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Nuevos enfoques sobre las artes de gobierno

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Aldo Avellaneda y Guillermo Vega dirigen el libro titulado “Conductas que importan, variantes del análisis de los estudios en gubernamentalidad”, editado recientemente por Eudene, dependiente de la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional del Nordeste. Se presentará el miércoles 27 de noviembre a las 18.30 en el salón de actos de la Facultad de Humanidades del Campus Resistencia.
Este volumen forma parte del trabajo colectivo que hace unos años comenzaron en el marco del Grupo de Estudios en Gubernamentalidades dentro del Departamento de Filosofía de la Facultad de Humanidades y el Centro de Estudios Sociales.
Conversamos con los compiladores del trabajo, quienes nos explican el proceso del libro y dan algunos detalles de sus trabajos editados como parte de la valiosa obra que edita la Universidad del Nordeste.

—¿Cómo comenzó esto? ¿Qué son los estudios de gubernamentalidad?.
—A.A.: Con Guillermo venimos trabajando juntos hace casi una década, primero en trabajos sobre la producción de Michel Foucault, luego y en paralelo a esa literatura, avanzamos hacia otros autores. Comenzamos a trabajar en una rama de estudios posfoucaulteanos, una de las tantas que se ha desarrollado desde mediados de los 80 a esta parte. Se trata de una variante anglosajona, con fuertes nexos con la sociología y la historia.  Luego está la línea más italiana, más teorética, ensayística, filosófica en un sentido clásico.
Trabajando con materiales de ese tipo, empezamos a pensar hace tres o cuatro años la posibilidad de lo que finalmente terminó siendo el libro. Lo pensamos como una suerte de puesta al día para colegas, investigadores e investigadoras, estudiantes de la región, no solamente del país, sobre esta gama de trabajos.
Los Estudios de Gubernamentalidad tienen sus orígenes en Inglaterra y en Estados Unidos, más en Inglaterra en la década de los 80. Recuperan un segmento de la obra foucaulteana que en ese momento -a finales de los 80- era prácticamente desconocido. Hoy, por la publicación póstuma de los cursos, la noción de gubernamentalidad es muy conocida, junto con otra noción que es la de biopolítica. Son bastantes conocidas en el ambiente académico, de las ciencias sociales, de la filosofía, de la filosofía política. A nosotros, con matices en cada uno de los integrantes del equipo, nos ha interesado mucho esta vertiente de trabajo de recuperación de los cursos de Foucault del 78 y 79, y su registro histórico, empírico, de archivo o de trabajo sobre autores, anclados en una zona de productividad que es a la vez filosófica y de las ciencias sociales. Bueno, esa es la razón de este libro.
—Guillermo Vega, la centralidad del pensamiento de Foucault está manifestado a lo largo del libro, pero también me parece que hay otras aperturas, se lo interpela… ¿Cómo fue trabajar estos textos de colegas que ahondan en el pensamiento de Foucault y, a la vez, en algunos puntos lo cuestionan?
—G.V.: Exactamente, me parece que es lo interesante del texto y de esta línea de trabajo. Como dice Aldo, los estudios de gubernamentalidad no aspiran a hacer un trabajo de lectura y relectura sobre Foucault y esto queda expuesto en los artículos y las producciones en el libro. Los autores y autoras no están preocupados por la exégesis del trabajo foucaulteano, sino por el uso de algunas categorías que aparecen en Foucault y por el empleo de esas categorías para pensar objetos nuevos, en los cuales Foucault no se había detenido necesariamente. Yo creo que esa es una de las particularidades más importantes de este libro.
—Ustedes dicen esto. Se nutren y se vinculan.
G.V.: Exactamente. Y por otro lado, hay otra serie de artículos que también suponen ensayar una relación con las fuentes de Foucault, pero anclada en la crítica de los orígenes de las categorías, del modo en que han sido emplazadas, etc. Por otro lado, otra serie de artículos, en este caso particular los artículos de Victoria Haidar y Ana Grondona, piensan y plantean los problemas que supone una recepción desde nuestra Latinoamérica del emplazamiento que han tenido originalmente los estudios en el marco europeo, con problemas políticos europeos.
