Amarillo, cruel y cobarde
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Amarillo, cruel y cobarde

Lo amarillo no sólo “colorea” y amerita la deslealtad de la mentira. Sino que altera, desinformando.

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Por Adalberto Balduino
Especial para El Litoral

Muchas acepciones que denotan la riqueza de una palabra en inglés que representa color y la actitud más ruin del comportamiento humano: amarillo, cruel y cobarde. Yellow, aunque parezca mentira también es noticia, parte de la información, a veces compone un periodismo que no tiene buena moral. De alguna manera es primo hermano de otra definición de moda: fake news que tampoco cae bien: noticias falsas cuyo objetivo premeditado es desinformar.
La historia de la prensa amarilla tiene su origen en una disputa entre dos grandes editores norteamericanos, Joseph Pulitzer y el legendario William Randolph Hearst, a quien a este último lo interpretara en su película “Ciudadano Kane” el actor Orson Welles, propietarios cada uno del New York World y el New York Journal en 1895, con la rareza de que ambos medios publicaban las tiras de historieta de un mismo personaje que daría nombre a la prensa amarilla: The Yellow Kid, cuya autoría le corresponde al artista Richard Outcault.
Hay una marcada diferencia entre prensa amarilla y sensacionalista, la primera generalmente crea o deforma la noticia en beneficio propio. La segunda trata de hacer notorio el compendio de información con títulos predominantemente de catástrofe, fuertes y desmesurados. Un claro ejemplo de los medios exagerados sensacionalistas, lo fue por muchas razones “El Diario Crítica” de Natalio Botana que salió a la calle el 15 de septiembre de 1913, con 5.000 ejemplares de tiraje inicial y de 8 páginas. Llegó a su máximo cuando abordó el país imprimiendo   100.000 ejemplares por hora. “Diario Crítica” fue un fenómeno de información con numerosos suplementos diarios y un equipo periodístico de gran relevancia, como Roberto Arlt, Jacobo Fijman, Alberto Pineta, Arturo Logorio, Raúl y su hermano Enríque González Tuñón, Ulises Petit de Murat, José Federico Naya y hasta el propio Jorge Luis Borges, Ricardo Guiraldes, etc.
El famoso “Diario Sun” que se publica en el Reino Unido e Irlanda cuando se hace cargo del mismo en la década del 60 Rupert Murdoch, adopta por ser hermano de impresión con el News of de World, el sensacionalismo y la argumentación amarilla que multiplicó su venta. Algunos de sus títulos y en qué circunstancias dan la pauta de su orientación: el 4 de mayo de 1982, en plena Guerra del Atlántico Sur, cuando logran hundir al Crucero argentino General Belgrano con 321 personas a bordo, The Sun tituló su primera plana “Gotcha”, que es como decir “te pillé” “¡te tengo, guacho!” Más aún, el 20 de abril del 2005 cuando el Cardenal alemán Joseph Ratzinger fue elegido Papa, lo anunciaron: “From Hitler youth to Papa Ratzi” – “De las Juventudes Hitlerianas a Papa Ratzi”-
Es decir abominable, pero el amarillismo es una mala costumbre que rinde sus frutos y gana lectores como “conejillos de India” prestos al “laboratorio  de ensayos”. Sin ir más lejos, hubo críticos de cine que dotados de ese desvío implacable promovían ventas de periódicos, y por lo tanto eran temidos por la gran colonia de actores, productores y técnicos de Hollywood. Se puede mencionar a quien ejerció tal rubro con total dureza, la famosa Hedda Hopper. Desde su columna periodística “Hedda Hopper’s Hollywood”, hace sus primeras armas  en el “Diario Los Angeles Time” un 14 de febrero de 1938. En principio entabló una guerra con la especialista Louella Parsons, colega de larga experiencia