En Malvinas corrió, ganó un torneo de ajedrez, estuvo detenido y pagó una multa de $48.600
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En Malvinas corrió, ganó un torneo de ajedrez, estuvo detenido y pagó una multa de $48.600

El 24 de marzo participó de la maratón más austral del mundo y, luego, de la primera competencia argentina del juego de estrategia. Intentó traer de recuerdo una bala oxidada del 82 y lo detuvieron. Tras un breve juicio y el pago de una multa, después de una semana finalmente logró regresar.
 

Daniel Ujhelly nació en Buenos Aires, pero sus días transcurrieron en diferentes sitios del país hasta que, hace cinco años, arribó a Curuzú Cuatiá. Lugar donde vive, ejerce como abogado y desde donde -cada tanto- parte hacia nuevas tierras para combinar dos de sus hobbies: viajar y correr. Con esos mismos objetivos, sumado al valor histórico que posee para los argentinos, semanas atrás se dirigió a las islas Malvinas. Allí, en 15 días, fue protagonista de las más variadas experiencias: participó de una maratón, ganó un torneo de ajedrez, estuvo detenido y para poder volver debió pagar $48.600. 
Cuando preparó sus valijas, las expectativas eran muchas, pero estaban relacionadas con conocer las islas, sobre las que nuestro país mantiene su legítimo e imprescriptible reclamo de soberanía, participar de una carrera de 42 kilómetros y también de una competencia organizada por la Federación Argentina de Ajedrez (Fada). Una entidad presidida por Mario Petrucci que, por primera vez, organizó un torneo argentino en el archipiélago.  
Arribó el sábado 23 de marzo y al día siguiente, a las 10, fue uno de los participantes de la Standard Chatered Stanley Marathon. 
“Hice el recorrido en cuatro horas y 19 minutos”, recordó Ujhelly, quien comentó que en esa jornada la temperatura fue de 7 grados. “Fue una muy buena experiencia porque hasta el tiempo fue agradable”, acotó. 
Al día siguiente, entre las actividades programadas para el contingente de visitantes se incluía la visita a la Casa del Gobernador. “Una imagen que me llamó la atención y por eso la registré fue que arriba del libro de visitas estaba colgado un cuadro de la reina. Entonces, quienes aceptaban inscribir su paso por allí, se inclinaban para firmar y así -desde mi manera de ver- en forma tácita se la saludaba”, señaló. 
Después, más precisamente en las tres jornadas siguientes, participó del torneo “Copa Islas del Sur” organizada por la Federación Argentina de Ajedrez en conjunto con el Círculo de Ajedrez de Martelli. Una competencia de la que participaron varios ex combatientes de Malvinas que volvieron luego de muchos años a las islas. 
El trofeo mayor fue precisamente para Daniel Ujhelly, quien se convirtió en el campeón en el archipiélago. 
Esta experiencia se sumó a los buenos recuerdos que fue acumulando durante su estadía en Malvinas. Es que allí también tuvo la posibilidad de recorrer lugares donde se desarrolló el conflicto bélico. 
Precisamente, en una de las trincheras que aún permanecen en el Monte Longdon, encontraron varias balas oxidadas. Están a la intemperie desde hace 37 años, cuando fue el conflicto bélico. 