—¿Es posible esto?
—A.A.: lo que dicen estas autoras es que puede ser posible, teniendo en cuenta un conjunto de elementos que habría que repensar, identificar, etc. 
—El libro toma tres categorías: territorios observados, territorios expandidos y territorio apelativos. ¿Quieren contarme de qué se trata?
—A.A.: Esas fórmulas que acabás de mencionar son los indicadores de cada parte del libro, tienen por función aglutinar una serie de textos en su interior y de ese modo estructuran la totalidad del contenido. 
La idea es que el libro tiene territorios en los que los estudios de gubernamentalidad son abordados de modo diferente. Por un lado, hay “territorios observados” y entonces hay ahí una serie de textos que lo que hacen es señalar algunos puntos, si se quiere, ventajosos de esta línea analítica y otros que habría que revisar por una razón u otra. Después sigue otro conjunto de escritos que nosotros los emplazamos bajo la categoría de “Territorios expandidos”. En esa sección del libro están los trabajos de Guillermo Vega, Carol Bacchi y el mío. Lo que hacemos allí es problematizar objetos poco visitados por los estudios en gubernamentalidad. En el caso de Guillermo, la relación entre derecho y economía, en mi caso la historia del pensamiento político y en el caso de Carol Bacchi, la relación de los estudios de gubernamentalidad con los estudios de las políticas públicas.
La última parte del libro aglutina los trabajos de otro colega australiano, Pat O’Malley, un colega de esta universidad (Unne) Daniel Chao, otro colega de la UBA, Luciano Nosetto, y Alejandro Ruidrejo de Salta. Bajo la denominación de “Territorios operativos”, queremos indicar que en esta parte final del libro presentamos estudios que ponen en funcionamiento la grilla analítica en relación a objetos histórico-empíricos concretos. Allí se puede ver qué resultado produce y cómo se llevan adelante los análisis.
—Detengámonos en tu trabajo. ¿Cómo es esa relación entre las artes de gobierno y la historia del pensamiento político?
—A.A.: En mi caso, aporto un pequeño estudio sobre dos autores; Michel Foucault y un autor anglosajón referente en historia de las ideas políticas, Quentin Skinner. Trato de identificar cómo aparece referido algo como un “contexto” en cada autor, y también si el afuera del pensamiento, aquello que escapa a sus determinaciones, coincide o no con el contexto o es otra cosa. Por ejemplo, en Skinner el afuera del pensamiento es la intención, la intención gobierna el pensamiento. Y el contexto es el clima intelectual. En Foucault será otra cosa.
Una cuestión que me parece interesante es llamar la atención sobre una práctica que a mi modo de ver es recurrente en la historiografía en general y, particularmente, en la historia de las ideas: la de ponerle las coordenadas ex, post, y ex ante al pensamiento. ¿Qué se quiere decir con frases como “hay que contextualizar esas ideas”, o “eso está descontextualizado”, etc.? Creo que, al emprender la tarea de “contextualizar” se pone en marcha un proceso curioso y singular: el de enmarcar la serie de elucubraciones y reflexiones históricas que se han llevado adelante en la economía, en la medicina, en la educación, las fuerzas armadas, etcétera, a partir de sucesos o acontecimientos (políticos, sociales, lo que sea) que alguien doscientos o cien años después (quien investiga) señala como aquellos que nos permiten comprenderlas. Y el problema es que muchas veces esto se hace sin tomar en cuenta que las formas de pensamiento político, el campo de elucubraciones sobre el Estado, los partidos, las formas de representación, o principios como la libertad, los derechos o la propiedad, llevan consigo su propio plano de ordenamiento de los seres y las cosas, tienen sus propias coordenadas, generan sus diagnósticos y sus propios contextos. Y la cuestión es que el oficio historiográfico, poco pertrechado en general para lidiar con problemas epistemológicos, sencillamente pone los objetos sobre los que aquella forma de pensamiento no habría dejado de rondar. 
Habría que preguntarse en realidad por los acontecimientos que dislocan una manera de pensar, que permiten a un grupo de intelectuales, de ensayistas o de profesionales de algún tipo, pensar de otro modo. 
