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Gustavo Aucar: “La cuántica es la Física que está detrás de toda la realidad”

El doctor en física molecular Gustavo Aucar vive en Resistencia, donde desarrolla sus proyectos de investigación científica, enseña y comparte el tiempo libre con su familia. Es el único investigador superior de Conicet en la zona, el cargo más alto de la carrera científica en nuestro país. 

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Por Carlos Lezcano
Especial para El Litoral

Por Gabriela Bissaro
Especial para El Litoral

 

Cuando queremos señalar que algo es de un tamaño menor a lo que se considera chico, decimos “chiquito” o, más aún, “chiquitito”. En la Física fueron corriendo los límites de lo conocido hasta lugares que no estaban nombrados y hubo que bautizarlos. Los científicos bautizan lo hasta entonces desconocido, lo traen a la realidad, lo traducen, lo enseñan a los demás.
Gustavo Aucar estudió, se formó y siguió su inquietud en el campo de la física atómica y molecular teórica. Hizo aportes a nivel mundial y en una charla radial contó algo de ese universo para muchos desconocido.
 
—¿Qué es la física cuántica, en qué lugar de la realidad podríamos ubicarla?
—Diría que la física cuántica está en todos lados; o sea que si uno hace lo que hace, si mira, o pone un dedo sobre esta mesa, escucha una canción; la cuántica, de algún modo, es la Física que está detrás de toda la realidad en la que nosotros ordinariamente vivimos. Si bien lo hacemos a partir de lo que nos permiten nuestros sentidos, y allí no aparece la cuántica tal cual es, detrás de lo que nosotros recibimos a través de nuestros sentidos está la Física Cuántica.
—Sus conferencias suelen comenzar señalando la diferencia que existe entre la Física tradicional y la Cuántica. ¿Puede explicarnos eso? 
—A principios del siglo XX hubo algunos descubrimientos experimentales que hicieron que, quienes hacían ciencia en el área de la Física, se vieran obligados a buscar nuevos modos de describir lo que ocurre a una escala mucho menor a la que es conocida por todos.
Hablo de distancia del orden de 10 a la menos 8 o menos 9 metros. O sea, distancias muy pequeñas, del orden de nanómetros. Las herramientas que se conocían en ese momento (parte de lo que nosotros podemos decir que es la Física Clásica) no se podían utilizar para describir los fenómenos que aparecían a esa escala. Es decir, había que buscar la manera de describirlos pero no haciendo lo que se hizo siempre. Se tuvo que pasar de lo que se toca o escucha o se observa, a otro plano mucho más abstracto. Si hablamos de velocidades o de posiciones, que es hablar de dónde se encuentran los objetos, tenemos que pasar a describirlos no ya a partir del modo usual, sino utilizando lo que se denominan operadores u objetos matemáticos que nos dicen, de alguna manera, que esto que nosotros conocemos en esta escala -la macroscópica- en la microscópica no se pueden representar según la forma en que siempre lo habíamos hecho, sino por lo que llamamos operadores que actúan en un espacio que es muy abstracto. 
Difícil decirlo sin tener un pizarrón, sin tener un gráfico… Si uno dice: un objeto tiene una dada velocidad, ¿qué es la velocidad de ese objeto? ¿Dónde está esa velocidad? Lo que uno está haciendo es una abstracción enorme (!). Estamos tan acostumbrados a hacerlo que nos parece natural hablar de velocidades o hablar de fuerzas o de magnitudes de ese tipo, o de cosas que ya nos hemos habituado a describirlas pero que son una enorme abstracción. De verdad que no hay en la naturaleza ningún ser distinto del hombre capaz de hablar de esas cosas; porque nosotros hemos tenido que inventarlas y expresarlas de manera abstracta. Lo que ha ocurrido con la Física Cuántica fue convertir la abstracción que les mencioné (velocidades, fuerzas, etc.) en algo aún más abstracto para poder interpretar lo que realmente ocurre a escalas en las que lo que ocurre no se puede ver con los ojos humanos, escuchar con nuestros oídos, tocar con nuestras manos. Y lo hemos tenido que hacer por necesidad.
—¿Cuál es su campo de estudio o su tema de estudio y de investigación en la actualidad?
—Trabajo en el área de la Física Atómica y Molecular Teórica. Hago Física Teórica de esa rama particular de la Física; es decir, trabajo en la descripción de lo que ocurre en átomos y moléculas y, en particular, con algunas de sus propiedades que se manifiestan mediante el fenómeno de la resonancia magnética nuclear. Algo que aparece porque los núcleos de los átomos tienen una propiedad que se llama espín, que nadie lo vio ni lo va a ver, pero que sabemos que existen por lo que se puede hacer con ellos. Por sus efectos.
—La Física tradicional, que estudia objetos y eventos de la naturaleza, dio paso a otra Física que estudia fenómenos que para describirlos hay que avanzar en una mayor abstracción. ¿Necesita un nuevo lenguaje?
—Totalmente. O sea, es necesario cambiar un poco la manera de describir lo que ocurre, porque uno usa un lenguaje particular para describir cada cosa, digamos así. Si uno quiere describir lo que nosotros conocemos como la música o cualquier expresión artística o lo que fuera.
Lo que ocurre con los fenómenos de la naturaleza es que requieren también que se los describa con un lenguaje que, en este caso particular, es un lenguaje matemático. Es así porque necesita que sea muy preciso, que no haya ambigüedades en lo que se dice. Supongamos que uno dice que un objeto tiene una velocidad dada, pero si quiere realmente describir cómo se mueve ese objeto tiene que saber decir: ¿qué es la velocidad? ¿Qué valor tiene? ¿Hacia dónde va el objeto? ¿Con qué dirección? Hay una cantidad de elementos que aparecen que no se requiere que sean conocidos con mucha precisión en otros ámbitos, pero que cuando uno quiere describirlos lo tiene que hacer con mucha precisión. Se requiere un lenguaje especial que es, en este caso, el de la matemática. Aunque la física no es matemática, usa el lenguaje de la matemática para expresarse.
—¿Qué hace un científico frente a un límite?
—La gente que hace investigaciones científicas justamente siente algo dentro de uno que lo estimula a enfrentarse a desafíos nuevos. Significa enfrentarse al desafío de tratar de conocer o de aprender sobre lo que se sabe, pero sobre todo, de descubrir sobre lo que no se sabe aún. Yo creo que, en la experiencia común de la gente que hace investigación científica, uno siente desde muy chico o desde joven que le gusta ir hasta esos extremos y, en particular, quienes hacemos ciencia nos gusta saber por qué las cosas son como son, por qué ocurren algunos fenómenos que se pueden explicar de una cierta manera y no de otra.
—Derivamos en esto pero estábamos hablando acerca de su campo de estudio y nos nombró la resonancia. Y ahí nos quedamos.
—En Corrientes, entre los años 80-82, me empezó a llamar la atención la Física cuántica, no había prácticamente nadie que trabajara en cuántica pero sí existía un profesor de la Unne, el ingeniero Ricciardi, que tenía un resonador pequeño en Ciencias Exactas. El utilizaba este aparato que tenía como fundamento la cuántica. Entonces me acerqué para intentar trabajar con él y me introduje en lo que es el fenómeno de la resonancia magnética nuclear. El ingeniero Ricciardi hacía experimentos y a mí me interesaba más la parte teórica, pero a partir de esa experiencia conocí a otro profesor de la Universidad de Buenos Aires, Rubén Contreras (los dos están fallecidos) y así empecé a trabajar con él en Física teórica, en Buenos Aires. 

