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Domingo 15de Diciembre de 2019CORRIENTES21°Pronóstico Extendidoclima_nublado

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A propósito del libro

Por Graciela Quignard Avelle
Ex miembro del staff del Colegio Nacional 
“General San Martín”
Especial para El Litoral

Desde que Johannes Gutenberg (1400-1468) perfeccionó el uso de la imprenta, el hombre inició una relación profunda, bilateral y -hasta ahora- casi perpetua con ese novel instrumento denominado libro.
Esta relación, que tiene ya casi 600 años, es puesta en duda ahora por los nuevos formatos digitales que han generado múltiples pronósticos sobre la proximidad de su fin. 
Ello se vincula con el futuro de las numerosas bibliotecas públicas que tan buen servicio han prestado a múltiples generaciones, cuando el costo de cada libro y su limitado número lo ponían fuera del alcance de numerosos estudiantes.
Otro elemento a considerar es el efecto de la interacción con el texto. Pareciera que el formato original del libro permite una interacción más efectiva, pues se incorporan otros sentidos a la vista. Sin embargo, esto no pasa de una mera apariencia.
La relación del ser humano -del lector- con el libro es algo especial que sólo lo experimenta quien lo tiene en sus manos. La textura del papel, su color que indica el paso del tiempo, su olor son características que se incorporan de un modo definitivo a la experiencia de vida. Cada lector se encuentra como en una burbuja contemplativa, navegando en el disfrute intelectual.
Todos podemos recordar una determinada obra que incorporamos a nuestra vida en una etapa infantil o juvenil, y ese recuerdo es siempre cariñoso y grato, por el motivo antes expuesto. No sólo recordamos la obra, sino las vivencias de esa época.
Podemos intuir que los nuevos formatos digitales han facilitado la búsqueda de bibliografía y manejo de tanta información, pero eso, lejos de debilitar el formato original, lo ha vuelto más popular inmortalizándolo e impidiendo su desaparición definitiva. Debemos agradecer esto a los formatos digitales. Una vez que una obra se incorpora a esa gigantesca nube, se vuelve inmortal.
Obras de ilustres autores son sólo conocidas en forma parcial o, incluso, por lejanas referencias porque el texto original se ha perdido. La era digital ha inmortalizado las obras existentes en el presente momento.
Otro elemento a tener en cuenta es que el libro no es sólo un elemento de lectura, sino que sus efectos benéficos se extienden a ampliar el vocabulario, ejercitar la imaginación y sobre todo el manejo preciso de las ideas.
Toda idea, por su naturaleza inmaterial sólo puede ser abordada por la palabra que la delimita y la presenta con toda su potencia. Incluso, cuando se ha aprehendido una idea, no importa luego el idioma original, sino que puede ser reproducida en cualquier lengua. Por eso, festejamos cada feria del tema y le auguramos larga vida a su majestad: El Libro. La gente seguirá leyendo y eso es lo importante.
En esta breve reflexión sólo  abordamos algunas  vertientes del tema. Otros infinitos abordajes son posibles.

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A propósito del libro

Por Graciela Quignard Avelle
Ex miembro del staff del Colegio Nacional 
“General San Martín”
Especial para El Litoral

Desde que Johannes Gutenberg (1400-1468) perfeccionó el uso de la imprenta, el hombre inició una relación profunda, bilateral y -hasta ahora- casi perpetua con ese novel instrumento denominado libro.
Esta relación, que tiene ya casi 600 años, es puesta en duda ahora por los nuevos formatos digitales que han generado múltiples pronósticos sobre la proximidad de su fin. 
Ello se vincula con el futuro de las numerosas bibliotecas públicas que tan buen servicio han prestado a múltiples generaciones, cuando el costo de cada libro y su limitado número lo ponían fuera del alcance de numerosos estudiantes.
Otro elemento a considerar es el efecto de la interacción con el texto. Pareciera que el formato original del libro permite una interacción más efectiva, pues se incorporan otros sentidos a la vista. Sin embargo, esto no pasa de una mera apariencia.
La relación del ser humano -del lector- con el libro es algo especial que sólo lo experimenta quien lo tiene en sus manos. La textura del papel, su color que indica el paso del tiempo, su olor son características que se incorporan de un modo definitivo a la experiencia de vida. Cada lector se encuentra como en una burbuja contemplativa, navegando en el disfrute intelectual.
Todos podemos recordar una determinada obra que incorporamos a nuestra vida en una etapa infantil o juvenil, y ese recuerdo es siempre cariñoso y grato, por el motivo antes expuesto. No sólo recordamos la obra, sino las vivencias de esa época.
Podemos intuir que los nuevos formatos digitales han facilitado la búsqueda de bibliografía y manejo de tanta información, pero eso, lejos de debilitar el formato original, lo ha vuelto más popular inmortalizándolo e impidiendo su desaparición definitiva. Debemos agradecer esto a los formatos digitales. Una vez que una obra se incorpora a esa gigantesca nube, se vuelve inmortal.
Obras de ilustres autores son sólo conocidas en forma parcial o, incluso, por lejanas referencias porque el texto original se ha perdido. La era digital ha inmortalizado las obras existentes en el presente momento.
Otro elemento a tener en cuenta es que el libro no es sólo un elemento de lectura, sino que sus efectos benéficos se extienden a ampliar el vocabulario, ejercitar la imaginación y sobre todo el manejo preciso de las ideas.
Toda idea, por su naturaleza inmaterial sólo puede ser abordada por la palabra que la delimita y la presenta con toda su potencia. Incluso, cuando se ha aprehendido una idea, no importa luego el idioma original, sino que puede ser reproducida en cualquier lengua. Por eso, festejamos cada feria del tema y le auguramos larga vida a su majestad: El Libro. La gente seguirá leyendo y eso es lo importante.
En esta breve reflexión sólo  abordamos algunas  vertientes del tema. Otros infinitos abordajes son posibles.