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Afrontar la maternidad en medio del desarraigo, pero con el sostén solidario

Milagros (19 años) se quedó en la calle junto con su beba recién nacida, pero fueron acogidas por la familia que coordina el comedor “Papa Francisco”. Hoy celebran juntos el Día de la Madre.
 

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Marisol Salinas
marisolesalinas@gmail.com

El llanto de la beba, que generalmente se despierta a las 4 de la madrugada, se ha convertido en el despertador de Milagros (19 años), que se levanta rápido para darle la teta y mecerla hasta que la pequeña Aitana se dormita en su seno.
El resto del día la atención se concentra en la niña de apenas un mes que llora cuando tiene hambre o necesita cambios de pañales, pero que también regala sonrisas a los que le conversan con ese clásico canturreo infantil que se usa (casi inconsciente) para hablarle a los más chiquitos. 
“Siento su aroma, la miro y todavía no puedo creer que sea mi hija. Es un sentimiento único. A pesar del cansancio, desde que nació no me puedo despegar de ella”, expresó Milagros a El Litoral mientras acomodaba la mantita rosa de Aitana.  
En este Día de la Madre, su historia es similar a la de muchas mujeres primerizas que afrontan la maternidad como una etapa de grandes emociones, porque la felicidad se mezcla con las pocas horas de sueño y los nuevos retos que asustan. En medio de todo eso, la joven de 19 años tiene que afrontar también el desarraigo obligado de dejar su Chaco natal, tras quedar en la calle por una serie de complejas circunstancias intrafamiliares.
No obstante, la novel mamá (junto con su pequeña hija) encontraron en Corrientes, más concretamente en el comedor “Papa Francisco”, un hogar y una familia que le brinda sostén tanto económico como emocional.

Desarraigo y contención
“Pasé situaciones muy difíciles. En mi casa (de Chaco) tuve una pelea muy fuerte con mi mamá, que se enojó conmigo y me echo. Ese día estaba descalza porque hacía calor, y la bebé tenía puesto un body.  Me alcanzó unas pocas ropitas de mi hija, yo salí con lo puesto y me fui. Eso fue lo más difícil que me tocó vivir”, relató Milagros.
En esos momentos solicitaron ayuda a la línea 102 de Resistencia, que intervino otorgándoles un hogar temporal y se comprometieron en comunicarse a las 48 horas para trasladarlas a un hogar de madres, pero esa llamada nunca llegó. “Me quedé en la casa de una amiga de mi mamá, pero no podía estar mucho tiempo ahí , así que ellos me terminaron diciendo que venga al comedor”, agregó la joven.
Mientras tanto en el comedor “Papa Francisco”, donde la familia Ramírez coordina una cocina solidaria en su vivienda, se preparó todo para darles un techo. “Estoy completamente agradecida con Ramona, con Mario, sus hijos y todos los que me están ayudando. Estoy buscando trabajo para colaborar en los gastos. Además, no olvido que llegué sin nada”, indicó.
Es que los comedores están acostumbrados a la solidaridad. “Aquí no sobra nada, todo lo hacemos a pulmón, pero no podíamos dejarla desamparada. Mi hija nos trajo ropa, varias personas colaboraron y así fuimos logrando que estén más cómodas”, expresó a El Litoral Ramona la coordinadora del merendero. 

Día de la Madre
Un párrafo aparte merece la labor de Ramona, que con entusiasmo y cariño dedica gran parte de su tiempo a cocinar (con la ayuda de las vecinas del barrio) para más de 200 personas del barrio Bañado Norte. Ese afecto maternal (que tiene por sus dos hijos) también lo transmite a Milagros y a Aitana.
Es así que hoy celebrarán juntos el Día de la Madre. Además, ayer tuvieron una celebración anticipada con torta ya que, tenían previsto el bautismo de la beba pero (por la falta de algunos documentos) postergaron esa ceremonia para la próxima semana.  
De todas maneras, gracias a la colaboración de una vecina llamada Raquel, ayer el festejo se realizó con los niños del barrio.
En lo que respecta a los preparativos de hoy,  Mario Ramírez (esposo de Ramona), adelantó: “Para el Día de la Madre las voy a agasajar con un rico arroz con pollo”.
En este marco, Milagros agradeció la ayuda de la comunidad, y remarcó que se encuentra en la búsqueda de trabajo. “Voy a ver si puedo empezar a vender productos y más adelante estudiar. Mi deseo era ser maestra jardinera, y ya empecé con mi primera alumnita, si  puedo continuar estudiando sería un sueño hecho realidad”, dijo. Además, se encuentra abierta a vivir en un centro de madres para luego poder continuar su propio rumbo.
Para cerrar, vale destacar nuevamente el sostén solidario de la familia Ramírez. “En todo lo que hacemos agradecemos a Dios y a la Virgen de Itatí, porque todo lo que damos en el comedor nos es recompensado con salud. Tenemos quebrantos y sacrificios, como todos, pero la paz de hacer el bien es incomparable”, sintetizaron Ramona y Mario.