Vuelo 
Durante las distintas jornadas compartió diversos momentos con otros argentinos que también visitaban las islas, entre ellos un veterano argentino y un inglés que en 1982 -cada uno con sus camaradas- combatieron en el monte Harriet.  
Finalmente, llegó el día en que debía regresar. El calendario marcaba sábado 29 de marzo. Al igual que el resto de los pasajeros estaba realizando los últimos trámites necesarios para abordar al avión cuando personal de seguridad lo llamó. 
Es que, al pasar su valija por el escáner, detectaron una bala. 
A partir de allí comenzaron las preguntas: “¿Es esta su valija?”, “¿usted la armó?”, “¿todo el tiempo la tuvo con usted?”. Tras las respuestas afirmativas de Ujhelly, la bala fue colocada en una bolsa de evidencia y le solicitaron que aguardara. Transcurrieron unos 20 minutos. 
El abogado y maratonista pensó que le harían una multa y podría continuar viaje. Considerando que sólo hay vuelos los sábados. 
Pero eso no sucedió. “Luego vinieron tres policías y me explicaron que era una situación grave porque consideraban que se trataba de una munición de guerra”, contó Ujhelly, a quien luego lo llevaron hasta un patrullero y lo esposaron. 
“En ese momento pensaba: ‘No puede ser real, esto tiene que ser un sueño’”, señaló en diálogo con El Litoral. El temor que comenzó a surgir en él, se acrecentó durante el trayecto que separa el aeropuerto hasta la sede policial. “Es una hora de viaje aproximadamente, y durante ese tiempo, me decían que era grave lo que había hecho”, indicó. 

Horas 
Cuando llegó a las instalaciones de la fuerza de seguridad local, por escrito, debió responder un interrogatorio que se repitió cuatro veces en un lapso de seis horas. También le tomaron los datos, lo que incluyó la captura de una fotografía. Y tras pedirle que entregara su cadenita, el cinto y los cordones, le informaron que estaba oficialmente detenido. 
Pero durante las horas que permaneció en las instalaciones, estuvo alojado en una oficina, “sólo me mostraron las celdas”, comentó.  
“Me ofrecieron si quería tomar café, té o agua. Y a cada rato me preguntaban si tenía alguna lesión o si necesitaba un médico. La verdad es que me atendieron muy bien. Por supuesto que es una situación de la que no me hubiera gustado ser protagonista, pero debo reconocer que nunca me maltrataron físicamente”, relató Ujhelly a El Litoral. Tras lo cual precisó que para que estuviera más cómodo, incluso, le permitieron que se fuera a descansar a un hotel. “Ellos se quedaron con mi pasaporte y me dijeron que el 2 de abril debía concurrir a una audiencia con el fiscal”, señaló.
En aquella jornada, explicó que “cuando encontré la bala, lo que vi fue un pedazo de nuestra historia. Pedí disculpas por mi error de tratar de llevármela, también expuse que además de ser un objeto oxidado no podría ser disparada sin un arma. Y, por si fuera poco, resalté que durante el viaje estaría en la valija que está en la bodega del avión, es decir, que no lo llevaría conmigo, o sea, donde estaban los demás pasajeros”.  
Tras evaluar la situación, el fiscal le manifestó que sería acusado por la violación de una ordenanza, por lo que el viernes 5 se haría un juicio abreviado y hasta le sugirió que sacara el boleto para el sábado.
“En esa audiencia pública todo parecía que concluiría con una multa de 150 libras destinadas a solventar los gastos del proceso.
Pero como estábamos también en teleconferencia con Londres, el fiscal de allá pidió una sanción mayor. Por eso, a esa cifra luego se sumaron 650 libras más”, precisó Ujhelly. Teniendo en cuenta que eran las 11.45, de un viernes, fue una batalla contra el tiempo para conseguir que su hermana le enviara dinero desde Buenos Aires.  
Reunir ese monto no fue sencillo porque en moneda argentina representa unos $48.600. Sin embargo, esa sanción tenía un impacto menor que la pena máxima contemplada en la ordenanza que infringió y que prevé hasta tres meses de detención.

Un día más 
Después de cumplir con el pago de la multa, Ujhelly comenzó a prepararse para la despedida final: al día siguiente, subiría al avión que lo llevaría hasta Punta Arenas.
Sin embargo, las inclemencias del tiempo obligaron a suspender el vuelo. 
Finalmente, el domingo 7 logró despegar de las islas. Así, su estadía en el archipiélago que iba a ser de una semana, se extendió por 15 días. Y pese a todo lo sucedido, Ujhelly asegura que no se arrepiente de haber estado en Malvinas, porque -tal como versa la marcha- no hay “ningún suelo más querido, de la patria en la extensión”. 

