “ellos/as” (según nuestra versión, por supuesto).
Los padres vivimos aterrados ante la adolescencia de nuestros hijos.
Los docentes, aterrados ante la adolescencia de sus alumnos.
Los empresarios, aterrados ante  sus clientes adolescentes.
En realidad, la mirada “miedosa” se va cargando lentamente de violencia, hasta que, no sabemos cuál es realmente la de ellos y cuál es la nuestra.
Los llegamos a creer capaces de cualquier cosa… Al extremo de colocarnos en propuestas tan represivas que –obviamente- sólo generarán mucha violencia.
Marta: Esto… parece exagerado… pero no lo es… A lo sumo, será “no expresado”… pero no exagerado.
Quiero decir: no siempre ponemos en palabras la totalidad de nuestras vivencias en este terreno.
Por ejemplo: si decidimos negar el permiso para una salida, es probable que les “demos cátedra” a cerca de los peligros que nosotros sabemos que encierra la calle, la irresponsabilidad de la juventud…
Y difícilmente les digamos: -Mira, creo que no sé qué hacer. Siento mucho miedo y además, tampoco sé si vos estás preparado/a para iniciar una conversación…
Y acá digo: ¡Las palabras son curadoras!
¡Ponerle letra a nuestras vivencias resulta profundamente sanador! Es el momento para decirles: Ayúdame, por favor… Pensemos juntos cómo hacer para que ni vos, ni nosotros nos sintamos mal…
Claro que este diálogo, no invalida ni el límite, ni la autoridad, pero tal vez nos aclare sobre el adecuado momento de hacer uso…
Pepe: Traigo a colación un tema particularmente interesante: el de la asociación. No por obsesivo, sino… así como Marta señala el valor reparador de las palabras, yo quiero decir que cuando los padres “nos asociamos” (tanto entre padre y madre, como con otros padres y/o docentes), aprendemos a pensar en voz alta…Aprendemos a unir nuestros criterios, a mejorar nuestras reflexiones y, sobre todo, a “sacarle las sábanas” a una buena cantidad de “fantasmas”
En este sentido, nuestra experiencia en talleres con padres, docentes, incluyendo (en el debido momento) a  los propios adolescentes, nos resultan una valiosa experiencia en la que nos hemos sentido muy útiles.
Blanquear y sincerar temas como las adicciones (alcohol, drogas, bulimia, anorexia), la sexualidad (genitalidad, relaciones homosexuales, aborto, VIH, cuidados); y otras alteraciones de conducta (violencia, bullying, dificultades en el estudio, delincuencia), resulta muy fortalecedor para el lastimado mundo emocional de los padres que no saben qué camino tomar ante este “abrupto crecimiento” de los hijos.
¡Cuánto desconcierto al caminar como padres, como hijos por todos estos lugares donde no sabemos ni qué hacer, ni qué decir! Sin embargo, sí sabemos que no es la solución imitar al avestruz y esconder la cabeza hasta que pase la tormenta.
Queremos despedir el año dejando abierto el espacio donde la comunicación siempre ha de ayudarnos a encontrar mejores caminos para construir.
Seguiremos con esta vía reflexiva en el próximo año. ¡Muchas felicidades!

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Pasiones y amores

Los autores nos han dedicado a lo largo de este año pequeños tramos de uno de sus libros de la colección “Ser feliz y/o tener razón”. Su rica experiencia en psicología de la comunicación seguirá brindándonos a lo largo del próximo año otras propuestas que nos permitan compartir y experimentar reflexiones vinculadas a un espacio tan rico como intenso: La relación padres-hijos.