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Esto que hacía Contreras en Buenos Aires estaba relacionado con lo que hacían otros científicos en Escandinavia: Suecia, Dinamarca fundamentalmente. Me fui introduciendo en un lenguaje particular, un formalismo decimos nosotros, para expresar este fenómeno que había sido desarrollado por escandinavos, y todo lo que había detrás de este formalismo. La verdad es que esto me atraía mucho porque me parecía que tenían un gran poder para expresar lo que había detrás. 
Me ocurrió y aún ocurre, algo parecido a lo que le ocurre a uno que escucha una música y percibe que detrás de ella hay algo más de lo que uno es capaz de escuchar, que la escucha y escucha y siempre encuentra algo nuevo que lo cautiva y motiva a seguir escuchando. Esto es lo que me pasa con uno de los lenguajes que usa la Física cuántica para expresar la naturaleza, sus leyes y características más internas. Con la cuántica “vemos” y “tocamos” lo que nuestros ojos y manos no pueden hacer.
—El límite ¿no? Es el límite de comprensión en ese momento.
—Totalmente. Así que me puse a trabajar en este tema con este profesor en Buenos Aires -hice un doctorado- y con él llegamos hasta un punto donde no era posible avanzar más. Así que quise hacer un postdoctorado con quien había sido el que había desarrollado el formalismo que después utilicé en Buenos Aires. Un danés llamado Jens Oddershede que trabajaba en la Universidad de Odense, en Dinamarca; le escribí, le pareció bien la propuesta que le hice para trabajar con él y me invitó a hacerlo mediante una beca que pagó el gobierno danés.
Yo no lo sabía, pero se estaba desarrollando en ese momento en Dinamarca y en algunos otros lugares de Escandinavia el tema en el que después me involucré totalmente. Mis contribuciones me permitieron participar del grupo de gente que desarrolla este tema y que lo hace desde hace más de 20 años. Estuve y estoy muy involucrado en un tema que tiene que ver con los efectos de la relatividad en propiedades atómicas y moleculares. O sea, describir cómo se introduce la relatividad en esta área, lo que en los años 90 era casi desconocido. Pero esto ocurrió por haber hecho ese posdoctorado. Yo le hago la propuesta a ese profesor, él me la acepta, pero me la acepta, claro, porque estaba iniciando un grupo de investigación para trabajar en ese tema. Entonces le venía muy bien que un físico argentino fuera a trabajar a ese lugar en ese momento particular de la historia. Fueron dos años maravillosos en Dinamarca. 
—El tema de los límites suele llevar a cuestiones filosóficas y a la cuestión de Dios. Usted es católico. ¿Cómo es para usted esta situación de la ciencia y el catolicismo?
—Mientras era estudiante de Ingeniería de la Unne las cosas me iban muy bien. Tenía la posibilidad de estudiar sin problemas, tenía muchos amigos, una buena familia, tenía muchas cosas, pero no me satisfacía lo que vivía. Como que había algo que no me cerraba, empecé a tener inquietudes de buscar si realmente había algo más de lo que yo podía saber en ese momento. Me decía que no podía ser que uno viviera de la manera en que vivía y eso fuera todo. Me puse a indagar, entonces yo no creía en nada, era un cientificista puro porque tenía esa característica típica de querer explicarlo todo con mis propias teorías. En ese tiempo estaba interesado en ir a estudiar al Instituto Balseiro, pero en esos días me ocurrió algo que no fue algo que yo me hubiera podido imaginar nunca. Tuve una experiencia religiosa muy clara y fuerte en una plaza, la Plaza de los dos Congresos en la ciudad de Buenos Aires. Después de haber rendido los exámenes de Física y de Matemática en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, y haberme calmado un poco, me puse a caminar por la ciudad y ocurrió eso, que fue algo fundamental para mí. En esa plaza vi, no con mis ojos externos, que había una realidad distinta a la que conocía hasta ese momento. Era algo inédito para mí. No fue algo que me contaron sino que lo vi y experimenté yo mismo. Estaba solo en esa plaza. Entonces eso me cambió totalmente la vida. Comprendí que la vida no era como yo la venía llevando. Era otra cosa distinta. Existe un ser superior y me fue evidente desde ese momento. Y bueno, me tocaba esto de ir al Instituto Balseiro luego de esta experiencia transformadora por dentro. Así que me fui estudiar Física al Balseiro y a empezar esta otra nueva vida religiosa, en el sentido de empezar a conocer a ese ser superior, del que no sabía absolutamente nada, salvo que existía, que era real.
—Y en su caso es compatible entonces.
—Sí, crecí en las dos realidades. Las dos cosas se fueron desarrollando juntas, o sea que para mí es lo más normal.
