Argentina y la amenaza del coronavirus
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Argentina y la amenaza del coronavirus

“Puede que sea imposible, pero es imprescindible que lo hagamos”, José Francisco de San Martín.

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Por Ricardo “Caito” Leconte. Abogado. Director del Club de la Libertad

Marzo del 2020 lo que parecía lejano e iba a tardar en llegar, al decir del ministro de Salud de la Nación, llegó a la Argentina, el coronavirus se interpuso en nuestras vidas y la alarma por lo que pasa en el mundo llevó al gobierno nacional a tomar las medidas que aplicaron la mayoría de los países, como la de ordenar el aislamiento preventivo para minimizar el número de infectados. 
¿O hubiera sido preferible que el gobierno aplicara las medidas adoptadas por Corea del Sur o Taiwán? No aislamiento y pruebas masivas, vigilancia temprana, intercambio de información con el público, aplicación de tecnología en forma de big data y plataformas en línea, esta manera de actuar les ha dado a estos países un resultado satisfactorio para combatir a este enemigo invisible, sin afectar su economía.
En rigor de verdad es imposible saberlo, por primera vez nos ocurre esto y al no tener referencias se actúa y el tiempo dirá si desde el punto de vista de la salud fueron acertadas o no estas medidas; pero la decisión de actuar nos da una esperanza. Estamos todos juntos haciendo algo por el bien de todos. 
Personalmente creo que darán resultado, que se frenará la curva de contagios, permitiendo que no colapse el sistema de salud. Será posible por el compromiso de la mayoría de los argentinos, que nos quedamos en casa y por los médicos, personal de enfermería, fuerzas de seguridad, municipales y trabajadores exceptuados que realizan un esfuerzo heroico. Vaya para ellos el agradecimiento más sincero.
Pero esto, al sexto día de cuarentena empieza a mostrar su lado más difícil. Millones de familias viven hacinadas con lo que eso significa para la propagación del virus; además, necesitan salir todos los días a realizar sus tareas laborales, porque o bien son  emprendedores libres (comerciantes, plomeros, gasistas, etc), monotributistas o porque trabajan en la informalidad y lo hacen para mantener a sus hijos y familia.
También las grandes empresas, sufren el parate, que afectará sus posibilidades de producción, lo que llevará a su quiebra o al despido de trabajadores, que agregarán a la epidemia otra preocupación, ¿cómo trabajar y no morir en el intento? 
Por ello, el acuerdo social para vencer desde el punto de vista sanitario al virus nos debe también comprometer para vencer a otro enemigo que se cierne para los próximos meses y años. El enemigo del colapso económico,  la caída de la producción, que afectará a cada uno de los argentinos y por consiguiente al Estado.
Una vez, como creo, hayamos vencido al virus, debemos pensar, cómo vamos a recuperarnos lo más rápido posible de las secuelas de esta situación, que nos dejará más pobre como país, lo que se traduce, solo a título de ejemplo, en menores servicios de salud, menor número de respiradores, empresas que cerrarán, más gente sin trabajo.
Será el momento de tomar las medidas que se postergaron por décadas y ocasionaron la crítica situación económica existente. Situación negativa cuya solución es impostergable y que reclamara una actitud responsable, como la que hoy se exhibe, por parte de todos los argentinos.  
Para eso debemos sincerarnos y ver que tenemos un Estado sobredimensionado que gasta mucho y mal, no podemos seguir engañándonos. La política deberá poner este tema en la agenda, no es posible que los privados vean caer sus negocios e inversiones y la clase política brille por su ausencia en el sacrificio que la hora impone.
Debemos volver al Código moral de San Martín, quien en Mendoza cuando se conoce la expedición de Morillo, decreta: “Desde hoy quedan nuestros sueldos reducidos a la mitad”.
Al día de hoy, fueron pocos los que escuché desde la política, que llamen a sacrificar parte de sus ingresos o privilegios para capear la crisis. Cuántas veces los escuchamos declamar que están del lado de la gente, pues bien, este es el momento. Marquen el camino de los sacrificios que habrá que hacer. A muchos la pospandemia dejará enfermos en su economía y no le podemos pedir más sacrificios, habrá que tomar medidas a favor de los que invierten y arriesgan, bajar impuestos, flexibilizar todo lo posible para que puedan volver a reactivar su economía, generando la riqueza que el Estado no genera. 
Cada peso que el Estado gasta procede exclusivamente de un peso obtenido a través de impuestos, habrá que trabajar por un gobierno limitado, abrir los mercados, desregular el mercado laboral, entendiendo que la productividad del trabajo es lo que hace elevar los salarios, bajar impuestos y suprimir otros, establecer un tope a los sueldos de la administración pública, y de los funcionarios políticos, suprimir asesorías y oficinas superfluas, en fin una tarea monumental, pero vital para la recuperación del trabajo.
Aparte de los daños económicos que causa la decisión política de la cuarentena, esta nos lleva a perder derechos humanos fundamentales y nuestra libertad individual, afectados en nombre de la salud pública, esa es la tarea que tenemos por delante, vencer al virus, recuperar la economía, afianzar el federalismo y volver al respeto de las libertades individuales.
Es un camino difícil, pero como decía el más grande correntino, el General San Martín: “Puede que sea imposible, pero es imprescindible que lo hagamos”. 
Esta pandemia nos ayuda a pensar sobre los valores de nuestra responsabilidad ciudadana, potencia el ideal de la nacionalidad que nos une a todos, en una hora que tenemos que trabajar por el reencuentro de los argentinos para defender y cuidar la vida, el trabajo y la libertad de todos.