Por Marta Chemes
Especial para El Litoral

Por José Pérez Bahamonde
Especial para El Litoral

Marta: En tiempos de “nacimiento” no hago más que pensar en cómo las cosas de los seres humanos se despliegan con tan compleja simpleza.
Pareciera que “entenderse”, “aparearse”, fuera cosa sencilla… siempre posible…
Y todos sabemos bien, que no es así. Si se trata de dos personas que deciden compartir la vida, sucede que siempre nos vamos a encontrar con la sensación de estar comenzando.
Cuando es un superior o colega… armamos y desarmamos discursos, nos vamos, renunciamos, volvemos, nos amigamos y algunas que otras variantes… ¡Sin que el otro se entere!
Pero esto no es nada:
Necesito mencionar la díada amorosa más tormentosa del Planeta… de la especie…
Padres/Hijos. ¡Sí, señor!
No hay épica en la literatura, ni en el cine, ni en los comics que tenga una carga tan pasional y tan contradictoria a la vez.
Los hijos son los seres más amados por sus padres… y viceversa.
Por ende… ¡Son los generadores de las más intensas pasiones!
Y otra vez estoy en la “humorada”.
Pero sabemos que no es así: es un tema delicado y sometido al dolor y otros sentimientos, de una manera visceral… ¡Como lo es su propio nacimiento en nuestras vidas!
Pepe: Sé que suena muy fuerte la palabra… sin embargo… los sinónimos no valen… La emoción más importante que despiertan es: amor-miedo.
Sí, amor-miedo.
De bebés: amor cuidoso a que no los cuidemos debidamente y se enfermen… o se nos mueran.
De niños: amor miedoso al equivocarnos al elegir el jardín de infantes; la escuela primaria… Amor miedoso a no ser justos en las actividades extraescolares… los juegos y amigos… Continuamente nos acompaña el amor miedoso.
De adolescentes: bueno… aquí está el capítulo aparte: el crucial periodo de la vida que empieza al final de la infancia y los lleva a la juventud, se convierte hoy en un tema preocupante y de difícil abordaje…
Sobre todo porque nos ocupamos mucho de hablar de lo que les pasa a los chicos o a las chicas (esto sería otro ejemplo de “otro-estima”), y descuidamos o desconsideramos un aspecto casi esencial: ¡Lo que sienten/sentimos los padres!
Claro, el mundo de los adultos, es en general, el que desarrolla estos temas… entonces, ¡Ala! A hablar de “ellos/as” (según nuestra versión, por supuesto).
Los padres vivimos aterrados ante la adolescencia de nuestros hijos.
Los docentes, aterrados ante la adolescencia de sus alumnos.
Los empresarios, aterrados ante  sus clientes adolescentes.
En realidad, la mirada “miedosa” se va cargando lentamente de violencia, hasta que, no sabemos cuál es realmente la de ellos y cuál es la nuestra.
Los llegamos a creer capaces de cualquier cosa… Al extremo de colocarnos en propuestas tan represivas que –obviamente- sólo generarán mucha violencia.
Marta: Esto… parece exagerado… pero no lo es… A lo sumo, será “no expresado”… pero no exagerado.
Quiero decir: no siempre ponemos en palabras la totalidad de nuestras vivencias en este terreno.
Por ejemplo: si decidimos negar el permiso para una salida, es probable que les “demos cátedra” a cerca de los peligros que nosotros sabemos que encierra la calle, la irresponsabilidad de la juventud…
Y difícilmente les digamos: -Mira, creo que no sé qué hacer. Siento mucho miedo y además, tampoco sé si vos estás preparado/a para iniciar una conversación…
Y acá digo: ¡Las palabras son curadoras!
¡Ponerle letra a nuestras vivencias resulta profundamente sanador! Es el momento para decirles: Ayúdame, por favor… Pensemos juntos cómo hacer para que ni vos, ni nosotros nos sintamos mal…
Claro que este diálogo, no invalida ni el límite, ni la autoridad, pero tal vez nos aclare sobre el adecuado momento de hacer uso…
Pepe: Traigo a colación un tema particularmente interesante: el de la asociación. No por obsesivo, sino… así como Marta señala el valor reparador de las palabras, yo quiero decir que cuando los padres “nos asociamos” (tanto entre padre y madre, como con otros padres y/o docentes), aprendemos a pensar en voz alta…Aprendemos a unir nuestros criterios, a mejorar nuestras reflexiones y, sobre todo, a “sacarle las sábanas” a una buena cantidad de “fantasmas”
En este sentido, nuestra experiencia en talleres con padres, docentes, incluyendo (en el debido momento) a  los propios adolescentes, nos resultan una valiosa experiencia en la que nos hemos sentido muy útiles.
Blanquear y sincerar temas como las adicciones (alcohol, drogas, bulimia, anorexia), la sexualidad (genitalidad, relaciones homosexuales, aborto, VIH, cuidados); y otras alteraciones de conducta (violencia, bullying, dificultades en el estudio, delincuencia), resulta muy fortalecedor para el lastimado mundo emocional de los padres que no saben qué camino tomar ante este “abrupto crecimiento” de los hijos.
¡Cuánto desconcierto al caminar como padres, como hijos por todos estos lugares donde no sabemos ni qué hacer, ni qué decir! Sin embargo, sí sabemos que no es la solución imitar al avestruz y esconder la cabeza hasta que pase la tormenta.
Queremos despedir el año dejando abierto el espacio donde la comunicación siempre ha de ayudarnos a encontrar mejores caminos para construir.
Seguiremos con esta vía reflexiva en el próximo año. ¡Muchas felicidades!