—Guillermo, tu trabajo habla sobre la presencia de la ley y las reflexiones más filosóficas, ¿no? ¿Cómo es ese vínculo?
—G.V.: mi intervención en el libro se emplaza en el trabajo que venimos haciendo con Aldo en el marco de los estudios de gubernamentalidad y también sobre algunas preocupaciones que he tenido en los últimos tiempos como profesor a cargo de la cátedra de Filosofía del Derecho en la carrera de Filosofía, en donde doy clases. En efecto, la discusión con el campo de la filosofía del derecho ha sido, generalmente, cómo pensar la filosofía del derecho por fuera de lo que se propone normalmente como campo disciplinario, esto es, los debates acerca del naturalismo y del positivismo y, como lo más heterodoxo, la teoría crítica del derecho. 
A esta forma tradicional en que es pensado el campo de la filosofía del derecho le hemos sumado la perspectiva de los estudios en gubernamentalidad. Para ello reconstruí un poco el itinerario que realicé con mi tesis doctoral, un recorrido en donde muestro que Foucault identifica al menos tres grandes maneras de pensar el derecho en relación con las prácticas de gobierno. Una asociada con el modelo más clásico, vinculado a la soberanía política, al contrato social, a los derechos naturales, en la que se emplaza la discusión con los derechos positivos. 
La otra manera de pensar está más asociada con el utilitarismo en el siglo XIX, donde algunas preocupaciones con respecto al sujeto de interés, en vez del sujeto del derecho, empiezan a hacerse presentes; ya se concibe a los individuos como sujetos de un cierto interés económico. Y en el siglo XX, con el surgimiento del pensamiento neoliberal en la década del 40, principalmente de la mano de Friedrich von Hayek, emerge una reflexión sobre el derecho que está focalizada en preocupaciones que tienen que ver con el gobierno de una sociedad de mercado… 
—Es un tipo de Estado también, ¿no?
—G.V.: El Estado aparece como un elemento asociado a estas formas de pensar el gobierno; la pegunta es qué lugar ocupa el Estado, que es muy diferente al lugar que ocupaba, o la centralidad que tenía, en las concepciones de los siglos XVII o XVIII. Entonces, el artículo más o menos orbita esas tres concepciones. Reconstruye un conjunto de elementos que aparecen dispersos en la obra de Foucault alrededor de una problemática y un debate que es específico en el campo de la filosofía del derecho.
—Es muy abstracto el contenido y claramente hay ciertas dificultades de comunicar a veces esto. El libro hace el aporte de buscar un puente con los lectores. ¿Esto fue un trabajo arduo? Cómo hicieron, cómo contactaron a los colegas, hubo que traducir algunos trabajos…
—A.A.: Esto empieza hace tres o cuatro años. El libro tiene 11 capítulos, hay cuatro colegas extranjeros que nos han compartido generosamente materiales que les hemos solicitado. Pat O’Malley y Carol Bacchi, de Australia; Stuart Elden, de Inglaterra y Thomas Lemke, de Alemania. Referentes en todos los casos en esta perspectiva.  Pero también estamos muy satisfechos porque junto con ellos el libro también está compuesto por el más que generoso aporte original de cinco colegas de Argentina: Luciano Nosetto y Ana Grondona, de la Universidad de Buenos Aires, Alejandro Ruidrejo, de la Universidad Nacional de Salta, Daniel Chao, de la Universidad Nacional del Nordeste y Victoria Haidar, de la Universidad Nacional del Litoral. Junto, claro, a nuestros trabajos, de los que ya hablamos.
En todos los casos hay trayectorias vinculadas a estos estudios y a nosotros nos había parecido -con Guillermo- más que interesante poder tener, poder darle forma a un libro que reúna contribuciones originales o muy recientes en el tiempo, respecto a cuestiones relativas a los estudios en gubernamentalidad.
Para los casos de los autores extranjeros, contamos con el proceso de traducción mediante. Este libro tiene la particularidad de ser el primero en ser publicado en formato e-book, con lo cual es algo importante, implica otros canales de distribución, etc.
