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Biodanza: danzar potencia la salud

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Por Laura Del Piano

Danzamos para redescubrir la fuente y la fuerza de la vida en cada uno de nosotros. La biodanza tiene por objetivo la profilaxis, la rehabilitación existencial, la reeducación de la afectividad, el tratamiento complementario de enfermedades y la integración psicofísica mediante la estructura operativa “música-movimiento-vivencia”.
Los efectos integradores de la práctica de biodanza pueden comprenderse mediante el estudio del Sistema Integrador Adaptativo Límbico Hipotalámico (Sialh). El Sialh determina el comportamiento sexual, la regresión, el comportamiento emocional, algunas funciones cognitivas. También interviene en la mediación adaptativa con el mundo externo. La integración de las respuestas viscerales moduladas por la región límbico - hipotalámica tienden a conservar la estabilidad del medio interno (homeostasis). Los comportamientos adaptativos al medio externo, en cambio, están relacionados con los sistemas somato - motor y sensorial (corteza cerebral).
Las danzas rítmicas, los ejercicios de extensión, fluidez, eufonía, el comportamiento en feedback, etc., propuestos por biodanza integran los sistemas somato-motor y sensorial e inducen la adaptación de movimientos a los estímulos externos. Los ejercicios que estimulan vivencias y emociones, tales como los de encuentro, afectividad, contacto, influyen sobre el sistema neurovegetativo y endocrino. Ejercicios de expresión afectiva, creatividad y trascendencia, integran las estructuras sensorio-motoras (de adaptación) con las límbico-hipotalámicas (viscerales).
Todas las funciones orgánicas sean motoras o viscerales están neurológicamente relacionadas entre sí.
Las funciones cardiovascular, respiratoria y digestiva se coordinan con comportamientos adaptativos, lo que asegura la sobrevivencia, pero son influidas profundamente por vivencias y emociones.
El Sistema Integrador Adaptativo Límbico Hipotalámico está íntimamente asociado con los aspectos instintivos, emocionales y afectivos contribuyendo a la consolidación de patrones de comportamiento.
La corteza cerebral posee a su vez funciones inhibidoras sobre el sistema límbico-hipotalámico y puede modular el comportamiento instintivo mediante estímulos inhibidores consecuentes.
Biodanza, desde este punto de vista, representa una disciplina liberadora, al estimular, mediante los ejercicios, el sistema límbico-hipotalámico.
Esto no significa que los individuos deban perder su capacidad adaptativa y de control consciente, sino rescatar las fuerzas originarias del instinto que regulan la salud y elevan el ímpetu vital.
La relación neurológica entre emociones y respuestas viscerales permite comprender el mecanismo de las llamadas enfermedades psicosomáticas, cuya génesis se atribuye a conflictos emocionales.
Las emociones se expresan principalmente mediante manifestaciones viscerales: llanto, sudor, temblores musculares, modificaciones de la presión arterial, del ritmo cardíaco, del ritmo respiratorio, del peristaltismo intestinal, motilidad vascular, metabolismo basal, etc.
Biodanza puede regular tales manifestaciones viscerales, conduciendo con sabiduría el proceso vivencial.