—Regresemos a lo que conversábamos antes, con respecto al lenguaje. Una de las categorías necesarias es la precisión, la exactitud. ¿Cuál es otra categoría? En esta disciplina…
—La consistencia, es decir, que cuando uno propone algo dentro de un marco teórico, lo que propone no tiene que entrar en conflicto con las otras características de lo que está queriendo describir. Consistente en ese sentido quiere decir que lo que uno propone no se contraponga con otras proposiciones anteriores o que van en la misma línea de lo que uno propone y que son evidentes. O sea, no debe haber incoherencias en la formulación de lo que uno plantea. El lenguaje científico tiene que tener precisión, consistencia y, además, muchos frutos novedosos. 
Por ejemplo, la relatividad especial, teoría que ha hecho Einstein cuando tenía 26 años, en 1905. Lo que él descubrió, y lo que también otros descubrieron después de él, son cosas que antes no sabíamos que existían. Evidentemente que lo que Einstein descubrió son fenómenos reales, porque dijo cosas que no se sabía que existían hasta que él las formuló. Esto que pasó con Einstein pasó también con otros como Paul Dirac. Esto ocurre con muchos científicos, que descubren cosas que antes que ellos nadie las había conocido. 
—¿Se considera la utilidad al momento de trabajar en un nuevo concepto o teoría?
—La utilidad que sea inmediata es muy difícil. Pero por ejemplo, la relatividad general publicada en 1916. ¿Quién sabe de relatividad general?, de qué trata la relatividad general, muy pocos  saben ¿no es cierto? Pero pensemos en el GPS que todos usamos. Lo usamos de la manera que lo hacemos gracias a la relatividad general. El GPS que hoy tenemos y que lo tenemos al alcance de la mano, utiliza conocimientos de la relatividad general que si alguien no lo hubiera introducido antes, hoy no lo podríamos utilizar. Y esto es lo que pasa, por ejemplo, con la cuántica. La cuántica empieza en 1900 con Planck, pero su formulación más precisa, en 1925. La electrónica que hoy tenemos es básicamente cuántica, pero cuando descubrieron la cuántica nadie sabía para qué se la iba a usar. Lo que ocurre es que, me parece a mí, que en esta dinámica uno va descubriendo lo que hay detrás de la naturaleza y al sacarlo a la luz después se ven las aplicaciones. A algunos les toca encontrarlas, cuáles son las cosas que están detrás, las leyes, las leyes más fundamentales, y a otros luego aplicarlas.
—En este campo de la física molecular, ¿hay experimentación?
—Sí, en este momento estamos trabajando con alguien que trabaja en la Universidad de Varsovia, Karol Jackowski, y que es un experimentalista. Nosotros le propusimos que haga un experimento para ver algo totalmente novedoso. Llegamos en Corrientes a ser capaces de proponer un experimento que ayude a confirmar lo que nosotros estamos prediciendo teóricamente y que tiene que ver con unos efectos que se llaman de la electrodinámica cuántica. Es decir, cuando uno cuantiza además de lo material, los campos. Una cosa fuera del lenguaje común hasta de la cuántica. La mecánica cuántica se aplica también a los campos electromagnéticos y aparecen efectos nuevos que en el área en la que yo trabajo empiezan a ser recién introducidos. Nosotros hemos hecho algunos cálculos, cuyos resultados nos dicen que esos efectos pueden ser medibles. Entonces, hay que hacer experimentos para ver si esos efectos son realmente medibles o no. Estamos trabajando en este momento con esa persona.
—Luego de Dinamarca, ¿por qué volver a un país que no siempre fue el lugar propicio para la investigación, para el desarrollo de la ciencia y de la carrera científica?
—Es una pregunta difícil. Porque uno querría quedarse en Europa. Yo me fui con mi familia, teníamos cuatro hijos en ese momento y nació una más en Dinamarca. Lo que vi de Europa es apasionante, las posibilidades que tiene de desarrollo tanto profesional como humano, en lo propio y en cuanto a los hijos, y bueno, es muy atractivo quedarse. Pero claro, vi también que esto que yo había aprendido y había sido como un regalo, porque la verdad que estas cosas que uno hace las hace porque le gustan, se lo debía también a la gente que pagó para que yo estudiara, para que yo pudiera viajar, para que yo pudiera hacer lo que estaba haciendo. Me parecía que algo había que hacer, yo tenía claro que en la medida en que lo más capacitados se nos van, el lugar se empobrece.
Charlamos mucho con mi esposa sobre qué hacer y al final de los dos años de mi estadía posdoctoral en Dinamarca tomamos la decisión de volver. Volvernos con la familia en el 94 no fue nada fácil, lo que hice en Dinamarca en dos años no lo pude hacer en 10 en Argentina. Las cosas que desarrollé en esos dos años fueron magníficas. Hemos sufrido mucho el regreso a nuestra tierra, no volvimos en el 94 a la Argentina de hoy para el científico, no se conocía el Conicet por ejemplo.