y gran conocimiento. Convengamos que previo a ello, tratando de ascender en la difícil pasarela de la Meca del Cine, hizo sus primeras armas en el coro de la compañía teatral “De Woff Hopper”, siéndole negado el éxito por su falta de capacidad. Hedda Hopper continuó escribiendo hasta sus últimos días una gran cantidad de artículos en el “Diario Chicago Tribune” y la revista dominical “Photoplay”. En Argentina, las revistas especializadas de entonces, como “Radiolandia”, “Antena”, “Radiofilm” y “Mundo Radial”, hablaban específicamente del trabajo de actores, es decir, de la actividad profesional sin caer en la enfermedad que desvela al lector actual, la vida privada de los artistas como si eso fuera lo más importante de su evolución.
Hubo grandes profesionales de medios gráficos, radio y televisión, que hacían gala de su conocimiento a través de cada análisis, ofreciendo ciclos específicos. Chas de Cruz, Calky, Leo Salas, algunos de los tantos, pero en radio y televisión un programa como “Pantalla Gigante” no sólo reunía a lo más granado, sino que lograba descollar por conocimiento y mesura, su fundador Jaime Jacobson, padre de Jorge. En “Pantalla Gigante”, amén de Jaime Jacobson estaban, Nicolás “Pipo” Mancera, Lidia Durán, Conrado Diana, y con el tiempo se sumó Jorge Jacobson. A propósito de Jorge Jacobson, se recuerda cuando en el año 1990, ingresó furiosamente al estudio en que estaba emitiendo su programa, Lucho Avilés, y le propinó en cámara una trompada. No era nuevo para Lucho, que fue quien ensayó con mucho éxito inaugurando esos programas que hoy son moneda corriente, entre amarillismo y sensacionalismo, en que la vida íntima no reluce sus mejores atributos. Es decir, el chisme mediático que habla elocuentemente de lo que no debe ser la puesta de un programa. Había otra anécdota que protagonizó Lucho Avilés, lo contó el hijo mayor de Piazzolla, cuando mirando televisión toda la familia, en un momento dado notaron que faltaba sin explicación alguna Astor que hasta hace unos momentos disfrutaba con ellos. De pronto, ven en el programa que estaban mirando que Astor entra violentamente al estudio y le propina un golpe en la cara del inefable Lucho. Lucho Avilés era uruguayo, uno de los tantos que se cruzaron “el charco” para probar suerte. Su nombre verdadero era, Luis César Avilés Volante. Ejerció en nuestro país como periodista de espectáculos y conductor que se vino en 1965, cubriendo su primer trabajo en “Diario Crónica”. En televisión arranca en Canal 2 de La Plata con el programa “Feminísima”. En su haber existen reconocidos títulos: “El juicio del gato”, “Radiolandia en TV.”, “60 minutos”, “Revista Once”, “Noticias Once”, “Toda la verdad”, “Venga y tráiganos un problema”, “Astros y estrellas en televisión”, “El pueblo quiere saber.”, “Indiscreciones”, “El público quiere saber”, “Indomables”, “Convicciones”, y “Cantando por un sueño” que fue lo último que hizo, actuando como jurado en el año 2007.
Cuando el idioma inglés establece algo, una sola palabra representa un sinfín de actitudes que reflejan de alguna manera un comportamiento afín a las otras que conlleva, y que en este caso tiene implacable sentencia que, sin embargo, siguen produciéndose inefablemente porque existen palabras que marcan el límite de lo permitido y de lo prohibido: yellow, es amarillo, cruel y cobarde. Es la cobardía protegida por el medio y la gente que encuentra placer en lo prohibido. Diría es la nada disfrazada de verdad, con los secretos de la intimidad de los otros que a tantos apasionan, como una muestra cabal del ausente sentido común y la falta de respeto que se banaliza como tirar “Margaritas a los chanchos”.

