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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

Aprovechame, mirá que me estoy yendo

Por Adalberto Balduino

Especial para El Litoral

Desde adolescente, lo seguí a Mario “Chaque” Mauriño, a través de sus tiras que se destacaban por la acidez necesaria e imprescindible para fundamentar la libre expresión. La misma es el límite del ciudadano de un Estado, que merece ser apuntalado para ser defendido, recordándonos que la palabra es compromiso que debe siempre respetarse.

No conocía su vida en detalle, solo de oídas y todas coincidían: era un gran tipo. Lo importante era la obra que iba construyendo, entre humorada y humorada. Sucede que con la gente mayor había entonces un respeto que nos distanciaba y, a la vez, perdíamos el contacto de intimar con estos “Adelantados” irrepetibles.

Si bien era rapidísimo para el desenlace de una tira o un cuadro, también era serio, tal vez daba miedo abordarlo por temor a romper su mutismo. Sin embargo, conmigo era todo lo contrario, puro afecto y siempre con una historia que el buen ojo rescata por sobre el resto. 

Lo encontraba diariamente en su camino pertinaz pero seguro, cuando ya jubilado, seguía haciendo dibujos para el diario El Litoral, los traía a “pata” como buena gimnasia, por calle Yrigoyen hasta el diario, para luego remontar repitiendo el camino inicial pero inverso hacia su domicilio del barrio Yapeyú.

Recuerdo que alguna vez llegué por allí para hacerle una nota para televisión y fotos para un programa producido por Rojas Maffei. Al entrar, la primera carcajada, “tené  cuidado porque estos bártulos algún día me van a matar”. Eran los parlantes de todos los tamaños y potencias, de un hijo más chico amante del rock. Agregó: “este me salió torcido”, por la elección del género musical adoptado.

Hoy cumple 100 años, parece mentira. Me cuido de decirlo en presente porque sigue estando. 

Gracias a otro gran periodista y amigo, Carlos Buratti, nos reuníamos cada mes en “El Mariscal” para un almuerzo de amigos. Por allí andaban, todos beneméritos, Carlitos Gelmi, Darwi Berti, “Chaque” Mauriño, Marcelo Fernández, Carlos Buratti, y muchos otros con quienes hacíamos la ronda para reencontrarnos. Era un emotivo abrazo a los recuerdos transcurridos, a la alegría, a la fidelidad de la amistad, y el grandioso honor de compartirlo con profesionales en la intimidad misma de cada uno.

Desde su “Chaque” original que casi suena como una advertencia, como un latigazo para tomar razón, como diciendo alto, se distinguía por sus finas ironías. Por mis trabajos diversos, no asistía regularmente a las citas, cuando me encontraba me reprochaba con afecto, diciéndome: “Aprovechame, mirá que me estoy yendo”. 

Creo que el dibujo le venía de familia, su primo era el gran dibujante, Eduardo Ferro, el autor de “Langostino”, “el navegante independiente, y su inefable pequeña barca “Corina”. “Chaque” tenía un trazo firme de seguridad total, tenía la capacidad de resolverlo en cuadros, en uno, y hasta mudo, sin texto, solo expresándolo con el dibujo, tarea nada fácil.

Era tan popular que en el trabajo flotaba el comentario de su entrega diaria, como tarea primera para comenzar el día. Se anticipaba a la temperatura de la jornada, como un “vidente” que de antemano intuía o sentenciaba. 

Sus dibujos eran un reproche, como un verdadero ciudadano preocupado por las cosas que realmente interesan. Muchos políticos y dirigentes tenían cuidado de no llamar su atención porque sus observaciones daban un sobresaliente o un aplazo. Me parece verlo aún, por calle Yrigoyen yendo presuroso al diario llevando sus dibujos, conversando con cada uno que se le cruzaba, como acostumbraba hacerlo, cuando la suerte me proporcionaba la fortuna de escucharlo.

Hablando siempre en presente, Mario “Chaque” Mauriño lleva muy bien cumplidos sus 100 años. Él los superó, no deponiendo actitudes, sino avanzando, estrechando las manos de sus fervientes admiradores, con su sonrisa pícara, cómplice, sin claudicar, haciendo uso del sentido común.

¡Feliz cumpleaños, querido Chaque!

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