—Si tuviera que señalar a lo largo de la historia, por lo menos los últimos 300 años, los hitos de la física ¿cuáles serían? 
—Un primer paso fue Newton con su formalismo. Nosotros en la escuela secundaria escuchamos hablar de Newton. Tiene tres leyes muy sencillas. ¡Quién no sabe las leyes de Newton! Pero son increíblemente abstractas. El inventó el cálculo diferencial e integral porque no podía expresar lo que intuía, para poder demostrarlo matemáticamente.
Newton es uno. Galileo Galilei, anterior a él, pero Newton es el que tiene esa parte formal que se agrega a un gran creyente. Un hombre que entendía que la naturaleza había sido creada por un Dios creador y por tanto había leyes detrás, y esto es lo que lo estimula a encontrar las leyes que llevan su nombre y que eran correctas en ese momento. Luego aparece Maxwell, que agrega otro cambio fundamental y que permite a Einstein formular después su teoría; porque, digamos, Maxwell  formuló las expresiones que llevan su nombre y no son invariantes, decimos nosotros, frente a una transformación de Galileo. No responden a algo que se conocía previamente. Entonces: o Maxwell estaba equivocado o Newton estaba equivocado. Maxwell estaba en lo correcto y esto es lo que utiliza Einstein para iniciar su formulación de la relatividad especial.
—Por lo tanto, ¿Newton estaba equivocado?
—Newton formuló lo que pudo en ese momento. El salto que dio es totalmente de un genio. No hay manera de entenderlo. Un genio de estos que se conectan con una realidad que está más allá de lo que percibimos los normales, comunes humanos, y que le permite encontrarse con expresiones inéditas. Era muy joven cuando escribe sus leyes.
—¿Y Einstein?
—Y Einstein cambia entonces también la historia. Porque se da cuenta de que lo que había dicho Newton en realidad no era tan así. Era una aproximación de algo más profundo y así formula algo que hoy comentaba y que tiene que ver con la teoría de la relatividad. De paso comento que la teoría de la relatividad, de relativa tiene muy poco. Porque en la teoría de la relatividad hay dos principios. Uno es la invariancia de la velocidad de la luz.
La luz es una constante universal, vale lo mismo en cualquier lugar del universo e independientemente de si se mueve o no el objeto que lleva la luz. Y por otro lado está el principio de relatividad, que dice que las leyes de la naturaleza se escriben todas de la misma manera en los sistemas de referencias inerciales. Que quiere decir que los fenómenos que podemos describir nosotros estando sentados en esta silla o moviéndonos a velocidades constantes en un avión, en un tren o en el sol, o en cualquier lugar del universo, todos (!) se escriben de la misma manera. Allí hay un paso de gigante -digamos- en el entendimiento de la naturaleza. Porque después de eso -por ejemplo- los que hacen la cuántica no lo pueden ignorar sino apoyarse en esos principios. 
Hay dos nombres involucrados: Schrödinger y Dirac, un austríaco y un inglés. Dirac generaliza lo de Schrödinger. Yo trabajo con la formulación de Dirac. El supuso que Einstein tiene razón con esto que dijo sobre la leyes de la naturaleza, y trató de hacer la cuántica de modo que fuera cierto eso. Cuando lo logra en el año 1928, aparece algo que hasta ese momento no se conocía, las antipartículas; o sea, existe lo que se llaman electrones y existen lo que se llaman antielectrones. Son partículas nada raras, partículas y antipartículas que aparecieron porque Dirac le hizo caso a lo que había propuesto Einstein primeramente y lo hizo a ciegas. A ciegas porque realmente no tenía idea de lo que va a surgir de ahí. Uno hoy se pregunta sobre cómo pudo habérsele ocurrido lo que se le ocurrió, pero gracias a que ocurrió eso, aparecieron estos otros objetos como de otro mundo y que abrió puertas hacia nuevas cosas.
—¿El conocimiento es infinito?
—El conocimiento humano, yo no creo que sea infinito. Me refiero al conocimiento humano, porque lo que hay detrás de la naturaleza es inalcanzable. Yo creo que nosotros seguiremos aprendiendo, aprendiendo y aprendiendo y por suerte -como siempre digo- habrá nuevos problemas, nuevos desafíos y esto pasa ahora, pasó hace 300 años y pasará en 1.000 años. Pero me parece que infinito como tal, no lo es.
En una de las conferencias un filósofo me preguntó si el cerebro humano era superior a la naturaleza. Yo le comenté que hay que pensarlo en el sentido de cómo somos nosotros capaces de ver naturaleza. Pero la naturaleza en sí tiene algo que para nosotros va a ser imposible de saber. 