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Argentina y la amenaza del coronavirus

“Puede que sea imposible, pero es imprescindible que lo hagamos”, José Francisco de San Martín.

Por Ricardo “Caito” Leconte. Abogado. Director del Club de la Libertad

Marzo del 2020 lo que parecía lejano e iba a tardar en llegar, al decir del ministro de Salud de la Nación, llegó a la Argentina, el coronavirus se interpuso en nuestras vidas y la alarma por lo que pasa en el mundo llevó al gobierno nacional a tomar las medidas que aplicaron la mayoría de los países, como la de ordenar el aislamiento preventivo para minimizar el número de infectados. 
¿O hubiera sido preferible que el gobierno aplicara las medidas adoptadas por Corea del Sur o Taiwán? No aislamiento y pruebas masivas, vigilancia temprana, intercambio de información con el público, aplicación de tecnología en forma de big data y plataformas en línea, esta manera de actuar les ha dado a estos países un resultado satisfactorio para combatir a este enemigo invisible, sin afectar su economía.
En rigor de verdad es imposible saberlo, por primera vez nos ocurre esto y al no tener referencias se actúa y el tiempo dirá si desde el punto de vista de la salud fueron acertadas o no estas medidas; pero la decisión de actuar nos da una esperanza. Estamos todos juntos haciendo algo por el bien de todos. 
Personalmente creo que darán resultado, que se frenará la curva de contagios, permitiendo que no colapse el sistema de salud. Será posible por el compromiso de la mayoría de los argentinos, que nos quedamos en casa y por los médicos, personal de enfermería, fuerzas de seguridad, municipales y trabajadores exceptuados que realizan un esfuerzo heroico. Vaya para ellos el agradecimiento más sincero.
Pero esto, al sexto día de cuarentena empieza a mostrar su lado más difícil. Millones de familias viven hacinadas con lo que eso significa para la propagación del virus; además, necesitan salir todos los días a realizar sus tareas laborales, porque o bien son  emprendedores libres (comerciantes, plomeros, gasistas, etc), monotributistas o porque trabajan en la informalidad y lo hacen para mantener a sus hijos y familia.
También las grandes empresas, sufren el parate, que afectará sus posibilidades de producción, lo que llevará a su quiebra o al despido de trabajadores, que agregarán a la epidemia otra preocupación, ¿cómo trabajar y no morir en el intento? 
Por ello, el acuerdo social para vencer desde el punto de vista sanitario al virus nos debe también comprometer para vencer a otro enemigo que se cierne para los próximos meses y años. El enemigo del colapso económico,  la caída de la producción, que afectará a cada uno de los argentinos y por consiguiente al Estado.
Una vez, como creo, hayamos vencido al virus, debemos pensar, cómo vamos a recuperarnos lo más rápido posible de las secuelas de esta situación, que nos dejará más pobre como país, lo que se traduce, solo a título de ejemplo, en menores servicios de salud, menor número de respiradores, empresas que cerrarán, más gente sin trabajo.
Será el momento de tomar las medidas que se postergaron por décadas y ocasionaron la crítica situación económica existente. Situación negativa cuya solución es impostergable y que reclamara una actitud responsable, como la que hoy se exhibe, por parte de todos los argentinos.  
Para eso debemos sincerarnos y ver que tenemos un Estado sobredimensionado que gasta mucho y mal, no podemos seguir engañándonos. La política deberá poner este tema en la agenda, no es posible que los privados vean caer sus negocios e inversiones y la clase política brille por su ausencia en el sacrificio que la hora impone.
Debemos volver al Código moral de San Martín, quien en Mendoza cuando se conoce la expedición de Morillo, decreta: “Desde hoy quedan nuestros sueldos reducidos a la mitad”.
Al día de hoy, fueron pocos los que escuché desde la política, que llamen a sacrificar parte de sus ingresos o privilegios para capear la crisis. Cuántas veces los escuchamos declamar que están del lado de la gente, pues bien, este es el momento. Marquen el camino de los sacrificios que habrá que hacer. A muchos la pospandemia dejará enfermos en su economía y no le podemos pedir más sacrificios, habrá que tomar medidas a favor de los que invierten y arriesgan, bajar impuestos, flexibilizar todo lo posible para que puedan volver a reactivar su economía, generando la riqueza que el Estado no genera. 
Cada peso que el Estado gasta procede exclusivamente de un peso obtenido a través de impuestos, habrá que trabajar por un gobierno limitado, abrir los mercados, desregular el mercado laboral, entendiendo que la productividad del trabajo es lo que hace elevar los salarios, bajar impuestos y suprimir otros, establecer un tope a los sueldos de la administración pública, y de los funcionarios políticos, suprimir asesorías y oficinas superfluas, en fin una tarea monumental, pero vital para la recuperación del trabajo.
Aparte de los daños económicos que causa la decisión política de la cuarentena, esta nos lleva a perder derechos humanos fundamentales y nuestra libertad individual, afectados en nombre de la salud pública, esa es la tarea que tenemos por delante, vencer al virus, recuperar la economía, afianzar el federalismo y volver al respeto de las libertades individuales.
Es un camino difícil, pero como decía el más grande correntino, el General San Martín: “Puede que sea imposible, pero es imprescindible que lo hagamos”. 
Esta pandemia nos ayuda a pensar sobre los valores de nuestra responsabilidad ciudadana, potencia el ideal de la nacionalidad que nos une a todos, en una hora que tenemos que trabajar por el reencuentro de los argentinos para defender y cuidar la vida, el trabajo y la libertad de todos.