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El comedor necesita una olla y alimentos

En el barrio Bañado Norte varios vecinos (María Laura, Mariana, Soledad, Esteban, Ramona, Miguel y Mario) casi todos los días se reúnen en el patio de una casa para poner en marcha la cocina solidaria del comedor “Papa Francisco” que funciona completamente a pulmón.
“Hace seis años y medio que nos reunimos para brindar alimento a los vecinos que necesiten”, expresó Esteban. A su lado, María Laura destacó que “vienen chicos de todas las edades, más de 200 por día porque en el barrio las familias son numerosas, de 6, 9 y hasta 13 personas”.
Si bien, enunciaron que continuamente  reciben donaciones, resaltan la necesidad de artículos como: leche, yerba, polenta, fideo, queso y alimentos en general. “Antes hacíamos el clásico arroz con leche, pero tuvimos que suspenderlo por falta del insumos”, indicó Ramona. Asimismo, Soledad agregó la necesidad de una olla. 
El trabajo solidario continúa firme y los que deseen colaborar, podrán comunicarse al teléfono: 379 462-7902.

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Afrontar la maternidad en medio del desarraigo, pero con el sostén solidario

Milagros (19 años) se quedó en la calle junto con su beba recién nacida, pero fueron acogidas por la familia que coordina el comedor “Papa Francisco”. Hoy celebran juntos el Día de la Madre.
 

Marisol Salinas
marisolesalinas@gmail.com

El llanto de la beba, que generalmente se despierta a las 4 de la madrugada, se ha convertido en el despertador de Milagros (19 años), que se levanta rápido para darle la teta y mecerla hasta que la pequeña Aitana se dormita en su seno.
El resto del día la atención se concentra en la niña de apenas un mes que llora cuando tiene hambre o necesita cambios de pañales, pero que también regala sonrisas a los que le conversan con ese clásico canturreo infantil que se usa (casi inconsciente) para hablarle a los más chiquitos. 
“Siento su aroma, la miro y todavía no puedo creer que sea mi hija. Es un sentimiento único. A pesar del cansancio, desde que nació no me puedo despegar de ella”, expresó Milagros a El Litoral mientras acomodaba la mantita rosa de Aitana.  
En este Día de la Madre, su historia es similar a la de muchas mujeres primerizas que afrontan la maternidad como una etapa de grandes emociones, porque la felicidad se mezcla con las pocas horas de sueño y los nuevos retos que asustan. En medio de todo eso, la joven de 19 años tiene que afrontar también el desarraigo obligado de dejar su Chaco natal, tras quedar en la calle por una serie de complejas circunstancias intrafamiliares.
No obstante, la novel mamá (junto con su pequeña hija) encontraron en Corrientes, más concretamente en el comedor “Papa Francisco”, un hogar y una familia que le brinda sostén tanto económico como emocional.

Desarraigo y contención
“Pasé situaciones muy difíciles. En mi casa (de Chaco) tuve una pelea muy fuerte con mi mamá, que se enojó conmigo y me echo. Ese día estaba descalza porque hacía calor, y la bebé tenía puesto un body.  Me alcanzó unas pocas ropitas de mi hija, yo salí con lo puesto y me fui. Eso fue lo más difícil que me tocó vivir”, relató Milagros.
En esos momentos solicitaron ayuda a la línea 102 de Resistencia, que intervino otorgándoles un hogar temporal y se comprometieron en comunicarse a las 48 horas para trasladarlas a un hogar de madres, pero esa llamada nunca llegó. “Me quedé en la casa de una amiga de mi mamá, pero no podía estar mucho tiempo ahí , así que ellos me terminaron diciendo que venga al comedor”, agregó la joven.
Mientras tanto en el comedor “Papa Francisco”, donde la familia Ramírez coordina una cocina solidaria en su vivienda, se preparó todo para darles un techo. “Estoy completamente agradecida con Ramona, con Mario, sus hijos y todos los que me están ayudando. Estoy buscando trabajo para colaborar en los gastos. Además, no olvido que llegué sin nada”, indicó.
Es que los comedores están acostumbrados a la solidaridad. “Aquí no sobra nada, todo lo hacemos a pulmón, pero no podíamos dejarla desamparada. Mi hija nos trajo ropa, varias personas colaboraron y así fuimos logrando que estén más cómodas”, expresó a El Litoral Ramona la coordinadora del merendero. 

Día de la Madre
Un párrafo aparte merece la labor de Ramona, que con entusiasmo y cariño dedica gran parte de su tiempo a cocinar (con la ayuda de las vecinas del barrio) para más de 200 personas del barrio Bañado Norte. Ese afecto maternal (que tiene por sus dos hijos) también lo transmite a Milagros y a Aitana.
Es así que hoy celebrarán juntos el Día de la Madre. Además, ayer tuvieron una celebración anticipada con torta ya que, tenían previsto el bautismo de la beba pero (por la falta de algunos documentos) postergaron esa ceremonia para la próxima semana.  
De todas maneras, gracias a la colaboración de una vecina llamada Raquel, ayer el festejo se realizó con los niños del barrio.
En lo que respecta a los preparativos de hoy,  Mario Ramírez (esposo de Ramona), adelantó: “Para el Día de la Madre las voy a agasajar con un rico arroz con pollo”.
En este marco, Milagros agradeció la ayuda de la comunidad, y remarcó que se encuentra en la búsqueda de trabajo. “Voy a ver si puedo empezar a vender productos y más adelante estudiar. Mi deseo era ser maestra jardinera, y ya empecé con mi primera alumnita, si  puedo continuar estudiando sería un sueño hecho realidad”, dijo. Además, se encuentra abierta a vivir en un centro de madres para luego poder continuar su propio rumbo.
Para cerrar, vale destacar nuevamente el sostén solidario de la familia Ramírez. “En todo lo que hacemos agradecemos a Dios y a la Virgen de Itatí, porque todo lo que damos en el comedor nos es recompensado con salud. Tenemos quebrantos y sacrificios, como todos, pero la paz de hacer el bien es incomparable”, sintetizaron Ramona y Mario.