Dos palabras sobre la noción de gubernamentalidad, para no darla por sentado. Es utilizada por lo general para indagar en las formas de reflexión que se detienen en la pregunta sobre cómo orientar determinados comportamientos desde el Estado, pero también en la iglesia, en la familia, en nuestra vida económica, en nuestra vida sexual, lo que fuera; cuáles son los comportamientos deseables, buscados. Más allá del signo ideológico de las racionalidades, todas aspiran en algún momento a decir cuáles son las conductas deseables y cuáles no, etcétera. Y el análisis tiene que ver con indagar en esta serie de reflexiones sobre formas de dirigir, de orientar, regular, cuidar, curar, reprimir nuestros comportamientos en aspectos bien diversos. Eso nada más.
—¿Cómo surgen estos estudios en la Unne? 
—G.V.: En lo que respecta a nuestra universidad, creo que nos podríamos ubicar a nosotros mismos como una suerte de iniciadores en estos trabajos. Hoy en día tenemos radicado un proyecto de investigación en el Centro de Estudios Sociales de la Unne. Sin embargo, comenzamos hace un buen tiempo al presentar unos seminarios en la Facultad de Humanidades, que nos permitieron reunirnos, realizar traducciones, entrevistas, trabajos de lectura sobre textos específicos y en el medio de esas actividades fuimos forjando vínculos con colegas de la Universidad Nacional de Salta que investigan en la misma línea. En la actualidad, nuestros proyectos de investigación se encuentran interrelacionados; compartimos encuentros, coloquios y ediciones de libros que recuperan los trabajos de investigación que hacemos en forma conjunta.
—¿El Centro de Estudios Sociales es un lugar que sirve de ateneo, es un lugar de charlas, de conversación o de seminarios?
—A.A.: El Centro de Estudios Sociales se creó en el 2004, si mal no recuerdo; es un órgano de la universidad que es independiente a las unidades académicas. Allí están radicados algunos proyectos de investigación sobre temáticas diversas y se desarrollan eventos relativos a esos proyectos de investigación, algunos de los cuales incluyen actores sociales, otros no; pero es un lugar de vínculo permanente con tareas de investigación, y en algunos casos de investigación y participación en el medio.

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Nuevos enfoques sobre las artes de gobierno

Aldo Avellaneda y Guillermo Vega dirigen el libro titulado “Conductas que importan, variantes del análisis de los estudios en gubernamentalidad”, editado recientemente por Eudene, dependiente de la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional del Nordeste. Se presentará el miércoles 27 de noviembre a las 18.30 en el salón de actos de la Facultad de Humanidades del Campus Resistencia.
Este volumen forma parte del trabajo colectivo que hace unos años comenzaron en el marco del Grupo de Estudios en Gubernamentalidades dentro del Departamento de Filosofía de la Facultad de Humanidades y el Centro de Estudios Sociales.
Conversamos con los compiladores del trabajo, quienes nos explican el proceso del libro y dan algunos detalles de sus trabajos editados como parte de la valiosa obra que edita la Universidad del Nordeste.

—¿Cómo comenzó esto? ¿Qué son los estudios de gubernamentalidad?.
—A.A.: Con Guillermo venimos trabajando juntos hace casi una década, primero en trabajos sobre la producción de Michel Foucault, luego y en paralelo a esa literatura, avanzamos hacia otros autores. Comenzamos a trabajar en una rama de estudios posfoucaulteanos, una de las tantas que se ha desarrollado desde mediados de los 80 a esta parte. Se trata de una variante anglosajona, con fuertes nexos con la sociología y la historia.  Luego está la línea más italiana, más teorética, ensayística, filosófica en un sentido clásico.
Trabajando con materiales de ese tipo, empezamos a pensar hace tres o cuatro años la posibilidad de lo que finalmente terminó siendo el libro. Lo pensamos como una suerte de puesta al día para colegas, investigadores e investigadoras, estudiantes de la región, no solamente del país, sobre esta gama de trabajos.