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Gustavo Aucar: “La cuántica es la Física que está detrás de toda la realidad”

El doctor en física molecular Gustavo Aucar vive en Resistencia, donde desarrolla sus proyectos de investigación científica, enseña y comparte el tiempo libre con su familia. Es el único investigador superior de Conicet en la zona, el cargo más alto de la carrera científica en nuestro país. 

Por Carlos Lezcano
Especial para El Litoral

Por Gabriela Bissaro
Especial para El Litoral

 

Cuando queremos señalar que algo es de un tamaño menor a lo que se considera chico, decimos “chiquito” o, más aún, “chiquitito”. En la Física fueron corriendo los límites de lo conocido hasta lugares que no estaban nombrados y hubo que bautizarlos. Los científicos bautizan lo hasta entonces desconocido, lo traen a la realidad, lo traducen, lo enseñan a los demás.
Gustavo Aucar estudió, se formó y siguió su inquietud en el campo de la física atómica y molecular teórica. Hizo aportes a nivel mundial y en una charla radial contó algo de ese universo para muchos desconocido.
 
—¿Qué es la física cuántica, en qué lugar de la realidad podríamos ubicarla?
—Diría que la física cuántica está en todos lados; o sea que si uno hace lo que hace, si mira, o pone un dedo sobre esta mesa, escucha una canción; la cuántica, de algún modo, es la Física que está detrás de toda la realidad en la que nosotros ordinariamente vivimos. Si bien lo hacemos a partir de lo que nos permiten nuestros sentidos, y allí no aparece la cuántica tal cual es, detrás de lo que nosotros recibimos a través de nuestros sentidos está la Física Cuántica.
—Sus conferencias suelen comenzar señalando la diferencia que existe entre la Física tradicional y la Cuántica. ¿Puede explicarnos eso? 
—A principios del siglo XX hubo algunos descubrimientos experimentales que hicieron que, quienes hacían ciencia en el área de la Física, se vieran obligados a buscar nuevos modos de describir lo que ocurre a una escala mucho menor a la que es conocida por todos.
Hablo de distancia del orden de 10 a la menos 8 o menos 9 metros. O sea, distancias muy pequeñas, del orden de nanómetros. Las herramientas que se conocían en ese momento (parte de lo que nosotros podemos decir que es la Física Clásica) no se podían utilizar para describir los fenómenos que aparecían a esa escala. Es decir, había que buscar la manera de describirlos pero no haciendo lo que se hizo siempre. Se tuvo que pasar de lo que se toca o escucha o se observa, a otro plano mucho más abstracto. Si hablamos de velocidades o de posiciones, que es hablar de dónde se encuentran los objetos, tenemos que pasar a describirlos no ya a partir del modo usual, sino utilizando lo que se denominan operadores u objetos matemáticos que nos dicen, de alguna manera, que esto que nosotros conocemos en esta escala -la macroscópica- en la microscópica no se pueden representar según la forma en que siempre lo habíamos hecho, sino por lo que llamamos operadores que actúan en un espacio que es muy abstracto. 
Difícil decirlo sin tener un pizarrón, sin tener un gráfico… Si uno dice: un objeto tiene una dada velocidad, ¿qué es la velocidad de ese objeto? ¿Dónde está esa velocidad? Lo que uno está haciendo es una abstracción enorme (!). Estamos tan acostumbrados a hacerlo que nos parece natural hablar de velocidades o hablar de fuerzas o de magnitudes de ese tipo, o de cosas que ya nos hemos habituado a describirlas pero que son una enorme abstracción. De verdad que no hay en la naturaleza ningún ser distinto del hombre capaz de hablar de esas cosas; porque nosotros hemos tenido que inventarlas y expresarlas de manera abstracta. Lo que ha ocurrido con la Física Cuántica fue convertir la abstracción que les mencioné (velocidades, fuerzas, etc.) en algo aún más abstracto para poder interpretar lo que realmente ocurre a escalas en las que lo que ocurre no se puede ver con los ojos humanos, escuchar con nuestros oídos, tocar con nuestras manos. Y lo hemos tenido que hacer por necesidad.
—¿Cuál es su campo de estudio o su tema de estudio y de investigación en la actualidad?
—Trabajo en el área de la Física Atómica y Molecular Teórica. Hago Física Teórica de esa rama particular de la Física; es decir, trabajo en la descripción de lo que ocurre en átomos y moléculas y, en particular, con algunas de sus propiedades que se manifiestan mediante el fenómeno de la resonancia magnética nuclear. Algo que aparece porque los núcleos de los átomos tienen una propiedad que se llama espín, que nadie lo vio ni lo va a ver, pero que sabemos que existen por lo que se puede hacer con ellos. Por sus efectos.
—La Física tradicional, que estudia objetos y eventos de la naturaleza, dio paso a otra Física que estudia fenómenos que para describirlos hay que avanzar en una mayor abstracción. ¿Necesita un nuevo lenguaje?
—Totalmente. O sea, es necesario cambiar un poco la manera de describir lo que ocurre, porque uno usa un lenguaje particular para describir cada cosa, digamos así. Si uno quiere describir lo que nosotros conocemos como la música o cualquier expresión artística o lo que fuera.
Lo que ocurre con los fenómenos de la naturaleza es que requieren también que se los describa con un lenguaje que, en este caso particular, es un lenguaje matemático. Es así porque necesita que sea muy preciso, que no haya ambigüedades en lo que se dice. Supongamos que uno dice que un objeto tiene una velocidad dada, pero si quiere realmente describir cómo se mueve ese objeto tiene que saber decir: ¿qué es la velocidad? ¿Qué valor tiene? ¿Hacia dónde va el objeto? ¿Con qué dirección? Hay una cantidad de elementos que aparecen que no se requiere que sean conocidos con mucha precisión en otros ámbitos, pero que cuando uno quiere describirlos lo tiene que hacer con mucha precisión. Se requiere un lenguaje especial que es, en este caso, el de la matemática. Aunque la física no es matemática, usa el lenguaje de la matemática para expresarse.
—¿Qué hace un científico frente a un límite?
—La gente que hace investigaciones científicas justamente siente algo dentro de uno que lo estimula a enfrentarse a desafíos nuevos. Significa enfrentarse al desafío de tratar de conocer o de aprender sobre lo que se sabe, pero sobre todo, de descubrir sobre lo que no se sabe aún. Yo creo que, en la experiencia común de la gente que hace investigación científica, uno siente desde muy chico o desde joven que le gusta ir hasta esos extremos y, en particular, quienes hacemos ciencia nos gusta saber por qué las cosas son como son, por qué ocurren algunos fenómenos que se pueden explicar de una cierta manera y no de otra.
—Derivamos en esto pero estábamos hablando acerca de su campo de estudio y nos nombró la resonancia. Y ahí nos quedamos.
—En Corrientes, entre los años 80-82, me empezó a llamar la atención la Física cuántica, no había prácticamente nadie que trabajara en cuántica pero sí existía un profesor de la Unne, el ingeniero Ricciardi, que tenía un resonador pequeño en Ciencias Exactas. El utilizaba este aparato que tenía como fundamento la cuántica. Entonces me acerqué para intentar trabajar con él y me introduje en lo que es el fenómeno de la resonancia magnética nuclear. El ingeniero Ricciardi hacía experimentos y a mí me interesaba más la parte teórica, pero a partir de esa experiencia conocí a otro profesor de la Universidad de Buenos Aires, Rubén Contreras (los dos están fallecidos) y así empecé a trabajar con él en Física teórica, en Buenos Aires. 