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Amarillo, cruel y cobarde

Lo amarillo no sólo “colorea” y amerita la deslealtad de la mentira. Sino que altera, desinformando.

Por Adalberto Balduino
Especial para El Litoral

Muchas acepciones que denotan la riqueza de una palabra en inglés que representa color y la actitud más ruin del comportamiento humano: amarillo, cruel y cobarde. Yellow, aunque parezca mentira también es noticia, parte de la información, a veces compone un periodismo que no tiene buena moral. De alguna manera es primo hermano de otra definición de moda: fake news que tampoco cae bien: noticias falsas cuyo objetivo premeditado es desinformar.
La historia de la prensa amarilla tiene su origen en una disputa entre dos grandes editores norteamericanos, Joseph Pulitzer y el legendario William Randolph Hearst, a quien a este último lo interpretara en su película “Ciudadano Kane” el actor Orson Welles, propietarios cada uno del New York World y el New York Journal en 1895, con la rareza de que ambos medios publicaban las tiras de historieta de un mismo personaje que daría nombre a la prensa amarilla: The Yellow Kid, cuya autoría le corresponde al artista Richard Outcault.
Hay una marcada diferencia entre prensa amarilla y sensacionalista, la primera generalmente crea o deforma la noticia en beneficio propio. La segunda trata de hacer notorio el compendio de información con títulos predominantemente de catástrofe, fuertes y desmesurados. Un claro ejemplo de los medios exagerados sensacionalistas, lo fue por muchas razones “El Diario Crítica” de Natalio Botana que salió a la calle el 15 de septiembre de 1913, con 5.000 ejemplares de tiraje inicial y de 8 páginas. Llegó a su máximo cuando abordó el país imprimiendo   100.000 ejemplares por hora. “Diario Crítica” fue un fenómeno de información con numerosos suplementos diarios y un equipo periodístico de gran relevancia, como Roberto Arlt, Jacobo Fijman, Alberto Pineta, Arturo Logorio, Raúl y su hermano Enríque González Tuñón, Ulises Petit de Murat, José Federico Naya y hasta el propio Jorge Luis Borges, Ricardo Guiraldes, etc.
El famoso “Diario Sun” que se publica en el Reino Unido e Irlanda cuando se hace cargo del mismo en la década del 60 Rupert Murdoch, adopta por ser hermano de impresión con el News of de World, el sensacionalismo y la argumentación amarilla que multiplicó su venta. Algunos de sus títulos y en qué circunstancias dan la pauta de su orientación: el 4 de mayo de 1982, en plena Guerra del Atlántico Sur, cuando logran hundir al Crucero argentino General Belgrano con 321 personas a bordo, The Sun tituló su primera plana “Gotcha”, que es como decir “te pillé” “¡te tengo, guacho!” Más aún, el 20 de abril del 2005 cuando el Cardenal alemán Joseph Ratzinger fue elegido Papa, lo anunciaron: “From Hitler youth to Papa Ratzi” – “De las Juventudes Hitlerianas a Papa Ratzi”-
Es decir abominable, pero el amarillismo es una mala costumbre que rinde sus frutos y gana lectores como “conejillos de India” prestos al “laboratorio  de ensayos”. Sin ir más lejos, hubo críticos de cine que dotados de ese desvío implacable promovían ventas de periódicos, y por lo tanto eran temidos por la gran colonia de actores, productores y técnicos de Hollywood. Se puede mencionar a quien ejerció tal rubro con total dureza, la famosa Hedda Hopper. Desde su columna periodística “Hedda Hopper’s Hollywood”, hace sus primeras armas  en el “Diario Los Angeles Time” un 14 de febrero de 1938. En principio entabló una guerra con la especialista Louella Parsons, colega de larga experiencia y gran conocimiento. Convengamos que previo a ello, tratando de ascender en la difícil pasarela de la Meca del Cine, hizo sus primeras armas en el coro de la compañía teatral “De Woff Hopper”, siéndole negado el éxito por su falta de capacidad. Hedda Hopper continuó escribiendo hasta sus últimos días una gran cantidad de artículos en el “Diario Chicago Tribune” y la revista dominical “Photoplay”. En Argentina, las revistas especializadas de entonces, como “Radiolandia”, “Antena”, “Radiofilm” y “Mundo Radial”, hablaban específicamente del trabajo de actores, es decir, de la actividad profesional sin caer en la enfermedad que desvela al lector actual, la vida privada de los artistas como si eso fuera lo más importante de su evolución.
Hubo grandes profesionales de medios gráficos, radio y televisión, que hacían gala de su conocimiento a través de cada análisis, ofreciendo ciclos específicos. Chas de Cruz, Calky, Leo Salas, algunos de los tantos, pero en radio y televisión un programa como “Pantalla Gigante” no sólo reunía a lo más granado, sino que lograba descollar por conocimiento y mesura, su fundador Jaime Jacobson, padre de Jorge. En “Pantalla Gigante”, amén de Jaime Jacobson estaban, Nicolás “Pipo” Mancera, Lidia Durán, Conrado Diana, y con el tiempo se sumó Jorge Jacobson. A propósito de Jorge Jacobson, se recuerda cuando en el año 1990, ingresó furiosamente al estudio en que estaba emitiendo su programa, Lucho Avilés, y le propinó en cámara una trompada. No era nuevo para Lucho, que fue quien ensayó con mucho éxito inaugurando esos programas que hoy son moneda corriente, entre amarillismo y sensacionalismo, en que la vida íntima no reluce sus mejores atributos. Es decir, el chisme mediático que habla elocuentemente de lo que no debe ser la puesta de un programa. Había otra anécdota que protagonizó Lucho Avilés, lo contó el hijo mayor de Piazzolla, cuando mirando televisión toda la familia, en un momento dado notaron que faltaba sin explicación alguna Astor que hasta hace unos momentos disfrutaba con ellos. De pronto, ven en el programa que estaban mirando que Astor entra violentamente al estudio y le propina un golpe en la cara del inefable Lucho. Lucho Avilés era uruguayo, uno de los tantos que se cruzaron “el charco” para probar suerte. Su nombre verdadero era, Luis César Avilés Volante. Ejerció en nuestro país como periodista de espectáculos y conductor que se vino en 1965, cubriendo su primer trabajo en “Diario Crónica”. En televisión arranca en Canal 2 de La Plata con el programa “Feminísima”. En su haber existen reconocidos títulos: “El juicio del gato”, “Radiolandia en TV.”, “60 minutos”, “Revista Once”, “Noticias Once”, “Toda la verdad”, “Venga y tráiganos un problema”, “Astros y estrellas en televisión”, “El pueblo quiere saber.”, “Indiscreciones”, “El público quiere saber”, “Indomables”, “Convicciones”, y “Cantando por un sueño” que fue lo último que hizo, actuando como jurado en el año 2007.
Cuando el idioma inglés establece algo, una sola palabra representa un sinfín de actitudes que reflejan de alguna manera un comportamiento afín a las otras que conlleva, y que en este caso tiene implacable sentencia que, sin embargo, siguen produciéndose inefablemente porque existen palabras que marcan el límite de lo permitido y de lo prohibido: yellow, es amarillo, cruel y cobarde. Es la cobardía protegida por el medio y la gente que encuentra placer en lo prohibido. Diría es la nada disfrazada de verdad, con los secretos de la intimidad de los otros que a tantos apasionan, como una muestra cabal del ausente sentido común y la falta de respeto que se banaliza como tirar “Margaritas a los chanchos”.