Las Danzas de Integración, que pertenecen al repertorio de biodanza, son un ejemplo de la maravillosa coordinación de los mecanismos del equilibrio y de la unidad del movimiento, que es posible alcanzar. Para que tal armonía se produzca, el cerebro ha ido dando, en el momento preciso, el tono muscular necesario a cada uno de nuestros miembros, tensionando y relajando sutilmente los músculos según las necesidades del instante. La corteza cerebral integra la percepción del mundo externo, es asiento del pensamiento, de la conciencia y de la reflexión, posee la función motora voluntaria y coordina también funciones viscerales.
Vemos así los distintos niveles de compromiso neurológico que pueden darse en la danza. Hay movimientos ordenados desde la corteza, perfectamente controlados por la voluntad y guiados por el pensamiento. Hay otros, en cambio, que se empalman con los impulsos del cerebro antiguo y que se impregnan de afectividad y emoción. Los ejercicios con música suave, los ejercicios en cámara lenta, los ejercicios de regresión, activan el sistema parasimpático produciendo efectos específicos: disminuye el ritmo cardíaco, aumenta la secreción de las glándulas lacrimales y salivales, fomenta la acumulación de reservas, predispone al sueño y al reposo, activa el eros en general (sensaciones de plenitud y paz).
Los ejercicios con música de ritmo euforizante tiene acción estimulante sobre el sistema simpático generando: aumento del ritmo cardíaco, elevación de la presión arterial, vaso-constricción del área esplácnica, desplazamiento de la sangre a los músculos que han de entrar en acción, movilización del glucógeno del hígado, broncodilatación, para permitir una ventilación mayor, aumento de la coagulación de la sangre (reacciones de emergencia).
En cada clase se proponen ejercicios que en forma combinada estimulan ambos sistemas (Simpático-adrenérgico y Parasimpático-colinérgico), de allí el efecto armonizador neurovegetativo que produce su práctica regular.
Recientemente se ha comprobado la existencia de canales de comunicación entre el sistema nervioso y el sistema inmunológico, autorregulado e internamente influenciado por el medio externo y las emociones, vía eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal. La activación colinérgica parasimpática tiende a estimular el sistema inmunológico.
Se puede suponer, en base a estas investigaciones, que la armonización del sistema límbico-hipotalámico y el fortalecimiento de las respuestas al stress mediante la integración realizada en biodanza tengan influencia sobre el sistema inmunológico.
Otras investigaciones demuestran que existen múltiples correlaciones entre emociones, sistema nervioso, endocrino e inmunológico. Los ejercicios de biodanza estimulan, a través de las vivencias que influyen sobre la hipófisis, la producción de diversas glándulas endocrinas, que llegan hasta el núcleo de las células, sintetizando nuevas proteínas y trasformando la actividad celular.
Son los mensajeros químicos los que regulan la relación entre sistema nervioso y sistema endocrino; y se han establecido efectos psicológicos de la acción de algunos neurotransmisores: dopamina (entusiasmo, erotismo, placer, motivaciones vitales, buen humor), endorfinas (placer cenestésico, anestesia del dolor, bienestar), serotonina (depresor, estimulador del pensamiento), noradrenalina (activador, vasodilatador arterial), acetil colina (vasodilatador arterial, reparación orgánica, desacelerador), gaba (tranquilizador).
Las vivencias inducidas por la música en biodanza pueden crear “efectos” semejantes a estos neurotransmisores, así como los de algunas hormonas. Esto significa que algunos ejercicios específicos inducen “efecto dopaminérgicos”, “efecto endorfínico”, “efecto gaba”, etc.