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En Malvinas corrió, ganó un torneo de ajedrez, estuvo detenido y pagó una multa de $48.600

El 24 de marzo participó de la maratón más austral del mundo y, luego, de la primera competencia argentina del juego de estrategia. Intentó traer de recuerdo una bala oxidada del 82 y lo detuvieron. Tras un breve juicio y el pago de una multa, después de una semana finalmente logró regresar.
 

Daniel Ujhelly nació en Buenos Aires, pero sus días transcurrieron en diferentes sitios del país hasta que, hace cinco años, arribó a Curuzú Cuatiá. Lugar donde vive, ejerce como abogado y desde donde -cada tanto- parte hacia nuevas tierras para combinar dos de sus hobbies: viajar y correr. Con esos mismos objetivos, sumado al valor histórico que posee para los argentinos, semanas atrás se dirigió a las islas Malvinas. Allí, en 15 días, fue protagonista de las más variadas experiencias: participó de una maratón, ganó un torneo de ajedrez, estuvo detenido y para poder volver debió pagar $48.600. 
Cuando preparó sus valijas, las expectativas eran muchas, pero estaban relacionadas con conocer las islas, sobre las que nuestro país mantiene su legítimo e imprescriptible reclamo de soberanía, participar de una carrera de 42 kilómetros y también de una competencia organizada por la Federación Argentina de Ajedrez (Fada). Una entidad presidida por Mario Petrucci que, por primera vez, organizó un torneo argentino en el archipiélago.  
Arribó el sábado 23 de marzo y al día siguiente, a las 10, fue uno de los participantes de la Standard Chatered Stanley Marathon. 
“Hice el recorrido en cuatro horas y 19 minutos”, recordó Ujhelly, quien comentó que en esa jornada la temperatura fue de 7 grados. “Fue una muy buena experiencia porque hasta el tiempo fue agradable”, acotó. 
Al día siguiente, entre las actividades programadas para el contingente de visitantes se incluía la visita a la Casa del Gobernador. “Una imagen que me llamó la atención y por eso la registré fue que arriba del libro de visitas estaba colgado un cuadro de la reina. Entonces, quienes aceptaban inscribir su paso por allí, se inclinaban para firmar y así -desde mi manera de ver- en forma tácita se la saludaba”, señaló. 
Después, más precisamente en las tres jornadas siguientes, participó del torneo “Copa Islas del Sur” organizada por la Federación Argentina de Ajedrez en conjunto con el Círculo de Ajedrez de Martelli. Una competencia de la que participaron varios ex combatientes de Malvinas que volvieron luego de muchos años a las islas. 
El trofeo mayor fue precisamente para Daniel Ujhelly, quien se convirtió en el campeón en el archipiélago. 
Esta experiencia se sumó a los buenos recuerdos que fue acumulando durante su estadía en Malvinas. Es que allí también tuvo la posibilidad de recorrer lugares donde se desarrolló el conflicto bélico. 
Precisamente, en una de las trincheras que aún permanecen en el Monte Longdon, encontraron varias balas oxidadas. Están a la intemperie desde hace 37 años, cuando fue el conflicto bélico. 