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Esto que hacía Contreras en Buenos Aires estaba relacionado con lo que hacían otros científicos en Escandinavia: Suecia, Dinamarca fundamentalmente. Me fui introduciendo en un lenguaje particular, un formalismo decimos nosotros, para expresar este fenómeno que había sido desarrollado por escandinavos, y todo lo que había detrás de este formalismo. La verdad es que esto me atraía mucho porque me parecía que tenían un gran poder para expresar lo que había detrás. 
Me ocurrió y aún ocurre, algo parecido a lo que le ocurre a uno que escucha una música y percibe que detrás de ella hay algo más de lo que uno es capaz de escuchar, que la escucha y escucha y siempre encuentra algo nuevo que lo cautiva y motiva a seguir escuchando. Esto es lo que me pasa con uno de los lenguajes que usa la Física cuántica para expresar la naturaleza, sus leyes y características más internas. Con la cuántica “vemos” y “tocamos” lo que nuestros ojos y manos no pueden hacer.
—El límite ¿no? Es el límite de comprensión en ese momento.
—Totalmente. Así que me puse a trabajar en este tema con este profesor en Buenos Aires -hice un doctorado- y con él llegamos hasta un punto donde no era posible avanzar más. Así que quise hacer un postdoctorado con quien había sido el que había desarrollado el formalismo que después utilicé en Buenos Aires. Un danés llamado Jens Oddershede que trabajaba en la Universidad de Odense, en Dinamarca; le escribí, le pareció bien la propuesta que le hice para trabajar con él y me invitó a hacerlo mediante una beca que pagó el gobierno danés.
Yo no lo sabía, pero se estaba desarrollando en ese momento en Dinamarca y en algunos otros lugares de Escandinavia el tema en el que después me involucré totalmente. Mis contribuciones me permitieron participar del grupo de gente que desarrolla este tema y que lo hace desde hace más de 20 años. Estuve y estoy muy involucrado en un tema que tiene que ver con los efectos de la relatividad en propiedades atómicas y moleculares. O sea, describir cómo se introduce la relatividad en esta área, lo que en los años 90 era casi desconocido. Pero esto ocurrió por haber hecho ese posdoctorado. Yo le hago la propuesta a ese profesor, él me la acepta, pero me la acepta, claro, porque estaba iniciando un grupo de investigación para trabajar en ese tema. Entonces le venía muy bien que un físico argentino fuera a trabajar a ese lugar en ese momento particular de la historia. Fueron dos años maravillosos en Dinamarca. 
—El tema de los límites suele llevar a cuestiones filosóficas y a la cuestión de Dios. Usted es católico. ¿Cómo es para usted esta situación de la ciencia y el catolicismo?
—Mientras era estudiante de Ingeniería de la Unne las cosas me iban muy bien. Tenía la posibilidad de estudiar sin problemas, tenía muchos amigos, una buena familia, tenía muchas cosas, pero no me satisfacía lo que vivía. Como que había algo que no me cerraba, empecé a tener inquietudes de buscar si realmente había algo más de lo que yo podía saber en ese momento. Me decía que no podía ser que uno viviera de la manera en que vivía y eso fuera todo. Me puse a indagar, entonces yo no creía en nada, era un cientificista puro porque tenía esa característica típica de querer explicarlo todo con mis propias teorías. En ese tiempo estaba interesado en ir a estudiar al Instituto Balseiro, pero en esos días me ocurrió algo que no fue algo que yo me hubiera podido imaginar nunca. Tuve una experiencia religiosa muy clara y fuerte en una plaza, la Plaza de los dos Congresos en la ciudad de Buenos Aires. Después de haber rendido los exámenes de Física y de Matemática en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, y haberme calmado un poco, me puse a caminar por la ciudad y ocurrió eso, que fue algo fundamental para mí. En esa plaza vi, no con mis ojos externos, que había una realidad distinta a la que conocía hasta ese momento. Era algo inédito para mí. No fue algo que me contaron sino que lo vi y experimenté yo mismo. Estaba solo en esa plaza. Entonces eso me cambió totalmente la vida. Comprendí que la vida no era como yo la venía llevando. Era otra cosa distinta. Existe un ser superior y me fue evidente desde ese momento. Y bueno, me tocaba esto de ir al Instituto Balseiro luego de esta experiencia transformadora por dentro. Así que me fui estudiar Física al Balseiro y a empezar esta otra nueva vida religiosa, en el sentido de empezar a conocer a ese ser superior, del que no sabía absolutamente nada, salvo que existía, que era real.
—Y en su caso es compatible entonces.
—Sí, crecí en las dos realidades. Las dos cosas se fueron desarrollando juntas, o sea que para mí es lo más normal.