Los Estudios de Gubernamentalidad tienen sus orígenes en Inglaterra y en Estados Unidos, más en Inglaterra en la década de los 80. Recuperan un segmento de la obra foucaulteana que en ese momento -a finales de los 80- era prácticamente desconocido. Hoy, por la publicación póstuma de los cursos, la noción de gubernamentalidad es muy conocida, junto con otra noción que es la de biopolítica. Son bastantes conocidas en el ambiente académico, de las ciencias sociales, de la filosofía, de la filosofía política. A nosotros, con matices en cada uno de los integrantes del equipo, nos ha interesado mucho esta vertiente de trabajo de recuperación de los cursos de Foucault del 78 y 79, y su registro histórico, empírico, de archivo o de trabajo sobre autores, anclados en una zona de productividad que es a la vez filosófica y de las ciencias sociales. Bueno, esa es la razón de este libro.
—Guillermo Vega, la centralidad del pensamiento de Foucault está manifestado a lo largo del libro, pero también me parece que hay otras aperturas, se lo interpela… ¿Cómo fue trabajar estos textos de colegas que ahondan en el pensamiento de Foucault y, a la vez, en algunos puntos lo cuestionan?
—G.V.: Exactamente, me parece que es lo interesante del texto y de esta línea de trabajo. Como dice Aldo, los estudios de gubernamentalidad no aspiran a hacer un trabajo de lectura y relectura sobre Foucault y esto queda expuesto en los artículos y las producciones en el libro. Los autores y autoras no están preocupados por la exégesis del trabajo foucaulteano, sino por el uso de algunas categorías que aparecen en Foucault y por el empleo de esas categorías para pensar objetos nuevos, en los cuales Foucault no se había detenido necesariamente. Yo creo que esa es una de las particularidades más importantes de este libro.
—Ustedes dicen esto. Se nutren y se vinculan.
G.V.: Exactamente. Y por otro lado, hay otra serie de artículos que también suponen ensayar una relación con las fuentes de Foucault, pero anclada en la crítica de los orígenes de las categorías, del modo en que han sido emplazadas, etc. Por otro lado, otra serie de artículos, en este caso particular los artículos de Victoria Haidar y Ana Grondona, piensan y plantean los problemas que supone una recepción desde nuestra Latinoamérica del emplazamiento que han tenido originalmente los estudios en el marco europeo, con problemas políticos europeos.
—¿Es posible esto?
—A.A.: lo que dicen estas autoras es que puede ser posible, teniendo en cuenta un conjunto de elementos que habría que repensar, identificar, etc. 
—El libro toma tres categorías: territorios observados, territorios expandidos y territorio apelativos. ¿Quieren contarme de qué se trata?
—A.A.: Esas fórmulas que acabás de mencionar son los indicadores de cada parte del libro, tienen por función aglutinar una serie de textos en su interior y de ese modo estructuran la totalidad del contenido. 
La idea es que el libro tiene territorios en los que los estudios de gubernamentalidad son abordados de modo diferente. Por un lado, hay “territorios observados” y entonces hay ahí una serie de textos que lo que hacen es señalar algunos puntos, si se quiere, ventajosos de esta línea analítica y otros que habría que revisar por una razón u otra. Después sigue otro conjunto de escritos que nosotros los emplazamos bajo la categoría de “Territorios expandidos”. En esa sección del libro están los trabajos de Guillermo Vega, Carol Bacchi y el mío. Lo que hacemos allí es problematizar objetos poco visitados por los estudios en gubernamentalidad. En el caso de Guillermo, la relación entre derecho y economía, en mi caso la historia del pensamiento político y en el caso de Carol Bacchi, la relación de los estudios de gubernamentalidad con los estudios de las políticas públicas.
La última parte del libro aglutina los trabajos de otro colega australiano, Pat O’Malley, un colega de esta universidad (Unne) Daniel Chao, otro colega de la UBA, Luciano Nosetto, y Alejandro Ruidrejo de Salta. Bajo la denominación de “Territorios operativos”, queremos indicar que en esta parte final del libro presentamos estudios que ponen en funcionamiento la grilla analítica en relación a objetos histórico-empíricos concretos. Allí se puede ver qué resultado produce y cómo se llevan adelante los análisis.
—Detengámonos en tu trabajo. ¿Cómo es esa relación entre las artes de gobierno y la historia del pensamiento político?
