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2T:

Macri alienado

Por Carlos Pagni 
Extracto. Nota publicada en La Nación

Las últimas elecciones resultaron inesperadas para quienes fueron los beneficiarios de aquel resultado, pero mucho más impensadas para todos los que apostaban por la continuidad del gobierno de Mauricio Macri.
Una vez más, se produjo para una buena parte de la sociedad argentina un resultado que para ese sector era inconcebible. Este es un problema que afecta a nuestra comunidad, y tiene que ver con la fractura ideológica y la división de un país atravesado por dos sensibilidades muy distintas. Esto provoca que cada grupo se encuentre ensimismado, y se produzca lo que se llama la “campaña de eco”. Cada sector escucha los mensajes que le sirven para organizar una imagen a futuro adecuada, en muchos casos, arraigada a su propio deseo.
Esta situación también se notó en 2015 cuando el triunfo de Macri se volvió inconcebible para una buena parte de la sociedad, e incluso para Cristina Kirchner. Ese 9 diciembre, a un día del traspaso presidencial, la exmandataria pronunció un discurso desde el balcón de la Casa Rosada donde sintéticamente sostuvo que el resultado de las elecciones se debía, en gran parte, a un malentendido.
En otras palabras, se trataba de un malentendido que los medios de comunicación hegemónicos, la Justicia al servicio de esos medios, las grandes corporaciones y, sobre todo, los acreedores externos habían trasladado a los votantes. Si bien, en ese entonces, Cristina no llegó a decir que aquel sector votó equivocadamente, gran parte de la población entendió que con la llegada de Macri sucedió algo que no debía pasar.
Algo similar ocurrió durante la conferencia de prensa que dieron Macri y Pichetto. El Presidente dio a entender que, de un modo u otro, la gente se equivocó al votar. Si bien lo dijo de otra manera, señaló que se eligió a un grupo de representantes encabezados por Alberto Fernández y Cristina, quienes no resultan confiables para los mercados y el mundo.
Ahora bien, partiendo de esa base habría que esperar, entonces, que la gente interprete bien qué es lo que resulta confiable para el mercado y que vote en consecuencia, o esperar a que Fernández le de la espalda a quienes lo votaron y adhiera a la política económica vigente, y de ese modo el mercado se calme. Se trata de una idea bastante disparatada que no captura lo esencial del sistema democrático.
Si el Gobierno se mantiene en esa dirección, esta idea va a traer una cantidad de problemas. Lo preocupante es que la negación de lo que sucedió antenoche fue manifestada no solo por Macri sino que también por Carrió, quien llegó a decir: “Esta elección no existió y en octubre vamos a ganar”. Si bien aquella reacción parecía ser la derivación de un momento de schock, ayer durante la conferencia de prensa ese malestar emocional se volvió a reflejar. Esta vez, en la argumentación de un gobierno que se puso en comunicación consigo mismo y después de deliberar, durante el día, llegó a las mismas conclusiones.
Por su parte, el Presidente no pidió ninguna renuncia en su entorno, algo que le ofrecieron. Asimismo, decidió no hacer anuncios de medidas económicas, aunque ya se están pensando algunas que el mismo Macri sugirió. Todas ellas dirigidas a aliviar la situación de la mediana y pequeña empresa.
De todas formas, más allá de las medidas que se están elaborando, lo importante es que a Macri le cuesta percibir lo que sucedió. Es decir, que no se trata de gente que votó a candidatos que enardecen al mercado, sino que el mensaje que le envió el 47 por ciento de los votantes es que lo que perdió consenso es la política económica del Gobierno.
Eso no quiere decir que sea la equivocada. Por su parte, Macri cree que es infalible y que le falta tiempo para demostrarlo. “Déjenme llegar a octubre que la gente va a entender que este es el camino”, es justamente el argumento del Presidente. Sin embargo, el problema es político y no importa qué tan acertada o equivocada sea la política económica, sino que lo esencial es que perdió legitimidad. Y en un sistema democrático los gobiernos necesitan legitimidad para llevar adelante sus políticas. Este es el problema central del Gobierno.
El Gobierno o el mismo Macri se encuentran ante una paradoja y tienen que pensar obligatoriamente en una transición, porque los números indican que es casi imposible revertir el resultado de las Paso. Al mismo tiempo, el oficialismo sigue estando en campaña porque va haber elecciones en octubre a intendentes, senadores, diputados e, inminentemente, una elección en la Ciudad de Buenos Aires donde posiblemente se juegue el destino del único líder de Cambiemos que quede bien parado.
Entonces, aquí está la contradicción: por un lado, si el Gobierno se entrega a gobernar para terminar el mandato en orden, ya que tiene que llegar a un acuerdo con Alberto Fernández, porque le guste o no a Macri, y a quienes lo apoyan, la gente lo dotó al candidato presidencial del Frente de Todos como el único o el más importante, proveedor de gobernabilidad. (...)