Vuelo 
Durante las distintas jornadas compartió diversos momentos con otros argentinos que también visitaban las islas, entre ellos un veterano argentino y un inglés que en 1982 -cada uno con sus camaradas- combatieron en el monte Harriet.  
Finalmente, llegó el día en que debía regresar. El calendario marcaba sábado 29 de marzo. Al igual que el resto de los pasajeros estaba realizando los últimos trámites necesarios para abordar al avión cuando personal de seguridad lo llamó. 
Es que, al pasar su valija por el escáner, detectaron una bala. 
A partir de allí comenzaron las preguntas: “¿Es esta su valija?”, “¿usted la armó?”, “¿todo el tiempo la tuvo con usted?”. Tras las respuestas afirmativas de Ujhelly, la bala fue colocada en una bolsa de evidencia y le solicitaron que aguardara. Transcurrieron unos 20 minutos. 
El abogado y maratonista pensó que le harían una multa y podría continuar viaje. Considerando que sólo hay vuelos los sábados. 
Pero eso no sucedió. “Luego vinieron tres policías y me explicaron que era una situación grave porque consideraban que se trataba de una munición de guerra”, contó Ujhelly, a quien luego lo llevaron hasta un patrullero y lo esposaron. 
“En ese momento pensaba: ‘No puede ser real, esto tiene que ser un sueño’”, señaló en diálogo con El Litoral. El temor que comenzó a surgir en él, se acrecentó durante el trayecto que separa el aeropuerto hasta la sede policial. “Es una hora de viaje aproximadamente, y durante ese tiempo, me decían que era grave lo que había hecho”, indicó. 

Horas 
Cuando llegó a las instalaciones de la fuerza de seguridad local, por escrito, debió responder un interrogatorio que se repitió cuatro veces en un lapso de seis horas. También le tomaron los datos, lo que incluyó la captura de una fotografía. Y tras pedirle que entregara su cadenita, el cinto y los cordones, le informaron que estaba oficialmente detenido. 
Pero durante las horas que permaneció en las instalaciones, estuvo alojado en una oficina, “sólo me mostraron las celdas”, comentó.  
“Me ofrecieron si quería tomar café, té o agua. Y a cada rato me preguntaban si tenía alguna lesión o si necesitaba un médico. La verdad es que me atendieron muy bien. Por supuesto que es una situación de la que no me hubiera gustado ser protagonista, pero debo reconocer que nunca me maltrataron físicamente”, relató Ujhelly a El Litoral. Tras lo cual precisó que para que estuviera más cómodo, incluso, le permitieron que se fuera a descansar a un hotel. “Ellos se quedaron con mi pasaporte y me dijeron que el 2 de abril debía concurrir a una audiencia con el fiscal”, señaló.
En aquella jornada, explicó que “cuando encontré la bala, lo que vi fue un pedazo de nuestra historia. Pedí disculpas por mi error de tratar de llevármela, también expuse que además de ser un objeto oxidado no podría ser disparada sin un arma. Y, por si fuera poco, resalté que durante el viaje estaría en la valija que está en la bodega del avión, es decir, que no lo llevaría conmigo, o sea, donde estaban los demás pasajeros”.  
Tras evaluar la situación, el fiscal le manifestó que sería acusado por la violación de una ordenanza, por lo que el viernes 5 se haría un juicio abreviado y hasta le sugirió que sacara el boleto para el sábado.
“En esa audiencia pública todo parecía que concluiría con una multa de 150 libras destinadas a solventar los gastos del proceso.
Pero como estábamos también en teleconferencia con Londres, el fiscal de allá pidió una sanción mayor. Por eso, a esa cifra luego se sumaron 650 libras más”, precisó Ujhelly. Teniendo en cuenta que eran las 11.45, de un viernes, fue una batalla contra el tiempo para conseguir que su hermana le enviara dinero desde Buenos Aires.  
Reunir ese monto no fue sencillo porque en moneda argentina representa unos $48.600. Sin embargo, esa sanción tenía un impacto menor que la pena máxima contemplada en la ordenanza que infringió y que prevé hasta tres meses de detención.

Un día más 
Después de cumplir con el pago de la multa, Ujhelly comenzó a prepararse para la despedida final: al día siguiente, subiría al avión que lo llevaría hasta Punta Arenas.
Sin embargo, las inclemencias del tiempo obligaron a suspender el vuelo. 
Finalmente, el domingo 7 logró despegar de las islas. Así, su estadía en el archipiélago que iba a ser de una semana, se extendió por 15 días. Y pese a todo lo sucedido, Ujhelly asegura que no se arrepiente de haber estado en Malvinas, porque -tal como versa la marcha- no hay “ningún suelo más querido, de la patria en la extensión”.