—Regresemos a lo que conversábamos antes, con respecto al lenguaje. Una de las categorías necesarias es la precisión, la exactitud. ¿Cuál es otra categoría? En esta disciplina…
—La consistencia, es decir, que cuando uno propone algo dentro de un marco teórico, lo que propone no tiene que entrar en conflicto con las otras características de lo que está queriendo describir. Consistente en ese sentido quiere decir que lo que uno propone no se contraponga con otras proposiciones anteriores o que van en la misma línea de lo que uno propone y que son evidentes. O sea, no debe haber incoherencias en la formulación de lo que uno plantea. El lenguaje científico tiene que tener precisión, consistencia y, además, muchos frutos novedosos. 
Por ejemplo, la relatividad especial, teoría que ha hecho Einstein cuando tenía 26 años, en 1905. Lo que él descubrió, y lo que también otros descubrieron después de él, son cosas que antes no sabíamos que existían. Evidentemente que lo que Einstein descubrió son fenómenos reales, porque dijo cosas que no se sabía que existían hasta que él las formuló. Esto que pasó con Einstein pasó también con otros como Paul Dirac. Esto ocurre con muchos científicos, que descubren cosas que antes que ellos nadie las había conocido. 
—¿Se considera la utilidad al momento de trabajar en un nuevo concepto o teoría?
—La utilidad que sea inmediata es muy difícil. Pero por ejemplo, la relatividad general publicada en 1916. ¿Quién sabe de relatividad general?, de qué trata la relatividad general, muy pocos  saben ¿no es cierto? Pero pensemos en el GPS que todos usamos. Lo usamos de la manera que lo hacemos gracias a la relatividad general. El GPS que hoy tenemos y que lo tenemos al alcance de la mano, utiliza conocimientos de la relatividad general que si alguien no lo hubiera introducido antes, hoy no lo podríamos utilizar. Y esto es lo que pasa, por ejemplo, con la cuántica. La cuántica empieza en 1900 con Planck, pero su formulación más precisa, en 1925. La electrónica que hoy tenemos es básicamente cuántica, pero cuando descubrieron la cuántica nadie sabía para qué se la iba a usar. Lo que ocurre es que, me parece a mí, que en esta dinámica uno va descubriendo lo que hay detrás de la naturaleza y al sacarlo a la luz después se ven las aplicaciones. A algunos les toca encontrarlas, cuáles son las cosas que están detrás, las leyes, las leyes más fundamentales, y a otros luego aplicarlas.
—En este campo de la física molecular, ¿hay experimentación?
—Sí, en este momento estamos trabajando con alguien que trabaja en la Universidad de Varsovia, Karol Jackowski, y que es un experimentalista. Nosotros le propusimos que haga un experimento para ver algo totalmente novedoso. Llegamos en Corrientes a ser capaces de proponer un experimento que ayude a confirmar lo que nosotros estamos prediciendo teóricamente y que tiene que ver con unos efectos que se llaman de la electrodinámica cuántica. Es decir, cuando uno cuantiza además de lo material, los campos. Una cosa fuera del lenguaje común hasta de la cuántica. La mecánica cuántica se aplica también a los campos electromagnéticos y aparecen efectos nuevos que en el área en la que yo trabajo empiezan a ser recién introducidos. Nosotros hemos hecho algunos cálculos, cuyos resultados nos dicen que esos efectos pueden ser medibles. Entonces, hay que hacer experimentos para ver si esos efectos son realmente medibles o no. Estamos trabajando en este momento con esa persona.
—Luego de Dinamarca, ¿por qué volver a un país que no siempre fue el lugar propicio para la investigación, para el desarrollo de la ciencia y de la carrera científica?
—Es una pregunta difícil. Porque uno querría quedarse en Europa. Yo me fui con mi familia, teníamos cuatro hijos en ese momento y nació una más en Dinamarca. Lo que vi de Europa es apasionante, las posibilidades que tiene de desarrollo tanto profesional como humano, en lo propio y en cuanto a los hijos, y bueno, es muy atractivo quedarse. Pero claro, vi también que esto que yo había aprendido y había sido como un regalo, porque la verdad que estas cosas que uno hace las hace porque le gustan, se lo debía también a la gente que pagó para que yo estudiara, para que yo pudiera viajar, para que yo pudiera hacer lo que estaba haciendo. Me parecía que algo había que hacer, yo tenía claro que en la medida en que lo más capacitados se nos van, el lugar se empobrece.
Charlamos mucho con mi esposa sobre qué hacer y al final de los dos años de mi estadía posdoctoral en Dinamarca tomamos la decisión de volver. Volvernos con la familia en el 94 no fue nada fácil, lo que hice en Dinamarca en dos años no lo pude hacer en 10 en Argentina. Las cosas que desarrollé en esos dos años fueron magníficas. Hemos sufrido mucho el regreso a nuestra tierra, no volvimos en el 94 a la Argentina de hoy para el científico, no se conocía el Conicet por ejemplo.