—A.A.: En mi caso, aporto un pequeño estudio sobre dos autores; Michel Foucault y un autor anglosajón referente en historia de las ideas políticas, Quentin Skinner. Trato de identificar cómo aparece referido algo como un “contexto” en cada autor, y también si el afuera del pensamiento, aquello que escapa a sus determinaciones, coincide o no con el contexto o es otra cosa. Por ejemplo, en Skinner el afuera del pensamiento es la intención, la intención gobierna el pensamiento. Y el contexto es el clima intelectual. En Foucault será otra cosa.
Una cuestión que me parece interesante es llamar la atención sobre una práctica que a mi modo de ver es recurrente en la historiografía en general y, particularmente, en la historia de las ideas: la de ponerle las coordenadas ex, post, y ex ante al pensamiento. ¿Qué se quiere decir con frases como “hay que contextualizar esas ideas”, o “eso está descontextualizado”, etc.? Creo que, al emprender la tarea de “contextualizar” se pone en marcha un proceso curioso y singular: el de enmarcar la serie de elucubraciones y reflexiones históricas que se han llevado adelante en la economía, en la medicina, en la educación, las fuerzas armadas, etcétera, a partir de sucesos o acontecimientos (políticos, sociales, lo que sea) que alguien doscientos o cien años después (quien investiga) señala como aquellos que nos permiten comprenderlas. Y el problema es que muchas veces esto se hace sin tomar en cuenta que las formas de pensamiento político, el campo de elucubraciones sobre el Estado, los partidos, las formas de representación, o principios como la libertad, los derechos o la propiedad, llevan consigo su propio plano de ordenamiento de los seres y las cosas, tienen sus propias coordenadas, generan sus diagnósticos y sus propios contextos. Y la cuestión es que el oficio historiográfico, poco pertrechado en general para lidiar con problemas epistemológicos, sencillamente pone los objetos sobre los que aquella forma de pensamiento no habría dejado de rondar. 
Habría que preguntarse en realidad por los acontecimientos que dislocan una manera de pensar, que permiten a un grupo de intelectuales, de ensayistas o de profesionales de algún tipo, pensar de otro modo. 
—Guillermo, tu trabajo habla sobre la presencia de la ley y las reflexiones más filosóficas, ¿no? ¿Cómo es ese vínculo?
—G.V.: mi intervención en el libro se emplaza en el trabajo que venimos haciendo con Aldo en el marco de los estudios de gubernamentalidad y también sobre algunas preocupaciones que he tenido en los últimos tiempos como profesor a cargo de la cátedra de Filosofía del Derecho en la carrera de Filosofía, en donde doy clases. En efecto, la discusión con el campo de la filosofía del derecho ha sido, generalmente, cómo pensar la filosofía del derecho por fuera de lo que se propone normalmente como campo disciplinario, esto es, los debates acerca del naturalismo y del positivismo y, como lo más heterodoxo, la teoría crítica del derecho. 
A esta forma tradicional en que es pensado el campo de la filosofía del derecho le hemos sumado la perspectiva de los estudios en gubernamentalidad. Para ello reconstruí un poco el itinerario que realicé con mi tesis doctoral, un recorrido en donde muestro que Foucault identifica al menos tres grandes maneras de pensar el derecho en relación con las prácticas de gobierno. Una asociada con el modelo más clásico, vinculado a la soberanía política, al contrato social, a los derechos naturales, en la que se emplaza la discusión con los derechos positivos. 
La otra manera de pensar está más asociada con el utilitarismo en el siglo XIX, donde algunas preocupaciones con respecto al sujeto de interés, en vez del sujeto del derecho, empiezan a hacerse presentes; ya se concibe a los individuos como sujetos de un cierto interés económico. Y en el siglo XX, con el surgimiento del pensamiento neoliberal en la década del 40, principalmente de la mano de Friedrich von Hayek, emerge una reflexión sobre el derecho que está focalizada en preocupaciones que tienen que ver con el gobierno de una sociedad de mercado… 
—Es un tipo de Estado también, ¿no?
