“Cocomarola dejó una huella indeleble en las personas y en la música chamamecera”
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“Cocomarola dejó una huella indeleble en las personas y en la música chamamecera”

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Mírame”, “El sancosmeño”, parte de los clásicos que celebraron el viernes Coquimarola y Gabriel Cocomarola.  “Este año mi padre hubiera cumplido 100 años. Nosotros llevamos más de 70 años en el quehacer chamamecero. Celebramos el legado con música”, deslizó en conferencia de prensa Coquimarola, hijo de Tránsito Cocomarola, el “Taita del chamamé”.
Por su parte, Gabriel Cocomarola está más relajado, tranquilo, el legado “no es una mochila pesada”, aclara. Las celebraciones y los recuerdos en el centenario de Cocomarola se multiplicarán a lo largo del año. “De esta presentación, al igual que tantas otras, nos llevamos el aplauso del público, algo difícil de explicar o transferir con palabras. Su nieto salió un buen músico y estoy seguro de que está orgulloso de él”, destaca.
Con más de 20 años en la Fiesta del Chamamé, Coquimarola recordó que era la segunda conferencia de prensa que brindaba a lo largo de todos estos años. “Creo que es importante que ahora se dan más espacios y lugares para nuestros músicos. Hace más de un año se nos fue Nini Flores, un hombre que no supimos aprovechar en nada. Nini podría haber estado en la Orquesta Sinfónica de la provincia porque era un músico de otro planeta. Nosotros no nos dimos cuenta de que lo teníamos acá con nosotros; ahora, después de que murió, lo quieren ponen en valor. Nini se iba a Mburucuyá a escuchar chamamé y a mirar el festival. Decían de él que no era auténtico y sin embargo conocía el género como muy pocos músicos lo conocen”, manifiesta ya con entusiasmo Coquimarola. “Tenemos mucha riqueza, tenemos un semillero hermoso, jóvenes talentosos y hay que aprovechar estas cosas”, resalta.

Gabriel, como ya es el nieto, safa un poco pero a mi me costó muchísimo. Pesó ser el hijo de un músico intuitivo como pocos en la historia”.


“Esta edición de la Fiesta con un enfoque de raíz es muy especial para todos los músicos del litoral. Nosotros acá en algunas oportunidades invitamos a otros músicos que vengan a nuestra fiesta y les damos la cabecera de la mesa. Nosotros nos sentamos alrededor. A veces tocar en un festival es un desprestigio. Ahora tengo ganas de parar y dejar de tocar. Siempre los que se van son los músicos, pero la música queda y trasciende el tiempo”, reflexionan los familiares del “Taita” Cocomarola. 
Después de la presentación, los músicos estaban animados y dialogaron con los diferentes medios apostados en la carpa de prensa. Aceptaron tomarse fotos y firmar algunos discos. Además, adelantaron que este año se hará algo en el “Kilómetro 11”, Ruta 12 camino a Itatí.
-Coquimarola, hoy no mostraste tus composiciones, ¿por qué?
-Hoy centramos nuestra presentación en el homenaje a Cocomarola. No podía desarrollarme como músico y hacer mis temas. Siempre están en nuestro repertorio los temas de Cocomarola, pero esta vez fue más especial. De todas maneras fue muy lindo, los aplausos son una inyección al corazón, no hay otra historia, la música es linda y te hace sentir otras cosas.  
-¿Cómo viven el legado dejado por Tránsito Cocomarola?
Gabriel Cocomarola: es un legado muy especial y muy grande. Pero es un legado que en mi caso lo disfruto mucho porque todo el tiempo estamos aprendiendo de lo que nos dejó Cocomarola. Entonces, en mi caso es un aprendizaje sano y divertido. Quizás a mi padre no le pasa lo mismo, pero nosotros que somos de otra generación lo tomamos diferente, Cocomarola dejó un legado muy amplio, ya que todo el tiempo se iba renovando. Insisto que es otro aprendizaje el que vivo de todo lo que dejó musicalmente. 
Coquimarola:  claro, Gabriel, como ya es el nieto, safa un poco, pero a mí me costó muchísimo. Ser el hijo de una persona que tuvo la suerte de ser un creador, músico intuitivo como pocos en la historia de la música. Cocomarola tocaba acordeón, bandoneón y más adelante aprendió a escribir música. Tenía todo lo que un músico puede aspirar, creatividad, inventiva y estilo musical. Cocomarola se adaptaba a los cantores que lo acompañaban. Cuando Vera Lucero sale del conjunto de Cocomarola la gente dijo “se terminaba Cocomarola”. Sin embargo, él tocaba para hacer lucir al cantor, cualquiera fuera el cantor que lo acompañara y ahí estaba otra de sus condiciones innatas como músico. El trabajaba para hacer brillar al cantante y para que el cantante se luzca.
El legado crece cada vez más. A mí no me asusta, pero tenemos una tarea que es llevar lo más lejos posible este legado musical. Tengo más de 200 obras pero nunca mis obras trascendieron tanto y menos acá en Corrientes. Acá el correntino mira las cosas de afuera y nosotros seguimos trabajando como lo hacemos desde hace 70 años.
-En cuanto a estos aspectos de músico creativo, intuitivo, ¿encuentran hoy un paralelismo en los nuevos músicos?
Gabriel: es difícil encontrar un paralelo. Es difícil porque hoy en día uno aprende de los grandes y después se va haciendo su camino. Cocomarola tenía tanto talento junto como compositor, director, arreglador, como músico integral. Hay gente que aporta mucho para el chamamé y sobre todo los jóvenes, que ya están desarrollando nuevas cosas.