—Si tuviera que señalar a lo largo de la historia, por lo menos los últimos 300 años, los hitos de la física ¿cuáles serían? 
—Un primer paso fue Newton con su formalismo. Nosotros en la escuela secundaria escuchamos hablar de Newton. Tiene tres leyes muy sencillas. ¡Quién no sabe las leyes de Newton! Pero son increíblemente abstractas. El inventó el cálculo diferencial e integral porque no podía expresar lo que intuía, para poder demostrarlo matemáticamente.
Newton es uno. Galileo Galilei, anterior a él, pero Newton es el que tiene esa parte formal que se agrega a un gran creyente. Un hombre que entendía que la naturaleza había sido creada por un Dios creador y por tanto había leyes detrás, y esto es lo que lo estimula a encontrar las leyes que llevan su nombre y que eran correctas en ese momento. Luego aparece Maxwell, que agrega otro cambio fundamental y que permite a Einstein formular después su teoría; porque, digamos, Maxwell  formuló las expresiones que llevan su nombre y no son invariantes, decimos nosotros, frente a una transformación de Galileo. No responden a algo que se conocía previamente. Entonces: o Maxwell estaba equivocado o Newton estaba equivocado. Maxwell estaba en lo correcto y esto es lo que utiliza Einstein para iniciar su formulación de la relatividad especial.
—Por lo tanto, ¿Newton estaba equivocado?
—Newton formuló lo que pudo en ese momento. El salto que dio es totalmente de un genio. No hay manera de entenderlo. Un genio de estos que se conectan con una realidad que está más allá de lo que percibimos los normales, comunes humanos, y que le permite encontrarse con expresiones inéditas. Era muy joven cuando escribe sus leyes.
—¿Y Einstein?
—Y Einstein cambia entonces también la historia. Porque se da cuenta de que lo que había dicho Newton en realidad no era tan así. Era una aproximación de algo más profundo y así formula algo que hoy comentaba y que tiene que ver con la teoría de la relatividad. De paso comento que la teoría de la relatividad, de relativa tiene muy poco. Porque en la teoría de la relatividad hay dos principios. Uno es la invariancia de la velocidad de la luz.
La luz es una constante universal, vale lo mismo en cualquier lugar del universo e independientemente de si se mueve o no el objeto que lleva la luz. Y por otro lado está el principio de relatividad, que dice que las leyes de la naturaleza se escriben todas de la misma manera en los sistemas de referencias inerciales. Que quiere decir que los fenómenos que podemos describir nosotros estando sentados en esta silla o moviéndonos a velocidades constantes en un avión, en un tren o en el sol, o en cualquier lugar del universo, todos (!) se escriben de la misma manera. Allí hay un paso de gigante -digamos- en el entendimiento de la naturaleza. Porque después de eso -por ejemplo- los que hacen la cuántica no lo pueden ignorar sino apoyarse en esos principios. 
Hay dos nombres involucrados: Schrödinger y Dirac, un austríaco y un inglés. Dirac generaliza lo de Schrödinger. Yo trabajo con la formulación de Dirac. El supuso que Einstein tiene razón con esto que dijo sobre la leyes de la naturaleza, y trató de hacer la cuántica de modo que fuera cierto eso. Cuando lo logra en el año 1928, aparece algo que hasta ese momento no se conocía, las antipartículas; o sea, existe lo que se llaman electrones y existen lo que se llaman antielectrones. Son partículas nada raras, partículas y antipartículas que aparecieron porque Dirac le hizo caso a lo que había propuesto Einstein primeramente y lo hizo a ciegas. A ciegas porque realmente no tenía idea de lo que va a surgir de ahí. Uno hoy se pregunta sobre cómo pudo habérsele ocurrido lo que se le ocurrió, pero gracias a que ocurrió eso, aparecieron estos otros objetos como de otro mundo y que abrió puertas hacia nuevas cosas.
—¿El conocimiento es infinito?
—El conocimiento humano, yo no creo que sea infinito. Me refiero al conocimiento humano, porque lo que hay detrás de la naturaleza es inalcanzable. Yo creo que nosotros seguiremos aprendiendo, aprendiendo y aprendiendo y por suerte -como siempre digo- habrá nuevos problemas, nuevos desafíos y esto pasa ahora, pasó hace 300 años y pasará en 1.000 años. Pero me parece que infinito como tal, no lo es.
En una de las conferencias un filósofo me preguntó si el cerebro humano era superior a la naturaleza. Yo le comenté que hay que pensarlo en el sentido de cómo somos nosotros capaces de ver naturaleza. Pero la naturaleza en sí tiene algo que para nosotros va a ser imposible de saber.