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Polarización tóxica

Por El Litoral

Viernes, 07 de noviembre de 2025 a las 18:53

Jesús Rodríguez es economista, ex ministro de Economía y ex presidente de la Auditoría General de la Nación (AGN). En su reciente artículo titulado “Entre el miedo y la esperanza”, aparecido recientemente en el diario Clarín, sentenció: “Existe una vacancia de representación política de vastos sectores sociales que se resisten a quedar prisioneros de una polarización tóxica”.
La razón lo asiste. Aunque las matemáticas de los escrutinios electorales reflejen una realidad, en la vida diaria, la Argentina se manifiesta de modo no lineal, más libre e incluso, de mejor modo que con el voto. Y el hastío -cuando se expresa- no adquiere forma solamente de uno u otro, de una cara u otra de la moneda, sino de diversas maneras.
Al respecto, Rodríguez pintó de cuerpo entero a la esperanza que debe sobrevenir a estos tiempos:  “Recordando a Vaclav Havel, arquitecto de la recordada “revolución de terciopelo” que democratizó la Checoslovaquia de la era soviética, los que no nos resignamos a vivir en una sociedad de ciudadanos prevenidos y con la guardia alta tenemos la responsabilidad de comprometernos con la idea de que “la esperanza es la capacidad de trabajar por algo porque es bueno, no solo porque exista la posibilidad de éxito”.
La polarización tóxica, dijo, “contamina la vida social, como cuando se caracteriza a la actual administración elegida por el voto popular como “ gobierno de ocupación”; o como cuando, como todos los regímenes autoritarios de todos los tiempos y geografías, se animaliza a la oposición, llamando ratas a los adversarios políticos.
Esa demanda necesita ser atendida por una fuerza parlamentaria que asumiendo su papel opositor al gobierno -pero no al país - exhiba una lealtad institucional sin dobleces y una clara vocación transformadora de estructuras que deben ser reformadas.
Somos muchos los ciudadanos que adherimos al patriotismo constitucional, la norma que sella nuestro pacto de convivencia social, y que, por lo tanto, no propiciamos su modificación basados en la idea de que la división de poderes es una noción del siglo XIX, ni creemos que los derechos sociales consagrados en el artículo 14 Bis sean el “cáncer de la Argentina”.
Del mismo modo, las otras naciones del mundo no merecen sorprenderse por la actitud de quienes no pueden denunciar con todas las letras las autocracias electivas de América Latina ni por las decisiones oficiales que, siguiendo un alineamiento acrítico con los EEUU, rehúsan votar en la ONU contra la invasión de Vladimir Putin a Ucrania o impugnan los esfuerzos globales por sociedades inclusivas e igualitarias.
La superación del estancamiento económico no será posible con la necrofilia ideológica de políticas que mostraron su fracaso, y tampoco con el extremo reduccionismo analítico de creer que el imprescindible equilibrio fiscal remueve las múltiples causas - políticas, económicas, sociales, regionales y culturales- que explican nuestro retroceso relativo.
De hecho, la experiencia reciente de nuestros países vecinos de la región muestra que el respeto a la ley y el cuidado de la calidad de las instituciones; la aplicación de políticas públicas alineadas con las buenas prácticas internacionales y la cultura del acuerdo, el compromiso y el respeto entre los actores políticos y sociales producen resultados favorables y positivos en términos de crecimiento económico y reducción de la pobreza.
Y aunque la apatía parecía ser el salvoconducto para el descrédito de las fuerzas políticas y los liderazgos, y si bien es cierto que se registró la menor concurrencia a las urnas desde 1983, también es verdad que aumentó el presentismo, en relación a las 10 elecciones previas del año, en casi 8 puntos porcentuales. Esta mayor concurrencia estuvo acompañada de una polarización que reunió al 72% de los electores entre las dos fuerzas más votadas.
El otro tema es el relativo al apoyo del gobierno de los Estados Unidos, materializado en negociaciones por acuerdos de aranceles de comercio, inversiones y canje de monedas y, muy determinante, en la activa e inédita participación del Tesoro en el mercado cambiario de nuestro país.
Así, el salvataje de los EEUU evitó el desmadre completo de la endeble situación económica y contribuyó a definir la conducta de muchos ciudadanos que, unos ganados por la decepción y otros portadores de un sentimiento de defraudación, decidieron acudir a las urnas para evitar la repetición de las experiencias negativas de, al menos, las últimas cuatro administraciones.
Definitivamente, es tiempo de recuperar la esperanza.

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