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“Cocomarola dejó una huella indeleble en las personas y en la música chamamecera”

Mírame”, “El sancosmeño”, parte de los clásicos que celebraron el viernes Coquimarola y Gabriel Cocomarola.  “Este año mi padre hubiera cumplido 100 años. Nosotros llevamos más de 70 años en el quehacer chamamecero. Celebramos el legado con música”, deslizó en conferencia de prensa Coquimarola, hijo de Tránsito Cocomarola, el “Taita del chamamé”.
Por su parte, Gabriel Cocomarola está más relajado, tranquilo, el legado “no es una mochila pesada”, aclara. Las celebraciones y los recuerdos en el centenario de Cocomarola se multiplicarán a lo largo del año. “De esta presentación, al igual que tantas otras, nos llevamos el aplauso del público, algo difícil de explicar o transferir con palabras. Su nieto salió un buen músico y estoy seguro de que está orgulloso de él”, destaca.
Con más de 20 años en la Fiesta del Chamamé, Coquimarola recordó que era la segunda conferencia de prensa que brindaba a lo largo de todos estos años. “Creo que es importante que ahora se dan más espacios y lugares para nuestros músicos. Hace más de un año se nos fue Nini Flores, un hombre que no supimos aprovechar en nada. Nini podría haber estado en la Orquesta Sinfónica de la provincia porque era un músico de otro planeta. Nosotros no nos dimos cuenta de que lo teníamos acá con nosotros; ahora, después de que murió, lo quieren ponen en valor. Nini se iba a Mburucuyá a escuchar chamamé y a mirar el festival. Decían de él que no era auténtico y sin embargo conocía el género como muy pocos músicos lo conocen”, manifiesta ya con entusiasmo Coquimarola. “Tenemos mucha riqueza, tenemos un semillero hermoso, jóvenes talentosos y hay que aprovechar estas cosas”, resalta.

Gabriel, como ya es el nieto, safa un poco pero a mi me costó muchísimo. Pesó ser el hijo de un músico intuitivo como pocos en la historia”.


“Esta edición de la Fiesta con un enfoque de raíz es muy especial para todos los músicos del litoral. Nosotros acá en algunas oportunidades invitamos a otros músicos que vengan a nuestra fiesta y les damos la cabecera de la mesa. Nosotros nos sentamos alrededor. A veces tocar en un festival es un desprestigio. Ahora tengo ganas de parar y dejar de tocar. Siempre los que se van son los músicos, pero la música queda y trasciende el tiempo”, reflexionan los familiares del “Taita” Cocomarola. 
Después de la presentación, los músicos estaban animados y dialogaron con los diferentes medios apostados en la carpa de prensa. Aceptaron tomarse fotos y firmar algunos discos. Además, adelantaron que este año se hará algo en el “Kilómetro 11”, Ruta 12 camino a Itatí.
-Coquimarola, hoy no mostraste tus composiciones, ¿por qué?
-Hoy centramos nuestra presentación en el homenaje a Cocomarola. No podía desarrollarme como músico y hacer mis temas. Siempre están en nuestro repertorio los temas de Cocomarola, pero esta vez fue más especial. De todas maneras fue muy lindo, los aplausos son una inyección al corazón, no hay otra historia, la música es linda y te hace sentir otras cosas.  
-¿Cómo viven el legado dejado por Tránsito Cocomarola?
Gabriel Cocomarola: es un legado muy especial y muy grande. Pero es un legado que en mi caso lo disfruto mucho porque todo el tiempo estamos aprendiendo de lo que nos dejó Cocomarola. Entonces, en mi caso es un aprendizaje sano y divertido. Quizás a mi padre no le pasa lo mismo, pero nosotros que somos de otra generación lo tomamos diferente, Cocomarola dejó un legado muy amplio, ya que todo el tiempo se iba renovando. Insisto que es otro aprendizaje el que vivo de todo lo que dejó musicalmente. 
Coquimarola:  claro, Gabriel, como ya es el nieto, safa un poco, pero a mí me costó muchísimo. Ser el hijo de una persona que tuvo la suerte de ser un creador, músico intuitivo como pocos en la historia de la música. Cocomarola tocaba acordeón, bandoneón y más adelante aprendió a escribir música. Tenía todo lo que un músico puede aspirar, creatividad, inventiva y estilo musical. Cocomarola se adaptaba a los cantores que lo acompañaban. Cuando Vera Lucero sale del conjunto de Cocomarola la gente dijo “se terminaba Cocomarola”. Sin embargo, él tocaba para hacer lucir al cantor, cualquiera fuera el cantor que lo acompañara y ahí estaba otra de sus condiciones innatas como músico. El trabajaba para hacer brillar al cantante y para que el cantante se luzca.
El legado crece cada vez más. A mí no me asusta, pero tenemos una tarea que es llevar lo más lejos posible este legado musical. Tengo más de 200 obras pero nunca mis obras trascendieron tanto y menos acá en Corrientes. Acá el correntino mira las cosas de afuera y nosotros seguimos trabajando como lo hacemos desde hace 70 años.
-En cuanto a estos aspectos de músico creativo, intuitivo, ¿encuentran hoy un paralelismo en los nuevos músicos?
Gabriel: es difícil encontrar un paralelo. Es difícil porque hoy en día uno aprende de los grandes y después se va haciendo su camino. Cocomarola tenía tanto talento junto como compositor, director, arreglador, como músico integral. Hay gente que aporta mucho para el chamamé y sobre todo los jóvenes, que ya están desarrollando nuevas cosas.