—G.V.: El Estado aparece como un elemento asociado a estas formas de pensar el gobierno; la pegunta es qué lugar ocupa el Estado, que es muy diferente al lugar que ocupaba, o la centralidad que tenía, en las concepciones de los siglos XVII o XVIII. Entonces, el artículo más o menos orbita esas tres concepciones. Reconstruye un conjunto de elementos que aparecen dispersos en la obra de Foucault alrededor de una problemática y un debate que es específico en el campo de la filosofía del derecho.
—Es muy abstracto el contenido y claramente hay ciertas dificultades de comunicar a veces esto. El libro hace el aporte de buscar un puente con los lectores. ¿Esto fue un trabajo arduo? Cómo hicieron, cómo contactaron a los colegas, hubo que traducir algunos trabajos…
—A.A.: Esto empieza hace tres o cuatro años. El libro tiene 11 capítulos, hay cuatro colegas extranjeros que nos han compartido generosamente materiales que les hemos solicitado. Pat O’Malley y Carol Bacchi, de Australia; Stuart Elden, de Inglaterra y Thomas Lemke, de Alemania. Referentes en todos los casos en esta perspectiva.  Pero también estamos muy satisfechos porque junto con ellos el libro también está compuesto por el más que generoso aporte original de cinco colegas de Argentina: Luciano Nosetto y Ana Grondona, de la Universidad de Buenos Aires, Alejandro Ruidrejo, de la Universidad Nacional de Salta, Daniel Chao, de la Universidad Nacional del Nordeste y Victoria Haidar, de la Universidad Nacional del Litoral. Junto, claro, a nuestros trabajos, de los que ya hablamos.
En todos los casos hay trayectorias vinculadas a estos estudios y a nosotros nos había parecido -con Guillermo- más que interesante poder tener, poder darle forma a un libro que reúna contribuciones originales o muy recientes en el tiempo, respecto a cuestiones relativas a los estudios en gubernamentalidad.
Para los casos de los autores extranjeros, contamos con el proceso de traducción mediante. Este libro tiene la particularidad de ser el primero en ser publicado en formato e-book, con lo cual es algo importante, implica otros canales de distribución, etc.
Dos palabras sobre la noción de gubernamentalidad, para no darla por sentado. Es utilizada por lo general para indagar en las formas de reflexión que se detienen en la pregunta sobre cómo orientar determinados comportamientos desde el Estado, pero también en la iglesia, en la familia, en nuestra vida económica, en nuestra vida sexual, lo que fuera; cuáles son los comportamientos deseables, buscados. Más allá del signo ideológico de las racionalidades, todas aspiran en algún momento a decir cuáles son las conductas deseables y cuáles no, etcétera. Y el análisis tiene que ver con indagar en esta serie de reflexiones sobre formas de dirigir, de orientar, regular, cuidar, curar, reprimir nuestros comportamientos en aspectos bien diversos. Eso nada más.
—¿Cómo surgen estos estudios en la Unne? 
—G.V.: En lo que respecta a nuestra universidad, creo que nos podríamos ubicar a nosotros mismos como una suerte de iniciadores en estos trabajos. Hoy en día tenemos radicado un proyecto de investigación en el Centro de Estudios Sociales de la Unne. Sin embargo, comenzamos hace un buen tiempo al presentar unos seminarios en la Facultad de Humanidades, que nos permitieron reunirnos, realizar traducciones, entrevistas, trabajos de lectura sobre textos específicos y en el medio de esas actividades fuimos forjando vínculos con colegas de la Universidad Nacional de Salta que investigan en la misma línea. En la actualidad, nuestros proyectos de investigación se encuentran interrelacionados; compartimos encuentros, coloquios y ediciones de libros que recuperan los trabajos de investigación que hacemos en forma conjunta.
—¿El Centro de Estudios Sociales es un lugar que sirve de ateneo, es un lugar de charlas, de conversación o de seminarios?
—A.A.: El Centro de Estudios Sociales se creó en el 2004, si mal no recuerdo; es un órgano de la universidad que es independiente a las unidades académicas. Allí están radicados algunos proyectos de investigación sobre temáticas diversas y se desarrollan eventos relativos a esos proyectos de investigación, algunos de los cuales incluyen actores sociales, otros no; pero es un lugar de vínculo permanente con tareas de investigación, y en algunos casos de investigación y participación en el medio.