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Biodanza: danzar potencia la salud

Por Laura Del Piano

Danzamos para redescubrir la fuente y la fuerza de la vida en cada uno de nosotros. La biodanza tiene por objetivo la profilaxis, la rehabilitación existencial, la reeducación de la afectividad, el tratamiento complementario de enfermedades y la integración psicofísica mediante la estructura operativa “música-movimiento-vivencia”.
Los efectos integradores de la práctica de biodanza pueden comprenderse mediante el estudio del Sistema Integrador Adaptativo Límbico Hipotalámico (Sialh). El Sialh determina el comportamiento sexual, la regresión, el comportamiento emocional, algunas funciones cognitivas. También interviene en la mediación adaptativa con el mundo externo. La integración de las respuestas viscerales moduladas por la región límbico - hipotalámica tienden a conservar la estabilidad del medio interno (homeostasis). Los comportamientos adaptativos al medio externo, en cambio, están relacionados con los sistemas somato - motor y sensorial (corteza cerebral).
Las danzas rítmicas, los ejercicios de extensión, fluidez, eufonía, el comportamiento en feedback, etc., propuestos por biodanza integran los sistemas somato-motor y sensorial e inducen la adaptación de movimientos a los estímulos externos. Los ejercicios que estimulan vivencias y emociones, tales como los de encuentro, afectividad, contacto, influyen sobre el sistema neurovegetativo y endocrino. Ejercicios de expresión afectiva, creatividad y trascendencia, integran las estructuras sensorio-motoras (de adaptación) con las límbico-hipotalámicas (viscerales).
Todas las funciones orgánicas sean motoras o viscerales están neurológicamente relacionadas entre sí.
Las funciones cardiovascular, respiratoria y digestiva se coordinan con comportamientos adaptativos, lo que asegura la sobrevivencia, pero son influidas profundamente por vivencias y emociones.
El Sistema Integrador Adaptativo Límbico Hipotalámico está íntimamente asociado con los aspectos instintivos, emocionales y afectivos contribuyendo a la consolidación de patrones de comportamiento.
La corteza cerebral posee a su vez funciones inhibidoras sobre el sistema límbico-hipotalámico y puede modular el comportamiento instintivo mediante estímulos inhibidores consecuentes.
Biodanza, desde este punto de vista, representa una disciplina liberadora, al estimular, mediante los ejercicios, el sistema límbico-hipotalámico.
Esto no significa que los individuos deban perder su capacidad adaptativa y de control consciente, sino rescatar las fuerzas originarias del instinto que regulan la salud y elevan el ímpetu vital.
La relación neurológica entre emociones y respuestas viscerales permite comprender el mecanismo de las llamadas enfermedades psicosomáticas, cuya génesis se atribuye a conflictos emocionales.
Las emociones se expresan principalmente mediante manifestaciones viscerales: llanto, sudor, temblores musculares, modificaciones de la presión arterial, del ritmo cardíaco, del ritmo respiratorio, del peristaltismo intestinal, motilidad vascular, metabolismo basal, etc.
Biodanza puede regular tales manifestaciones viscerales, conduciendo con sabiduría el proceso vivencial.
Las Danzas de Integración, que pertenecen al repertorio de biodanza, son un ejemplo de la maravillosa coordinación de los mecanismos del equilibrio y de la unidad del movimiento, que es posible alcanzar. Para que tal armonía se produzca, el cerebro ha ido dando, en el momento preciso, el tono muscular necesario a cada uno de nuestros miembros, tensionando y relajando sutilmente los músculos según las necesidades del instante. La corteza cerebral integra la percepción del mundo externo, es asiento del pensamiento, de la conciencia y de la reflexión, posee la función motora voluntaria y coordina también funciones viscerales.
Vemos así los distintos niveles de compromiso neurológico que pueden darse en la danza. Hay movimientos ordenados desde la corteza, perfectamente controlados por la voluntad y guiados por el pensamiento. Hay otros, en cambio, que se empalman con los impulsos del cerebro antiguo y que se impregnan de afectividad y emoción. Los ejercicios con música suave, los ejercicios en cámara lenta, los ejercicios de regresión, activan el sistema parasimpático produciendo efectos específicos: disminuye el ritmo cardíaco, aumenta la secreción de las glándulas lacrimales y salivales, fomenta la acumulación de reservas, predispone al sueño y al reposo, activa el eros en general (sensaciones de plenitud y paz).
Los ejercicios con música de ritmo euforizante tiene acción estimulante sobre el sistema simpático generando: aumento del ritmo cardíaco, elevación de la presión arterial, vaso-constricción del área esplácnica, desplazamiento de la sangre a los músculos que han de entrar en acción, movilización del glucógeno del hígado, broncodilatación, para permitir una ventilación mayor, aumento de la coagulación de la sangre (reacciones de emergencia).
En cada clase se proponen ejercicios que en forma combinada estimulan ambos sistemas (Simpático-adrenérgico y Parasimpático-colinérgico), de allí el efecto armonizador neurovegetativo que produce su práctica regular.
Recientemente se ha comprobado la existencia de canales de comunicación entre el sistema nervioso y el sistema inmunológico, autorregulado e internamente influenciado por el medio externo y las emociones, vía eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal. La activación colinérgica parasimpática tiende a estimular el sistema inmunológico.
Se puede suponer, en base a estas investigaciones, que la armonización del sistema límbico-hipotalámico y el fortalecimiento de las respuestas al stress mediante la integración realizada en biodanza tengan influencia sobre el sistema inmunológico.
Otras investigaciones demuestran que existen múltiples correlaciones entre emociones, sistema nervioso, endocrino e inmunológico. Los ejercicios de biodanza estimulan, a través de las vivencias que influyen sobre la hipófisis, la producción de diversas glándulas endocrinas, que llegan hasta el núcleo de las células, sintetizando nuevas proteínas y trasformando la actividad celular.
Son los mensajeros químicos los que regulan la relación entre sistema nervioso y sistema endocrino; y se han establecido efectos psicológicos de la acción de algunos neurotransmisores: dopamina (entusiasmo, erotismo, placer, motivaciones vitales, buen humor), endorfinas (placer cenestésico, anestesia del dolor, bienestar), serotonina (depresor, estimulador del pensamiento), noradrenalina (activador, vasodilatador arterial), acetil colina (vasodilatador arterial, reparación orgánica, desacelerador), gaba (tranquilizador).
Las vivencias inducidas por la música en biodanza pueden crear “efectos” semejantes a estos neurotransmisores, así como los de algunas hormonas. Esto significa que algunos ejercicios específicos inducen “efecto dopaminérgicos”, “efecto endorfínico”, “efecto gaba”, etc.