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Macri alienado

Por Carlos Pagni 
Extracto. Nota publicada en La Nación

Las últimas elecciones resultaron inesperadas para quienes fueron los beneficiarios de aquel resultado, pero mucho más impensadas para todos los que apostaban por la continuidad del gobierno de Mauricio Macri.
Una vez más, se produjo para una buena parte de la sociedad argentina un resultado que para ese sector era inconcebible. Este es un problema que afecta a nuestra comunidad, y tiene que ver con la fractura ideológica y la división de un país atravesado por dos sensibilidades muy distintas. Esto provoca que cada grupo se encuentre ensimismado, y se produzca lo que se llama la “campaña de eco”. Cada sector escucha los mensajes que le sirven para organizar una imagen a futuro adecuada, en muchos casos, arraigada a su propio deseo.
Esta situación también se notó en 2015 cuando el triunfo de Macri se volvió inconcebible para una buena parte de la sociedad, e incluso para Cristina Kirchner. Ese 9 diciembre, a un día del traspaso presidencial, la exmandataria pronunció un discurso desde el balcón de la Casa Rosada donde sintéticamente sostuvo que el resultado de las elecciones se debía, en gran parte, a un malentendido.
En otras palabras, se trataba de un malentendido que los medios de comunicación hegemónicos, la Justicia al servicio de esos medios, las grandes corporaciones y, sobre todo, los acreedores externos habían trasladado a los votantes. Si bien, en ese entonces, Cristina no llegó a decir que aquel sector votó equivocadamente, gran parte de la población entendió que con la llegada de Macri sucedió algo que no debía pasar.
Algo similar ocurrió durante la conferencia de prensa que dieron Macri y Pichetto. El Presidente dio a entender que, de un modo u otro, la gente se equivocó al votar. Si bien lo dijo de otra manera, señaló que se eligió a un grupo de representantes encabezados por Alberto Fernández y Cristina, quienes no resultan confiables para los mercados y el mundo.
Ahora bien, partiendo de esa base habría que esperar, entonces, que la gente interprete bien qué es lo que resulta confiable para el mercado y que vote en consecuencia, o esperar a que Fernández le de la espalda a quienes lo votaron y adhiera a la política económica vigente, y de ese modo el mercado se calme. Se trata de una idea bastante disparatada que no captura lo esencial del sistema democrático.
Si el Gobierno se mantiene en esa dirección, esta idea va a traer una cantidad de problemas. Lo preocupante es que la negación de lo que sucedió antenoche fue manifestada no solo por Macri sino que también por Carrió, quien llegó a decir: “Esta elección no existió y en octubre vamos a ganar”. Si bien aquella reacción parecía ser la derivación de un momento de schock, ayer durante la conferencia de prensa ese malestar emocional se volvió a reflejar. Esta vez, en la argumentación de un gobierno que se puso en comunicación consigo mismo y después de deliberar, durante el día, llegó a las mismas conclusiones.
Por su parte, el Presidente no pidió ninguna renuncia en su entorno, algo que le ofrecieron. Asimismo, decidió no hacer anuncios de medidas económicas, aunque ya se están pensando algunas que el mismo Macri sugirió. Todas ellas dirigidas a aliviar la situación de la mediana y pequeña empresa.
De todas formas, más allá de las medidas que se están elaborando, lo importante es que a Macri le cuesta percibir lo que sucedió. Es decir, que no se trata de gente que votó a candidatos que enardecen al mercado, sino que el mensaje que le envió el 47 por ciento de los votantes es que lo que perdió consenso es la política económica del Gobierno.
Eso no quiere decir que sea la equivocada. Por su parte, Macri cree que es infalible y que le falta tiempo para demostrarlo. “Déjenme llegar a octubre que la gente va a entender que este es el camino”, es justamente el argumento del Presidente. Sin embargo, el problema es político y no importa qué tan acertada o equivocada sea la política económica, sino que lo esencial es que perdió legitimidad. Y en un sistema democrático los gobiernos necesitan legitimidad para llevar adelante sus políticas. Este es el problema central del Gobierno.
El Gobierno o el mismo Macri se encuentran ante una paradoja y tienen que pensar obligatoriamente en una transición, porque los números indican que es casi imposible revertir el resultado de las Paso. Al mismo tiempo, el oficialismo sigue estando en campaña porque va haber elecciones en octubre a intendentes, senadores, diputados e, inminentemente, una elección en la Ciudad de Buenos Aires donde posiblemente se juegue el destino del único líder de Cambiemos que quede bien parado.
Entonces, aquí está la contradicción: por un lado, si el Gobierno se entrega a gobernar para terminar el mandato en orden, ya que tiene que llegar a un acuerdo con Alberto Fernández, porque le guste o no a Macri, y a quienes lo apoyan, la gente lo dotó al candidato presidencial del Frente de Todos como el único o el más importante, proveedor de gobernabilidad. (...)